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Muerte en Metlatónoc
Zósimo Camacho

Resumen
   
 
 
 
Metlatónoc derriba mitos. A cuatro años de finalizar el “siglo de las comunicaciones”, en comunidades del municipio más pobre del país no hay una sola carretera, línea telefónica, televisiones ni radiorreceptores. Tampoco llegan Coca Cola, Liconsa, Oportunidades ni Procampo y los enfermos mueren en el camino al hospital más cercano

Metlatónoc, Guerrero.- Las contracciones empezaron la noche anterior. Abundante sudor brota de su rostro y escurre por el petate hasta penetrar la tierra. Pero Antonia ya no grita: inconsciente, apenas gime. “Es que su niño viene atravesado”, dicen con aparente tranquilidad sus familiares.

Ocho horas de camino por una brecha accidentada y seis horas más a bordo de una camioneta, por terracería, separan a la mujer de la clínica de salud más cercana.

Diez hombres improvisan una camilla y se disponen a sacarla de la comunidad. “Esto no va a resultar”, se dicen agriamente para enseguida señalar: “pero la lucha, la tenemos que hacer”.

No han salido aún de la casa de Antonia, cuando informan que “ya se alivió”. La criatura murió. “Bueno, antes no se murió ella”, se apresuran a señalar. Pero no es tranquilidad lo que acompaña a sus palabras, sino desesperanza. La muerte, evento cotidiano en Dos Ríos, los entristece, pero ya no los asombra.

–Si los dolores de la mujer empezaron anoche, ¿por qué no intentaron trasladarla desde ayer?

–Es que, además, nosotros no tenemos esa costumbre de que los doctores vean a nuestras mujeres.

Apenas una semana antes, en la cabecera municipal, una serpiente de cascabel había mordido a un niño de ocho años. No tuvieron con qué contrarrestar el veneno y el infante murió a mitad del camino entre Metlatónoc y Tlapa, cuando desesperadamente una camioneta de la policía comunitaria intentaban llevarlo a un hospital.

En Metlatónoc el índice de mortalidad infantil es cinco veces superior a la media nacional, según el Consejo Nacional de Población. Además, el 22 por ciento de los niños nacen muertos, de acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística Geografía e Informática (INEGI).

El municipio comprende casi mil cuatrocientos kilómetros cuadrados de la zona de la Montaña, al sureste de Chilpancingo. Cuenta con aproximadamente 300 kilómetros de brecha y terracería. No hay un solo metro de pavimento.

149 comunidades mixtecas y 7 tlapanecas, de las cuales más del 60 por ciento cuentan con menos de 100 habitantes, están esparcidas en la sierra de laderas escarpadas. El INEGI reporta que 30 mil personas habitan el municipio. Sólo 6 mil ochocientas, además de mixteco o tlapaneco, saben hablar español. La Secretaría de Desarrollo Social lo reconoce como el más pobre del país.

De Chilpancingo a Tlapa de Comonfort se llega por una carretera revestida. Cinco horas de vaivén por las curvas del camino taladran la sierra guerrerense. En Tlapa, camionetas Nissan con redilas recorren los 74 kilómetros de terracería que separan a la ciudad de la cabecera municipal de Metlatónoc.

Durante seis horas, la camioneta transporta hasta 19 personas en un espacio de 1.70 por 2.40 metros. Por momentos, es necesario bajar del vehículo para que éste pueda cruzar arroyos y la gente improvise puentes y acomode piedras para facilitar el paso.

En la cabecera municipal se encuentra un Centro de Salud que es atendido por una enfermera y un médico que “viene por temporadas”. No cuenta con medicamentos ni alcohol ni vendas. El servicio eléctrico falla intermitentemente. Hay tres tiendas de abarrotes.

Francisco Ortega Vicente, secretario general del Ayuntamiento de Metlatónoc, reconoce que “hay comunidades a las que no pueden llegar los programas de los gobiernos federal y estatal. No hay manera de llegar a ellas, pues todavía no cuentan con camino.”

Ernesto Flores Salazar, síndico del municipio, dice que “los encargados de los gobiernos federal y estatal sólo llegan a la cabecera municipal y ahí anotan en su lista a las personas a las que les darán apoyo; pero no van a las comunidades.

“Ellos sienten que ya nos hicieron un favor muy grande al venir a la cabecera y quieren que la gente de los pueblos venga; por eso en muchas comunidades no reciben ningún programa”, agrega.

El techo financiero del municipio durante 2003 fue de 53 millones de pesos. De acuerdo con Ortega Vicente “eso alcanza para muy poco. Representa como el 20 por ciento de lo que se necesita por año para sacar del atraso al municipio. Como no hay nada de carretera, agua potable, electrificación, todo se hará por primera vez, se necesita mucho dinero.”


Nuevo Municipio

A la pobreza extrema se le sumaron los problemas políticos. El 14 de noviembre de 2002, el Congreso del estado aprobó la creación del municipio de Cochoapa el Grande, en el corazón de Metlatónoc. Veintitrés comunidades que a partir de este 2004 pertenecerán al nuevo municipio se muestran inconformes.

