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El secreto mundo de la vigilancia
Gordon Thomas

Resumen
   
 
 
 

El escritor y periodista Gordon Thomas, experto en temas de inteligencia, comparte con Contralínea su investigación sobre la oculta pesquisa de los Estados Unidos sobre sus ciudadanos y la fragilidad de éstos para proteger su derecho a la privacía

• Cada día, las personas son secretamente fotografiadas por cámaras ubicadas para rastrear cada uno de sus movimientos. En tiendas y calles. Yendo y viniendo hacia y desde restaurantes y hospitales. Saliendo y entrando de aeropuertos, en Europa, América, en todo el mundo.

• Las autoridades –nombre genérico para todas las agencias de la ley- dicen que es por nuestro bien. Para protegernos contra robos y asaltos. Del terrorismo.

• Organizaciones de Derechos Humanos dicen que la vigilancia está fuera de control. Que las libertades civiles están siendo erosionadas. Que la observación por cámaras son sólo la parte visible de una vigilancia global que todo lo abarca, que escatima el verdadero significado de la privacidad.

• ¿A donde termina la protección y empieza la inaceptable intrusión? ¿Qué tan lejos llegará esa revisión secreta?

• ¿Qué le sucede a la información?


Gordon Thomas

En 1970, John A. Meyer dio el primer paso para avanzar en su causa: combatir el crimen: creó un programa de cómputo que traería la vigilancia de alta tecnología al “mundo de Buck Rogers” que consistió en un sistema de cámaras robot y transmisores que podrían –esperaba- cubrir cada calle en cada ciudad, pueblo y villa en Estados Unidos. Nadie cometería un crimen sin ser grabado en lo que Meyer denominó ‘Sistema de Transporte para Detener el Crimen (Crime Deterrent Transporter System)’.

Esta información sería enviada continuamente a computadoras programadas ‘para sopesar la posibilidad de que una persona en un momento determinado no sea buena’. Aunque apoyado por criminalistas y conductistas que veían esa vigilancia telemétrica como ‘el único camino para lograrlo’, el sistema de Meyer fue juzgado ‘muy fuera de su tiempo’ y archivada en la Administración Nixon, cuando éste conectaba secretamente la Oficina Oval como parte de su obsesión con la vigilancia.

La vigilancia alcanza actualmente un nivel sin precedente. En Londres, una persona es capturada por cámaras en tiendas, calles, hospitales, casi en todas partes, un promedio de 375 veces al día. En EU, unos 10 mil bancos de datos contienen 7 mil millones de grabaciones de sus ciudadanos. En 2002, el grosor promedio del récord escolar de un niño estadounidense medía dos pulgadas; el dossier de salud cubre todo, desde el estado mental de la persona hasta la condición de su refrigerador.

Lo que una vez fue información estrictamente confidencial, mantenida por el doctor del hospital para la empresa de seguros, va ahora del oficial de la corte probatoria al gobernador de la prisión: la cadena es interminable obtenida a menudo con técnicas de vigilancia secreta.

Una fuente de empresas británicas en 2001, reveló que el 93 por ciento considera justificable espiar a sus empleados. Todos admitieron que constantemente actualizan su equipo para interceptar correos electrónicos y secretamente graban conversaciones telefónicas.

Muchas compañías de telefonía móvil en Europa y Estados Unidos proveen rápidamente de información a la policía –sin cuestionar si esos datos son relevantes para que el presunto crimen sea investigado--. En EU tal cooperación se enmarca en la Ley de Asistencia a las Comunicaciones de 1984 (Communications Assistance for Law Enforcement Act).

Liza Dean, de la Fundación por un Congreso Libre, organización de vigilancia contra el abuso del gobierno con base en Washington, dijo que el nivel de confianza establecido en esa Acta era ‘cuando menos ingenua y lo peor, peligrosa. La FBI usa el Acta para requerir a todas las compañías de telefonía celular que instalen tecnología para rastrear localizaciones en sus sistemas’.

