Dos hechos sobresalen en el panorama de la constante crisis a las libertades de prensa. Uno es el que se refiere a las amenazas recibidas por el reportero Álvaro Delgado, por sus investigaciones sobre el núcleo ultraderechista “El Yunque”. El otro, el homicidio del columnista Francisco Ortiz Franco, puesto en la mira de los mismos que habían asesinado a Héctor Félix Miranda. Los dos periodistas del combativo semanario Zeta.
Se trata, una vez más, de dos hechos conectados con el (abuso de) poder, ya que no pocos de los integrantes de la sociedad secreta “El Yunque” y los que, como autores intelectuales ordenaron el crimen de Ortiz Franco, están abierta o encubiertamente infiltrados en el ejercicio del poder donde el PAN y el PRI tienen sus cotos de poder. Parece, pues, que la democracia de la alternancia y el viejo sistema que sobrevive con ganas de resucitar, tienen más de un factor común. Y no de estos es su intolerancia a las libertades de prensa, porque quienes las ejercen en el cumplimiento de su deber profesional son quienes más abren sínodos nocturnos por medio de la información y la crítica, para que la opinión pública tome conciencia de esa realidad.
Álvaro Delgado, reportero de Proceso, se ha dedicado a ir hasta el fondo de “El Yunque” en sus trabajos del periodismo de investigación y, además, en la publicación de un libro con el mismo nombre, donde rastrea con nombres a los socios de esa “cofradía secreta, cuyos militantes mantienen un juramento de fidelidad incluso al margen del partido por el que han optado, el PAN, al que deliberadamente penetraron para conquistar el poder, que ya detentan: la Organización Nacional del Yunque”.
Francisco Ortiz Franco, reportero y columnista de Zeta, estaba dedicado a buscar más información sobre el asesinato de su compañero Félix Miranda. Además, sus últimas colaboraciones se refieren, críticamente, a la campaña del priista Horge Hank Rhon, desde siempre señalado como que algo tuvo que ver en ese crimen, ya que dos de sus guardaespaldas fueron los que mataron al “Gato” Félix. Todo esto nos advierte sobre que los dos homicidios se deben a querer impedir el ejercicio de las libertades de escribir.
Las amenazas recibidas por Álvaro Delgado sobre sus investigaciones y el asesinato de Ortiz Franco, tienen en común que existen, en lo que sobrevive del viejo sistema priista y el moribundo gobierno panista, los mismos prejuicios. Y estos son los de detener, al precio de las amenazas cumplidas, que los periodistas informen y critiquen los excesos del poder. Sobre todo a sus protagonistas que amartillan las pistolas y disparan, como los nazis, cuando escuchan la palabra: prensa.
Dos hechos, pues, que demuestran que las libertades ejercidas con responsabilidad, no son toleradas por quienes tienen poder político y poder económico. Se trata, desde ese doble poder, de impedir que la opinión pública esté informada y reciba cuestionamientos sobre la vida pública, por medio del trabajo de la prensa escrita. El caso del “Dr. Simi”, que es lo mismo que Víctor González Torres, atacando al periodista Joaquín López Dóriga, es otro de esos casos cuando el poder económico mezclado con la ambición de poder político, se niegan a ser objeto de la información y la crítica. Estamos ante el fenómeno de la intolerancia política y ante la barbarie que ahora tienen amenazado al reportero Álvaro Delgado y muerto a Francisco Ortiz Franco.
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