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Los “buenos muchachos” de Patricio
Ana Lilia Pérez

Resumen
   
 
 
 

Detenciones arbitrarias, tortura, extorsión, privación ilegal de la libertad y desapariciones, son parte de los delitos en agravio de chihuahuenses a manos de agentes de la Procuraduría del estado que gobierna Patricio Martínez.

A cuatro meses de que concluya la administración de Patricio Martínez García –el 2 de octubre–, entre la sociedad civil de Chihuahua se comenta que pasará a la historia como el peor gobernador del estado, al proteger y encubrir a una Procuraduría de Justicia que cometió el mayor número de violaciones a los derechos humanos.

La Comisión de Solidaridad y Defensa de los Derechos Humanos asociación civil (Cosyddhac) documentó más de 20 denuncias por allanamiento de morada, amenazas, hostigamiento, robo, privación ilegal de la libertad, desaparición forzada, extorsión, tortura y detención arbitraria a manos de agentes de la Policía Judicial, lo mismo en la zona urbana que en la Sierra Tarahumara.
Son “los muchachos” de Patricio Martínez que en vez de procurar justicia sembraron el terror.

El préstamo

Gabina preparó alimentos que enviaría a sus hijos para el descanso escolar, caminó hacia la recámara y un sobresalto la hizo abrir la puerta que comunica al minisuper. Echó una rápida mirada a los negocios familiares: la tienda, la gasolinera y la rosticería. En el minisuper unos cuantos clientes: Francisco, José, Santiago y Aparicio, todos indígenas del municipio Guadalupe y Calvo. En la caja vio a su esposo Samuel, a su cuñado Edgar y a su hermano José Manuel.

Regresó a la recámara. El reloj sobre el buró le indicó la hora: apenas unos minutos para las dos de la tarde. A esa hora, todas las familias de Ejido Catedral estarían en su casa esperando la comida.

Todos los hombres que esa tarde acompañaban a Samuel fueron testigos. Los siete vieron frente al minisuper la caravana de camionetas pick up: una Dodge Ram guinda, otra en color rojo y una Ford blanca 4x4.

De las trocas bajaron ocho hombres armados con rifles y pistolas vestidos con pantalones negros y sudaderas grises o blancas, todos con las siglas de la Policía Judicial. En segundos entraron al minisuper cortando cartucho.

–¡Manos en alto!– iniciaba el operativo de cateo a todo y a todos.
Esposaron a Edgar y Samuel; metieron a Edgar en una de las habitaciones y a Samuel le exigieron a voz en cuello:
–¡Tienes que entregarnos todo lo que tengas, hijo de la chingada!
–¿Por qué?
–Porque si no vamos a encontrar armas y coca.
–¿Cuáles armas, cuál coca?
-La que tienes escondida.
-¡No tengo nada!
-Pues si no tienes te la prestamos.

Las carcajadas resonaron

A los diez minutos sacaron a Edgar, despeinado, pálido y con la ropa rasgada. Era el turno de Samuel. Entre insultos, bofetadas y golpes, le exigieron que entregara el efectivo o de lo contrario lo trasladarían a Chihuahua o hasta México.

–¡Mira cabrón, no nos hagas perder el tiempo! Tenemos que encontrar algo aquí, esa es la orden, así que calcúlale.
–No tengo nada. –Los lamentos de Samuel apenas si se escuchaban.
–¡Mira cabrón, mejor entréganos la nueve, la cuarenta y cinco, saca la coca hijo de la chingada... danos la goma que llevas a Guadalupe y Calvo!

Lo acostaron boca arriba, brincaron sobre su estómago. Le taparon con un trapo la boca. Sangraba. No querían que los demás escucharan sus ahogados gritos de dolor.
Un par de policías torturaba a Samuel; otros cateaban la casa, el resto se hacía cargo de los detenidos en el minisuper.

Debajo de la cama el policía más “audaz” sacó la bacinica de los hijos de Samuel y los orines en la cara entraron hasta las fosas nasales al borde del asfixio. El policía le extrajo de la cartera 3 mil 900 pesos.

