Hay revolucionarios que no necesitan más armas que su voz, su guitarra y su conciencia. Son músicos de protesta, artistas que luchan por la igualdad de las clases sociales a través de su canto, cargado de ideología e identidad latinoamericana
Mucho se ha hablado de la extinción de los músicos de protesta, pero ellos se rebelan al paso del tiempo porque ahora es cuando más se necesita su música.
“Vivimos un momento muy especial, tenemos un desgobierno en el país, un partido hegemónico desprestigiado, una derecha desacreditada y una supuesta izquierda dentro de la misma clase política; pero la sociedad avanza a través de organizaciones y movimientos sociales, y es ahí a donde llevamos nuestro canto y vemos con tristeza que se corresponde con las condiciones de vida”, dice Jerónimo Jacobo Femat, músico de protesta.
Los músicos de protesta son pocos, mayores de 50 años, beligerantes y utópicos; pertenecen a un movimiento artístico que data de los años 60; desde su trinchera sonora resisten férreos “el fin de las ideologías” y comparten su talento con la revuelta popular.
El contenido sedicioso de su música los ha marginado siempre de las grandes disqueras y foros. Sus espacios, donde mejor se sienten, mantienen congruencia con su activismo: huelgas, actos pro-zapatistas, universidades públicas, mercados, marchas, mítines políticos.
Pero no todo es tan bello. Los músicos de protesta Gabino Palomares, Víctor Guerrero, Anthar López, Víctor Guerra y Jerónimo Jacobo Femat, reconocen que en México se agotan los espacios y la continuidad, “porque los jóvenes ya no tienen utopías”, dicen.
“La diferencia entre la generación del 68 y ésta, es que ésta no tiene utopía, no sabe a dónde va, está perdida en el objetivo del dinero. Lo único que les importa a los jóvenes son las cosas y no los seres humanos, yo canto para que regresemos a lo humano”, dice Gabino Palomares.
El cantautor asegura: “nosotros fuimos producto de una época maravillosa que fue la generación de los 60. Quisimos cambiarlo todo, teníamos como objetivo servir a la sociedad, crear una sociedad justa; fue la época de la utopía porque pensábamos crear un mundo justo en el que nadie se muriera de hambre, pero no ganamos como dice Benedetti: ‘ganaron otros más duros y siniestros’”.
Memorias del 68
El descontento social que se vivió durante los años 60 a nivel mundial marcó la vida de los músicos de protesta. Inmersos en la euforia del comunismo y la teoría marxista-leninista, los artistas recuperaron sus raíces y mezclaron sus bases ideológicas con una novedosa propuesta sonora.
América Latina fue cuna del también llamado canto político; el cubano Carlos Puebla, el venezolano Alí Primera, el mexicano Óscar Chávez y el chileno Víctor Jara, son reconocidos como los máximos representantes de este género.
En México se les etiquetó como músicos del “Canto nuevo” y ellos se autonombraron “cantores”. Judith Reyes y José de Molina, ambos ya fallecidos, fueron los primeros mexicanos en adoptar esta expresión.
Después se subieron al escenario Amparo Ochoa, Anthar López, Carlos Bracho, Gabino Palomares, Leopoldo Ayala, Víctor Guerrero, Fausto Trejo, Jerónimo Jacobo Femat y Víctor Guerra, cuya música aún acompaña a la revuelta popular de Chiapas, Guerrero, e incluso San Salvador Atenco.
Ellos, los músicos de protesta, encontraron su razón de ser en 1968. El 2 de octubre se convirtió en la fuente de inspiración de canciones como: Himno al movimiento estudiantil, de Víctor Guerra, La ocupación de la UNAM, de Judith Reyes, o México 68, de Ángel Parra.
“El movimiento del 68, junto con la efervescencia de la sociedad comunista, fueron punta de lanza pues, a partir de ese año, los jóvenes empezaron a buscar elementos de identidad y construyeron un sonido basado en manifestaciones musicales que se estaban gestando en América Latina”, explica Gonzalo Camacho, etnomusicólogo de la Escuela Nacional de Música de la UNAM.
Agrega que durante esta búsqueda de identidad se retomó la música folclórica, pero con un ingrediente ideológico extra. “En ese año surgió la música de protesta como género, cuyo elemento característico era justamente el contenido de las letras vinculado con las protestas sociales y con ideología comunista”.
