Los medios son más de los lectores que de los periodistas. Esta que fue una de las propuestas de los liberales del siglo antepasado, continúa siendo una realidad actualmente. Ignacio Manuel Altamirano, el indio guerrerense --discípulo de Ignacio Ramírez--, al fundar en 1869 Renacimiento, tenía dos objetivos en la mente: la necesidad que el lector pensara y también se cultivara. Es decir, no se trataba de la banalidad o escribir para impresionar al poder. Había que encontrar en el debate de las ideas la mejor ruta para la nación, y esto sería posible únicamente con la mejor comprensión de los asuntos por parte de los ciudadanos. Desde luego que para lograr sus propósitos, el polifacético escritor mexicano invitaba todo el tiempo a los lectores a entrar en la discusión de las ideas, intercambiar puntos de vista, uno de los requisitos de la ampliación del pensamiento.
Por fortuna, hay varios convidados esta ocasión para que todos los que hacemos la revista nos demos cuenta de las inquietudes existentes.
El licenciado Víctor Manuel Pinedo censura que la Suprema Corte se lave las manos en muchos asuntos, entre otros la violación de los derechos humanos. Comenta además, que ni la actual jurisprudencia ni el amparo posibilitan que se ataque a la corrupción que nos ahoga. Todo ello tiene mayor importancia si este año se cumplen los quinientos de que la jurisprudencia ha estado entre nosotros. Cuestión que llevará, seguramente, a una serie de festejos. Algunos ya se preparan en la Facultad de Derecho de la UNAM.
Es el momento, entonces, para que los periodistas investiguemos realmente hasta dónde se avanza en el derecho y cómo, por otro lado, se puede hacer para que la transparencia informativa sea herramienta para ventilar muchas cuestiones que ahora son secreto de unos cuantos, los jueces. Asunto debatido hace poco en una reunión, donde no se llegó a una solución eficaz para que la sociedad pueda enterarse quiénes son los malos funcionarios en este ramo, algunos de los cuales han dictado órdenes de liberación a narcotraficantes, violadores y otro tipo de peligrosos delincuentes. Un elemento para evitar la corrupción, es impidiendo que la cerrazón y el dinero vayan de la mano. Al abrir las ventanas, muchos de esos acuerdos secretos son más difíciles de realizarse. Tema que vale la pena airear.
Ana Paulina Monroy, estudiante de comunicación, quiere llevar a cabo prácticas en el terreno donde se está preparando. No dice si pretende cierto salario, es parte de su servicio social o simplemente desea foguearse en el periodismo. En cualquier caso, es importante que una alumna esté interesada en la práctica de lo que será, sin duda, su trabajo diario. Y esto es un acierto. Lo decimos por nuestra larga experiencia como maestro universitario --33 años--, ya que en las aulas, por desgracia, hay muchísimas deficiencias. En principio, la mayoría de los inscritos no saben si quieren ser investigadores, comunicólogos o periodistas.
Algo que es preciso definir para que luego no existan frustraciones. Si es el último caso, lo mejor es echarse a la alberca de las redacciones y aprender a nadar en el mar proceloso de la búsqueda, jerarquización y presentación de la información, en lugar de continuar aprendiendo en libros españoles mal traducidos, que no reflejan nuestra realidad y en ciertas ocasiones, hasta distorsionan los trabajos por realizar. Los directivos del mensuario, seguramente, se pondrán en contacto con Ana para una entrevista.
En esta ruta pero con otras características, es la petición de Paola Cervantes.
Ella quiere traducir textos. Si bien no dice de cuál idioma, es un asunto muy interesante, ya que cualquier publicación tiene la necesidad de tener a la mano una buena cantidad de material para reproducirlo o cuando menos tomarlo en cuenta en la elaboración de sus textos. Máxime que en Contralínea existe una sección internacional para dar cuenta de los principales asuntos que se ventilan en el orbe. Hoy más que en otros momentos, resulta indispensable entender lo que pasa en los diferentes foros con precisión.
Las próximas elecciones en los Estados Unidos debemos seguirlas con puntualidad. Sólo de esa manera podremos saber qué nos espera con la potencia hegemónica y cuál es la política a seguir para no ser “lacayos” ni oportunistas, sino una nación que se precie de seguir la ruta que le conviene. Algunos dirán que eso corresponde a los gobernantes, pero como señala Fernando Savater en varias de sus obras, los ciudadanos tienen la obligación de empujar a sus funcionarios a posiciones más inteligentes y dignas.
Nuevamente se acaba el espacio, pero esperamos sus “emilios” y cartas para la próxima. Hasta entonces.
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