En Oaxaca el Porfirio Díaz de Murat. En Chiapas el Victoriano Huerta de Pablo Salazar Mendiguchía. Los dos desgobernadores. Ambos priistas, pero de la facción más corrupta y más perversa que sentenció a muerte al antiguo régimen y que la alternancia foxista no pudo ejecutar, lo que ha permitido que ese priísmo esté buscando sobrevivir a su pasado.
Es cierto que el chiapaneco, oportunista, renunció a su militancia, un PRI que le dio varios cargos, para convertirse en candidato del PRD-PAN y, con este cambio de piel, logró engañar a los electores que sufragaron a su favor pensando que así Chiapas saldría del autoritarismo.
Pero Salazar Mendiguchía, de la manita de Fox, lleva cuatro años buscando la manera de arrasar con las libertades fundamentales y, en particular con una de ellas: la libertad de prensa. Todavía no se atreve a derogarlas, pero finalmente ha logrado reducir su validez a una simple vigencia para aparentar, con el “obedézcanse, pero no se cumpla”, que en Chiapas esos derechos al menos existen en el papel. Con sus compinches en el Congreso local y la complicidad del Poder Judicial estatal, logró el desgobernador aumentar draconianamente las sanciones a los delitos de calumnia y difamación.
Y no es que a los chiapanecos les haya dado por difamar y calumniar al desgobernador y demás fauna que abusa del poder. Lo que pasa es que Salazar Mendiguchía es un intolerante y no le gusta que le digan sus verdades. Particularmente cuando éstas, en blanco y negro, aparecen publicadas en la prensa escrita.
Es contra los periodistas que ejercen las libertades constitucionales, que los tres poderes se unieron para tratar de amedrentar, con amenazas cumplidas de carácter penal, a quienes, con la Constitución en la mano, ejerzan “la libertad de escribir y publicar escritos sobre cualquier materia”. Por antidemocráticas, las contrarreformas al Código Penal de Chiapas, y por estar dirigidas contra la libertad de prensa, constituyen, en los términos del Art. 136 constitucional, una rebelión del gobierno de Chiapas contra la Ley Fundamental de toda la Unión, porque está interrumpiendo el cumplimiento de dos de sus principios: la libre manifestación de las ideas y la libertad de escribir y publicar sin previa censura.
Al aumentar las sanciones penales, en lugar de reducirlas al mínimo y de carácter civil, lo que busca Salazar Mendiguchía es que los periodistas chiapanecos, escriban lo que escriban y lo publiquen, siempre puedan ser llevados a los tribunales bajo los cargos de calumniar y difamar. En la tierra de Belisario Domínguez, el mártir de la libertad de expresión, un émulo de Victoriano Huerta: Pablo Salazar Mendiguchía, difamando y calumniando a los periodistas, no solamente quiere cortarles la lengua a los que se atrevan a decirle sus verdades a través de la información y la crítica, sino también, poner las condiciones fascistas para de una vez por todas cancelar las libertades conquistadas democráticamente por la República.
Cuando Zedillo nombró a Murat y Salazar Mendiguchía senadores, fue como cuando Calígula hizo senador a su caballo. El de Oaxaca anda desbocado, pidiendo a gritos una camisa de fuerza y un bozal. El de Chiapas, enfurecido, anda comunicando dolosamente imputaciones que están causando deshonra, descrédito, perjuicio e imputando hechos falsos contra los periodistas. Salazar Mendiguchía es el difamador y calumniador contra las libertades constitucionales de prensa.