Contra los reporteros: historia interminable
Álvaro Cepeda Neri

 

A lo mejor los foxistas, no obstante que están reñidos con la cultura y no se diga con la lectura (ambas cosas están documentadas), se tropezaron con el libro de Michael Ende y les gustó el título: La historia interminable. Y por eso, desde que entre desafíos al Estado laico tomaron posesión, no han dejado de atacar las libertades de prensa.

Y no sueltan a su presa principal: los reporteros, que son los ojos y los oídos del periodismo de investigación y de la información; éstas, materias para el análisis y la crítica del caricaturista, del columnista y demás periodistas que ejercen la “inviolable libertad de escribir y publicar escritos sobre cualquier materia”.

Es interminable la embestida del procurador Rafael Macedo de la Concha contra los reporteros. Su necedad de que éstos denuncien a sus fuentes de información, demuestra que el general quiere a toda costa que revelen el “secreto o comunicación reservada que conocen o han recibido con motivo de su empleo”, para cumplir con su deber profesional y su derecho a la libertad constitucional de prensa.

Otra vez contra los reporteros de La Jornada, como fue el caso de Gustavo Castillo, al que dos de los agentes del procurador general, trataron de obligar a revelar sus fuentes. Y esto cuando la PGR presume, con sus reformas, de haber instituido... ¡la Subprocuraduría de Derechos Humanos!

Son interminables, asimismo, los ataques del foxismo, ahora desde los “cambios” en Los Pinos, para que todo siga igual y, como van las cosas, peor. Al caricaturista y reportero Eko, pseudónimo del periodista Héctor de la Garza, por una caricatura que el vocero presidencial Alfonso Durazo, inquisitorialmente juzgó ofensiva para la señora Mart(h)a Sahagún, presionó al dueño del periódico El Independiente (lo que es, pues, una inquisición administrativa), para sancionarlo y el caricaturista fue despedido de su trabajo.

La presunta ofendida no recurrirá a los tribunales y el señor Durazo se prestó a ejecutar un ataque a la libertad de prensa, con claro abuso del poder.

Es interminable, pues, la perversa ofensiva contra las libertades de prensa. En Zacatecas, un juez (y parte) dictó auto de formal prisión contra el reportero Francisco Barradas, por haber informado a la opinión pública sobre la denuncia contra un síndico municipal, acusado de robo ante los tribunales.

El abuso del poder, sobre todo en el caso del Poder Ejecutivo Federal, en los dos casos citados (pero no menos grave el atentado municipal), acusa que se está mintiendo respecto al tantas veces prometido respeto a las libertades constitucionales de prensa. Y particularmente de la prensa escrita, contra la que recargan las baterías al estilo del antiguo régimen: la corrupta conducta de intimidar y pedir la cabeza de los periodistas.

En Los Pinos no hubo cambios en la poderosa unidad de comunicación, sino retrocesos, para continuar con la historia interminable de abusos del poder contra las libertades de prensa; pero, también es interminable la función de ésta como contrapoder.

Y seguirla ejerciendo, en los términos de los artículos 6 y 7 constitucionales, también seguirá siendo una historia interminable hasta sus últimas consecuencias democráticas, para hacer prevalecer el imperio de la ley contra las inquisiciones y la censura previa y a posteriori.

cepedaneri@aol.com

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