Las ofertas de trabajo del gobierno de Vicente Fox a los niños: pepenador, mendigo, tragafuego, payaso, ambulante, limpiaparabrisas, cerillo, bolero y cargador.
En las principales ciudades de México 140 mil niños trabajan por lo menos seis horas diarias a pesar de que el gobierno federal ratificó la Convención Internacional de los Derechos de los Niños que prohíbe el trabajo infantil.
Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), México integra la lista de los 16 países con las peores formas de trabajo infantil.
Instituciones gubernamentales y organismos civiles se empeñan en difundir y promover los derechos de los niños, pero la realidad de la infancia en México es otra. Su rol social ha cambiado debido a la creciente pérdida de empleo y el bajo poder adquisitivo de las familias mexicanas, que obliga a sus integrantes a buscar un ingreso extra.
Historia sin fin
Las hermanas Karina, Erica y Jazmín trabajan en la Central de Abastos de Iztapalapa, donde llegan cuando aún no amanece. Recogen papel y cartón de cajas de frutas y verduras; por cada kilo ganan 40 centavos, así que deben comenzar muy temprano, antes de que llegue la competencia.
No asisten a la escuela, sus padres emigraron hace dos años de la Huasteca hidalguense, para trabajar en el centro de acopio más grande de América Latina, que emplea a 85 mil personas, de las que 2 mil son niños.
El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) indica que en México ocho de cada diez niños se incorporan al mercado laboral antes de cumplir la edad legal permitida (14 años). Trabajan por lo menos cinco días a la semana, en promedio 6.31 horas diarias, por un salario inferior al mínimo.
Los empacadores de centros comerciales o “cerillos” perciben en promedio 9.26 pesos por hora, los vendedores ambulantes, ganan 7.73 pesos. En el mayor nivel de marginación están los que prestan servicios personales y los indígenas.
Explotación infantil
Cuando sale de la escuela, apenas si le da tiempo de planchar su uniforme: falda azul marino, blusa blanca y tobilleras y, en ocasiones, la corbata que le tejió su mamá.
De lunes a viernes Laura Luz Juárez sigue la misma rutina: descargar la mochila y cambiar el uniforme a cuadros verdes de la secundaria por el de empacadora que le exige Comercial Mexicana. El sábado y domingo obtiene en promedio 50 pesos por día, el resto de la semana, de 20 a 30 pesos por la misma jornada.
Pese a no haber contrato escrito, sueldo base y mucho menos prestación alguna, los “cerillos” son obligados a cumplir los requisitos que exige la empresa, como empacar la mercancía del consumidor y acomodar los carros de autoservicio, a cambio de una propina; cubren horarios y están sujetos a supervisores, quienes los distribuyen discrecionalmente en las cajas.
La empresa representa para ellos una fuente laboral y, pese a las enormes ganancias que percibe, no avala la seguridad e integridad de los niños. El trabajo de los “cerillos” es considerado por la Unicef como explotación infantil de empresas nacionales y trasnacionales.
Riesgos de trabajo
El desempeño laboral de los niños, implica riesgos como accidentes, discriminación, agresiones, maltrato, abuso, violencia, robo, secuestro, adicciones y enfermedades venéreas, además de maltrato físico y verbal de la policía.
Un ejemplo: David Santos, de 12 años, escapó de su casa en Oaxaca hace cuatro años, huyendo del maltrato físico de sus padres. Llegó a la ciudad de México, se dedicó a comer de la basura y después a hacer “mandados”. Luego reunió un capital que invirtió en dulces que vende en microbuses.
David ha dormido en coladeras y lotes baldíos, aunque su lugar preferido es la sala de espera del Aeropuerto Benito Juárez, donde engaña a los policías que lo persiguen, pero él escapa, se escabulle, reincide. Alguna vez pensó vender dulces en el metro, pero declinó porque debe pagar 2 mil pesos a los ambulantes que controlan las rutas.
