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La incapacidad de gobernar
Manuel Pineda

Los problemas se le acumulan a la administración Fox: el desempleo alcanza niveles récord, los pobres aumentan año con año y la delincuencia azota todo el país. A tres años de gobierno, el Ejecutivo no ha podido convencer a la clase política sobre la necesidad de reformas estructurales. Especialistas analizan la capacidad de gobernar de Vicente Fox y concluyen: el presidente es incapaz para afianzar las riendas del país

Vicente Fox
Vicente Fox

A tres años de gobierno, Vicente Fox no ha dado los resultados que se esperaban. Esto se debe, dicen politólogos e investigadores, a la ineficiencia de sus colaboradores y a la incapacidad del mandatario para alcanzar acuerdos con los partidos de oposición y sacar adelante las reformas que ha planteado su administración.

En su tercer informe, el presidente Vicente Fox reconoció que las cosas no se han hecho de la mejor forma, y señaló: “tenemos que admitir que hay tareas pendientes” en la administración.

El mandatario reconoció que no es ajeno a los reclamos sobre mayor eficiencia en el gobierno, y admitió que ha faltado experiencia y una mejor gestión por parte de su equipo de trabajo.

“Estamos en un periodo de giro en el gobierno, que sigue generando incertidumbre y no hay claridad después de tres años”, dice David Hernández, investigador de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso).

Signos de incapacidad
Los investigadores consultados sostienen que Vicente Fox se ha encontrado con un Congreso dividido, que no ha entendido, por su propia incapacidad, la importancia de aprobar las iniciativas en materia de reformas estructurales. Coinciden en que el mandatario no ha encontrado la forma de convencer a la Cámara de Diputados sobre la necesidad de legislar en materia energética, hacendaria y laboral.

José Luis Reyna, investigador y académico de El Colegio de México (Colmex), dice que hay un desempeño gubernamental deficiente, un liderazgo poco eficaz y un grupo de colaboradores dentro del Ejecutivo que no hacen su tarea en forma armónica.

“Yo diría que se están confrontando por primera vez los distintos poderes de la Unión, principalmente el Ejecutivo y el Legislativo, y esto se debe a un reacomodo de las piezas, no a una transición, que no ha ocurrido, sino ante la alternancia política”, señala el catedrático.

Reyna argumenta que el hecho de que no haya un proyecto de nación, que no haya un liderazgo por parte del mandatario en un sistema presidencialista, el hecho de que todos los actores políticos hagan lo que quieren, pareciera que realmente hay un problema de ingobernabilidad.

Pero no es el caso, dice Reyna. Lo que hay es “cierta inestabilidad política, y por esto quiero decir que los poderes de la Unión, en ninguna democracia, van a estar consensuados, pero en este caso están confrontados en franca competencia”.

El investigador David Hernández, especialista en temas de opinión pública y participación, afirma que el gobierno de Vicente Fox se puede dividir en tres periodos clave, en donde no ha podido orquestar las políticas públicas.

El primero comprende el primer año de gobierno, en el cual tuvo la oportunidad de aprender cómo gobernar al país o cómo gestionar desde la Presidencia de la República, dado que no era un presidente que tuviera la experiencia con la que llegaron otros mandatarios.

Un segundo periodo, que finalizó en el tercer informe de gobierno, en el cual no mostró capacidad de orquestar las políticas públicas bajo una planeación general de gobierno. Y un tercer periodo, en el que Fox ha reconocido las fallas de su gobierno y ha mostrado cierta voluntad para cambiar el rumbo, periodo en el que ha tenido que echar mano del PAN para empezar a involucrarlo más en el gabinete.

“Estamos en un periodo de giro en el gobierno que sigue generando incertidumbre; no hay claridad después de 3 años de para dónde vamos. Lo que sí parece claro es que ahora Fox se ha dado cuenta de que no ha podido transmitir a la ciudadanía el rumbo de sus acciones de gobierno”, asegura Reyna.

Para el académico e investigador de la UNAM, Valeriano Ramírez, la incapacidad para gobernar del presidente se originó desde la forma en como llegó a la presidencia, pues no fue un candidato que tuviera un consenso general en el PAN, lo que provocó que desde el inició de su gobierno no pudiera llegar a acuerdos con la oposición y ni siquiera con su propio partido.

Además, señala que Fox cometió el error de escoger a un grupo de colaboradores poco versados en el manejo de la administración pública.

“Esta situación le acota mucho su poder para gobernar, pues le impide llegar a acuerdos internos, además de que la dinámica internacional le obliga a cumplir ciertos acuerdos y le excluye de cumplir una agenda interna para tender puentes con los partidos políticos”, comenta Ramírez.

A juicio del investigador, Vicente Fox pretendió gobernar delegando sus responsabilidades en otras instancias de la administración pública y ahí fue donde comenzaron los problemas, pues no hay una línea clara de qué quiere el gobierno federal.

