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La prensa, víctima del foxísmo

Primero fue la invitación presidencial para no leer diarios, lo que para el periodista Julio Scherer “merecería un monumento para vergüenza nacional”. Después, Fox le cambió el nombre al escritor Jorge Luis Borges y lo llamó “José Luis Borgues”. La última del jefe del Ejecutivo fue enviar, por segunda ocasión, una iniciativa para cobrar el IVA a libros y revistas.
   
 
 
 

Primero fue la invitación presidencial para no leer diarios, lo que para el periodista Julio Scherer “merecería un monumento para vergüenza nacional”. Después, Fox le cambió el nombre al escritor Jorge Luis Borges y lo llamó “José Luis Borgues”. La última del jefe del Ejecutivo fue enviar, por segunda ocasión, una iniciativa para cobrar el IVA a libros y revistas.

Nuestro país posee una de las tradiciones culturales más ricas y antiguas de América. Fue aquí donde se fundó oficialmente la primera biblioteca del continente en 1534 y a pesar de ello, sólo el 20 por ciento de la población asiste periódicamente a una biblioteca pública, según datos del INEGI.

De acuerdo al diagnóstico sobre México del Programa Internacional para la Evaluación del Estudiante (PISA), sólo el 6.9 por ciento de los jóvenes de 15 años asimilan satisfactoriamente la lectura y 44 de cada 100 jóvenes de 15 años han adquirido sólo habilidades básicas de lectura, situación que se atribuye en lo fundamental a la ineficacia en la docencia.

El sistema educativo en México, desde nivel preescolar hasta el bachillerato, adolece de programas de fomento a la lectura, y sus maestros no exigen el mínimo esfuerzo a sus alumnos, revela este estudio realizado en el 2001 y avalado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).

Quizá por ello, el 28 por ciento de los estudiantes que egresan de la secundaria no tienen los conocimientos y habilidades necesarias para ser exitosos, y el 16 por ciento no tiene el nivel básico para analizar, razonar y comunicar sus ideas de manera efectiva, según el PISA.

Para Felipe Garrido, asesor del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, es importante la lectura, pues un buen lector “es alguien que domina su lenguaje de manera integral y puede escribir, hablar, escuchar y entender lo que lee”.

Sin embargo, es difícil imaginar un país de lectores donde las bibliotecas cierran los fines de semana, días festivos y períodos vacacionales.

Lectura arrinconada
La investigadora francesa Michéle Peti, en su libro “Nuevos acercamientos a los jóvenes y la lectura”, dice que la lectura puede ayudar a los jóvenes a ser un poco más sujetos de su propia vida, y no sólo objetos de discursos represivos o paternalistas”. Pero en el gobierno federal no piensan lo mismo.
Cuando se preguntó a la SEP y a la Dirección de Bibliotecas acerca del presupuesto destinado para los programas de fomento a la lectura, no hubo información.

Angélica de Icaza, secretaria del proyecto de la Fundación Mexicana para el Fomento a la lectura A.C, lamenta que haya desaparecido el programa “Rincones de Lectura”. Este era, dice, un programa que funcionó desde 1986 y debió haber continuado porque los proyectos nunca son suficientes.

Felipe Garrido, pionero de ese programa, señala que “aunque la escuela es el mejor ambiente para formar lectores, desde mi punto de vista no hace lo que tendría que hacer”.

Esto es importante, pues la principal diferencia entre alguien que sólo aprende a leer y a quien le gusta la lectura, es que el primero leerá por obligación, y el segundo por convicción propia, es decir la lectura por placer. “No importa que sean lecturas sencillas o simples como el libro vaquero”.

México tiene uno de los mejores sistemas escolares de América Latina, pero todavía está rezagado respecto a las naciones desarrolladas. Las cifras señalan que de los 62 millones de mexicanos mayores de 15 años, más del 50 por ciento (32.5 millones) no han terminado la secundaria.

Pero no basta con sólo alfabetizar, hay que despertar el gusto por la lectura y las bibliotecas desde la escuela.

