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De los 130 guiones
que recibe en promedio el Imcine anualmente, sólo de
4 a 10 reciben financiamiento. Gerardo Barrera, director de
apoyo a la producción de esa dependencia, reconoce: las
películas que llegan a filmarse padecen una verdadera
odisea para conseguir recursos.
Hay cintas que
aún con dinero de los fondos públicos no se filman
porque no tienen complemento financiero.
Al referirse
al caso de Cardina, Barrera expresa que pasó un tiempo
razonable. Fue una lástima que este proyecto no
se materializara porque era una película interesante.
Durante seis meses intentamos conseguir el financiamiento y
no se pudo, así que tuvimos que retirar el apoyo para
darlo a otra.
Desde hace más
de una década, en el país se producen como máximo
30 películas por año; los fondos estatales son
insuficientes y las políticas de mercado para la recuperación
de lo invertido afecta a los productores, pues al no estar regulada
por el Estado, los exhibidores y distribuidores se reparten
de manera arbitraria el 80 por ciento de las ganancias generadas
en taquilla.
Gerardo Barrera
explica que el problema de la producción cinematográfica
es de mercado y no de financiamiento. Teóricamente
debiera ser atractivo financiar cine, esto no ocurre porque
no se recupera la inversión, y cualquier productor que
no recupera su dinero deja de invertir.
Sergio Molina,
presidente de la Comisión Nacional de Filmaciones, dice
que la industria cinematográfica depende de los recursos
que aporta el Estado.
En 1999 se realizaron
32 largometrajes porque el Foprocine -Fondo para la Producción
Cinematográfica de Calidad- funcionaba a toda su capacidad;
entonces, si se contara con dos fideicomisos a su máxima
capacidad fácilmente se producirían 70 u 80 cintas,
pero lo que sucede es que el gobierno no muestra voluntad política
para hacerlo, afirma.
Políticas
de mercado
Ni la Ley Federal de Cinematografía -modificada en 1999-,
ni su reglamento, contemplan disposiciones para el reparto de
las utilidades que generan las producciones nacionales. Esta
falta de regulación ha propiciado que los exhibidores
y distribuidores establezcan las políticas de mercado,
los porcentajes y el tiempo para la recuperación de las
inversiones.
El año
pasado, los productores Matthías Ehrenberg, Lilian Haugen
y Federico González Compeán, denunciaron públicamente
que los inversionistas recuperan tan sólo el 20 por ciento
de lo que se recauda en taquilla.
Esto se debe
a que los exhibidores, cuya inversión se reduce a las
copias de las cintas, cobran el 60 por ciento y los distribuidores
se quedan con el 20 o 25 por ciento del total de las ganancias.
El joven director
Gustavo Loza, recién incursionado en el mundo fílmico
con la película Atlético San Pancho, explica:
para los productores el cine mexicano no es negocio; no
es tan difícil darte cuenta que no vas a recuperar tu
lana.
Si alguien mete
dos millones de dólares en la producción y hace
cuentas, se percata que con el veinte por ciento de la taquilla
jamás va a recuperar su inversión; para hacerlo
necesitaría meter cuatro o cinco millones de personas
a las salas, y eso es muy difícil.
La experiencia
con su ópera prima, beneficiada por recursos de la empresa
transnacional Coca Cola, le hizo ver que los patrocinadores
sólo buscan beneficiarse.
La iniciativa
privada financia películas que involucren a su producto
de una manera sana, que hablen de los valores de sus marcas,
eso es lo que les interesa; es muy difícil que se involucren
con temas de droga, alcoholismo, prostitución o con determinadas
cuestiones oscuras, afirma.

Ignacio Ortiz |
Ignacio Ortiz,
director de la película ganadora de siete Palmas de Oro,
Cuento de hadas para dormir cocodrilos, financiada por Imcine,
asegura que es difícil conseguir financiamiento pero
que es posible. Es muy difícil conseguir los recursos,
engañando, siendo hábil, astuto, pero finalmente
se hace; quienes lo hemos hecho con Foprocine, hemos conseguido
el otro porcentaje a través de servicios.
Ortiz asegura
que las cintas que no persiguen un fin estrictamente comercial
no son atractivas para los inversionistas, por eso el Estado
tiene la responsabilidad de producirlas, porque estas películas
son las que dan la cara por México a nivel internacional.
El apoyo
del Estado
El Instituto Mexicano de Cinematografía, dependencia
encargada de promover la actividad fílmica del país,
cuenta con el Foprocine y el Fondo de Inversión y Estímulos
al Cine (Fidecine).
El primero
se dedica a financiar películas de difícil comercialización
y, el segundo, las que aparentemente tienen posibilidades de
ser vendidas, afirma Gerardo Barrera, de Imcine.
A cinco años
de creado, el Fondo para la Producción de Calidad agotó
sus recursos. Según la institución, cuenta con
sólo tres millones de pesos, cifra que no cubre siquiera
el 50 por ciento del presupuesto de una producción nacional,
cuyo costo promedio se cotiza en un millón de dólares.
En 1998, por
iniciativa presidencial se destinaron 135 millones de pesos
para la creación del Foprocine, para promover el cine
de autor y óperas primas de calidad; pese a sus resultados
-43 películas coproducidas, hasta con un 60 por ciento
del presupuesto total-, el Imcine no ha logrado que se reabastezcan
su arcas, pues, al carecer de sustento jurídico el gobierno
federal no tiene ninguna obligación de hacerlo.
Ante el riesgo
de su desaparición, Gerardo Barrera dice que en el instituto
están promoviendo para que se le den recursos, pero el
que se abastezca o no es una decisión de gobierno.
Por lo
pronto estamos diseñando un plan de inversión
que concibe al cine como una industria, intentamos aprovechar
la presencia del Imcine para atraer inversionistas que financien
estas películas de difícil contenido, que distraigan
el riesgo de su inversión al patrocinar siete películas
en lugar de una, y entre éstas, una o dos de arte.
Estoy convencido
que este cine se tiene que hacer necesariamente, no se puede
decretar hacer un sólo tipo de cine.
El Fidecine,
creado por ley en agosto de 2001, recibió el año
pasado un presupuesto de 70 millones de pesos. Este fondo puede
tener una participación hasta de un 45 por ciento del
presupuesto total de una película. A la fecha ha coproducido
16 cintas.
Para el cineasta
Ignacio Ortiz el cine se ha vuelto una lucha de sobrevivientes.
Ojalá logremos pasar esta crisis, pues, aunque
dicen que tenemos buen cine porque hay talento y que con eso
vamos a hacerlo, no es cierto, si no hay dinero no se hacen
películas, así de simple.
Mezcal es el
nombre de una película que tiene en mente el cineasta
Ignacio Ortiz. Pero su tercer largometraje tendrá que
vencer el obstáculo del financiamiento si es que quiere
ver su nombre en las marquesinas de los cines.
Espero
poder filmar para el primer semestre del año que viene;
ahora estoy en el proyecto, decidiendo los actores, andamos
en casting, locaciones, formando el equipo de rodaje y, lo mas
importante, el presupuesto.
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