Ortega Vicente dice que el nuevo municipio se creó sin consultar a las comunidades. “Por eso están inconformes. Esa fue una decisión del gobernador del estado para crear un ayuntamiento priista”, señala el secretario del ayuntamiento de extracción perredista que inició funciones a principios de 2003.

“Si es benéfico que se divida el municipio, no nos oponemos. Pero lo que vemos es que no fue bien planeado. Habrá comunidades que, para poderlas gobernar tendremos que pasar por el nuevo municipio. Es un desorden,” considera.


Dos Ríos

La comunidad, como el topónimo indica, está cercada por ríos. Sólo se tiene acceso a este pueblo desde la cabecera municipal de Metlatónoc, por una brecha que es recorrida a pie por más de seis horas por los hombres y por más de nueve horas por las mujeres, quienes llevan a la espalda pesados tercios de leña o uno o más hijos.

La expectación causada por el arribo de los mestizos a la comunidad, provoca que hombres y mujeres se reúnan y, después de deliberar en su lengua, incitan a su “comisario” a hablar con los fuereños. “Vean cómo está nuestra escuela”; “nuestros hijos no tienen dónde estudiar”; “no tenemos ni para comer”; “aquí no llega el Procampo”; “no hay Oportunidades”.

La lluvia de denuncias y peticiones fluye lentamente. Aunque la mayoría de los lugareños no habla español, con frases entrecortadas y algunos con lágrimas a punto de escurrirse, agradecen “que se hayan acordado de nosotros y venir a vernos.”

Niños desnudos, de entre dos y cuatro años de edad, juegan a la entrada del pueblo. Sus vientres, por efecto de los parásitos y la desnutrición, están abultados. Los mayores de cinco, no ocultan su asombro al ver una cámara fotográfica y una grabadora. Ninguno sabe hablar español. Se preparan para la “danza de los moros” que ejecutarán en la fiesta del pueblo.

Agustín Santiago Estehua, comisario de la comunidad, habla español con dificultad. “El pueblo está pobre. No tiene pala, no tiene pico. Estoy sufriendo porque no hay cómo salir. No hay arregladas carreteras. Y no hay clínica ‘onde operar a las mujeres. ‘Orita tenemos ese problema: cómo llevamos a la mujer que se embarazó.”

En Dos Ríos viven aproximadamente 600 personas. La comunidad no tiene letrinas, agua potable, teléfono, drenaje ni luz eléctrica. La escuela primaria cuenta con tres aulas, donde se enseña hasta tercero de primaria. Agustín Santiago agrega que “los niños no pueden estudiar porque ni lápices hay, ni todo lo que se necesita para que aprendan.”

–¿Cuentan con biblioteca?

–… No sé que es eso. Pero yo creo que no, porque yo supiera.

Alberto Martínez, originario de San Pedro el Viejo, intempestivamente pregunta: “¿por qué estamos así, muy pobrecitos, pues? Yo salí a otro municipio y tienen tenis, zapatos y hay trapos más chingones. ¿Por qué en mi pueblo chamacos no tienen la beca y no tienen la ropa?” Tímidamente agrega: “¿ya viste que no hay maíz y se come pura tortilla de plátano? ¿Y cómo va a llegar despensa si no hay camino arreglado?”

Costa Rica

En el camino a Cruz Verde se encuentra la comunidad de Costa Rica, de apenas ocho chozas y un temascal. Tres perros enclenques salen al paso de los visitantes. Sus ladridos se van apagando y, mucho antes de acercarse a los reporteros, caen temblorosos y se retiran arrastrándose por el camino.

Dos viejos yacen con escalofríos en el suelo. Dos mujeres jóvenes preparan las yerbas, las piedras y el fuego para el temascal. Todos están enfermos. Fincan toda su esperanza en sanarse con el antiguo baño ritual al que le atribuyen propiedades curativas.

Un anciano se acerca y, entre sollozos, habla, grita y pide ayuda en mixteco. Con dificultad, balbucea algunas palabras en español. “Por favorcito denme credencial de elector. Nunca me han dado Procampo. Una vez me iban a dar, pero como nunca he tenido ninguna credencial nomás ya no me dieron. Tengo enfermedad de diarrea y vómito y se acabó la fuerza.”


Cruz Verde

La brecha que se inicia en Metlatónoc, termina, después de seis horas de recorrido accidentado en camioneta, en Cruz Verde. En la comunidad hay aproximadamente 15 chozas de tejamanil y cuatro de adobe.

En uno de los pueblos ubicados en la serranía más alta del municipio, donde las temperaturas en invierno oscilan entre los 5 y 15 grados centígrados, los niños corren desnudos, mientras que sus padres se visten con telas delgadas y ropas remendadas. Las mujeres visten a la usanza tradicional mixteca.

El comisario Martín Rodríguez nos conduce a la escuela de la comunidad: una choza de aproximadamente tres metros de largo por dos de ancho. No hay una sola banca y los niños se sientan en la tierra. Sólo un pizarrón polvoriento señala que se trata de la escuela del pueblo.

