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En 1960 unas
18 mil personas originarias de Puebla, Oaxaca, Guerrero, Tlaxcala
y el estado de México fundaron la Unión de Colonos
de Izcacalco e Iztapalapa Zona Expropiada, entonces calificada
como ciudad perdida.
La mayoría
eran campesinos asolados por la miseria que emigraron al Distrito
Federal en busca de mejores opciones de vida, y que pronto se
encontraron en la mira de la Dirección Federal de Seguridad
(DFS) que los señalaba como guerrilleros.
Día y
noche agentes de la DFS y del Servicio Secreto, la policía
política, rondaban la zona de manera abierta y mediante
infiltrados, provocando enfrentamientos para disolver al grupo
que cada día ganaba mayor fuerza como organización
social.
Para enfrentar
a la policía, en 1967 los colonos formaron brigadas y
dividieron la zona en ocho: Santa Cruz, Nueva Apatlaco, Nueva
Rosita, Atlazolpa, La Purísima, Zapata Vela, Bramadero
y El Mosco. No tenían dinero para conseguir armas, aunque
aprendieron a hacer bombas molotov. Adultos y niños se
organizaron, los pequeños como correos que
en cada una de las bases transmitían el llamado, el lugar
y la hora para las asambleas. Sus medios de comunicación
no eran muy eficientes, pero sí efectivos.
Luego de la represión
gubernamental del 2 de octubre de 1968, muchos integrantes del
movimiento estudiantil buscaron refugio en la zona que el 10
de marzo de 1975 cambió su nombre al de Campamento 2
de Octubre.
Detenciones
y asesinatos
Entre 1967 y 1976 se agudizó la represión contra
los colonos. El primer día de julio de 1969, un agente
de la DFS asesinó de un tiro a Modesto Cornelio Román,
de 48 años de edad, cuando cavaba zanjas para el improvisado
drenaje.
Diariamente los
policías cateaban las miserables chozas, seguros de que
sus propietarios eran guerrilleros, y es que en el campamento
vivían familiares de Genaro Vázquez y Lucio Cabañas.
Algunos sobrevivientes
de aquellos años aseguran que en distintas ocasiones
allí se guarecieron los fundadores del Partido de los
Pobres.
Nunca se decomisó
una sola arma, pero sí propaganda subversiva. Genaro
Vázquez murió en 1972; los interrogatorios en
torno al maestro rural, originario de Atoyac de Álvarez,
Guerrero, cesaron hasta el último mes de 1974. El 2 de
diciembre Lucio Cabañas moría en un municipio
de su estado natal, durante un enfrentamiento con el Ejército.
Hacía
unos meses que la policía montada, judiciales y agentes
de la DFS se habían establecido de manera permanente
en la miserable zona que les sirvió de refugio en el
Distrito Federal; entre las viviendas construidas con materiales
de desecho, en las calles trazadas al azar, sin pavimento ni
alumbrado público. Había alerta máxima,
en las escasas paredes se leían consignas revolucionarias:
Tierra o muerte venceremos... y el Madera, órgano de
difusión de la Liga Comunista 23 de Septiembre, comenzó
a circular.
El 1 de mayo
de 1973, mientras el entonces presidente Luis Echeverría
inauguraba la Unidad Infonavit en la zona de Churubusco, los
agentes de la DFS armados se introdujeron al Centro Social Leopoldo
Méndez, que servía como consultorio médico
a cargo de estudiantes de medicina de la UNAM y del Politécnico
que también habían participado en el Movimiento
Estudiantil de 1968.
Detuvieron a
los 16 adultos que allí sesionaban, junto a los seis
niños que servían de correo. A los
adultos los subieron a bordo de distintos automóviles
Dart color blanco, para trasladarlos a los separos de Tlascoaque;
amenazantes, con el arma sobre la cabeza de los menores, los
agentes gritaban: ¡ustedes niños se van mucho a
la chingada!
Sin embargo,
no lograron detener al dirigente principal, Francisco de la
Cruz, quien encontró refugio en el Convento del Carmen
de San Ángel, donde permaneció escondido por siete
meses, apoyado por algunos curas progresistas que de manera
encubierta apoyaban el movimiento.
El mismo grupo
de niños que había presenciado la detención
llegó hasta donde ese mismo día Echeverría
realizaba el acto inaugural y, burlando el cerco policiaco,
se pararon frente al entonces presidente para exigirle que liberara
a sus compañeros. Catorce horas después los 16
detenidos fueron liberados, después de sufrir torturas
e intimidaciones.
Durante los siguientes
dos años el resto de la dirigencia, entre ellos Donato
Martínez Maeza, Juan Pablo Sánchez Espinoza y
Esthela Huerta Soto, sesionaron más de 2 años
en la Facultad de Arquitectura de la UNAM, apoyados por los
estudiantes universitarios. El acoso policiaco ahuyentó
a la mayoría de los colonos que para 1975 ya eran 4 mil
personas.