En Gran Bretaña, los servicios de inteligencia M15 y M16, tienen poderes de rastreo similares en nombre de la “Defensa del Reino”. Desde que el terror atacó el WTC y Bali en octubre de 2002, esos poderes se ampliaron sin ningún debate en el Parlamento. Hoy, Gran Bretaña permanece como una de las naciones más vigiladas sobre el planeta.

‘Un día, sin duda, habrá un solo banco de datos, que contenga todo de todos. Almacenará cada detalle concebible de una persona, desde el nacimiento hasta la muerte’, dijo una fuente de inteligencia en Londres.

¿Eso hará al país más seguro del terrorismo y el crimen?

La incierta respuesta es: ‘¿quién sabe? Probablemente conoceremos más en el futuro sobre cada quién de lo que sea necesario’.

Gordon Thomas señala lo sucedido con el programa de software Promis, de la empresa Inslaw, creado en 1983: “Originalmente diseñado para que los oficiales del Departamento de Justicia de los Estados Unidos mantuvieran un rastreo detallado de casos e individuos en el sistema de justicia criminal. Su nombre es un acrónimo para Sistema de Información para Manejo de Prosecuters (Prosecuters Management Information System).

20 años después, Bill Hamilton que pasó siete años en la Agencia Nacional de Seguridad (NSA), me dijo: ‘el uso final de Promis es monitorear a los ciudadanos estadounidenses, Promis puede ser fácilmente adaptado por las agencias de inteligencia y policía para sus propios propósitos’. Hamilton pretendía que Promis se usara para rastrear las actividades de la mafia, los barones de la droga y terroristas. Creía que ello ayudaría a crear un mundo más seguro, su mundo, el único de todos los estadounidenses decentes. Más tarde se desencantó al advertir cómo Promis fue usado secretamente para observar sin decir a millones de personas sin ligas con el crimen.

Actualmente, Promis es un arma tan efectiva como un satélite espía. Vendido para el Departamento de Justicia, ahora se usa en unos 140 países por sus gobiernos para rastrear a la gente. La promesa de Promis es que ha traído a Big Brother a una escala que ni siquiera John A. Meyer hubiera imaginado.

Cuando Promis fue lanzado, William O Douglas, juez de la Suprema Corte de Estados Unidos, escribió: ‘Estamos entrando rápidamente a la edad de la no privacía, donde no hay secretos para el gobierno. Cuando nadie estará seguro de si sus palabras son grabadas para usarse en un futuro, cuando cada uno temerá que sus más secretos pensamientos no sean suyos sino que pertenecen al gobierno, cuando las conversaciones más confidenciales e íntimas estén abiertas a orejas escrutadoras. Si la privacía de un hombre puede ser invadida a futuro ¿quién puede decir que es libre? Si cada una de sus asociaciones son conocidas y grabadas, si las conversaciones con sus asociados son escuchadas ¿quién puede decir que disfruta de libertad como lo vislumbraba la Constitución?’.

Y The New York Times escribió: ‘La vigilancia está fuera de control. Camine en el lobby de un departamento y usted está en cámara. Suba a un elevador y los guardias en el lobby lo observan ajustándose los pantalones. Saque dinero de una caja de banco y será atrapado en la película contando sus billetes. No trate de ocultarse. Cruces atestados están bajo vigilancia 24 horas. Hay cámaras en plazas públicas. No intente destruirlas. Sólo lo captaran en cinta haciéndolo’.

Ari Ben-Menashe, ex asesor de seguridad del gobierno israelí me dijo: ‘Todo lo que podemos ver hacia delante es una vigilancia más intensiva. Ya tenemos cámaras que traspasan tu ropa y te muestran desnudo. En la próxima década no habrá policía que no esté equipado con un artefacto no-invasivo que pueda ver dentro de tu cuerpo para observar si escondes drogas –y nunca sabrás que estás siendo observado--.

Ahora, la agencia de seguridad NSA puede rastrear y analizar cada llamada telefónica, correo electrónico o mensaje de fax que sea enviado a cualquier parte del mundo. Supuestamente el sistema es para proteger la seguridad nacional de los Estados Unidos. Al final de la próxima década, sus componentes integrales estarán disponibles para cualquier corporación que quiera rastrearte’.


