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Servicios medicos al mejor postor
Ana Lilia Pérez

Resumen
   
 
 
 
Con un nuevo reglamento que suplirá al que opera desde hace tres décadas, el director de Protección y Medicina Preventiva en el Transporte de la SCT, José Valente Aguilar Zinser, pretende privatizar el área y que el concesionario decida quiénes reciben o no la autorización para operar vía aérea, terrestre, marítima y ferroviaria.

Reconocido por la NASA como el mejor instituto en su tipo en América Latina, el Centro Nacional de Medicina de Aviación (CENMA) vive su peor momento, está en crisis y a punto de ser desmantelado; pero no sólo este centro, sino todas las unidades médicas de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT)

La Dirección General de Protección y Medicina Preventiva en el Transporte es la encargada de los exámenes de aptitud psicofísica para la expedición de licencias médicas a los operadores de autotransporte del servicio público federal, que incluye los sectores terrestre, aéreo, marítimo y ferroviario.

También expide exámenes médicos a operadores, conductores y personal auxiliar de autotransporte, ferroviario y transbordadores antes, durante o al término de su viaje para evitar que conductores no aptos pongan en peligro la seguridad de los usuarios y terceros.

Bajo la dirección de José Valente Aguilar Zinser (hermano de Adolfo, ex representante de México en la ONU) la dependencia vive la peor de sus crisis, y se desmorona. Su titular dedica todos sus esfuerzos a la aprobación de un nuevo reglamento con la participación de la iniciativa privada para dejar en manos de terceros la explotación de estos servicios.

La propuesta de reforma al reglamento señala: “ante la preocupación mundial de mayor seguridad a los usuarios de transporte, operaciones y vías generales de comunicación; la evaluación psicofísica y toxicológica a quienes intervienen adquiere una importancia estratégica en los programas de seguridad nacional”. Argumenta que la infraestructura de las unidades es obsoleta.

Efectivamente, todas las unidades médicas de este sector carecen de insumos, medicamentos, instrumental y deterioro del equipo desde hace tres años, a partir de que Aguilar Zinser tomó la dirección.


Al hacer un recorrido por las unidades médicas de la SCT los reclamos se escuchan, lo mismo de especialistas en medicina espacial que de doctores de las terminales de autobuses. No cuentan con el material y equipo básico para trabajar y en el área de medicina general, piden prestado a sus colegas materiales para una simple auscultación.

Para los médicos de las terminales de autobuses Norte y Sur, la situación es desesperante, sus botiquines están vacíos y se sienten atados de manos.


La exasperación los lleva a denunciar, desde el anonimato porque internamente circulan listas negras del personal “conflictivo” y a través de la Contraloría Interna se han ejercicio acciones legales en su contra.


En la Terminal de Autobuses del Sur uno de los médicos, con antigüedad de 20 años de servicio, quien tampoco proporciona su nombre por temor a represalias, señala:

“A pesar de que estamos en un área de medicina preventiva, llevamos urgencias y no hay siquiera antistamínicos, vendas de yeso, ni instrumental para atender infartos. Estamos en la punta de un cuchillo, porque además de los operadores que por obligación debemos atender, damos servicio al público en general”.


Hemos fungido lo mismo para atender un parto, que como médicos forenses, para atestiguar la muerte de los pasajeros- agrega una doctora, quien ve hacia todos lados e intenta pasar desapercibido. La paranoia mantiene preso a todo el personal, no sólo es el temor a denunciar lo que sucede al interior, sino al acoso que a través de la contraloría interna se ha extendido curiosamente, a todos los que han tenido roces con Aguilar Zinser.

 

En un documento fechado el 17 de octubre, dirigido al titular de la SCT, Pedro Cerisola, los trabajadores denuncian que a través de su hija, Mariana Aguilar Vázquez, que labora en la Contraloría Interna de SCT, Aguilar Zinser ha promovido procesos administrativos contra varios médicos de la unidad a su cargo, ante la Secretaria de la Función Pública, que han llevado a la inhabilitación de por lo menos tres médicos.

 

Días de gloria

Los trabajadores del Centro Nacional de Medicina de Aviación (CENMA) recuerdan los días de gloria, cuando su desempeño mereció el reconocimiento de sus similares en Estados Unidos y Japón. Entonces estaban a la vanguardia.


