Resulta de verdad estimulante que los lectores de este mensuario continúen haciendo llegar sus opiniones a esta sección. Ello porque es lo esencial para cualquier publicación y periodista. Más allá de los diversos premios que se otorgan en el año a quienes informamos, el reconocimiento mayor es poder saber hasta dónde se da la respuesta de los que compran un impreso o lo consiguen de otra manera. En este último caso, no debe olvidarse que cuando no hay dinero afortunadamente hay otras formas de acercarse a las publicaciones: boleros, peluquerías, salones de belleza, consultorios, salas de espera y recientemente algunos cafés que lo mismo tienen Internet que revistas y periódicos para sus clientes.
Ellier Hernández, de Iztacalco, asegura, como los clásicos, que la entrada es la que debe atrapar al lector para continuar con el deleite de un artículo. No se refiere expresamente a qué no le gustó o en cuál caso se sintió defraudado. Pero si bien es razonable que las cabezas y los inicios de los artículos deben ser llamativos, incluso hasta provocativos, en el nuevo periodismo tanto la gráfica como el diseño añaden atracción. Aunque es necesario reconocer que los famosos “cabeceros” de cualquier publicación, son parte fundamental para que haya una intercomunicación más fluida y atractiva entre impresos y lectores. Siempre es necesario mejorar.
Una duda surge en el caso de José Baldemar. Señala que es bueno publicar temas de inteligencia nacional pero anota que con ello “le damos armas a los grupos guerrilleros” por lo que es necesario “ser más cuidadosos” en los materiales que difundimos. Gracias por la primera parte.
En el segundo y tercer aspectos, ninguna publicación, a menos que tenga relación con alguna organización terrorista e inserte claves secretas, le está proporcionando algún elemento novedoso a dichas agrupaciones; lo que se pretende, a fin de cuentas, es hacer del conocimiento de todos asuntos que deben competernos para evitar que un grupo secreto, aunque fuera gubernamental, se despache con la cuchara grande y haga lo que quiera como ya ocurrió en la llamada guerra sucia mexicana. Somos cuidadosos en todo, por eso aceptamos aclaraciones y rectificaciones. Los asuntos de seguridad nacional, que deben estar muy bien establecidos y reglamentados, cuando salen a la luz, traen problemas para sus autores. En el caso de lo escrito en esta revista, no hay ningún tema que tenga esta última característica. No obstante, es necesaria una ley de seguridad nacional que no afecte, jamás, la libertad de expresión.
En cierta conexión con lo anterior, Enrique Nieto tiene interés acerca de las investigaciones que lleva a cabo la PGR sobre los criminales, especialmente los asesinos. Pregunta cuáles son las bases jurídicas para proceder en todos los casos. Asunto que tiene gran importancia en problemas como el secuestro, donde hay un debate hasta dónde deben llegar las sentencias. Recientemente asistí a una obra de teatro: Los exonerados de Jessica Blank y Eric Jensen, donde más de 40 condenados a muerte en Estados Unidos fueron liberados porque se encontró luego de un largo proceso y por diversos medios incluido el ADN, que no eran culpables de asesinato. Como se verá por esta pieza dramática y por otros testimonios, muchas veces las penas contra la vida son un absurdo. jamelendez@prodigy.net.mx