–Aquí te guardamos tu dinerito, cabrón. No creas que te lo vamos a robar; no somos mañosos.

Los policías tenían hambre. En la cocina encontraron alimentos que Gabina había preparado para sus hijos que en esos momentos estudiaban en Parral. La cantidad no satisfizo su hambre. De la tienda extrajeron papas fritas, cigarros y refrescos.

–¡Mira cabrón, te lo advertimos, si dices algo de lo que aquí pasó vamos a matar a toda tu familia!

Creyó que la pesadilla había terminado, pero se equivocó. Lo levantaron del piso y junto con Edgar lo llevaron hasta la camioneta guinda. Samuel vio a otro de los agentes sacar a Gabina de la casa y subirla a la Ford Lobo 99.

–¿A donde la llevan?
–A conseguir dinero.
–¿Para qué?
–¡Para pagar tu deuda, cabrón!
–¿Cuál deuda?
–Los 200 mil que nos debes.
–¿De qué?
–Por cuidarte.

El pago

Gabina era presa del llanto. El policía que la custodiaba la amenazó con pegarle un tiro, ésta de unos 34 años de edad, complexión delgada, estatura regular y cabello negro, vestía pantalón de mezclilla azul, chamarra y cachucha negros, la pistola fajada. Su rostro común, Gabina no pudo borrarlo de su mente en los meses siguientes. Cuando fue a denunciarlo se sorprendió al verlo pasear libremente frente a la oficina ministerial de Guadalupe y Calvo.

Recorrieron los ranchos cercanos para que Gabina consiguiera el dinero para liberar a Edgar y Samuel y llevarlo al rancho El Rebelde. Entre los propietarios de dos ranchos vecinos y la encargada de la Conasupo, Gabina reunió 8 mil pesos en préstamo para pagar a los judiciales.

A las 3:30 de la tarde, Gabina y el policía llegaron a El Rebelde. A los policías les pareció poco dinero, pero accedieron a “llamar al jefe”. El jefe autorizó soltarlos siempre que “no presenten denuncia, o de lo contrario vamos a regresar y a llevarlos hasta México”.

Dos días después la pareja los denunció en la Subprocuraduría de Justicia del estado por abuso de autoridad, tortura y extorsión. Les informaron que el encargado no estaba y que los atendería la delegada, de apellido Salas.

Mientras declaraban ante el Ministerio Público, Gabina identificó al policía que la llevó a conseguir el dinero. Exigió al representante social detener al sujeto, pero se negó porque le costaría “la chamba”. Si acaso, les hacía favor de levantar el acta. La indagatoria nunca progresó.

Comandante Valles

Urique es la zona de entrada a la Sierra Tarahumara y su barranca la más profunda de México. Por su ubicación geográfica, en plena zona montañosa, las comunidades de este municipio son presas de la impunidad. En una de las más alejadas –Piedras Negras– el frío aire de otoño calaba hasta los huesos.

Rosario Osuna despertó cuando los golpes en la puerta le retumbaron en el oído. Faltaban segundos para las 6:30, hora poco usual para visitas. De mala gana abandonó la cama, cruzó la habitación y abrió la puerta. Seis agentes de la Policía Judicial, al mando del comandante Sergio Valles, le exigieron que llamara a su esposo Rosario Núñez. Cuando éste salió, fue esposado.

– ¿Dónde tienes la siembra?
–No tengo ninguna siembra. –Dijo presa del pánico.
–Pues te tienes que mochar.

Lo llevaron hasta un sembradío de marihuana; sacaron una cámara fotográfica y le hicieron varias tomas.
–Tenemos las fotos, aquí está la prueba. Si tu mujer no nos entrega cien mil pesos, la vamos a violar y a ti te vamos a refundir. El dinero lo tienen que llevar a la comandancia de Bahuichivo.

En menos de una hora lo regresaron a su domicilio, le pidieron las llaves y abrieron la puerta de la camioneta Dodge Ram 94, propiedad de la familia. En el asiento trasero regaron marihuana, tomaron fotografías y se dirigieron a Rosario Osuna.