En Cruz Verde viven aproximadamente 120 personas, de las cuales 40 son niños en edad escolar.

“El último maestro se fue hace dos meses y medio”, explican. Desde entonces no hay clases en el pueblo. Rodríguez agrega: “no queremos que el presidente se olvide de nosotros nomás porque somos de los pueblos más lejos. Hace falta carretera, iglesia, alimento.

“También sí queremos maestro para que también enseñe español, porque luego salimos para Ometepec o Tlapa o más lejos y ni agua podemos pedir, ni refresco ni trabajo. No nos entienden.”

El comisario invita a comer. “Nomás dispensen porque somos muy pobres”, advierte. Dentro de la choza dos ancianas desgranan maíz y dos mujeres jóvenes hacen tortillas. Comen una sola vez al día una tortilla gruesa con salsa de chile verde y una bandeja con agua.

“La falta de oportunidades de empleo es uno de los problemas más grandes”, señala el profesor Taurino Rojas, licenciado en Educación Indígena por la Universidad Pedagógica Nacional, originario del municipio y luchador social.

Agrega que “por eso la gente tiene que emigrar. Nada más pasando el día de Todos Santos (2 de noviembre) los hombres buscan irse a Sinaloa, México y Morelos. Los que pueden pagar al coyote tratan de entrar a Estados Unidos. Aquí no hay ni una fábrica.”

Cuesta abajo, el comisario de Cruz Verde, seguido por otros hombres y niños, alcanza a los reporteros. Las personas ávidamente incitan hablar a su representante y él señala: “se nos olvidó decirle que también queremos que nos apoyen para nuestra banda de música. Necesitamos unos instrumentos”.

Los niños, muy seriamente, hacen sonar mangueras de plástico dobladas grotescamente a modo de corno francés. “Si nos apoyan con los instrumentos, nosotros volvemos a sacar nuestra danza en la fiesta.” Atrás queda Cruz Verde con los niños obteniendo de las mangueras sonidos semejantes a los bramidos de un toro mientras el aire serrano les vuela los cabellos.


Metlatónoc, un desafío: Juárez Cisneros

La miseria en Metlatónoc “es una realidad que no podemos soslayar”, reconoce el Gobernador del estado de Guerrero, René Juárez Cisneros. Acepta que existen comunidades del municipio en las que los programas sociales de los tres niveles de gobierno no llegan. “Eso se debe a la dispersión que existe en la zona de la Montaña” y a la ausencia de vías de comunicación, señala.

Agrega que, sin embargo, el gobierno del estado ha implementado “varios programas para la región de la Montaña.” Informa que, en coordinación con el gobierno federal, se construye una carretera “que va a permitir integrar a la región de la Montaña con la costa de Guerrero.”

La carretera de 160 kilómetros, que iniciaría en Tlapa de Comonfort y terminaría en el municipio de Marquelia, pasaría a sólo siete kilómetros de la cabecera municipal de Metlatónoc, y que se concluiría “a mediados de este año” con una inversión de 160 millones de pesos.

Dice que se “analiza” con la comisionada para la Atención de Pueblos Indígenas, Xóchitl Gálvez, la posibilidad de “conectar a Metlatónoc con Tlapa de Comonfort a partir de un proyecto carretero de 62 kilómetros.” Esta carretera, se realizaría con recursos del fondo indígena.

Respecto a los programas sociales que su gobierno señala que “se trata de programas productivos; por ejemplo, toda la parte de beneficios de café, pues es también una zona cafetalera. Estamos trabajando el Programa Maíz por Bosque, que es un poco ir construyendo una cultura para evitar la tala inmoderada de árboles e ir estimulando la siembra de árboles a través de la entrega de maíz.”

Juárez Cisneros, agrega que hay otros programas de carácter asistencial importantes en esta zona “que estamos trabajando en coordinación con las autoridades locales. Este municipio, hace diez años, tenía un presupuesto que no alcanzaba los 300 mil pesos anuales; hoy es el que más recursos tiene en toda la región de la Montaña.

“En términos globales –continúa– ahora se alcanza un presupuesto por encima de los 80 millones pesos que va directamente a través de programas. Es insuficiente, desde luego, pero bueno, ahí hay un esfuerzo. Metlatónoc representa un reto, un desafío.”

Para el gobernador el problema de la miseria no se resolverá “mientras el municipio esté aislado y no tenga la forma de integrarse con vías de comunicación hacia las zonas que tienen un mayor dinamismo en términos de desarrollo.”

Rechaza que las comunidades de Metlatónoc estén abandonadas por su gobierno pues, “algo que es fundamental para estos pueblos, es estar cerca de ellos. En cinco años de gobierno, yo he estado en la región de la Montaña 134 veces. Esto representa las visitas que se realizaron los últimos 40 años por gobernadores. Estamos ahí.

“El problema –agrega– es de recursos y de corresponsabilidad de los tres órdenes de gobierno. Estamos haciendo un esfuerzo y, totalmente de acuerdo con ustedes, hay mucho por hacer ahí”.

 
 
 

 


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