El sindicalismo que promueve el gobierno foxista deja de lado garantías individuales y derechos laborales de la clase obrera ante la falta de alternativas del sindicalismo independiente.
Al amparo de políticas públicas pro-empresariales y la promoción de doctrinas católicas, en lo que va de la administración foxista el sindicalismo blanco se ha convertido en un lastre para la clase trabajadora del país.
Con origen en la ciudad de Monterrey, el sindicalismo blanco se caracteriza por exigir a los trabajadores, en la mayoría de las empresas regias, “profesar la religión católica, no contar con ningún antecedente de participación política y no haber pertenecido a ningún sindicato”.
Contrario al artículo 358 de la Ley Federal del Trabajo (LFT), que señala textualmente que “a nadie se le puede obligar a formar parte de un sindicato”, los sindicatos blancos condicionan a sus agremiados a pertenecer a la organización sindical para tener empleo.
Esta figura sindical se desarrolló por el temor de los empresarios a enfrentarse a las obligaciones patronales, que por ley otorgan derechos y promueven las garantías individuales entre los trabajadores.
Darío Rojas Macías, secretario general de la Universidad Obrera de México, explica: “los trabajadores, como clase social explotada del capitalismo, han luchado por tener sus propias organizaciones para conquistar y defender sus derechos”.
Sin embargo, la burguesía, dueña de los medios de producción, ha actuado e intervenido de varias formas en los sindicatos, y una de ellas ha sido corrompiendo a los dirigentes para que controlen a los trabajadores para que cumplan con los designios de la empresa”.
María Xelhuantzi López, académica de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, señala que la creación de los sindicatos blancos obedeció al miedo de las cúpulas empresariales frente al éxito del sindicalismo radical e independiente que se desarrolló a principios del siglo pasado.
“El sindicalismo blanco es evidentemente patronal, tiene la intención de contrarrestar a las corrientes más combativas del movimiento obrero y fue diseñado con las características del catolicismo más retrógrada”, apunta la especialista.
Con ello, los trabajadores deben asumir la doctrina religiosa más conservadora, que contempla “no levantar la mano al patrón que te da de comer, y la idea de que en el reino de Dios vas a obtener riqueza”, como lo señala la iglesia católica.
Asesora del Sindicato Mexicano de Telefonistas, Xelhuazi López advierte: “todo indica que este modelo es el ideal de la administración de Vicente Fox y del secretario de Trabajo, Carlos Abascal”, ya que ninguno oculta su fe en la iglesia, y no promueven el avance del sector laboral del país.
Las cúpulas
Con más de 350 mil afiliados, la Federación de Sindicatos Independientes de Nuevo León (FSINL), es la principal organización gremial que mantiene en resguardo las relaciones obrero-patronales. En ella, se congrega a los trabajadores de las empresas regias.
Gerardo Peláez Ramos, coordinador de estudios sindicales del Sindicato de Trabajadores de la UNAM, señala que actualmente el tema del sindicalismo blanco es poco conocido entre la intelectualidad progresista y el movimiento obrero.
Este desconocimiento explica que en Monterrey muchas tendencias demócratas y de clase, consideren al ‘charrismo’ como el enemigo número uno en las filas del movimiento obrero local, y que los libros, ensayos y artículos dedicados al tema sean precarios y sin consecución, argumenta el especialista.
Peláez Ramos documenta en el ensayo “Sindicalismo blanco” que éste se expresa bajo cuatro formas de organización: la Unión de Trabajadores Cuauhtémoc, la Asociación Sindical ALFA, la FSINL y la Federación Nacional de Sindicatos de Trabajadores Autónomos.
Dichas organizaciones congregan a los trabajadores que pertenecen a las empresas: “Cervecería Cuauhtémoc, Industrias Monterrey, Cartón Titán, CYDSA, HYLSA, Caterpillar, John Deere, Malta y Vidriera Monterrey” (Vitro).
El especialista señala que las características principales de éste sindicalismo son, “la negociación de las funciones sindicales mínimas, la abierta proclamación de la fraternidad obrero-patronal y el apoliticismo”.
Los sindicatos blancos, funcionan en los las ciudades y zonas fabriles donde la burguesía, además de contar con un gran poder económico, tiene una “enorme base social y una considerable fuerza política”, explica Peláez.
