Lo normal es que los lectores se quejen, reclamen, pidan aclaraciones o hasta amenacen con ya no seguir comprando una publicación. Están en su derecho y por eso en la mayoría de los impresos transcendentes hay alguien que toma en cuenta sus opiniones. Lo extraño y realmente notable es que existan personas que elogien los reportajes y escritos de cualquier revista. Algo no frecuente.
En el número pasado de Contralínea se publica un trío de escritos de Nancy Flores que tienen un eje común: los turbios manejos en Petróleos Mexicanos (PEMEX). Acerca de esos materiales recibí dos correos y una llamada telefónica, esta última de un conocido mío experto internacional en cuestiones estratégicas y económicas. Los tres me pidieron reserva en sus nombres por diversas razones. Los primeros debido a que son empleados de la paraestatal y el tercero por razones profesionales. Tengo en mi poder los escritos y conozco la honradez intelectual del analista, por lo que no revelaré de quiénes se tratan pero doy paso a sus opiniones.
Todos los mencionados, como atentos lectores, coinciden: lo publicado es de primera y muestra, claramente, que no obstante la transparencia informativa y la celebración del primer año del IFAI, hay mucho por descubrir. Sobre todo en el caso de Los paraísos fiscales de PEMEX. Los documentos, el mapa y los nombres aportados muestran cómo existe un manejo discrecional de nuestros recursos con el truco de que “no puede aplicarse la legislación mexicana sin violar el principio de extraterritorialidad”. La frase es realmente torpe cuando durante más de veinte años se nos ha dicho que México se abrió al mundo y estamos en una globalización que “nos beneficia”. Algo que no ha visto la población pero sí una buena cantidad de pillos y burócratas enriquecidos con nuestros impuestos.
Lo importante de todo esto, afirman nuestros dialogantes, es que los datos presentados no dejan lugar a dudas cómo se pueden hacer negocios para beneficio de unos cuantos o, tal vez, estemos ante la famosa caja chica para unos cuantos, los elegidos del poder. Antaño fue el Banrural, hoy es la Lotería (ver el reportaje de Jorge Torres al respecto), pero hay otras formas más sutiles y lejanas para favorecer amigos.
Lo más impresionante de todo es que ni Raúl Muñoz Leos, director general de PEMEX, ni Marcos Ramírez Silva, titular de PEMEX Gas y Petroquímica Básica, dieran la entrevista solicitada por Nancy Flores. Ante esa negativa, sería importante llevar el asunto a la dependencia jefaturada por María Marván, con el objeto de que todos supiéramos acerca de esos movimientos financieros que son de miles de millones de pesos, patrimonio nacional.
También existió un reconocimiento a los Contratos ilegales que Juan Bueno Torio, encargado de PEMEX Exploración y Producción, adjudicó a Asesa por 275 millones de dólares. Un botón más que nada ha cambiado en el mundo del dinero- política.
Por otro lado, Ilich Rivas y otros universitarios escribieron a propósito de los Cobros irregulares en la UNAM, elaborado por Zósimo Camacho. Dicen los universitarios que es necesario festejar los triunfos y hasta el campeonato obtenido por los Pumas, aunque en el Palco de Honor se invite a ciertos empresarios y políticos no muy afines con la máxima casa de estudios.
Pero mejor sería que el Rector Juan Ramón de la Fuente, ex médico de la familia Zedillo, quien posibilitó la intervención de la fuerza pública en la UNAM y ha sido omiso para realizar el Congreso Universitario, en lugar de andar echando porras y proponiendo nuevas reglas a todo mundo cumpliera con sus obligaciones: hacer de la Universidad Nacional un lugar donde se estudiara de forma gratuita y no se cobraran las ilegales cuotas para todo. Menos aún que se expulsara a compañeros, sin sentido, como sucedió con los hermanos César y Manuel Pérez Cruz.
Para Ilich, es lógico aunque risible que el actual diputado del PRD, Salvador Martínez Della Roca, diga que Juan Ramón es el gran “defensor de la universidad pública y gratuita”. No se olvide, aclara Rivas, que el llamado “Pino” fue anteriormente empleado del rector. Finalmente señala el universitario- escritor algo inconcebible: que Jorge Islas, abogado de la UNAM, no quiera declarar, pues durante años se dijo abanderado del derecho a la información y la transparencia de datos.
Paradojas y burocracias de la vida.