El 10 de marzo
los colonos convocaron a la asamblea para definir el nuevo nombre
del poblado: Campamento 2 de Octubre. Ese mismo día un
grupo policiaco comandado por Arturo Durazo Moreno arribó
a la zona.
El general -que
desde entonces definía con creces su negro historial-,
gritó la orden: tienen cinco minutos para desalojar
o comenzarán los disparos.
A pesar de lo
temible que resultaba la exigencia, los colonos no salieron
y los uniformados tampoco dispararon. La nueva estrategia gubernamental
para disolver el movimiento era debilitarlo por la vía
del hambre y la desesperación.
Durante los siguientes diez meses permaneció el cerco
policiaco. No se permitía la entrada de alimentos, que
finalmente llegaban a cambio de pequeños sobornos.
Además
del estado de sitio, estaban las agresiones directas. El 2 de
agosto, un grupo de granaderos allanó la improvisada
construcción que servía de escuela a un grupo
de niños; golpearon a todos los civiles a su paso, sin
importar la edad, con un saldo de 40 heridos.
El 13 de agosto
la dirigencia del Campamento firmó un convenio con el
Departamento del Distrito Federal, en donde el gobierno se comprometía
a garantizar la seguridad de los colonos, pero no fue respetado.
En los siguientes meses se registró el mayor número
de infiltraciones de agentes policiacos que utilizaban nombres
homónimos con los colonos.
El 25 de enero
de 1976, el Campamento fue incendiado, con un saldo de tres
niños muertos. Durante los siguientes cinco días
los granaderos cercaron de nuevo la zona; los colonos consideraron
que para el gobierno era un periodo determinante en su afán
de desintegrar el movimiento.
El 30 de enero
un grupo de agentes de la DFS nuevamente hicieron su aparición
y abrieron fuego, detuvieron a Miguel García, un hombre
de 50 años de edad al que confundieron con el dirigente
Francisco de la Cruz. De García nunca más se volvió
a saber nada, continúa en calidad de desaparecido.
Los sobrevivientes
De los abusos cometidos por la DFS, Donato Martínez fue
testigo, víctima y sobreviviente. El anciano -con sus
72 años de edad- recuerda los días de lucha. El
1 de mayo de 1973, él era uno de los 16 detenidos.
Ese día
fue terrible para nosotros. A bordo de distintos automóviles
Dart blancos nos llevaron a los separos de Tlascoaque, nos vendaron
de pies a cabeza, en el camino nos iban golpeando. Me preguntaron
si era gente de Genero Vázquez y Lucio Cabañas,
me preguntaron por gente de la Liga Comunista 23 de Septiembre.
Después
de los interrogatorios llegó el pocito. A Donato Martínez
esa forma de tortura policiaca le provocó una infección
que le hizo perder la visión de un ojo. A pesar de ello,
el anciano recuerda con orgullo sus días de lucha popular.
El movimiento
del Campamento 2 de Octubre tenía influencia nacional
e internacional, incluso los Palestinos nos consideraban mejor
organizados que ellos, porque nuestra capacidad de organización
nos llevó a resistir por muchos años los enfrentamientos
con el gobierno en los años de mayor represión
de la Dirección Federal de Seguridad y la Brigada Blanca.
De aquí sacaron un documento de Genaro y de Lucio, luego
se dijo que el arsenal de la Liga 23 de Septiembre salía
del Campamento.
Ángel
Martínez es otro de los sobrevivientes de aquellos años,
entonces niño, tenía 12 años de edad, cuando
se recrudeció el acoso policiaco en contra de los colonos.
Ángel
era correo del Campamento, sobre su papel comenta:
Todos los niños sabíamos qué hacer,
las mismas circunstancias nos obligaban. Si veíamos que
a algún compañero lo agredían, o que lo
subían a alguna patrulla, corríamos a informar.
Cuando llegaban los agentes nosotros nos poníamos junto
a ellos y hacíamos mucho ruido para evitar que se comunicaran;
creíamos que con eso podíamos ayudar.
¿Eran
interrogados por la policía?
-Sí, pero sabíamos que no debíamos decir
nada, o decir que no sabíamos nada, porque iba la vida
de nuestros padres, de mis compañeros, era la resistencia.
En todas las luchas el silencio es una de las formas de protección.
Aunque el mayor
triunfo del movimiento, evalúa Donato Martínez,
fue crear las bases para darle continuidad al movimiento
de la lucha popular.
Del Campamento
2 de Octubre emergieron grupos como el Partido Revolucionario
Obrero Clandestino Unión del Pueblo (PROCUP), el Frente
Popular Revolucionario, el Frente Popular Francisco Villa, el
Frente Popular Independiente y el Frente de Colonos de Ciudad
Neyahualcóyotl, entre otros.
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