Leyes, caso omiso
El Código Internacional del Trabajo establece que los menores podrán laborar únicamente en la industria familiar, siempre y cuando el trabajo no sea nocivo para su edad, desarrollo y educación. En México todos los días cientos de niños emigran de su lugar de origen hacia otras ciudades en busca de una actividad para sobrevivir.
La Unicef señala los lugares con mayor afluencia de menores migrantes: Baja California, México, Tamaulipas, Jalisco, Nuevo León, Quintana Roo, Coahuila, Chihuahua, Morelos. Las ciudades expulsoras son Veracruz, México, Oaxaca, Jalisco, Guerrero, Puebla, Michoacán, Sinaloa, Querétaro, Chiapas y Guanajuato.
Un 60 por ciento de quienes emigran mantiene lazos afectivos con su familia, enviando su contribución al gasto, no importa la distancia que los separa.
José Gutiérrez, director del Centro de Apoyo al Menor Trabajador (CAMT), señala que la primera violación que enfrentan los niños es dejar el seno familiar y trasladarse a trabajar a una ciudad ajena. El centro apoya a diario unos 60 niños de distintas regiones, les proporciona un sitio donde toman clases, practican deporte, se bañan y lavan su ropa. Por lo limitado del espacio, no sirve de refugio para pasar la noche.
José Gutiérrez denuncia: “la mayoría de los niños son extorsionados por la policía que les exige bajo amenazas una cuota por trabajar en las calles”, según testimonios de Osvaldo Reyes, Cresencio Martínez, Bernardino Sánchez, Martín García, quienes fueron vejados, extorsionados y golpeados por la policía.
Actividad denigrante
Para ser un niño mendigo o pepenador, no se necesita tener experiencia, jornada de trabajo, horario de entrada, o disciplina laboral. Basta la necesidad de sobrevivir aunque la mendicidad y la pepena dejen ingresos superiores al sueldo mínimo, a costa de urgar entre basura, excremento, perros muertos e inmundicia.
Este hecho, evalúa la OIT, ha provocado que cada día más niños y adolescentes de México vivan de la basura.
Francisco Verdera, consultor de la OIT, indica que es una violación a sus derechos que los niños trabajen, y lo peor es que lo hagan en condiciones insalubres, y los más grave, que los gobiernos que ratifican tratados internacionales que lo prohíben lo pasen por alto.
Para el caso de México, enumera, es urgente prohibir formas de trabajo infantil, que veja a los niños tanto en su integridad física como emocional. El problema de los niños que trabajan, dice, está ligado además de la pobreza extrema, la negligencia de los gobiernos y la errónea aplicación de los recursos públicos.
“Si se siguieran con apego las leyes que prohíben el trabajo del menor en México, muchos de estos niños tendrían que dedicarse a robar, además de ellos sus padres, porque si los niños no colaboran es obvio que en un país como el nuestro no tendrían ni para comer”, dice José Gutiérrez.
Carlos Ávila, catedrático de la Escuela Nacional de Trabajo Social de la UNAM, dice que se deben replantear políticas públicas dirigidas a la infancia, pues de no haber cambios, advierte, “las consecuencias inmediatas serán el recrudecimiento de la crisis de seguridad, con aumento exorbitante de la delincuencia y del comercio informal”.
| En qué trabajan los niños? |
| Vendedores ambulantes |
38.10% |
| Cerrillos |
27.70% |
| Limpiaparabrisas |
4.30% |
| Cargadores |
3.50% |
| Ayudante |
2.90% |
| Mendigos |
2.40% |
| Lavacoches |
2.40% |
| Voceadores |
2.30% |
| Pepenadores |
2.30% |
| Boleros |
2.20% |
| Cantantes y payasos |
2.0% |
|
|
| Sitios de labor |
| Avenidas y cruceros |
23.87% |
| Supermercados |
23.84% |
| Mercados |
18.25% |
| Tianguis |
10.62% |
| Parques y jardines |
3.69% |
| Central de Abastos |
2.68% |
| Corredores comerciales |
2.65% |
| Monumentos y plazas |
2.49% |
| Fuente: UNICEF/DIF |