Ante la indiferencia del gobierno federal, la organización Mara Salvatrucha siembra el terror en la frontera sur de México, en donde roba, viola y mata. Su objetivo: exterminar indocumentados centroamericanos que intentan llegar a Estados Unidos acosados por la pobreza que azota a la región
Suchiate, Chiapas.- Las autoridades mexicanas lo reconocen: la violencia que se registra en la frontera sur de México está en niveles nunca antes vistos y no pueden controlar la situación.
Divididos en dos bandos denominados MS13 y MS18, la temible banda de los Mara Salvatrucha (de origen salvadoreño) ya opera en todos los puntos fronterizos a la caza de migrantes.
Como grupo paramilitar, desde hace unos meses recluta a sus “soldados” en las escuelas de nivel básico y medio superior de Tapachula. En esta academia del crimen los menores reciben una sola enseñanza: matar o morir, la violencia al límite.
A plena luz del día los Mara desarrollan sus actividades en Ciudad Hidalgo, Suchiate, Tapachula, Montecristo, Mojarrás, Tonalá y Arriaga, principales puntos de cruce de indocumentados.
La Procuraduría General de Justicia de Chiapas (PGJCH) define a la Mara Salvatrucha como una organización “paradelictiva” que incurre en todo tipo de crímenes y a sus integrantes como jóvenes de 12 a 35 años de edad que recurren a las drogas y el alcohol como principales estimulantes.
El origen
De origen paramilitar, los fundadores de la Mara Salvatrucha participaron en el combate a la guerrilla en El Salvador en la década de los ochenta. Terminado el conflicto, algunos se trasladaron a Los Ángeles, California, donde formaron la Mara, su nueva organización delictiva. La primera, llamada Wonder 13, se atribuye a un hombre conocido como “El Flaco Stoner”. Luego surgieron la Halwod y la Ligua.
Algunos integrantes de estas bandas fueron deportados hacia El Salvador y desde el país centroamericano reprodujeron la organización, agregándole la palabra Salvatrucha (ponerse listo, avivado, “trucha”).
Entre 1996 y 1997 en Tecún Umán (Guatemala) y Ciudad Hidalgo (México), el principal paso de migrantes indocumentados centroamericanos, se identificaron dos bandas: la Mara Salvatrucha 13 y la Mara Salvatrucha 18, cada una con más de 70 integrantes.
Aunque tienen el mismo origen, estas dos escisiones de la Mara se disputan el botín y marcan su territorio en una rivalidad permanente e irreconciliable.
El ingreso
Ingresar a la Mara no es fácil. Sus miembros se someten a difíciles pruebas para dejar claro que para ellos matar o morir da lo mismo.
Para brincar (ser aceptado), el aspirante debe aguantar 13 segundos en el aire mientras un grupo de 13 miembros de la Mara lo golpean, es el inicio. Lo siguiente es aventarse un tiro, enfrentarse a golpes con un miembro del grupo, violar a una mujer, cortarse las venas, acostarse durante 13 segundos en medio de una carretera, y asesinar a un enemigo del grupo.
Al concluir las pruebas, los aspirantes ganan el derecho a tatuarse el nombre de la organización, la huella indeleble que lo hace parte del grupo, su nueva familia.
El sello
Los tatuajes son de vital importancia en el mundo de estos presuntos criminales. El más común es la frase que para ellos se convirtió en leyenda: “Perdóname madre mía por mi vida loca”. Siete palabras alrededor del cuello, éstas integran lo que hará a partir de ese día, su nueva identidad y razón de vida.
En su estructura, los mandos medios se tatúan tres puntos en el antebrazo, a la altura del codo, en la parte frontal o en el espacio entre el dedo pulgar y el índice. Significan dinero, droga y mujeres.
El mando se obtiene por los crímenes cometidos. Con este grado se gana también el derecho a cobrar “la renta” de sus subalternos, producto de asaltos a migrantes.
Con la tinta indeleble sobre la piel los Mara se dan color; algunos prefieren los iconos del teatro griego: tragedia y comedia representadas en sendas máscaras. La tragedia para los días tirando tiempo (en prisión), la de comedia para los días de libertad.
