Incapaz de discernir los intereses del Estado mexicano de los de una élite económica, el gobierno foxista llevó a la política exterior de México al mayor descrédito desde la revolución de 1910.
Los principios normativos de la política exterior mexicana que debe observar el Ejecutivo, establecidos en la fracción X del artículo 89 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, son soslayados en aras de halagar a los Estados Unidos (EU) sin que hasta el momento Vicente Fox haya conseguido algún acuerdo provechoso para el país.
Si desde el sexenio de Carlos Salinas México privilegió su relación con EU en detrimento de la que mantenía con el resto del mundo y, en especial, con América Latina, el gobierno de Vicente Fox fincó su éxito en la presunta relación personal de amistad que mantiene con el presidente George Walker Bush.
Y es que a cuatro años de iniciada la administración foxista, el presidente ha dilapidado el prestigio internacional de la política internacional sin conseguir nada a cambio. El publicitado acuerdo migratorio no llega por más promesas de Bush que el mismo Fox se ha encargado de preconizar.
Sin embargo, a dos años de que termine el sexenio del primer presidente de extracción panista en México, y luego de la reelección de Bush al frente de la Casa Blanca, no se vislumbra rectificación alguna de la política llevada a cabo por la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) encabezada por Jorge Castañeda hasta los primeros días de 2003 y Luis Ernesto Derbez desde entonces.
De acuerdo con Edmundo Hernández Vela, decano del Centro de Estudios Internacionales de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, el principal problema de la actual política internacional mexicana es que “todo está volcado” hacia Estados Unidos.
“En el gobierno de Fox hay incapacidad, pero también falta de identidad nacional. No conocen los intereses nacionales y creen que los intereses de un pequeño grupo de iluminados son los de toda la sociedad y lo que se haga por ellos es para beneficio de todos.”
De acuerdo con el doctor en Ciencia Política con especialidad en Relaciones Internacionales por la Universidad de Ginebra, la política exterior mexicana “se ha convertido en una política meramente comercial”, que ni siquiera está al servicio de los intereses mexicanos, sino de grupos económicos ligados a los gobernantes en turno y a EU.
“Todas las acciones del gobierno foxista hacia el exterior tienden a apuntalar los intereses estadounidenses. Y en tal virtud no hay el menor interés de causar algún escozor o algún tipo de irritación a los Estados Unidos.”
En este sentido, el diputado Juan García Ochoa, coordinador de Relaciones Internacionales de la fracción parlamentaria del Partido de la Revolución Democrática (PRD) en la Cámara de Diputados, dice que “incluso cuando se han establecido negociaciones con China, Japón o la Unión Europea, los países traen varias agendas y nosotros llegamos solamente con planteamientos comerciales”.
Y es que, a decir del diputado priísta Carlos Jiménez Macías, secretario de la Comisión de Relaciones Exteriores, “sabemos que la visión economisista y las políticas que le apuestan todo al mercado, no han sido suficientes para resolver los problemas sociales de países como el nuestro”.
Abandono de principios
Aunque continuamente el secretario de Relaciones Exteriores, Ernesto Derbez, señala que no se han abandonado los principios en materia de relaciones exteriores, la opinión de México ha perdido autoridad no sólo entre las potencias, sino entre los países en vías de desarrollo.
“México era un país muy respetado internacionalmente porque su política exterior no era de caprichos o frivolidades, sino de principios, y se desarrollaba con los mejores cánones de la diplomacia mundial. Por eso nuestro país influyó en muchas de las decisiones internacionales en distintos ámbitos. Ahora solamente apoyamos las propuestas de Estados Unidos”, lamenta Hernández Vela.
Pero la subordinación a los intereses estadounidenses no sólo significó un enfriamiento de la relación histórica con las naciones de América Latina, sino que provocó una soterrada confrontación.
“Más allá de los viajes a Centro y Sudamérica de Vicente Fox, lo cierto es que los países de América Latina son desdeñados por nosotros en las decisiones importantes. Y ellos ahora también nos desdeñan, lo que no sucedía antes debido al respeto que les merecía la política exterior mexicana que, en muchas ocasiones, también los representaba de mejor manera que la que ellos lo podían hacer”, dice Hernández Vela.
“Desgraciadamente –continúa– esto influye para que no tengamos una política exterior digna, firme, de exigencia de respeto y reciprocidad. Por ejemplo, los incumplimientos por parte de EU del Tratado de Libre Comercio ya ni siquiera se mencionan. Cuando la competitividad de nuestras empresas afecta a los intereses estadounidenses, ellos deciden, unilateralmente y pretextando cualquier cosa, cerrarnos la puerta. Ahí están los casos del transporte, atún, vidrio, cemento y telecomunicaciones.”