–Si no llevas el dinero, mañana en la mañana vamos a llevar a tu esposo hasta Chihuahua; vamos a decir que el sembradío es de ustedes dos y vamos a violarte.

El resto del día la desesperada mujer se dedicó a conseguir en préstamo la cantidad que exigían los agentes. La noche le pareció eterna. A las ocho de la mañana del 18 de octubre, Rosario Osuna entregó cien mil pesos al comandante Valles para que liberara a su esposo. No les devolvieron la camioneta.

Desde el primer año en que Patricio Martínez llegó al gobierno del estado, el comandante Sergio Valles ingresó a la PJE. Su “desempeño” le valió que le encomendaran la seguridad de la Tarahumara. Los años en que el comandante estuvo activo en la zona no sembró sino terror y azoro.

Algunos torturados y extorsionados por Sergio Valles son María Ruelas Portillo, Enriqueta Trejo Revueltas, Jacobo Urías Domínguez, Guadalupe Gil Torres, Cristino Villalobos y Juan Villaverde.

El paro

Eran las cinco de la mañana del pasado 7 de noviembre. Cristino Villalobos Pérez escuchó una voz que en medio de la calle gritaba su nombre. Era un agente de la PJE de apellido Chávez.

–Oye Cristino, ¡hazme un paro!
–¿Qué es?
–Allá en la Zeta está mi comandante Valles, se nos ponchó una llanta de la camioneta. ¡Échanos una mano!

La mala fama del comandante Valles era extensiva en toda la sierra Los lugareños se atemorizaban sólo con escuchar su nombre. Cristino sabía que debía hacer todo lo que el comandante y su gente le indicaran. Le dijo a su vecino Juan Villaverde que lo acompañara, simulando que era porque Juan tenía un mejor vehículo.

Cristino Villalobos, Juan Villaverde y el agente Chávez llegaron al paraje la Zeta y de manera imprevista Chávez les dijo que el comandante estaba en San Juanito, una comunidad cercana.

Indicó a Juan que viajara con él en el vehículo de la PJE y a Cristino que manejara la camioneta de Juan. Camino a San Juanito, en el poblado de San Gabriel, los detuvo un retén militar. Los soldados revisaron la camioneta y no hallaron nada ilegal. Siguieron su marcha. Cuando llegaron al lugar no estaba el comandante Valles, pero si un grupo de agentes que detuvieron a Juan y Cristino y los retuvieron esposados hasta las 10 de la noche.

Ambos estaban desesperados, presas del miedo, que se agudizó cuando Sergio Valles apareció. El comandante estaba drogado y olía a alcohol. A pesar de su evidente estado de embriaguez las amenazas eran bastante claras. Ordenó a los agentes que llevaran dos costales con marihuana. Los agentes llevaron la carga y golpearon a los detenidos.

–¡Con esta mota los voy a refundir en el bote!– gritaba Valles enardecido.
–¡Traigan la cámara!
Los agentes vaciaron los costales a los pies de Juan y Cristino y luego fotografiaron la escena. El resto de la noche trascurrió entre golpes y torturas.
La mañana del 8 de noviembre el comandante les dijo que entregaran cien mil pesos.
–¡No, mejor que sean 120 mil –rectificó–, y si no los entregan los voy a mandar a la cárcel. ¡Tú, cabrón, a’i traes celular, háblale a tu familia y dile que junte el dinero, pero ra-pi-di-to!
Los temblorosos dedos de Juan apenas acertaron a teclear el número. Luego de escuchar las indicaciones el comandante Valles colgó.

El 9 de noviembre Santos Pacheco Gutiérrez, esposa de Cristino, entregó 115 mil pesos en efectivo al comandante Valles, quien, molesto porque la mujer no pudo reunir los cinco mil restantes, liberó a los detenidos.

Cristino Villalobos y Juan Villaverde permanecieron bajo tortura física y psicológica por 56 horas ininterrumpidas, por las cuales los agentes de Valles ganaron 115 mil pesos.
Todas las denuncias contra Valles fueron directas. Las víctimas lo reconocieron como el líder del comando de judiciales que extorsionaba, torturaba y robaba a la gente de la Sierra Tarahumara. Ninguna denuncia progresó.