Por cada homicidio se tatúan una lágrima en la comisura externa de los ojos y calaveras en los tobillos; pero el tatuaje de mayor tamaño, el favorito, es el nombre de la organización: “MS13” o “MS18”, su identidad reproducida sobre el pecho, los brazos y espalda.
El nombre de la Mara, la placa se pierde cuando ya no se es digno de pertenecer a ella. Con un cuchillo los excompañeros arrancan todo lo plaqueado del cuerpo, y es difícil que el desertor sobreviva. Por la Mara viven, por ella mueren.
Rostros y cuerpos de mujeres con senos exuberantes, dragones, demonios, calaveras, serpientes, imágenes agregadas, tintas indelebles, cuerpos que indican lo chingón que es el que porta esas imágenes.
Ningún Mara tiene menos de dos o tres muertes en su haber. Hay a quien ya no le alcanza el rostro para tatuarse otra lágrima, el punto que vale la vida de un migrante.
El control
Un informe interno de la Procuraduría de Justicia del estado dice que los Mara que operan en la zona de Tapachula pagan una parte de sus ingresos a un hombre conocido como “Charqui”, que vive en Los Ángeles, California, identificado como el máximo dirigente de la organización.
Detalla que los Maras más importantes en el este de Los Ángeles son: Mara 13 (MS13), Mara 18 (MS18), Mm (Mafia Mexicana), M21 (integrada por negros), Waifer Faiset (Wf) (integrada por centroamericanos) y la Ese (salvadoreños).
La Mara 13 tiene, a su vez, 13 ramificaciones, entre ellas: Clic (coronados), Pals, Nls, Notamn y Locos.
La MS13 y la MS18 controlan la frontera sur, violan leyes y mujeres, transgreden las normas y autoridad, se rifan (enfrentan) y hacen el paro (protegen), tiran la mara (se comunican) y operan.
Mara asesina
De Ciudad Hidalgo a Tapachula, de Tapachula a Huixtla, de Huixtla a Villa Comaltitlán, de Villa Comaltitlán a Tonalá y de Tonalá a Arriaga, cada día aumenta el número de indocumentados víctimas de esta organización, lo que ha reducido el número de centroamericanos que logran cruzar más allá del Suchiate.
Su modus operandi es en grupos de cuatro a cinco Maras que se mezclan con indocumentados a bordo del tren de carga de la empresa Chiapas-Mayab, o en las inmediaciones de las estaciones y vías amedrentan a sus víctimas, los despojan de ropa, zapatos y dinero.
“Generalmente portan armas blancas y armas de fuego ‘hechizas’ que percuten con cartuchos de escopeta calibre .12”, dice la Procuraduría, aunque algunos indocumentados entrevistados a lo largo de todo el Suchiate dicen que los Mara portan armas de grueso calibre.
Conocen y dominan el área, la presa más fácil para el Mara es el indocumentado que cruza los cerros para evadir la vigilancia del Instituto Nacional de Migración (INM).
Presa fácil
En Ciudad Hidalgo son las tres de la tarde. Hasta las vías del ferrocarril donde se resguarda un grupo de hondureños se acercan tres jóvenes con el rostro semicongelado por el espanto. Sus cuerpos tiemblan como si hiciera mucho frío, aunque el clima en esta zona costera es cálido y pegajoso.
Marvin Sain, Wilmer Solis y Ramón Cáceres acaban de ser asaltados por la Mara en Tecún Umán.
-¿Cuántos eran?
-Varios, pero no los vimos porque cuando nos quitaron el dinero pegaron la carrera- responde Ramón Cáceres.
Salieron de Honduras un jueves. Saben que la frontera mexicana es cada vez más violenta e insegura, pero puede más su necesidad económica.
A Said lo despojaron de todo, incluido el dinero que calculó le serviría para llegar hasta San Diego, California, donde estuvo hace dos años cuando la migra lo detuvo y lo encarceló un año y luego lo deportó a Honduras. Sin un solo peso, seguirá su camino; no puede dar marcha atrás, un hijo y una mujer lo esperan en EU. Al hijo no lo conoce, cuando su esposa se embarazó él estaba preso.
Las mujeres se muestran más temerosas de la Mara, el rumor de que no sólo violan sino que asesinan con enorme saña se conoce en toda Centroamérica. Y es que hace un mes la Mara les abrió el cráneo con un machete a dos salvadoreñas menores de edad que viajaban en el tren por el Suchiate.