En México, un 93 por ciento de los niños de 6 a 12 años están inscritos en las escuelas. Por eso el también ex director de publicaciones de Conaculta opina qué “la parte más importante en un programa de fomento a la lectura es la capacitación de los maestros, y esto se está dando de medida desigual en el país.

Maestros bien capacitados pueden hacer milagros aún con pocos libros, por eso más que construir o repartir libros debemos incrementar las tareas de capacitación.

Leer o trabajar
Además, dice que “para que se lea, es necesario cambiar primero la situación socioeconómica del país”. Actualmente muchos niños tienen que recorrer zonas escarpadas y peligrosas para llegar a la escuela o competir por los pupitres, otros deben desertar para trabajar y contribuir a la economía familiar.

Por eso, señala Garrido, se deben encontrar medios para que rinda mejor el esfuerzo. “Es desesperante que se invierta tanto trabajo, tanto dinero, y no se tengan los resultados deseados”.

Según los planes del gobierno, se espera que al final del sexenio haya 12 mil salas de lectura en todo el país y 7 mil 209 bibliotecas públicas.

Un gran porcentaje de quienes van a una biblioteca pública lo hacen por orden de los profesores. Entre 60 y 70 por ciento de quienes asisten a las bibliotecas son estudiantes de educación básica, cuya consulta sólo se basa en libros de texto. Además no hay préstamo a domicilio ni tienen el material o servicios suficientes como para prescindir de la compra de libros.

Garrido destaca la importancia de las bibliotecas escolares. “Ayudan a que los niños y jóvenes se acostumbren a utilizarlas”, y para demostrar su importancia refiere una cifra: en la época del rector de la UNAM, José Sarukán, de todos los estudiantes que ingresaron a la UNAM, el 95 por ciento nunca había ido a una biblioteca.

En 1983 se puso en marcha la Red Nacional de Bibliotecas Públicas que, integrada actualmente por 6 mil 442 bibliotecas de gobierno, es la infraestructura de servicios bibliotecarios más extensa del país.

Para 1988 se aprobó la Ley General de bibliotecas, pero su reglamento nunca fue emitido. Después, en el 2000 se aprobó la Ley de Fomento al Libro, que tampoco tiene reglamento para funcionar.

Aunque ambas leyes otorgan un poder especial a la SEP para encabezar los proyectos de lectura, la publicación de sus reglamentos “tendrá que esperar para el próximo período de sesiones del Poder Legislativo, pues ahora hay asuntos prioritarios que se deben tratar”, asegura la diputada panista Tatiana Clouthier.

Así pues, los legisladores tampoco están haciendo su trabajo. Angélica De Icaza señala que la falta de reglamentos para fomentar la lectura sólo refleja el nulo compromiso de los legisladores, pues “el tema de la lectura está fuera de sus prioridades”.

Ejemplo de ello es que para una entrevista con el presidente de la Comisión de Educación de la Cámara de Diputados, Salvador Martínez Della Roca, no hubo respuesta, e Intí Muñoz, miembro de la Comisión de Cultura, dijo no saber del tema.

Cuando se habla del número de lectores que hay en México no hay datos sobre el tema. En el 2001 la SEP se comprometió a elaborar, junto con el INEGI, una encuesta nacional de la lectura. Hasta el momento no hay encuesta ni resultado alguno.

De acuerdo con la Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana (Caniem), en el 2002 la producción de libros fue de 132 millones de ejemplares. El mayor número de ventas fue para el sector de libros de texto y de interés general.

Aquí tiene que ver la condición económica. Según el INEGI, de cada 100 pesos que gastan los hogares mexicanos, sólo 20 centavos son destinados a libros en general y un peso se utiliza en libros escolares, los de mayor consumo.

Para la mega biblioteca que está por construirse, la SEP tenía un presupuesto de 99 millones 100 mil pesos para este año; sin embargo, no se ha comenzado su construcción y del uso de esos recursos aún no se informa.
“Sólo espero que la biblioteca sea realmente un espacio de promoción de lectura y funcione mas allá de un sexenio”, dice Angélica De Icaza.

 
 
 

 


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