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El famosísimo viaje a la luna del Apolo 8 llevó a Jorge Ibargüengoitia a la conclusión de que “inventar frases célebres es mucho más difícil y complicado que decirlas de chiripa”. Neil Armstrong lo demostró cuando, solemne, en cuanto el módulo alunizó, soltó la siguiente perogrullada: “Estamos en la Luna”. De chiripa, en cambio, se le ocurrió aquello de “un pequeño paso para el hombre, un gran salto para la humanidad” a la hora en que, cual chamaco que por vez primera brincotea entre las olas del mar, inició la inaugural caminata humana en el satélite.
Como sea, eran más ingeniosas las frases propuestas para la ocasión por el comediante Bob Hope: “Cuando menos no acabé en La Habana” o “¡me lleva...! ¡Es de queso!”. Y volvieron a darle la razón a Ibargüengoitia los científicos de la NASA cuando la sonda Spirit amartizó, pues salieron con soberanas jaladas: “Estamos en Marte”... “Es un gran día para la NASA. ¡Hemos vuelto!”... “Estamos en un lugar maravilloso”... “Es un logro absolutamente increíble”.
El ingenio de los mexicanos no nos libra de la ley de la chiripa. Para no recurrir a los clásicos (“el que se mueve no sale en la foto”, por citar un caso), ahí tenemos la enchilada de Jorge G. Castañeda o la invocación a los tlacoyos a cargo de sus detractores. En cambio, a la hora de querer pasar a la historia, el Niño Verde apenas pudo balbucear “¡qué pegada!”, mientras felicitaba a su compañero de bancada Jorge Kahwagi luego de que el presunto boxeador “noqueó” al bulto cuarentón Dwayne Swift el pasado 10 de enero. Dicho sea de paso, al tal Kahwagi tampoco se le conoce frase célebre alguna en su papel de presunto diputado del Verde Ecologista, aunque tengo la sospecha de que debió pronunciarla en la intimidad, platicando con el charro-galán Pablo Montero, mientras sus “very important” amigos celebraban que el también presunto empresario no ha enfrentado en los encordados a rivales de respeto, pues de otro modo sería cliente asiduo de la clínica propiedad de su familia.
¿Qué le decía Kahwagi a Montero en un rincón de su mansión de las Lomas de Chapultepec? ¿Le explicaba por qué usar calzones Calvin Klein resulta más cómodo en una ceremonia de pesaje? Seguramente no. Tomando en cuenta los antecedentes del presunto boxeador-diputado-empresario, podemos suponer, tras la silbatina e improperios que le dedicó el respetable por su papelazo frente a Swift, que citó a Pursewarden, el personaje de Justine, la novela de Lawrence Durell: “El mundo es como un pepino. Hoy lo tienes en la mano, mañana lo tienes en el culo”.
Disculpará el lector que no me haya tomado la molestia de hurgar en el diario de debates de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal para conocer las frases célebres con las que los compañeros de partido de Kahwagi argumentaron las reformas a la Ley de Residuos Sólidos, aprobadas en diciembre pasado. Ni falta hace. Basta imaginar que, una vez que consiguieron la aprobación del artículo según el cual los camiones recolectores de basura le pintarán un violín a aquel ciudadano que no lleve debidamente clasificados sus desperdicios en residuos orgánicos e inorgánicos, Sara Figueroa Canedo, presidente de la Comisión de Protección Ecológica y Preservación del Medio Ambiente, exclamó: “¡Estamos en Marte!”
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