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Hemos insistido
en anteriores colaboraciones, que ninguna publicación
tiene sentido por sí misma.
Recientemente,
al fallecer Rogelio Cárdenas, fundador y director hasta
hace dos meses del periódico El Financiero, se recordó
una frase que cito de memoria: Lo importante del periodismo
no son los periodistas sino los que se informan (leen lo que
los tundemáquinas escriben).
Cierto, no tiene
mucha importancia hacer una buena investigación, una
mejor selección de materiales, una síntesis acertada
y una presentación cuidada sino realmente llegar a quien
debe ser el destinatario de la noticia, los lectores.
Estos, al nutrirse
de buenos y precisos materiales pueden intercambiar opiniones
con otros ciudadanos, participar de mejor forma en la vida pública
e incluso tomar determinaciones que sean de gran importancia
para el presente y futuro del país. Algo que hemos visto
hace tiempo, pero especialmente desde 1988, cuando la gran insurrección
civil contra la imposición mediática salinista.
Pero hay un asunto
que preocupa a todos los que forman parte de la información.
Y es que exista verdadera comunicación entre los que
elaboran noticias y aquellos que las reciben. Si hay participación
del lector, todos salen ganando porque habrá diálogo.
Sólo mediante la discusión se podrán aclarar
cuestiones, abrir cauce a nuevas ideas, proyectar mejor el trabajo
y, desde luego, corregir errores u omisiones.
En el año
2 número 17 de esta revista, se incluyen tres cartas
de lectores que deben atenderse.
Gabriel Pinedo
felicita la publicación, señala que ojalá
no haya censura gubernamental y pide que se ponga atención
a casos de corrupción como el Fobaproa y, dentro de éste
rescate, el asunto Banamex.
Habría
que aceptar gustosos sus parabienes, adelantarle que no cejaremos
ante los posibles obstáculos que pongan los enemigos
de la libertad de expresión y proponer al cuerpo directivo
del mensuario que hagan próximamente un reportaje más
detallado acerca de lo que nuestro lector pide.
Es cierto que
han aparecido materiales anteriores al respecto, pero seguramente
don Gabriel quiere nuevos datos sobre un asunto que es de actualidad
y el cual molesta a la sociedad mexicana, pues será quien
pague durante varios decenios una deuda que nos heredaron los
pésimos banqueros, junto con los dos gobiernos recientes.
Mónica
Lizeth Altamirano también agradece el trabajo desarrollado
por nuestros compañeros y apunta que un número
(no precisa cuál, sería interesante que lo hiciera
y dijera porqué) le gusto muchísimo. Gracias y
ojalá estuviéramos próximamente en contacto.
Finalmente, José
Luis Portilla dice que el trabajo realizado durante este año
y medio significa un ejemplo para quienes (les) atrae
el periodismo. En su caso, es importante que planteara
temas que piense son significativos de abordar.
Se dijo hace
tiempo, en un seminario de ombudsmanes de lectores realizado
en Guadalajara, que en realidad ellos debían considerarse:
Lector de lectores.
Estoy de acuerdo
en la apreciación. Por lo tanto, me permito señalar
que en el artículo: Candente renovación del IFE,
existe una fotografía en la página 32, donde hay
un error. En la imagen aparece Fernando Serrano Migallón,
director de la Facultad de Derecho de la UNAM, junto con José
Woldenberg, presidente del IFE. El pie sin embargo dice que
el primero es José Fernández Santillán.
Vale la aclaración para todos.
jamelendez@prodigy.net.mx
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