Santiago Creel Miranda es un excelente secretario de Gobernación pero dentro de 10 o 15 años, cuando la democracia haya echado raíces y sea parte de la vida normal de un gobierno, asegura el historiador del Colegio de México, Lorenzo Meyer.
Lo que el país requiere en este momento, dice, es un secretario de Gobernación de guerra, así como se define a George Bush como un presidente de guerra, “que no pida ni dé cuartel”.
Asegura que Santiago Creel “como persona, en el sentido de la decencia, es un secretario de Gobernación de lujo. Es correcto, fino, de buen trato y buena voluntad. No creo que una Secretaría de Gobernación haya tenido nunca una persona tan decente como Santiago Creel, que no hace chingaderas”.
Esto último, dice en entrevista, es lo que lo entristece. “Está muy bien, es un demócrata decente. Ve la política desde una perspectiva ética, pero su adversario lo último que entiende es el concepto de ética. No hablan lenguajes comunes. El adversario, y esto es importante, nunca va a entender la ética.
“Entonces, Creel tiene la obligación de bajar y tratar de entender esa monstruosidad que son los remanentes del antiguo régimen. Ellos no van a poder subir a su nivel. Ni quieren ni pueden. Ahora, si no quería bajar, por razones personales, de poder, de decencia, entonces no se acepta el cargo”.
Plantea un dilema: “¿Qué es preferible: fracasar por decente o ganar con los instrumentos de sus adversarios y convertirse en ellos?” Creel eligió lo primero, señala.
Meyer acepta que “el riesgo de poner a un secretario de Gobernación que ni da ni pide cuartel, que es la definición de cabrón, es que contagie al sistema democrático recién llegado y gane entonces el monstruo (los remantes del antiguo régimen), porque hace que el recién llegado se transfigure y se convierta en algo muy similar a él”.
Creel dejó claro que la Secretaría de Gobernación ya no asesina, soborna, amenaza o reprime, reconoce. “A lo mejor eso será un impedimento para quien lo suceda, para que la Secretaría de Gobernación no vuelva a funcionar como ocurrió en el pasado”.
¿La decencia de Creel no ayuda a resolver los problemas políticos del país?
--No le ayudan a él y a su partido en la corta, en ganar más rápidamente el juego político. Pero sí es posible mantener, ya no la decencia de Creel, sino una especie de semi virginidad en Gobernación, a lo mejor eso nos ayuda a nosotros. Tal vez sí puede haber semi vírgenes en Gobernación.
El dilema a resolver es: “¿Cómo un secretario de Gobernación, apegado al marco jurídico y que mantiene su palabra, que no engaña, enfrenta a sus adversarios del antiguo régimen que hacen todo lo contrario?”
Una solución, dice, es un secretario de Gobernación que no pida ni de cuartel. “¿Eso vale la pena por el poder, por la democracia, por intentar el Estado de derecho? Si no es así, pues lo dejamos igual que estaba antes. Pero si vale la pena la lucha, entonces ¿Cómo se derrota a esos enemigos, como se derrota a Roberto Madrazo, del PRI?”
Dice también: “Si llega el PRI en el 2006, ¿Valió la pena ser decente?”.
Lorenzo Meyer reconoce que algo tan novedoso como la democracia rebasa a cualquier ser humano en sus capacidades para prever y controlar. También dice que hay algo extraordinariamente difícil en el cambio político que pretenden Vicente Fox y Santiago Creel.
“No es un problema de inteligencia, de voluntad, de sagacidad. Es un problema estructural. En el 2000, pudieron capturar el centro del sistema político que es la Presidencia de la República. Pero el resto del sistema era priísta y lo sigue siendo”. Por lo tanto, dice, lo que tenía que haber hecho era capturar o colonizar al resto del sistema, porque solo ganaron una parte del poder político. “El grueso de México en el 2000 y 2004 es priísta. Las elecciones no cambiaron eso”.
Sin embargo, ni el presidente ni el secretario de Gobernación “parecieron dispuestos a ir muy lejos. No parecieron considerarse en guerra. Creyeron que habían ganado todo, pero fue una ingenuidad. La ingenuidad de Creel está en eso, en haber creído que con ganar la Presidencia se tenía el control básico de todo el sistema, pero ahí están los gobernadores, los presidentes municipales y desde luego la estructura del partido más extendido en México, y estaban todos los antiguos poderes que son priístas.
“Estaba golpeado el enemigo. El enemigo no solo de Creel, sino de la democracia. Y se quedaron como con mucha felicidad, el presidente se dedicó a irse al exterior y Creel se dedicó a tratar de ser razonable. Pero porque quizá no se dieron cuenta que su victoria era muy parcial”.
Lo que ahora tenemos, agrega, “es un presidente y un secretario de Gobernación a la defensiva. Y quizá sea una de las peores situaciones para ellos, porque ahora lo que sería desastroso, pero es posible, es que tanto el secretario de Gobernación como el presidente, tengan que entregar sus respectivas oficinas al PRI en el 2006”.