Sin estructura nacional ni oferta política definida, el Partido de la Revolución Democrática sueña con llegar a la Presidencia de la República montado en los altos índices de popularidad del jefe de gobierno del Distrito Federal, Andrés Manuel López Obrador
A más de dos años de las elecciones para elegir al titular del Poder Ejecutivo, el Partido de la Revolución Democrática (PRD), que se autodefine de centro-izquierda, se prepara para “asumir” la Presidencia de la República.
Representa la tercera fuerza política del país, con apenas 17 por ciento de los votos en las pasadas elecciones; su presencia es incipiente en 10 estados de la República; carece de estructura política nacional y de programa ideológico definido; finca sus esperanzas en la popularidad de López Obrador, en el desgaste del foxismo y en la fractura del priismo.
De 1988 a 2004, los “pragmáticos” ganaron al interior del partido. Al margen quedaron los socialistas, marxistas y representantes de la vieja izquierda mexicana. Se consolidó como una organización de tribus o corrientes construyendo un partido que no termina de cohesionarse.
Con todo, “el PRD es el único partido actualmente en expansión”, señala Valeriano Ramírez, secretario técnico del Centro de Estudios Políticos de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.
“Las elecciones de 2004 y 2005 no arrojarán aún buenos resultados para el PRD, pues afianzará apenas su presencia y es inminente el declive de los partidos más importantes.
“El PAN decrecerá porque está muy ligado a Fox y a lo que el foxismo representa: un fracaso rotundo. El PRI, por su parte, no podrá sostener todas sus posiciones por la magnitud de sus problemas internos. Están viviendo una fractura y pueden jugar contra Madrazo los grupos que se sienten vejados por él.”
Marco Rascón, ex diputado perredista y quien encabeza una de las corrientes rebeldes y marginadas de la toma de decisiones al interior del partido, señala que “el vacío que vive la política mexicana hace que estemos viendo quién es el enano de mayor estatura. No hay una apuesta por un programa, por un proyecto de país, sino por ver quién es el menos peor.”
Para el militante perredista, su partido “irá a la cola en las elecciones de 2006. Prácticamente estamos viendo qué cachamos o si nos refuerzan nuestros antiguos adversarios. Las encuestas a favor de López Obrador no hacen la fuerza necesaria para poder ganar. Y en caso de que Andrés Manuel llegue a la Presidencia, ¿Sobre qué tipo de fuerzas y compromisos lo hará y con qué proyecto? Eso aún no se sabe.”
Rosendo Marín, secretario de Organización del Comite Ejecutivo Nacional del PRD, dice que el partido no tiene aún un programa nacional, además de que “necesita una presencia mayor y organización en toda la República.”
Señala que “la serie de batallas internas” que han caracterizado al partido desde su fundación, ha impedido crecer al PRD. “No hemos entendido a las sociedades en que vivimos, pues no se analizan a fondo los problemas de la gente.”
El senador Rutilio Escandón reconoce que el PRD es la tercera fuerza política del país, pero le falta estructura y organización. Sin embargo, dice que “eso se compensa con las personalidades políticas que posee, quienes tienen los niveles de popularidad más altos.”
El legislador confía en que la popularidad de algunas figuras perredistas impulsará a todo el partido en el 2006 y le llevará a ganar gubernaturas, presidencias municipales y diputaciones.
De acuerdo con la senadora Leticia Burgos, el PRD tiene aún “retos que resolver. Necesitamos mejor organización, que tengamos presencia en todo el país y ser democráticos en los procesos internos.”
La legisladora sonorense reconoce que las elecciones perredistas “no son siempre democráticas, y lo peor que nos puede pasar es ser candil de la calle y oscuridad de la casa.”
Sin embargo, se muestra optimista al señalar que, “aunque es cierto que hay diferencias entre las distintas corrientes de opinión al interior del partido, el PRD sí tiene la capacidad de ponerse de acuerdo y lograr un programa, que es lo principal. Ya después se decidirá quién lo encabece.”
El secretario del CEN, Rosendo Marín, señala que la confrontación de corrientes para designar al candidato a la Presidencia, sólo podrá evitarse “si el partido se da reglas que se ajusten a la realidad del partido y que sean respetadas por todos, incluso por la dirigencia.”
