Revista Contralínea, periodismo de investigación  
en Contralínea Web
Ir al correo de Contralínea Contralínea 
Comentarios

Nombre :

E-mail:

Tu comentario :

Índice de sección
   
 
La lucha de los kickapoo
Nancy Flores

Resumen
   
 
 
 
Chacuca Aniko
Chacuca Aniko
La falta de atención y la intransigencia de las autoridades ambientales y judiciales ponen en riesgo las tradiciones y religión de la tribu Kickapoo

“No hablo bien el español. Pobrecito Chacu”, dice desesperado Chacuca Aniko, jefe y guía espiritual de la tribu Kickapoo. Sabe que en sus manos está el futuro de 200 familias kickapoo que aún viven en la comunidad, actualmente amenazada por criterios ambientalistas y perversiones judiciales.

Y es que la falta de un permiso oficial pone en riesgo el misticismo de este pueblo, sus ritos y costumbres estrechamente relacionados con la caza del venado cola blanca, y con la tala moderada de árboles.

Cuando nace un niño Kickapoo, los cazadores deben ofrendar al Gran Espíritu cuatro venados machos y cuando nace una niña, cuatro hembras. Hace año y medio, el jefe Chacuca solicitó a la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) un permiso para caza y para tala, hasta ahora no ha recibido respuesta.

“Kickapoo necesita de los venados casi siempre, para bautizo, para ceremonia espiritual y festejo; cuando se muere uno, tiene que usar también venado. Nunca vamos a dejar eso porque es tradiciones”, explica el jefe indio.

A finales de junio pasado, Chacuca abandonó un par de días su hogar en el municipio de Melchor Múzquiz, Coahuila, y viajó a la ciudad de México en busca de “una tregua” con las autoridades. En el Consejo Consultivo de la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas expuso su problemática.

En sus ojos oscuros se evidencia la tristeza, “no me entienden”, dice en entrevista. Como muchos mexicanos, los Kickapoo tampoco han recibido lo que Vicente Fox prometió durante su campaña presidencial.

“Yo quiero que nos apoye cualquiera, que todos los autoridades nos apoye a todos los indígenas, y más el presidente. Vicente Fox me conoce, él cuando andaba las campañas me comentó: usted, jefe de tribus me vas a dar apoyo, y sí estamos ya sabes, te ayudo de cualquier cosa, te visito. Pero ya no’más está, ni se acuerda de su amigo jefe de tribu”, evoca.

Chacuca no guarda rencores, “como quiera estoy bien, y como quiera saludo él (Fox), y a todo México”. El jefe agrega: “no quisiera tener problema. Yo naiden estoy contra, no más me defiendo, me tiene que defender, y eso es de los problemas que tengo. Aquí vine a ver si me los apoyan, más fácil que sí”.

Pero las autoridades ambientales propusieron a los Kickapoo que se dediquen a la crianza. “Pedí a Semarnat que me dé permiso pa’ cazar venados. No es entrar los terrenos a ferza, a la brava. Pero no me entendió, como no sé hablar bien, trató de conseguirme venados vivos pa´ criarlos, pero no son chivas, no son cabras pa’ criar”.

En promedio, esta tribu ofrenda anualmente 150 venados al Gran Espíritu, utilizados durante las oraciones por todos los que vivimos en la tierra, por la lluvia, para evitar enfermedades y accidentes. La caza de estos animales se realiza con el consentimiento de los dueños de los ranchos donde habitan.

Las casas

La falta de permiso para la tala moderada de árboles también representa una amenaza para los Kickapoo, quienes emplean la madera en la construcción de sus casas. “Mi problema también es choza indito”, asegura Chacuca.

Por esta situación, algunos indígenas ya han sido encarcelados. “Muy triste eso, porque hace un año me los agarraron mis muchachos, mis hijos. Mi hijo más chiquito, Kishima, tenía 12 años y me lo echaron al bote, y me cobraron multa”, narra el jefe.

¿Por qué los encarcelaron?
-Porque andaba cortando rama para construir casita indito. Ahí hacemos bautizo, misa en esa choza, no queremos dejar. Cuando muy grave es uno, ahí te está cuidando, ya que estaba muriéndose ya. Ahí muere, velorio ahí lo hacemos, es como sí juera una casa municipal, ahí hacemos juntas, y sin chozas no podemos hacer nada. Por eso no queremos dejar, ni vamos a dejar tampoco, pero que nos apoye, que no lo moleste autoridades de los árboles, ramas, no troncos, nosotros cuidamos los troncos.