Johana, una hondureña de 24 años que viaja con cinco connacionales del sexo opuesto, dice que cuando la intentaron violar les gritó que tenía sida, y sólo así pudo salvarse.
No es la primera vez que esta mujer emprende el viaje, en tres ocasiones fue detenida por el grupo Beta. Se queja: “dicen que los Beta son de ayuda para uno, pero nos detienen para que nos deporten, en vez de darnos comida y agua”.
Operativo antiMara
Se acerca la media noche y con ella la hora más fresca en el Suchiate. Elementos mal armados de la Policía Municipal de Tapachula suben a las camionetas y encienden las torretas. El ulular de las sirenas alertará a cualquier delincuente.
El equipo se divide en dos: seis policías a la caza de los temibles Mara Salvatrucha en las principales calles del municipio, el parque central, la zona de tolerancia y las inmediaciones del tren.
Los municipales conocen perfectamente el área de congregación de los Mara. El comandante Mateo Ángel Salazar dice que en cada operativo detienen en promedio a unos cinco.
En México la Mara no está de paso, se reproducen como plaga, habitan en colonias como San José, El Edén, La Azteca, Cebadilla, en el sector surponiente y norponiente del municipio, en asentamientos irregulares, tierra de nadie.
Tapachula tiene 350 colonias consideradas altamente delictivas, en ellas la MS13 y MS18 reclutan a estudiantes de secundaria y preparatoria, que atraídos por el fenómeno de imitación, se integran al exterminio de migrantes. Son las mismas colonias que recorren los municipales en operativos anti-Mara.
Por seguridad, uno de los policías anota el nombre completo de los designados al operativo. Abordamos las camionetas, encienden las sirenas. La acción dura dos horas. En una esquina un grupo de tres muchachos se esconde en la penumbra de la noche. Los municipales descienden, les exigen una identificación, preguntan su nombre, levantan sus playeras buscando un arma o tatuaje, el sello de la Mara. Fue una mala noche, no hubo detenidos.
Los niveles de violencia a manos de esta organización no descienden. El titular de la Policía Municipal, coronel retirado del Ejército, Mateo Ángel Salazar, explica: “la municipal hace su parte, detenemos a los Maras, el problema es que los entregamos a la Procuraduría, (donde) no se siguen las averiguaciones y se les deja libres”.
La versión coincide con la del titular de la Secretaría de Seguridad Pública de Chiapas, Horacio Schoeder. Dice que los Mara son protegidos por las corporaciones policiacas, sin mencionar nombres, “para no entorpecer la investigación”.
La penetración de la Mara Salvatrucha en la frontera sur de México es considerada como una situación de alta seguridad, pero predomina la negligencia y falta de efectividad.
Herrán Salvatti, desde su amplia oficina en la construcción conocida entre los lugareños como “El Pentágono”, reclama que los ojos de la federación no se han posado sobre la frontera sur.
“El gobierno de Chiapas ha venido planteando esta problemática a la federación desde el inicio de la administración, que era necesario que se voltearan los ojos a la frontera sur. Las autoridades de Centroamérica dicen que los Maras regresan a México trayendo armas de la frontera norte, desde su asiento en Los Ángeles. La violencia de estas bandas contra los migrantes rebasa los límites de la razón”.
El ex zar antidrogas dice que junto con la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) “se ha instalado el Grupo de Reacción Inmediata de la Frontera, que opera como una especie de Base de Operaciones Mixtas acuerpada en una operación para el resguardo del ferrocarril”. Al recorrer el camino del tren del Suchiate no apareció ninguno de los militares de los que el procurador hizo mención.
De la penetración de la Mara entre los jóvenes de Tapachula, Herrán dice que en coordinación con la SEP se aplica un programa de prevención en las colonias populares, “donde ellos tratan de reclutar a sus adeptos o a quienes tratan de imitar”.
También demanda del gobierno federal destinar más recursos para el combate delictivo en la frontera sur de Chiapas, “nuestra frontera es muy diferente a la frontera norte, presenta características que hay que atender, porque si no, al rato va a haber más problemas de los que estamos enfrentando en este momento”.
