Documentos clasificados en el Archivo General de la Nación (AGN) revelan la insignificancia que para las autoridades representaba la izquierda en su conjunto como un peligro real para desestabilizar el país, pese a lo cual desató la guerra sucia para exterminar a los opositores
El archivo de la Dirección de Investigaciones Políticas y Sociales (DIPS), la policía política de la Secretaría de Gobernación (Segob), refleja “los temores, la paranoia y lo que el gobierno consideraba una amenaza a su poder”, asegura Daniela Spenser, investigadora del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS).
Sostiene que ese temor y paranoia explican las matanzas del 2 de octubre, con Gustavo Díaz Ordaz, y la del 10 de junio de 1971, con Luis Echeverría.
Bajo su coordinación, el CIESAS elaboró una Guía de acceso al archivo de la DIPS que se encuentra en el AGN y se editó en un CD-ROOM. “Son los movimientos sociales de los años 50 a los 80 a través de los ojos de los agentes de inteligencia de la Secretaría de Gobernación en México”, que realizaban espionaje político, señala.
Afirma que esta es la diferencia fundamental entre el archivo de la DIPS y el de la Dirección Federal de Seguridad (DFS), “que es el archivo del terror mexicano, de la represión brutal”.
Refiere que “fue muy fácil para Díaz Ordaz decir que era una ola comunista, a pesar de que había reportes de la CIA de que el Partido Comunista era insignificante y la penetración de la URSS era de casi cero, así como la influencia de la Revolución Cubana y la guerrilla. Díaz Ordaz no pudo decir que era parte de una ola juvenil antiautoritaria, porque hubiera tenido que reconocer que el gobierno mexicano era autoritario”.
El archivo de la DIPS se encuentra accesible desde 1986, pero no tenía guía alguna. Creada en los años 20 y funcional hasta los años 80, esta Dirección, que dependía de la Segob, informaba sobre los conflictos políticos y sociales en todos los estados y sobre dirigentes y partidos políticos de todos los colores ideológicos.
“De ellos (los documentos) se desprende que la DIPS tenía infiltrados en las organizaciones políticas que asistían a sus reuniones sin ser siempre detectados y cuando lo fueron, se los sacaba a patadas como los agentes solían quejarse”, dice Spencer.
Dice que el trabajo de clasificación del archivo de la DIPS forma parte de un proyecto sobre la Guerra Fría en América Latina, y en particular sobre México, y cuenta con el patrocinio de la ONG estadounidense Cold War International History Project.
El archivo contiene documentos que ilustran dos etapas de la Guerra Fría en México. En los 20 y 30, explica, el comunismo era algo tolerado, nunca perseguido. De 1929 a 1933, el Partido Comunista apoyó incluso al presidente Cárdenas. Pero en general, el gobierno mexicano intentó medir y someter la fuerza del comunismo, entre los años 50 y 70.
La Guerra Fría se produce a consecuencia de la rivalidad entre las superpotencias de Estados Unidos y la URSS entre los años 40 y los 80 del siglo XX. De Estados Unidos se sabe que el comunismo es un peligro, pero en México por supuesto que no es, señala Spenser.
Sin embargo, apunta, el entonces presidente Miguel Alemán utilizó el anticomunismo para reprimir y controlar al movimiento obrero. Es decir, lo utilizó para domeñar al movimiento obrero activo, militante, que viene del cardenismo. “Lo logró: surgió el charrismo, que vivimos hasta el día de hoy”.
En la segunda etapa, la Revolución Cubana inspira a los diferentes grupos revolucionarios en América Latina. Surge la guerrilla en México “y a todos se les llama comunistas. En el sentido amplio de la palabra, lo son, pero los que son inidentificables porque no participan en la guerrilla, son los partidos Comunista y Trotskista, y la Liga Espartaco”.
La investigadora sostiene que el Partido Comunista y la izquierda eran grupúsculos insignificantes. “Molestos a los gobiernos, como piedras en el zapato, pero no tenían ninguna fuerza”.
Los documentos
Con el título “México and the Cold War”, Daniela Spenser elaboró un expediente con una selección de documentos fotocopiados del archivo de la extinta DIPS de la Segob, de los años 50 a los 80, para la organización Cold War International Projet de Estados Unidos, que patrocinó el proyecto.
Se pueden destacar los siguientes:
Un informe confidencial dirigido a Lamberto Ortega Peregrina, director general de la DIPS, del 25 de enero de 1950, en donde un delegado señala que en la calle de Edison 49 se encuentra “la Sociedad para el Intercambio Cultural México-Ruso, dirigida por el prof. Luis Chávez Orozco como presiente y el Dr. Alfonso Reyes como vicepresidente. Esta sociedad es la que frecuentemente confunden como una oficina de la que parten consignas para los grupos comunistas del país”, pero en realidad hace labores de difusión cultural.
También indica que hay una persona “que ha aportado gruesas sumas de dinero para la propagación de las ideas comunistas de México: es el Sr.Dietrich Bruggeman Rokker con domicilio en Taxqueña 17 Col. Alvaro Obregón, propietario de la Fábrica de Botones ‘Eca Plástica S.A.’.
De los años 60, se encuentra en el expediente un reporte de Agustín Daroca Posa “para Investigaciones Político Sociales de la Secretaría de Gobernación” intitulado “Infiltraciones comunistas en México”, sin fecha, que da recomendaciones para detener el espionaje soviético en México.
