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La autobiografía de Manuel Buendía
Álvaro Cepeda

Resumen
   
 
 
 
OPINIÓN

I.– El homicidio de Manuel Buendía fue un crimen político. Uno más. En el vigésimo aniversario de su asesinato, del antiguo régimen priísta a la fallida alternancia panista, la respuesta a la demanda de investigar hasta las últimas consecuencias quiénes están detrás de quien lo mató, es más de lo mismo sobre la larga lista de homicidios y genocidios que llevan el herraje del poder político. Todo porque desde 1968 hasta 1994: de Díaz Ordaz a Salinas (y de Zedillo a Fox): “no hay nuevas pruebas”, por lo que los expedientes no pueden ser reabiertos o de plano ya están cerrados. Es el pseudoargumento.

II.– “El poder es el poder de matar”, escribió el novelista y ensayista francés autor de La condición humana. La criminalidad gubernativa casi siempre actúa por encima del llamado Estado de Derecho y a eso se ha denominado la “La Razón de Estado”. Con ella, dice un pensador, se encubre “la imposición de todo el complejo de postulados políticos favorables al príncipe y sus secuaces, frente al orden jurídico en vigor” (Hans Kelsen: Teoría general del Estado). El homicidio del periodista fue ordenado al amparo de la autocracia presidencial priísta, como una razón de Estado.

III.– Así es como se explica que 20 años después el crimen político de Manuel Buendía, permanezca como una investigación inconclusa y cancelada, precisamente, en el umbral del presidencialismo mexicano; porque desde casi siempre, en el país de un solo hombre (Enrique González Pedrero: País de un solo hombre: el México de Santa Anna: FCE, 1993 y 2003) solamente han estado unidos por la complicidad de guardar los secretos, per saecula saeculorum, pero no por el buen gobierno republicano y los resultados democráticos (de Santa Anna a Fox). Así, los crímenes desde el poder, lo son para garantizar la tradicional impunidad de los gobernantes, como crímenes perfectos.

IV.– Mataron a Buendía y enterraron su cadáver. Pero no han podido echar al olvido su memoria. Sobrevive su autobiografía, si por ésta, citando a Robin G. Collingwood en términos de una especie de paráfrasis, convenimos en que la autobiografía de un hombre cuyo oficio fue ejercer el periodismo, entonces es lo que a través de su trabajo fue crescendo, hasta culminar del reportero que nunca dejó de ser, al más creíble y veraz columnista político contemporáneo... y gran prosista, con todo lo que ello implica.

V.– Cuanto dejó escrito Buendía, como periodista es su autobiografía. Y en lo que se ha publicado, a la espera de su obra completa, está más que claro que el inolvidable columnista puso mucho antes las condiciones del buen periodismo en nuestro país que, por ejemplo, el ahora tal celebrado Ryszard Kapuscinski, con todo lo que ha dicho y escrito (a lo mejor resumido en su texto: Los cinco sentidos del periodista, FCE.-2004), no es una novedad en cuanto se tiene conocimiento del legado de Manuel Buendía. Acaba José Emilio Pacheco, nuestro gran prosista y poeta recién laureado con el Premio Pablo Neruda, de darnos una probada intelectual sobre lo que pensaba y practica Buendía como uno de los grandes prosistas del periodismo mexicano.

VI.– El ensayo de José Emilio Pacheco. Un testamento periodístico de Manuel Buendía (publicado en la Revista Mexicana de Comunicación: abril/mayo del 2004), nos pone al tanto de las ocupaciones del columnista por la excelencia para escribir: “la posesión real del idioma y el desarrollo de un estilo”; sustentados en manejar las herramientas gramaticales y ejercitar la lectura crítica para poder escribir “con un lenguaje fresco, ágil, sencillo, ameno y perfectamente capaz de crear belleza literaria”.

VII.– Estamos a la espera de lo que ya es indispensable: la recopilación completa de su trabajo periodístico; sus conferencias, sus apuntes y sus demás escritos sobre lo que exige, culturalmente, hacerse periodista. Éste siempre en el filo del aprendizaje, el estudio, “redactando todo el día”, leyendo, investigando, verificando y revisando lo que se escribe. Buendía fue, gracias a todo eso, no solamente, pues, un periodista en el diario quehacer de la práctica, sino un teórico del periodismo moderno. Y solamente por medio de la publicación de su obra, que es su autobiografía, sabremos más de su calidad de periodista.

VIII.– Y es que como fundada y certeramente escribió José Emilio Pacheco: “Manuel Buendía no hubiera llegado a ser lo que será siempre si no fuese también uno de los grandes prosistas mexicanos”. Esto lo hace un maestro del periodismo en todos los aspectos de ese oficio. Todo lo escrito por él es ya necesario que se divulgue, buscando los medios para editarlo, no como algo meramente histórico, sino como legado para conocer la crítica política sustentada en las investigaciones del reportero (que debe llevar dentro todo periodista) y como ejemplo de cuidado en el uso del lenguaje.

IX.– Se requiere reflexionar sobre la obra completa de Buendía para mejor recordarlo como convoca JEP en su texto: “Tus lectores estamos no moderadamente sino total y eternamente agradecidos. Supiste vivir y morir por nosotros. No te olvidaremos mientras tengamos vida” esto lo afianzaremos leyéndolo, aprendiendo de su prosa como continente y contenido, en lo que es su auténtica autobiografía y que debe salir a la luz pública, como la edición íntegra de su prosa de periodista y maestro del periodismo.

X.– A 20 años de su infame homicidio, mantenido como un crimen perfecto de la “Razón de Estado” de Miguel de la Madrid y su mafia política y mantenido como ultrasecreto por Salinas de Gortari, Ernesto Zedillo y Vicente Fox, nada como publicar todo lo escrito por Manuel Buendía. Es su Autobiografía un arsenal para formar periodistas que ejerzan las libertades de prensa con el profesionalismo cultural que practicó y enseñó el reportero Manuel Buendía y quien siempre fue obediente a la divisa “del periodismo como una actividad en la que el aprendizaje no termina nunca”.

cepedaneri@prodigy.net.mx

 
 
 

 


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