“Delegó el problema del EZLN; delegó el asunto de los desastres naturales a cada gobierno en donde se presentaban; delegó el problema de la inseguridad pública a la Cámara de Diputados; nunca ha asumido el papel de dirigir las acciones y de hacer los planteamientos finales a través de los cuales pueda llevar a cabo las acciones”, enfatiza Valeriano Ramírez.

Las omisiones
En un ejercicio de reflexión, los especialistas consultados coincidieron en que de las principales omisiones de Vicente Fox en sus primeros tres años de gobierno, se encuentra la falta de un proyecto de país; una dependencia excesiva hacia sus colaboradores, lo que ha provocado conflictos entre ellos, además de una escasa capacidad negociadora, y su imposibilidad de cumplir las promesas de campaña, como mejoras a la economía, disminuir el desempleo, resolver el conflicto en Chiapas y la falta de compromiso con los sectores más pobres del país.

El investigador del Colmex, José Luis Reyna, explica que Fox prometió un cambió pero nunca dijo cómo se iba a dar, no existe una definición de un proyecto político que dicte el rumbo del país. “Como que el presidente tiende a despachar en materia de relaciones públicas, pero trata de enfrentar en lo mínimo las decisiones fundamentales. Al delegar tanto, le da mucho poder a sus colaboradores y ellos se confrontan entre sí, y aquí cabe el poder que le da a su esposa, que más bien parece una vicepresidenta.”

David Hernández considera que Fox tiene toda la responsabilidad del equipo cercano y no sólo a nivel de secretarías de Estado, sino con subsecretarías y direcciones generales, pues en varias secretarías parece que hay una especie de ausencia de operadores políticos.

“Los head hunters te pueden dar buenos funcionarios desde el punto de vista académico, pero la política no se basa solamente en eso, se basa en contar con buenos operadores políticos y de ahí viene el por qué se tiene que echar mano de personas que trabajaron en administraciones anteriores, dado la incapacidad de los nuevos cuadros para operar”.

Confrontación con el Legislativo
La relación entre los poderes Ejecutivo y Legislativo ha estado marcada por la poca cooperación de los legisladores hacia las propuestas fundamentales que plantea Vicente Fox y por su poca capacidad para convencer y tender puentes de acuerdos con los partidos políticos.

Para el investigador David Hernández la falta de cooperación y entendimiento entre ambos poderes se debe a la compleja dinámica de la transición en México que ha sido muy larga, muy gradual, y en la cual ha habido dos lógicas relacionadas continuamente:

la lógica electoral y la lógica de los acuerdos. “La electoral hace que no quieras que tu rival saque beneficio político, porque piensas que ese beneficio político va a restarte atractivo frente al electorado; en segundo lugar, creo que hay un factor importante de desconfianza, vivimos un momento en donde se está moviendo la clase política y no se sabe quienes serán los interlocutores válidos que tomarán una serie de decisiones y, por lo tanto, esto genera un clima de desconfianza, y en tercer lugar, tenemos una especie como de actores maximalistas que no son capaces de renunciar a ciertos cotos de poder con tal de llevarse todo el pastel, y prefieren que no haya pacto a renunciar a ciertos beneficios”.

Los politólogos Hernández y Reyna coinciden en que no toda la responsabilidad del mal manejo del país depende exclusivamente de Vicente Fox, y aseguran que la clase política también tiene mucho de responsable. “La clase política no sabe gobernar”, añade Reyna.

David Hernández recordó que en el pasado grito de Independencia el mandatario habló sobre acuerdos, y repartió la responsabilidad del Ejecutivo al resto de la clase política. “En cierta medida tiene razón y en cierta medida no. Tiene razón en que en un periodo de transición se necesita de la clase política con una capacidad negociadora para sacar adelante los grandes proyectos, pero él tiene la responsabilidad de llevar adelante una serie de políticas que tiene que presentar ante el Congreso y cabildearlas con fuerza, cosa que tampoco está haciendo”.

El tiempo encima
Respecto a si Vicente Fox podrá mantener el timón y sacar a flote al país, los investigadores se manifiestan poco optimistas.

“Creo que Vicente Fox llegó con dos pilares, una imagen de buen gestor y de una persona cercana a la gente. Poco a poco fue perdiendo lo primero y últimamente vemos que también ha perdido la cercanía con las personas. Creo que para reconstruir el barco tendría que retomar estos elementos que ha perdido.

Creo que va a tener dificultades por los tiempos, en año y medio va a empezar la carrera por la presidencia, por lo que este es el periodo en donde tiene que solucionar las malas decisiones que la opinión pública tiene del Ejecutivo”, dice David Hernández.

Pero Hernández es contundente en su conclusión: “El presidente no ha demostrado ser capaz ni de moverse a la antigüita ni de concertar acuerdos, por tanto queda en medio.

Creo que está tratando de salvar una imagen histórica como una especie de padre de la transición y no está siendo capaz de renunciar a esa imagen por la de un hábil negociador; creo que fue un buen candidato pero no es un buen presidente”.

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