La última vez que Sergio Valles cruzó las diez horas que hay entre Urique y la capital del estado fue para presentar su retiro voluntario.

“El comandante dijo que quería descansar un rato de la profesión y no sabemos donde anda”, responde telefónicamente personal administrativo de la Procuraduría de Justicia del estado.

Rosario Mesta, presidenta de la Comisión de Solidaridad y Defensa de los Derechos Humanos, señala que aunque los casos referidos no son los únicos que involucran a Sergio Valles, cuando visitó Piedras Negras la comunidad entera refirió abusos por parte de los judiciales, pero no todos tuvieron valor para presentar denuncia formal.

En todos los casos, fue el Departamento de Asuntos Internos de la Procuraduría, a cargo de Flora Lilia Mata Méndez, quien frenó las averiguaciones.

Cuando se buscó a la funcionaria para declarar al respecto, se negó a la entrevista, al igual que el procurador del estado José Antonio Piñón Jiménez.

Procurador torturador

Tras la renuncia del mal afamado José de Jesús Solís Silva (alias “Chito Solís”, vinculado por su presunto encubrimiento al Cártel de Juárez y quien es investigado por el FBI), Patricio Martínez designó a Jesús Antonio Piñón Jiménez al frente de la Procuraduría.

Subprocurador de la Zona Norte de Chihuahua en tiempos de “Chito Solís”, la historia de Piñón es tan negra como la de su ex jefe.

La Subprocuraduría está vinculada a las torturas que sufrió David Meza Argueta (mayo de 2003), presunto homicida de Neyra Azucena Cervantes en Chihuahua. Luego de una supuesta declaración, después desmentida, a base de electrochoques, “tehuacanazos” y golpes, Meza está preso en Chihuahua a pesar de que Patricia Cervantes, mamá de Neyra, rechaza que el costal de huesos que le entregó la Procuraduría sean los restos de su hija.

Organizaciones civiles señalan que la designación de Piñón fue por razones políticas y por la polémica en torno a José de Jesús Silva, para no desligarlo por completo de la Procuraduría porque además Piñón era la mano derecha de Chito Solís.

Guadalupe Montoya descarta que el ahora ex procurador haya dejado de dirigir la Procuraduría del estado, por lo menos hasta los últimos meses de gobierno de Patricio Martínez.

“Piñón Jiménez era la mano derecha del procurador, ojalá no siga actuando como su jefe. Además, el ex procurador está muy ligado con Patricio Martínez y con la iglesia católica en el estado. Está fuerte, pues, y no creo que vaya a dejar de seguir mandando en la Procuraduría”, dice Montoya.

Lo cuestionable es que el actual procurador trabajó con Chito Solís, dice Luz Estela Castro, abogada de la organización Nuestras Hijas de Regreso a Casa, y agrega que la renuncia del ex procurador fue voluntaria y no por destitución del gobernador.

Francisca Jiménez Barrientos, de la Red Ciudadana de la Defensa de los Derechos Humanos, reclama: “no basta con la renuncia del procurador; continúan dentro de la institución sus subalternos, señalados públicamente de diversos delitos. Es necesario que sean puestos a disposición de la justicia federal para garantizar una investigación imparcial que genere credibilidad en la sociedad”.

La desesperanza de las organizaciones ante el nombramiento de Piñón Jiménez no es ajena a su actual desempeño. Desde los primeros días en el cargo, el procurador siguió la escuela de impunidad de Chito Solís. A sólo cuatro días se registraron nuevos casos de detenciones arbitrarias y tortura.

La noche del sábado 13 de marzo, cuando caminaba por el centro de Chihuahua, Iván Tarín Tapia vio a siete vehículos oficiales de Seguridad Pública frente a él. Al final llegó una camioneta Ford Lobo, blanca y sin placas. Descendió un policía como “de 32 años, delgado, moreno, alto, cabello oscuro, con un lunar cerca de la nariz”. El policía se paró frente a él, le propinó una bofetada y le picó un ojo. Ivan comenzó a lagrimear.