En 1988, por decreto federal, el Centro (ubicado en Fuerza Aérea Mexicana 235, colonia Federal), pasó a formar parte de la Dirección General de Protección y Medicina Preventiva en el Transporte.

La debacle, dicen los trabajadores, llegó de la mano de Aguilar Zinser. Desde entonces, el Centro ha sufrido desabasto de material en detrimento de la calidad del servicio. En cardiología no hay equipo rojo (para pruebas de esfuerzo, exámenes de ácido úrico e insuficiencia renal). La banda mecánica tampoco funciona, y para este examen, se envía a los usuarios al sector privado.

En el área dental desde hace un año las exploraciones las hacen con abatelenguas porque no hay espejos. En el sector aeronáutico el área dental es fundamental pues en ella se lleva un registro de placas de cada uno de los pilotos y sobrecargos; en caso de siniestros, esta es una posible alternativa para identificar los cuerpos.


En el área de otorrinolaringología dos de las tres cámaras sonoamortiguadoras no funcionan, y a la tercera no se le da mantenimiento. El timpanómetro tampoco sirve, y en radiología el equipo está deteriorado, no hay placas de ortopantograma, que también se utilizan para identificación de personal de aire y tierra: pilotos, sobrecargos, mecánicos, electrónicos y despachadores.

 

En ortopedia no sirve ninguno de los aparatos, el personal de esta área fue despedido y, curiosamente no se contempla su inclusión, como tampoco el del personal de psiquiatría, en el reglamento diseñado por Aguilar Zinser.


En el sector aeronáutico no se puede dar autorización médica a pilotos y sobrecargos que padecen de escoliosis, por la variación de latitudes.

 

El material para medir la presión, sistema cardiovascular, sistema motriz, y de rayos X tampoco dan servicio.

Al Centro acuden en promedio diario 90 pacientes a los nueve exámenes a los que son sometidos los trabajadores: historia clínica, estudio oftalmológico, otorrinolaringológico, neumológico, cardiológico, odontológico, psicológico, estudios de laboratorio y gabinete, el costo anual es de mil 176 pesos.

En septiembre de 2002, en varias ocasiones arribó al Centro un grupo de médicos entre los que se encontraban Víctor Manuel Rico, José Guadalupe Lee González, Luis Amezcua González y Carlos Ramiro Iglesias. Su misión era elaborar el nuevo reglamento, pero ninguno de los médicos del Centro fue invitado a colaborar.

 

El pasado 15 de octubre Aguilar Zinser se presentó ante los trabajadores para informarles que dentro de unos días entraría en vigor un nuevo reglamento que ayudaría a superar las condiciones laborales actuales. Lejos de aprobarlo, los trabajadores mostraron su rechazo y reclamaron la drástica reducción de insumos. El titular reconoció las pésimas condiciones “por eso debe aprobarse el reglamento, no vamos a privatizar, solamente a concesionar”, recuerdan los médicos.

El personal médico del Centro argumenta que en el esquema del nuevo reglamento, los concesionarios podrían actuar como juez y parte para el otorgamiento de los certificados médicos, y en el caso del sector aeronáutico “se podría poner en peligro la seguridad aérea” cuya responsabilidad es de la SCT.


El proyecto de ampliación del Aeropuerto Internacional incluye la demolición de la zona donde se ubica el Centro, cuyos trabajos, según el proyecto, comenzarán en marzo y hasta la fecha no se ha informado a los trabajadores dónde serán reubicados.

 

El Centro cuenta con una cámara hipobárica para simulación de vuelos, única en México y utilizada hasta por el personal militar, el trasladarla requeriría de meses de planeación.

 

Al intentar conocer la postura de Aguilar Zinser sobre el reglamento que su administración propone, su asistente Manuel Rojo Villavicencio respondió lo que “el doctor esta muy ocupado, pero yo le puedo comentar que el reglamento es muy bonito así que esperamos pronto se apruebe”.

-¿En que etapa esta de la aprobación?

-Ahorita lo tiene la Presidencia de la República y esperamos que en breve se envie a la Cámara de Diputados.