Por su parte, Jiménez Macías dice que el TLC “tiene claroscuros muy importantes. No se puede negar que han crecido las exportaciones mexicanas a EU y Canadá, pero tampoco hay que perder de vista que hay sectores de la economía que se han visto severamente afectados, como el agropecuario”.
Para la diputada panista Adriana González Carrillo, presidenta de la Comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara de Diputados, “México no ha estado muy alejado de América Latina. Compartimos todo: historia, lenguaje, aspiraciones, problemas y éxitos que nos vinculan y nos dan una identidad latinoamericana”.
Sin embargo, reconoce que la mayoría de los países latinoamericanos “están caminando en una dirección que no necesariamente es la de México”. Destaca que el número de viajes de Fox a América Latina supera al realizado a cualquier otra parte del mundo, y señala los esfuerzos de la SRE por concretar la membresía de México como país asociado del Mercosur y de la Comunidad Andina de Naciones, además de la reciente integración mexicana al Sistema Internacional de Observación de Centroamérica.
Relación con EU
México es la nación que más tratados de libre comercio ha firmado en el mundo. Sin embargo, los 13 acuerdos comerciales con 33 países son letra muerta porque, a decir de Hernández Vela, no se han diversificado las relaciones comerciales mexicanas.
“Infructuosamente se trata de aparentar pluralidad y apertura en nuestras relaciones y nuestro mercado. Sin embargo, si antes hablábamos de que entre el 80 y el 85 por ciento de nuestras relaciones se hacían con EU, ahora tenemos que son el 95 por ciento.”
Hernández Vela, también presidente de la Sociedad Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales, dice que la reelección del presidente estadounidense significa un “corrimiento mayor hacia la derecha” en el vecino del norte.
“El panorama no es halagador: habrá una acentuación de la política antimigratoria y, particularmente, antimexicana en Estados Unidos. Lo más lamentable es que las tendencias y características actuales de nuestra política exterior señalan que no se tiene la capacidad de defender los intereses de los mexicanos. De hecho, Fox no está interesado en cambiar los términos de la relación binacional. No quiere molestar en lo más mínimo a Bush.”
El investigador vislumbra “momentos difíciles” para la diplomacia mexicana. “EU continuará promoviendo sus políticas e intereses, tal vez apoyándose en su teoría de la guerra anticipatoria. Y es muy probable que nos veamos enfrentados a situaciones en las que tengamos que tomar una decisión para apoyar o no al vecino del norte. Con seguridad el gobierno foxista apoyará a Bush”.
Tareas del Legislativo
Con el objetivo de que la política mexicana de relaciones exteriores “no sea de caprichos, frivolidades o coyuntura”, el diputado perredista García Ochoa plantea la creación de un Consejo Mexicano de Política Exterior que responda a intereses de Estado.
El legislador adelanta la presentación de una iniciativa de ley “que establezca que en el diseño de la política exterior se involucre en un consejo a gobiernos locales, Congreso, organizaciones no gubernamentales y académicos. Este órgano definiría la agenda y le daría fuerza al propio presidente para representar los intereses de México en el concierto mundial. De otra manera, seguiremos a merced de los vaivenes de un Ejecutivo que es muy susceptible a las presiones de EU”.
La legisladora panista González Carrillo agrega que otra de las tareas del Legislativo es “darle un contenido mucho más humano a nuestra política exterior acorde con los valores del México del siglo XXI”.
Para ello, la diputada señala que se deben agregar “dos valores” a los principios tradicionales de la política exterior mexicana: “el respeto, no solamente en territorio nacional sino en el mundo, de los derechos humanos y la democracia”.
Según el priísta Jiménez Macías la agenda internacional de México debe propugnar por la reforma a la ONU, el combate al terrorismo y el liderazgo en América Latina. El diputado reconoce que la iniciativa del gobierno mexicano que creó el grupo Amigos de las Naciones Unidas y que busca reformar al organismo internacional es “digna de aplaudirse”.
“Es necesario que la ONU se democratice porque ha dejado de cumplir cabalmente con los propósitos que le dieron vida. En este momento sólo es una instancia de debate, pero a la hora de las grandes decisiones EU o algún otro país poderoso vence a las Naciones Unidas. El Consejo de Seguridad de la ONU tiene que cambiar.”