–¡Porqué lloras hijo de la chingada!
El copiloto de la Ford descendió para golpear a Iván en las costillas. Lo llevaron a los separos de Seguridad Pública, donde fue incomunicado y torturado durante 48 horas.

En los separos Iván identificó a Roberto Valenzuela Vargas y Gerardo Gómez Hernández, sus compañeros de trabajo en “Al Super”. A los tres los acusaban de robo en el supermercado donde trabajaban. Los trasladaron con policías de la Judicial del estado y de allí al Cereso de Chihuahua. Nunca firmaron declaración; no tuvieron derecho a defensa legal y permanecen encarcelados.

Los jóvenes denunciaron los hechos ante la ¿Comisión de Solidaridad y Defensa de los Derechos Humanos asociación civil? por detención arbitraria y tortura, esta última tipificada como delito, de acuerdo con los artículos 14, 19 y 22 constitucionales, 3o. y 5o. de la Declaración de los Derechos Humanos, así como y el 5o. de la Convención Americana.
Son algunas de las cuentas pendientes del gobernador, sus dos procuradores y sus muchachos.

Violación a los derechos humanos en Chihuahua

• Benjamín Sifuentes Ramírez Privación ilegal de la libertad 28/1/02 PJE (Guachochi)
y desaparición de persona

• Samuel Edgar Rodríguez Arvisu Extorsión, robo y tortura 14/2/02 PJE (Parral y El Vergel)
y Gabina Ruvalcaba González

• Fernando Billar Herrera Allanamiento de morada, amenazas y robo 3/10/02 PJE (Chihuahua)

• Antelmo y Mónico Ramírez R., Detención arbitraria y tortura 21/5/02 PJE (Juárez)
y Roberto Ruiz

• Octavio Herrera García Tortura 17/7/02 PJE (Chihuahua)

• Jesús Muñoz Adame, Detención arbitraria, allanamiento 22/7/02 PJE (San Rafael, Urique)
Víctor Osorio Cruz, Francisco de morada y tortura
y Anselmo Valenzuela Moreno

• Jacobo Urías Domínguez Tortura 1/9/02 PJE (Bahuichivo, Urique)

• José María Osorio Rembao Detención arbitraria y tortura 8/10/02 PJE (Yoquivo, Batopilas)

• Ismael y Cástulo Tortura 9/10/02 PJE (Dolores, Guadalupe de
la Rocha Almazán y Calvo)
•Jesús y Ramón Carrillo Double Allanamiento de morada 3/11/02 PJE (Sección Baborigame)
y retención arbitraria

• Isela Vázquez Palma Detención arbitraria 22/11/02 PJE (Yoquivo, Batopilas)

• Julio Alonso García Tortura 22/11/02 PJE (Chihuahua)

• Armando Torres Félix Detención arbitraria y tortura 26/11/02 PJE (Chihuahua)

• Facundo Gutiérrez Detención arbitraria y tortura 10/4/03 PJE (Chihuahua)
y Jorge Sicarios Bertrán

• Juan Manuel Sánchez Allanamiento, intento de extorsión y robo 3/10/03 PJE (Chihuahua)

• Romualdo Navarrete Pompa Daños por reten en lugar no visible 8/10/03 PJE (Guachochi)

• Cristino Villalobos Pérez Detención arbitraria y extorsión 11/12/03 PJE (Bahuichivo)

• Rosario Osuna Gil Detención arbitraria, extorsión y robo 11/12/03 PJE (Bahuichivo)

• María Ruelas Portillo Amenazas y hostigamiento 11/12/03 PJE (Bahuichivo)

• Enriqueta Trejo Revueltas Detención arbitraria y extorsión 11/12/03 PJE (Bahuichivo)

• Alberto de la Rocha Vargas Tortura 22/1/04 PJE (Guadalupe y Calvo)

• Ivan Tarin Tapia, Detención arbitraria, tortura y extorsión 25/3/04 Seguridad Pública y PJE de Roberto Valenzuela Vargas, Chihuahua
Gerardo Gómez Hernández

Fuente: Red Ciudadana de la Defensa de los Derechos Humanos

 
 
 

 


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