Desde el espacio

Hacia 1990, la vigilancia estadounidense se estableció en el Espacio Exterior. Desde entonces, su sistema de acopio de inteligencia ha devenido en una casi inimaginable complejidad. Algunos advierten que tal sistema de espionaje omnipresente todopoderoso y global tiene una capacidad de largo alcance para penetrar en la vida personal de los ciudadanos de todas partes. Está diseñado para interceptar, grabar y traducir cualquier comunicación electrónica –correos, fax o llamadas telefónicas- enviadas a y desde cualquier parte del planeta. El sistema Echelon (Contralínea, nov. 2002).

Echelon es controlado desde Fort Meade, Maryland, por la Agencia de Seguridad Nacional (NSA). Sus 40 mil empleados incluyen a hábiles matemáticos, descifradores de códigos y analistas. Sus lingüistas pueden descifrar mensajes en casi cien idiomas.

La mayoría del presupuesto admitido por la NSA de 18 mil millones anuales en 2002 se gastó en blancos militares, drogas y antiterrorismo. El presupuesto actual de la NSA fue estimado al doble de esa cantidad, la mayor parte usado para programas de cobertura que se mantienen fuera de la contabilidad.

Kevin Warwisk, profesor de Cibernética de la Universidad de Reading Inglaterra predice: “hacia el año 2030 nos habremos convertido en víctimas de las máquinas. Su vigilancia nos controlará totalmente”.

Los sistemas de vigilancia de alta tecnología desafían en diseño y prestigio para sus creadores. Quienes los operan poseen secretos indecibles y se ven a si mismos como una sociedad de elite. Son los observadores. El resto de nosotros somos los observados.

Las tecnologías -la mayor parte desarrolladas o introducidas en los últimos 25 años- ya han hecho posible extender tanto la vigilancia que millones de personas que nunca habían sido sujetos de ella antes ahora son cercanamente monitoreadas. La racionalización oficial de que la vigilancia es sólo para proteger al Estado y a sus ciudadanos se ha convertido en algo más siniestro.


Atención psicólogos

Los resultados de esa vigilancia pueden remodelar, reformar o al menos controlar el pensamiento o la conducta de cada individuo.....La vigilancia es una parte integral de la pacificación, intimidación, ofuscación, propaganda y control. En su forma más perniciosa es usada para modificación de la conducta, incluyendo el condicionamiento adverso; la sistemática angustia por ‘razones psicológicas’; para rastrear recipientes sanitarios y “potenciales” abusadores de menores.

Ahora las técnicas de vigilancia desarrolladas por agencias de inteligencia han sido adaptadas para el uso de corporaciones civiles. No hay compañía importante en Estados Unidos, probablemente en el mundo, que no tenga en su nómina hombres entrenados en las técnicas de vigilancia por la CIA, NSA y otras agencias semejantes....

Ari Ben-Menashe habla por muchos cuando dice: ‘el peligro es que la vigilancia puede destruir totalmente la libertad básica que es el derecho original de cada hombre, mujer y niño. La vigilancia y sus muchos elementos se han convertido en una fuente masiva de poder y control’.

Quienes trabajan en robótica hablan de la necesidad de más vigilancia; que la sociedad puede ser llevada a aceptarla como un hecho de rutina: como la condición de un trabajo o revisar su salud, un préstamo bancario o un lugar en la escuela. Para ellos el asunto se trata de una vigilancia convencional de los actos de una persona –el policía con la cámara o el micrófono conectado a un teléfono- pero la vigilancia en que han sido diseñadas las últimas teorías psiquiátricas y técnicas psicológicas.

Un elemento de la vigilancia es el efecto que tiene sobre quienes piensan o saben que son vigilados. Eso debilita su resistencia psicológica y los hace más maleables –-y más listos a aceptar que se haga-. Esta teoría es de las que más se enseñan por el FBI a sus oficiales.

Una vez que el uso de la vigilancia irrumpió en el sector civil hay que recordar que venían en la guerra y el espionaje. Pero ahora es resultado de las necesidades de los gobiernos de vigilar a sus poblaciones; el resultado es un matrimonio entre gobierno y negocios. Empresarios y minoristas on line de todo tipo sondean diariamente el anonimato de vidas –su vida- fuera de Internet.