Gabino Palomares narra que, de 1968 a finales de los años 80, este movimiento tomó fuerza y estuvo estrechamente ligado a las organizaciones políticas, sindicales, estudiantiles y populares de izquierda. Pero aquellos años de compromiso social se han desvanecido en la indiferencia actual.
“Cuando cayó el socialismo, la canción política dejó de tener esa vinculación con las organizaciones, y más que ser una propuesta ideológica se convirtió en una propuesta estética. Sin duda, esta pérdida del contacto trajo la decadencia del movimiento. Ahora, la trova habla de cuestiones románticas y aunque ha crecido en calidad, se ha alejado de la cuestión social”, asegura.
Y es que el compromiso de los músicos de protesta se demostraba con su activismo social. Víctor Guerra cuenta: “cuando estudié la abogacía, a mis 33 años de edad en la ENEP Aragón, participé en distintos movimientos sociales, porque tengo una vida entre la lucha social y la canción; actualmente he llevado mi canto a Chiapas y a Atenco”.
Vigencia del género
En nuestros días, la música de protesta con su discurso político se pierde por falta de convicciones y espacios. “Con el tiempo la música de protesta es más incluyente, esto hace que el concepto ya no sea tan adecuado; porque la música de protesta como tal se empieza a desdibujar por todas las manifestaciones a las que hace alusión”, dice Gonzalo Camacho.
Añade que “al igual que las condiciones que generaron este movimiento se han modificado, esta manifestación musical también se ha transformado, no creo que haya desaparecido, sigue vigente pero en otros ámbitos vinculados a la tradición popular”.
Aunque las letras fueron escritas hace poco más de tres décadas, mantienen una gran aceptación. Para Anthar López, la vigencia de esta música es indiscutible porque la marginación social y la desigualdad persisten.
- Se dice que la música de protesta ya desapareció.
- Este tipo de comentarios, desde un punto de vista muy limitado, se refieren a un momento en particular a mediados de los 60 y a finales de los 70, cuando la canción de protesta tuvo un escenario muy importante en el país; pero la canción de protesta no nació ni con Concha Michelle, ni con José de Molina, ni con Judith Reyes; ha existido toda la vida porque esta humanidad no ha sido capaz de guiarse con justicia y equidad. Decir que está llegando a su fin, es realmente una torpeza y es injusto para quienes nos mantenemos pese a todo.
El problema también es de foros. “Los espacios para los músicos son escasos, hay muy poco apoyo para mostrar toda la riqueza musical que tenemos en México. El patrimonio musical que tenemos no se difunde adecuadamente porque no hay espacios, y si no hay para la música que entre comillas tiene más apoyo, mucho menos va a tener este otro tipo de manifestaciones”, indica el etnomusicólogo Gonzalo Camacho.
En el siglo de las comunicaciones y la música electrónica, el destino del canto político es incierto. “¿Qué futuro tiene esto? no sé; pero puedo decir que hasta el último aliento le dedicaré; yo voy a seguir haciendo música de protesta y ojalá pueda contagiar a mucha gente”, afirma Gabino Palomares. 3
Ideología en letras
Corrido al EZLN (José de Molina, México) “Desde Sonora le canto a Chiapas con mucho amor / le canto a sus combatientes, canto a su revolución / El día primero de enero del año 94 / se levantaron en Chiapas, los indios por el maltrato / 500 años robados, explotados, torturados / hasta que dijeron basta, y ahora los llaman alzados / tomaron varias ciudades en una acción coordinada / demostrando al mundo entero una fuerza organizada / tenían muy poco armamento y muy pocos detonantes, pero traían la conciencia y el corazón por delante...”.
Hasta siempre (Carlos Puebla, Cuba) “Aprendimos a quererte / desde la histórica altura / donde el sol de tu bravura / le puso cerco a la muerte / Aquí se queda la clara / la intrañable transparencia / de tu querida presencia / comandante Che Guevara / Tu mano gloriosa y fuerte / sobre la historia dispara / cuando todo Santa Clara / se despierta para verte...”.
La Letanía de los poderosos (Gabino Palomares, México) “Tú tienes la culpa tú, tú eres culpable, ya me cansaste / te metiste ha redentor, tú te marcaste, voy a acabarte / quieres todo para todos y has olvidado mis intereses / y al defender a estos pobres no te has fijado cuánto me ofendes / los soldados me defienden porque sus sueldos los pago yo / la paz ha de conservarse, seguiré siendo lo que ahora soy / Qué harán los pobres obreros sin el trabajo que yo les doy, váyanse a mover la fábrica y no protesten por lo que soy...”.