-¿Cómo define a la frontera sur?
-Como la frontera olvidada, que no existía porque aparentemente allí no pasaba nada, pero después del 11 de septiembre los americanos no han situado la frontera en el Río Bravo, sino en el Río Suchiate, donde se cuela el grueso de la migración que llega a su país.
El delegado de la PGR en Chiapas, Miguel Salido, evalúa que en la frontera sur de México se vive un fuerte impacto social ocasionado por la brutalidad con que actúan las bandas de la Mara desde hace mucho tiempo.
La PGR calcula que en Chiapas operan por lo menos 4 mil miembros de la Mara, de origen salvadoreño y guatemalteco, a los que se suman jóvenes que reclutan en Tapachula para asaltar, violar y matar centroamericanos indocumentados.3
La diplomacia internacional
Ni el Instituto Nacional de Migración (INM), ni alguna otra autoridad mexicana tiene un número exacto de los indocumentados victimas de la Mara Salvatrucha en la zona del Suchiate, ya que éstos no presentan denuncias, y de los asesinatos, la negligencia de las autoridades es tal que los burocráticos trámites entorpecen los procesos para devolver los cuerpos hacia sus lugares de origen, coinciden los diplomáticos representantes de Centroamérica en México.
Los cónsules Lucas Asdrúbal, de El Salvador; Alex Eduardo Pacheco, de Honduras, y Jairo David Estrada, de Guatemala, reclaman que el gobierno de Vicente Fox se muestre indiferente frente a la ola de violencia desatada en la frontera sur de México.
En diciembre pasado las tres representaciones formaron un frente común para alzar sus reclamos.
El diplomático de Honduras reclama: “no tengo una explicación clara del por qué el gobierno mexicano ha tratado con guantes de seda el problema que se vive en la frontera sur. No me alegro del mal ajeno, pero con el trato que Estados Unidos da a los mexicanos, el gobierno mexicano siente en carne propia lo mismo que nosotros sentimos aquí”.
Alex Eduardo Pacheco dice que el respeto a los derechos humanos de los migrantes que el gobierno mexicano dice tener, debe frenar a la Mara Salvatrucha, “porque también hay mexicanos involucrados, lo que da mayor responsabilidad a las autoridades de este país.
“En Honduras existe la enfermedad del sueño americano, eso vuelve ansiosa a la gente y no les importa lo que tengan que sufrir con tal de llegar a Estados Unidos”.
Además de la violencia a manos de la Mara, el diplomático enumera otros problemas que enfrentan sus connacionales, ligados a las corruptelas de las autoridades de Migración.
“El migrante por todos los medios es maltratado en México. Cuando vienen de Estados Unidos traen sus documentos en regla y regalos para su familia, pero en las garitas les quitan hasta el último regalo”.
Durante el 2003, por lo menos 20 salvadoreños fueron asesinados por miembros de la Mara en su paso por Tapachula, y las autoridades mexicanas no informaron de ninguno de los decesos al cónsul de El Salvador en el estado, Lucas Asdrubal Aguilar Cepeda.
De acuerdo a la Convención de Viena, las autoridades federales están obligadas a informar al cuerpo diplomático cualquier incidente que sufran las personas en un país extranjero, sea como víctimas o victimarios. El cónsul de El Salvador dice que de los decesos de sus connacionales se entera porque constantemente monitorea y visita los albergues y las inmediaciones del tren por donde entran los indocumentados.
Indignado señala que el año pasado, en un solo día, los Maras asesinaron a cinco salvadoreños en el tramo Tapachula-Huixtla.
“El gobierno mexicano solapa la violencia que viven nuestros migrantes. En una reunión el procurador del estado mencionó que si no hubiera indocumentados no habría delincuencia, como diciendo que muerto el perro se acabó la rabia, y yo creo que no es así. Migrar no es delito”, enfatiza.
La violencia en la zona es tan alta que hasta las casas y oficinas de los diplomáticos han sido asaltadas por integrantes de la Mara.
Jairo David Estrada dice que la alianza entre los diplomáticos es para exigir al gobierno de Fox que cesen los atropellos contra migrantes centroamericanos y combata de manera real a la Mara, ya que es el segundo país (después de Honduras) que más decesos ha sufrido a manos de estas bandas.