Los lectores al ataque
Jorge Meléndez Preciado

Hemos insistido en anteriores colaboraciones, que ninguna publicación tiene sentido por sí misma.

Recientemente, al fallecer Rogelio Cárdenas, fundador y director hasta hace dos meses del periódico El Financiero, se recordó una frase que cito de memoria: Lo importante del periodismo no son los periodistas sino los que se informan (leen lo que los tundemáquinas escriben).

Cierto, no tiene mucha importancia hacer una buena investigación, una mejor selección de materiales, una síntesis acertada y una presentación cuidada sino realmente llegar a quien debe ser el destinatario de la noticia, los lectores.

Estos, al nutrirse de buenos y precisos materiales pueden intercambiar opiniones con otros ciudadanos, participar de mejor forma en la vida pública e incluso tomar determinaciones que sean de gran importancia para el presente y futuro del país. Algo que hemos visto hace tiempo, pero especialmente desde 1988, cuando la gran insurrección civil contra la imposición mediática salinista.

Pero hay un asunto que preocupa a todos los que forman parte de la información. Y es que exista verdadera comunicación entre los que elaboran noticias y aquellos que las reciben. Si hay participación del lector, todos salen ganando porque habrá diálogo. Sólo mediante la discusión se podrán aclarar cuestiones, abrir cauce a nuevas ideas, proyectar mejor el trabajo y, desde luego, corregir errores u omisiones.

En el año 2 número 17 de esta revista, se incluyen tres cartas de lectores que deben atenderse.

Gabriel Pinedo felicita la publicación, señala que ojalá no haya censura gubernamental y pide que se ponga atención a casos de corrupción como el Fobaproa y, dentro de éste “rescate”, el asunto Banamex.

Habría que aceptar gustosos sus parabienes, adelantarle que no cejaremos ante los posibles obstáculos que pongan los enemigos de la libertad de expresión y proponer al cuerpo directivo del mensuario que hagan próximamente un reportaje más detallado acerca de lo que nuestro lector pide.

Es cierto que han aparecido materiales anteriores al respecto, pero seguramente don Gabriel quiere nuevos datos sobre un asunto que es de actualidad y el cual molesta a la sociedad mexicana, pues será quien pague durante varios decenios una deuda que nos heredaron los pésimos banqueros, junto con los dos gobiernos recientes.

Mónica Lizeth Altamirano también agradece el trabajo desarrollado por nuestros compañeros y apunta que un número (no precisa cuál, sería interesante que lo hiciera y dijera porqué) le gusto muchísimo. Gracias y ojalá estuviéramos próximamente en contacto.

Finalmente, José Luis Portilla dice que el trabajo realizado durante este año y medio “significa un ejemplo para quienes (les) atrae el periodismo”. En su caso, es importante que planteara temas que piense son significativos de abordar.

Se dijo hace tiempo, en un seminario de ombudsmanes de lectores realizado en Guadalajara, que en realidad ellos debían considerarse: “Lector de lectores”.

Estoy de acuerdo en la apreciación. Por lo tanto, me permito señalar que en el artículo: Candente renovación del IFE, existe una fotografía en la página 32, donde hay un error. En la imagen aparece Fernando Serrano Migallón, director de la Facultad de Derecho de la UNAM, junto con José Woldenberg, presidente del IFE. El pie sin embargo dice que el primero es José Fernández Santillán.
Vale la aclaración para todos.

jamelendez@prodigy.net.mx

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