Ante esta problemática, las autoridades ambientales propusieron a los Kickapoo reforestar la zona. “En la Semarnat me dijeron de los árboles: también te encargo que cuides. No, porque necesitamos hacer chozas, casita indito; es muy importante para gente, para la ceremonia de todo. Eso es de lo que ha tenido problema; no es justo, quiero que me respeten también”, enfatiza.

La tribu

En el municipio de Melchor Múzquiz, Coahuila, habitan 200 familias kickapoo, descendientes de indígenas emigrados de Illinois, Estados Unidos, durante el periodo del etnocidio registrado a finales del siglo XIX.

Las siete mil 22 hectáreas mexicanas cedidas a esta tribu por Benito Juárez en 1866, son consideradas territorio sagrado. Seis años antes, los kickapoo firmaron un tratado en el que aceptaron unir su destino al de nuestro país. Así se volvió mexicano “el que anda por la tierra”.

La preservación de su gente es muy importante, por ello, estos indígenas tienen prohibido casarse con otras tribus, incluso, también con mexicanos. Aunque el jefe de los kickapoo acepta que a veces llega a ocurrir.

Las bodas se realizan a las cuatro de la mañana y sólo participan el novio, su hermana, la novia y su hermano. “No es como ustedes (mexicanos), que el muchacho pide a la muchacha, nosotros no. Ellos mismos se tratan no más que pa’ casarse, el hombre tiene que llevar un buen caballo”, explica Chacuca, que será entregado al hermano de la novia.

La muchacha, por su parte, entrega sus collares, aretes y maquillaje a la hermana del novio, pues estos accesorios ya no le son necesarios. En la boda no participa nadie más. “Ni papá, ni mamá, sabrá dios si estará dormida o no. Sólo cuñado y cuñada”.

Los grandes festejos se reservan para los bautizos. A mitad de año los kickapoo celebran el baile del medio año, “muy bonito”. “La mujer tiene que buscar un hombre bailador. No por bonito, no por viejo, cualquiera, el primero que encuentre, pero el hombre tiene que bailar también, porque están adentro de la pista. Pero ajuera se puede decir que baila o no”, dice Chacuca.

La pista se forma alrededor de una fogata, allí, mujeres y hombres siguen el ritmo de los tambores. Los pasos son dirigidos por la mujer, que toca con su píe o con su mano a su compañero, quien debe seguir la indicación.

El kickapoo “vive bonito, duerme tranquilo. La mujer hace el almuerzo, lava, cocina y atiende a los niños. El hombre trabaja en el campo, carreras, caballos, eso me gusta. Todo eso trabajo, el ganado”, asegura el jefe de la tribu.

Agrega que los niños kickapoo “van a la escuela para que aprendan español, porque si no van a estar como yo”. Y pide al señor Fox “a ver como nos apoya, como nos ayuda, sólo pido nos permitan continuar con nuestras costumbres y religión”.

“Saludo a los autoridades de México. Ahorita de lo que necesito es más problema de los que tengo y quiero que me ayude alguien, que me ayude autoridades, sea presidente, sea indigenista, no sé quién, porque como soy indito Kickapoo y no entiendo leyes mexicano, pero respeto mucho, así como respeto quiero que me respeten mi ley también. Me han salido mucho problema para mi tribu, la gente kickapoo”, expresa el jefe Chacuca Aniko.

 
 
 

 


Si encuentra un error en esta página tómese un minuto y avisenos.
E-mail
¿Cuál es el error?:

   
   
Fotosydocumentos
 
Responsable del sitio: Gonzalo Monterrosa
Este sitio se ve mejor con:
Microsoft Internet Explorer 4.0 o superior | Netscape 7.0 o superior | resolución de 800 por 600 pixels | fuentes medianas
Derechos resevados. Home Page Revista CONTRALÍNEA.
Av. Juárez No. 88 México D.F. 1er piso, despachos 110 y 111. Col. Centro. Delegación Cuauhtémoc C.P. 06040 Tels: 9149-9808 /30 /07
Weblex, Mi pagina en internet, necesito una pagina en internet