Dice, sin evidencia alguna, que “las células comunistas han sentado sus reales” en el puerto de Progreso, “que con el pretexto de la carga de henequén a bordo de vapores rusos, se hace el tráfico de embarque y desembarque de espías al servicio de Moscú”.
Asegura que uno de los objetivos del espionaje soviético es “procurar el bajo nivel de vida del pueblo mexicano, siendo en esta forma un constante descontento hacia la política del señor presidente”.
Y con alarma, señala: “Los comunistas, no necesitan importarse, salvo raros casos, cuentan con adeptos nacionales dispuestos a obedecer ciegamente las consignas de Moscú, incluyendo la traición a la Patria”.
En otro documento, el coronel Marcelino Inurreta envió al secretario de Gobernación, Héctor Pérez Martínez, un informe confidencial sobre las actividades del yugoeslavo Carlos Bognadovic, que fue expulsado del país por su filiación comunista, que lo hacía “sumamente peligroso”.
A él lo vigilaron estrechamente e interceptaron su teléfono, como lo reconoce el coronel: “El día 14 del actual, nuevamente Carlos Bognadovic celebró una conferencia telefónica con su esposa Olga Davidovich, a la ciudad de Nueva York, de la que entresacamos lo más interesante, o lo relacionado con las actividades de este individuo, dicha conferencia se celebró en idioma ruso, grabada por nuestro aparato especial y traducida por uno de nuestros agentes”.
En otro documento, el Premio Nobel de la Paz Bertrand Russell protestó por escrito ante Díaz Ordaz por la detención arbitraria y tortura de ciudadanos mexicanos y extranjeros, en 1966, y pidió su libertad inmediata.
La Segob negó los hechos y dio una respuesta, por demás, altanera: “De la misma manera que el pueblo mexicano es estrictamente respetuoso de las cuestiones internas de los demás países del mundo, rechaza, de modo terminante, la ingerencia de personas extrañas que tratan de inmiscuirse en sus problemas nacionales”.
También le dice: “Las autoridades mexicanas atienden todas las peticiones que se les dirigen y les resuelvan con estricto apego a las normas jurídicas en vigor; pero las solicitud que usted formula, carece en absoluto de fundamento legal, ya que usted ni es mexicano ni reside en México ni conoce nuestras circunstancias políticas y sociales...”.
El Premio Nobel, entre otras cosas, le contestó: “Debo informarle que el arresto y tortura de individuos a causa de sus ideas policías son ofensivos a los valores morales aceptados por mucha gente a través del mundo”.
Más tarde, el 2 de noviembre de 1968, luego de la matanza de Tlatelolco, Bertrand Russell lamenta la represión, pide que se retiren las tropas de las escuelas y demanda una amnistía para los detenidos. Menciona casos particulares, entre otros el de Jaime Goded Andreu, “que en ese momento tiene un hijo a dos meses a quien no puede atender por estar en la cárcel”.
El subdirector general de Gobernación, Cuauhtémoc Santa Ana, le vuelve a decir que el gobierno mexicano no acepta la ingerencia de extranjeros y expresa:
En el país “no existe ningún detenido en las cárceles mexicanas sin que se le siga juicio, con todas las garantías que señalan la Constitución y las leyes de procedimientos penales y por hechos concretos expresamente previstos y penados en las propias leyes.”
En el expediente existen otros documentos que dan cuenta pormenorizada de las actividades de personajes de la izquierda nacional y extranjera, hasta en sus más mínimos detalles. En materia de espionaje, la Segob se da el lujo de tener la lista de los agentes de la KGB en México.
Muchos reportes son del Ejército a autoridades civiles. Por ejemplo, el 12 de septiembre de 1967, un informe confidencial señala que: “El día de hoy a las 15.50 horas llegaron a la Embajada de la URSS en México tres miembros del ejército nacional mexicano quienes ostentaban insignias de Cabos los cuales se introdujeron a la misma permaneciendo en ella hasta las 16.15 horas.
“A la salida de dicha Embajada los tres elementos antes citados fueron detenidos por cuatro miembros del Ejército mexicano vestidos de civil siendo conducidos en un carro oficial del Ejército número económico 1502918.
“Se hace notar que el salir los tres elementos uniformados de la Embajada al parecer no traían consigo ninguna propaganda”.
El 28 de abril de 1973, el general Hermenegildo Cuenca Diaz, secretario de la Defensa, se dirigió al secretario de Gobernación, Mario Moya Palencia, para hacerle saber un reporte militar:
“Hoy (27 de abril) Arnoldo Martínez Verdugo, secretario del presidium del Comité Nacional del Partido Comunista Mexicano, sustentó una conferencia de prensa en Mexicali, B.C., atacando al régimen, al imperialismo yanqui y oayando a las masas estudiantiles; teniéndose conocimiento de que con la misma fecha regresa a Tijuana, B.C...”
Agrega Cuenca Díaz, “Ya ordené al citado Mando Territorial se mantenga al tanto de las actividades del agitador de referencia e informe a esta Secretaría sobre el particular.
“Aprovecho la oportunidad para reiterarle las seguridades de mi atenta y distinguida consideración”.
Rúbrica.