Para Burgos Ochoa, ésta es la oportunidad de lograr un movimiento que se agrupe en torno a la defensa de intereses comunes. “Son bienvenidos los desprendimientos que se lleven a cabo en los otros partidos en la consolidación de este movimiento que, ya hasta le estoy poniendo nombre, sería patriótico nacional.”
Rutilio Escandón coincide en que las tribus perredistas se podrán poner de acuerdo para elegir al mejor candidato. “En este momento es López Obrador. Todos tendrán la madurez para reconocerlo y lo apoyarán.”
En tanto, el catedrático Valeriano Ramírez dice que en el PRD Cuauhtémoc Cárdenas “dejó de ser el líder moral. Conserva aún el respeto de las distintas corrientes pero no como para volver a ser candidato”.
Destaca que la posibilidad de que el partido del sol azteca arribe a la titularidad del Poder Ejecutivo “es real. Pero el PRD solo no puede hacer nada. Aunque tienen al candidato más popular, en una elección federal la estructura es definitoria.
El investigador agrega: “si Madrazo tiene dos enemigos acérrimos, son López Obrador y Elba Esther Gordillo. Tal vez estos últimos no tendrían una alianza formal, pero Gordillo podría estar jugando a favor del fracaso de Madrazo como parte de la disputa interna. Mientras que el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) tiene la estructura que al PRD le falta.”
Actualmente el PRD gobierna Baja California Sur, Tlaxcala, Michoacán, Zacatecas y el Distrito Federal. Controla tres congresos estatales y comparte con el PRI el control de uno más (Michoacán). Cuenta con 95 curules en la Cámara de Diputados, muy por debajo de los 222 del PRI y de los 151 del PAN.
Valeriano Ramírez rechaza que López Obrador se enfrente a los empresarios. “Por el contrario, los grandes empresarios, sobre todos los de servicios y la mayoría de los de medios audiovisuales, le están apoyando. Como ejemplo podemos citar al hombre más rico de Latinoamérica (Carlos Slim).
“Y es que –continúa– los panistas han quedado mal con todos; y los priistas, por su parte, tienen como precandidato más visible a Roberto Madrazo. Los empresarios preferirían a López Obrador, no obstante que éste sí se enfrentaría con un grupo de banqueros, quienes, desde el fraude del Fobaproa, dejaron de estar entre el grupo de personas que toma las decisiones en México. Están aislados.”
Rosendo Marín destaca por su parte que la capacidad para ser presidente de la República la tienen varias personalidades del partido: Cuauhtémoc Cárdenas, Ricardo Montreal, Lázaro Cárdenas Batel, Rosario Robles y López Obrador, entre otros.
Sin embargo, descalifica a la campaña y comités de apoyo a favor de López Obrador que iniciaron desde enero las corrientes al interior del partido, como Nueva Izquierda, encabezada por Jesús Zambrano, e Izquierda Democrática, de René Bejarano. “Esos comités no son para apoyar a Andrés Manuel, son para apoyarse a sí mismos”, señala.
El Maestro en Ciencia Política, Artemio Abarca; hace énfasis en la ideología del PRD: “estamos ante un partido que ha mudado su discurso. Ahora que es gobierno en algunos estados, conocemos también su proyecto. Podemos decir que no es un partido de izquierda. Los partidos de izquierda en México dejaron de existir hace 20 años.”
Para el senador Rutilio Escandón “es cierto que ya no somos los mismos. Nos hemos modernizado y constituimos un partido de izquierda semejante a los de la izquierda europea. Somos socialdemócratas. Quienes critican nuestra modernización se quedaron en el pasado y con el discurso del 68.”
“Pues sí –tercia Marco Rascón–; se nos dice nostálgicos, atrasados; pero de eso es de lo que se ha estado alimentando el partido y ellos también se han beneficiado. Una de las inconsistencias más grandes del PRD, por ejemplo, fue haber votado en el senado la Ley de Derechos y Cultura Indígena.
“Fue el acabóse del partido. Y bueno, no cayó el coordinador Jesús Ortega, mientras que en el PRI, por el IVA a alimentos y medicinas sí cayó Elba Esther Gordillo”, apunta.
Para Rosendo Marín, aunque el PRD sigue siendo un partido de izquierda, “no vamos a ganar la presidencia de la República con un programa de izquierda, sino con un programa nacional.
“Ahí debemos incluir a los empresarios y a la clase media, afectados, por ejemplo, por el TLC. Debemos entenderlos, convencerlos de que es necesario incorporar a las clases bajas al desarrollo del país”.