El Agente 000 vs el Insólito Doctor Z

 

¿Bueno…? ¿Aló…? ¿Agente Salinas? He aquí una nueva misión para Carlitos: se trata de seguir las huellas del insólito doctor Z para saber cuál es su destino final.

Este enfrentamiento tiene la misma intensidad y provoca las mismas emociones que el célebre duelo de Arsenio Lupin con Sherlock Holmes. Entre el célebre ladrón francés y el investigador inglés de la lógica delictiva singular, media un rencor interminable.

Holmes le infirió un agravio que no se pierde en la memoria a Lupin. Desde entonces, se enfrentan lo mismo en las calles de París que en las avenidas londinenses y, después de casi un siglo, el rencor y la lucha permanecen como en el primer día.

En la política mexicana hubo solamente un antecedente que fue resuelto con prontitud y por la vía aérea. Lázaro Cárdenas despachó al extranjero a Plutarco Elías Calles para desvanecer la sombra intolerable del maximato. El sonorense perdió la partida con el michoacano y nunca pudo reincorporarse a la acción de la política como fue su aspiración.

Por lo general, los presidentes posrevolucionarios resistieron las tentaciones y envueltos en las prácticas expresas y tácitas de la política del sistema impuesto por su partido, optaban por el silencio discreto, a veces como esfinges y en otras con actitudes menos pétreas, pero, en general, fueron reservados.

De esos expresidentes sobreviven Luis Echeverría Álvarez, quien enfrenta las vicisitudes de las investigaciones sobre el pasado. José López Portillo sufre las dolorosas consecuencias de sus aventuras de alcoba.

Miguel de la Madrid Hurtado con sus críticas banales pretende influir en el régimen actual y da pálidos consejos a su partido y confusas guías a sus correligionarios. Una mención aparte merecen Carlos Salinas de Gortari y Ernesto Zedillo Ponce de León.

Salinas ha ido de la comedia al drama y a la revista musical con la facilidad de sus capacidades histriónicas. Exiliado de lujo, escritor municipal –como lo calificaron sus críticos españoles—, anida en su corazón un rencor inusitado y profundo a su sucesor Zedillo.

Los hechos que se dieron entre ellos antes y después de la decisión para sustituir a su mártir, Luis Donaldo Colosio, anunciaba una relación tersa que le permitiría a Salinas de Gortari alentar su proyecto de abolir el principio de la No Reelección para volver sobre la ruta abierta de un liberalismo tecnocrático y rapaz.

Pero primero vino el accidente fatal: el error de diciembre. A partir de ese temprano día del gobierno zedillista las divergencias condujeron el conflicto político que se incrementó y se hizo irreversible.

Después, el descubrimiento de febrero: Raúl Salinas de Gortari, el celebre “Raulinflas” –porque le hace a todo— es entregado por su propio abogado y aprehendido como probable responsable de la autoría intelectual del homicidio de José Francisco Ruiz Massieu.

Tiempo después, su esposa condujo a los investigadores hasta el lugar secreto y bancario en donde se guardaba el botín de la transición: las cajas de seguridad de los bancos suizos.

Las cuantías y los medios de los que se había valido la familia Salinas de Gortari asombraron a propios y extraños, e inclinaron más la pendiente del desprestigio sobre la que se desplomó la figura del presidente reformador.

Entonces, la vida de Salinas de Gortari se convirtió en un tumbo y enfrentó su propio molino de viento a Ernesto Zedillo. Todo había sido demolido. Hasta la presentación de su libro, que parecía diseñada en los estudios Disney, le proporcionó uno de los días más amargos; algunas horas antes, en una llamada telefónica, sus hermanos terminaron por quitar la máscara para hablar del origen de los recursos y las disputas que el egoísmo y la ambición generaban entre ellos.

Mientras Salinas parecía perderse, Zedillo va en ascenso: lo han designado asesor principal de la Comisión de Financiamiento para el Desarrollo de la ONU, miembro de la Junta de Directores de Union Pacific, miembro del directorio de Procter & Gamble, asesor principal de la Dirección General de la OMC, director del Centro de Estudios sobre la Globalización en la Universidad de Yale, y las instituciones académicas, políticas, diplomáticas y privadas le ofrecen honores y empleos.

Hasta se sugiere como aspirante a la Secretaría General de la ONU.
Mientras tanto, en un retorno sin gloria, su contendiente Salinas regresa a México convertido en el agente 000, como el rescatador Salinas.

Es cierto que en la política mexicana los únicos muertos son los que están en el panteón, pero a Salinas de Gortari algo se le olvida, que los mexicanos sí tienen memoria. Mientras tanto debe seguirse la saga de esta historia.

 

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