Aunque el reglamento para concesionar a terceros aún no ha sido aprobado, algunas empresas médicas privadas ya ofrecen los servicios de la SCT. Una de ellas es la Clínica Lomas, ubicada en Paseo de la Reforma 2608. En trípticos de publicidad, ofrece la “expedición del certificado aeromédico correspondiente”, que suplirá al que actualmente extiende la SCT.

La reportera solicitó los requisitos para la evaluación médica y el costo del certificado, “está el proyecto pero los médicos todavía no se vienen con nosotros” -respondió la encargada del área de informes, y agregó que los encargados de realizar los exámenes y extender el certificado serán el General Brigadier Víctor Manuel Rico Jaime y el médico Carlos Iglesias, ambos involucrados en el diseño del nuevo reglamento.

 

En el sector terrestre, el Grupo Estrella Blanca, el consorcio de transporte más grande de América Latina, cuyo titular es Salvador Sánchez Alcántara, está interesado en obtener la concesión. Por indicaciones de Aguilar Zinser, en junio pasado un grupo de médicos capacitó al personal de Estrella Blanca.


En la Central de Autobuses del Sur, el Grupo Estrella Blanca mandó construir una unidad médica mucho más grande que la que tiene la SCT, y en octubre pasado, el personal médico del consorcio (capacitado por la SCT) extendió a sus operadores las Constancias de Examen Médico en Operación (conocidas como CEMOS), extralimitándose a sus funciones, dado que la única autorizada para extenderlos es la SCT. Los médicos de las centrales camioneras cuestionaron a Aguilar Zinser sobre el particular, y él argumentó que se trataba de un plan piloto del nuevo reglamento.

 

Médicos de la SCT consideran indispensable que se mantenga la distancia entre la dependencia y los concesionarios del transporte, para que exista la certeza real de que los operadores tienen la capacidad física y psicológica para efectuar su labor, pues está en juego no sólo su propia vida e integridad, sino la de todos los usuarios.

Si no se vigilan las condiciones de operación de los transportistas también se dispararían los índices de accidentes en México, que en consideración de los médicos tienen como factor principal las condiciones físicas de los conductores.

En un documento dirigido a Pedro Cerisola, titular de la SCT, el secretario general del Sindicato Nacional de Trabajadores de la SCT, Víctor Bernardo López Carranza, manifiesta el descontento de sus agremiados y señala el acoso laboral de que son objeto, y advierte que de continuar las prácticas de Aguilar Zinser, emplazarán a un paro nacional. Sus reclamos no han encontrado eco, mientras, los médicos laboran en la zozobra y bajo la mira de la Contraloría Interna.

Rec 1


Tráfico de influencias

Desempeñar un alto cargo en la SCT permite realizar favores para ganarse la simpatía de la familia presidencial y contar con trato preferencial en la Dirección General de Protección y Medicina Preventiva en el Transporte.

 

El pasado 6 de febrero, a las instalaciones del Centro Nacional de Medicina de Aviación se presentó Guillermo Sahagún Jiménez, hermano menor de Martha Sahagún de Fox, para someterse a los exámenes médicos correspondientes y obtener la certificación como piloto privado; el resultado fue negativo.


De acuerdo al oficio número 114.402.025, del Departamento de Certificación Médica, fechado el 10 de febrero, al hermano de la señora de Fox se le negó la licencia por tener antecedente de una cirugía ocular.


El documento indica:

“Se dictaminó NO APTO PERMANENTEMENTE para la licencia del personal técnico aeronáutico, Grupo 2 por presentar la (s) siguiente (s) alteraciones ANTECEDENTE DE CIRUGIA REFRACTIVA EXIVIER LASER”.

 

Y agrega que de acuerdo al Reglamento de Medicina del Transporte vigente, relativo al Transporte Aéreo Civil, “no se autoriza psicofísicamente la RECUPERACIÓN de la licencia respectiva”.

El documento, al igual que todos los dictámenes médicos, debía ser firmado por los doctores Sergio González Villalobos, director del Departamento de Certificación Médica, y Alfonso Lee González, subdirector de Medicina de Aviación.


Al enterarse de la no autorización médica a Guillermo Sahagún, Aguilar Zinser ordenó que se declarara aprobado y apto para obtener la licencia médica en una clara prueba del tráfico de influencias del que hace uso.

 
 
 

 


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