Las propuestas
Ante la falta de políticas laborales que combatan al sindicalismo blanco en México, Agustín Rodríguez Fuentes, presidente colegiado de la Unión Nacional de Trabajadores (UNT), señala que hace falta un proceso de transparencia que permita revisar a quiénes están al frente de los sindicatos que conforman la clase obrera del país.
Por ello, dice, en la UNT “hemos venido insistiendo, de manera reiterada, en acabar con el sindicalismo corporativo y blanco, que no defiende los intereses de los trabajadores y que está prácticamente al servicio de la clase patronal o del gobierno”.
Explica que la UNT propuso al Congreso de la Unión discutir y en su caso aprobar una legislación que permita el registro público de sindicatos y de contratos colectivos de trabajo. Con ello, “propiciaríamos de acabar con los sindicatos que no tienen ninguna representación de los trabajadores, quienes desconocen su existencia, pero a los que si les cobran cuotas”.
El también líder sindical del STUNAM, advierte que el gabinete empresarial del gobierno foxista “sólo está velando por los intereses de sector, porque promueve una reforma a la Ley Federal de Trabajo orientada a cancelar los derechos de la clase trabajadora en el país”.
Por ello, considera que “es un gobierno que no está asumiendo plenamente su responsabilidad como representante de todos los mexicanos y sólo está abordando aspectos de carácter sectorial”.
Desempleo y promesas
Claudia Ruiz
El gobierno del presidente Vicente Fox perdió la brújula. En sólo tres años, este gobierno ha sido un fracaso en materia laboral pues no ha creado los 7 millones de empleos prometidos al inicio de su gestión; contrario a ello en el 2003 se registró la tasa más alta de desempleo en seis años.
A pesar que el Secretario del Trabajo Carlos Abascal recomienda a los trabajadores, ‘encomendarse a la Virgen de Guadalupe’ para conservar su empleo, el 2004 tiene el pendiente de esta administración: generar el millón 200 mil empleos que deberían crearse cada año, según las promesas del Ejecutivo federal.
La situación de quienes ya tienen un empleo no es tan halagüeña, pues el salario mínimo en el país aumentó sólo 0.6 por ciento real en el último trienio y es de los más bajos de América Latina; hay casos peores como el Distrito Federal, donde el salario mínimo decreció 0.48 por ciento, según cifras oficiales
De acuerdo a la Secretaría del Trabajo y Previsión Social, en lo que va del sexenio han perdido su empleo 516 mil 587 personas en nuestro país y 10 millones de mexicanos están en plazas sin gozar de prestaciones ni seguridad social.
Las cifras oficiales sobre desempleo se basan en el registro del IMSS. Por ello, los trabajos perdidos sólo corresponden a quienes tenían un empleo formal, con prestaciones y seguridad social, aunque hayan sido eventuales, y sin tomar en cuenta aquellos que trabajan en el comercio informal.
Tipologías sindicales
Erika Ramírez
En su libro “la democracia pendiente”, la asesora del Sindicato de Telefonistas de México, María Xelhuantzi López, clasifica a sindicalismo nacional así:
Sindicalismo de protección: Actúa a espaldas de los trabajadores entre un sindicato y un patrón a través de un contrato colectivo de trabajo, mismo que se deposita en la Junta de Conciliación y Arbitraje. En virtud de este depósito, se impide que otra organización sindical solicite la firma de un Contrato Colectivo.
Sindicalismo Blanco: El control y la autoridad que los patrones ejercen sobre los trabajadores, se expresa desde los requisitos que piden a sus futuros trabajadores, entre los que están profesar la religión católica, no tener ningún antecedente de participación política y no haber pertenecido a ningún sindicato.
Sindicalismo Charro: El abandono de los sindicatos a la lucha gremial, la centralización excesiva y estatuaria del poder sindical en los comités ejecutivos nacionales y en los secretarios generales; y el reconocimiento del gobierno y las empresa para la conservación del poder, así como la falta de transparencia en la vida interna y en la toma de decisiones.
Sindicalismo subordinado: Se coaligan sindicatos secundarios en la burocracia sindical para ganar fuerza política regional; aprovechan la legislación laboral parcial que practican las autoridades que permiten la constitución de sindicatos adversos a los intereses obreros, y dejan de lado el Contrato Colectivo de Trabajo como el principal instrumento de lucha obrera, para dar paso a una flexibilidad laboral sin restricciones.