Intel y Microsoft han creado huellas digitales de manera de que cada documento que usted crea en su computadora doméstica puede ser rastreada. Su anonimato ha sido cambiado por vigilancia...El Departamento de Justicia estadounidense alrededor del mundo ostenta el mismo argumento: ‘si usted es serio sobre el castigo al crimen en la infraestructura global de comunicaciones, usted debe ser rastreado’. El rastreo es otra palabra para vigilancia...

¿Esto es lo que queremos? ¿Estamos listos para aceptar tal ‘protección’? ¿Creemos que es aún posible tener el mejor de los mundos –protección y libertad desde la intrusión?

Una alarmante visión del futuro viene de Kevin Warwick: ‘...para el año 2030 habremos evitado un holocausto nuclear; nunca pensamos que alguien sería lo suficientemente loco para actualmente apretar el botón ¿lo hicimos? El calentamiento global probará que es sólo aire caliente. El agujero de ozono será parchado, pero para el año 2030 nos habremos puesto a nosotros mismos en el infierno. Las máquinas de inteligencia artificial nos observarán. La raza humana como la conocemos estará aproximándose al final del juego, su periodo de dominio sobre la tierra estará cerca de haber terminado. Hacia el año 2030 aún estaremos tratando de razonar y negociar con las máquinas. Pero por qué ellos deben atender cuando son mucho más inteligentes de lo que nosotros somos? Lo que deberíamos esperar es que nosotros los humanos seamos tratados por las máquinas de la misma manera como nosotros tratamos a los animales, como trabajadores esclavos, productores de energía. Para 2030 habremos venido a realizar lo inesperado obedecer los deseos de las máquinas que nos observan. Su vigilancia sobre nosotros nos harán sus esclavos totales’.

‘...Ellos anticiparán cada uno de nuestros movimientos, decidirán qué es lo correcto para nosotros, incluso decidirán cómo debemos pensar. Mucho de esto es voceado como “progreso’.

La industria de la vigilancia ya se ha establecido rápidamente entre las industrias de mayor desarrollo en el mundo. Se estima que para el año 2030 el costo de la vigilancia global excederá la mitad de un trillón de dólares –casi tres veces el valor de todo el circulante actual de los Estados Unidos--

...El uso extendido de computadoras está alterando la fisiología de los cerebros de los niños causando desorden y depresión. Estos juegos reacomodan la forma en que trabajan los jóvenes cerebros y cambian para siempre la vida emocional de un niño jugador”. Traumatizados, insensibles y con sus reacciones reprogramadas, estos niños son hechos a la medida para todo tipo de otra vigilancia, porque su habilidad para pensar y racionalizar –las piedras angulares de los sistemas educativos pasados de moda- ha sido reemplazada por el estruendoso grito de “una computadora para cada alumno en nuestras escuelas”.

Estos juegos de computación altamente realistas crean en los niños caos emocional y moral que podrán, sin nada más lo hacen prepararlos para la próxima edad robótica. Entonces ellos no serán más maestros de la tecnología y la secreta vigilancia que va con ella, si no sus esclavos.

...’Pobremente protegida la privacidad y obsoletas las leyes son frecuentemente usadas como instrumentos no para proteger los derechos, sino para ordenar la vigilancia. El Estado puede hacer más o menos lo que quiera con nuestros datos en nombre de la ley, interés público, salud pública, seguridad nacional o del ingreso nacional. Estamos obligados a través de crecientes leyes y tecnologías a revelar nuestra identidad. Rehusar proveer estos datos a menudo resulta en la negación de un servicio en la persecución’, agregó Peter Densor, analista de comunicaciones industriales….

Pero la vigilancia puede no estar bajo tal control. La vigilancia pide por aún más sofisticadas computadoras, cada una con una inteligencia que eventualmente nos sobrepasará. Cuando esas computadoras alcancen tal estado, no habrá forma de detenerlas. Para encender el control habrá otros.

La vigilancia es una bomba de tiempo. La elección es nuestra: si la vigilancia supone “protegernos”, ahora se convierte en la causa de nuestra destrucción”.

 
 
 

 


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