Gracias a Blender, una revista especializada en música, me entero que hay quien cataloga a ¡Oops...!, I did it again entre las mejores rolas de las últimas centurias. Para un lector que no tenga hijos prófugos de la adolescencia permítaseme el breviario cultural: se trata del sencillo que dio título al álbum del 2000 de la odiada-amada Britney Spears.
De acuerdo con el diccionario Merriam-Webster, la interjección ¡oops! data de la tercera década del siglo pasado y se emplea para expresar sorpresa, consternación o una excusa leve, de modo que de este lado del río Bravo la canción podría titularse como ¡Chin...! Lo hice de nuevo. Y aunque la llamada princesa del pop ha mutado los ambiguos mensajes sexuales del pasado por explícitas alusiones al onanismo o, al tiempo que se besuquea en vivo con Madonna, publicita que le regaló su preciada doncellez a un ex novio, el hit de antaño ha regresado a los primeros lugares de popularidad, ahora en boca de otros intérpretes.
¿Qué dijo Janet Jackson tras enseñar un pezón en el pasado Superbowl? “¡Oops! ¡Se me salió!” ¿Cómo justificó George W. Bush el hecho de no haber visto la polémica escena? “¡Oops! ¡Estaba en brazos de Morfeo!” Y la archirival de Britney, Christina Aguilera, no fue la excepción. En febrero pasado se presentó a recibir un Grammy con un escote de miedo y lo primero que se le ocurrió comentar fue: “¡Oops! ¡Mis niñas aman los reflectores!”.
También en México ha cundido la britneymanía. ¿Que según Miguel Alemán su compañero de partido Miguel Ángel Yunes tiene muy poca madre? “¡Oops! ¡Así nos llevamos los veracruzanos!”. ¿Que el partidazo destapa a Jorge Hank Rohn como candidato al gobierno de Tijuana? “¡Oops!”, declara Roberto Madrazo, “¡Yo ni el dedo metí!”. ¿Y el líder del PRI justificando el picorete con la secretaria Elba Esther? “¡Oops!”!Pensé que era princesa...!”.
Los homenajes a la párvula del pop, sin embargo, no le hacen justicia. Volvamos a Blender y en particular a una entrevista en la que William Sahw dejó patidifusa a la cantante al notificarle que “representas la inmoralidad y la hegemonía de la cultura yanqui” y, en consecuencia, tras los ataques terroristas del 11 de septiembre, “se te mencionó como una de las razones por las que la gente es hostil a Estados Unidos”.
La sorpresa fue tal (¡oops!) que Britney sólo pudo exclamar: “¡De qué demonios estás hablando!”. Nunca reflexionó en que, en I did it again, cantaba: “No soy esa inocente” cuando era todavía una culicagada púber que, para beneplácito de la lascivia masculina, al mismo tiempo se presumía casta y pura. En tanto, de Janet Jackson a Madrazo los émulos de la zorra con piel de oveja pretenden venderle al mundo una imagen de pudor más falsa que la castidad de la otrora señorita Spears.
Ahora bien, sospecho que de las virtudes públicas de los advenedizos intérpretes de la multicitada rola a los vicios privados del caníbal de Rotemburgo sólo hay un paso. “¡Oops!
Quería comérmelo, pero no pretendía matarlo”, confesó Armin Meiwes durante el juicio en el que se le condenó a ocho años y medio de prisión por el homicidio de Bernd Jürgen. Y consiguió que se le tratara con benevolencia tras contar los detalles del caso. En realidad, uno y otro pretendían amputarse los genitales, ponerlos a guisar y luego darse un banquetazo. No fue por falta de aceite de oliva o hiervas de olor que se frustró la comilona.
El inconveniente consistió en que, aunque nobles, sus partes estaban muy duras. Meiwes, al no poder liberar a Jürgen de su pene, optó por “redimirlo de sus penas” y, tras hacerlo picadillo, guardó la carne en el refrigerador para saborear a su víctima sin prisa alguna. 3
¡Qué vacas locas o pollos constipados!