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Hace 18 meses, Cardina 10 30 se proyectaba como la ópera prima del aún no estrenado cineasta Miguel Mora. Este largometraje acababa de recibir recursos del Instituto Mexicano de Cinematografía (Imcine) y comenzaba los preparativos para su realización, pero la crisis de la producción cinematográfica en México cobró su cuota y Cardina jamás se realizó por falta de recursos.


Gerardo Barrera

 

De los 130 guiones que recibe en promedio el Imcine anualmente, sólo de 4 a 10 reciben financiamiento. Gerardo Barrera, director de apoyo a la producción de esa dependencia, reconoce: “las películas que llegan a filmarse padecen una verdadera odisea para conseguir recursos.

Hay cintas que aún con dinero de los fondos públicos no se filman porque no tienen complemento financiero”.

Al referirse al caso de Cardina, Barrera expresa que pasó un tiempo razonable. “Fue una lástima que este proyecto no se materializara porque era una película interesante. Durante seis meses intentamos conseguir el financiamiento y no se pudo, así que tuvimos que retirar el apoyo para darlo a otra”.

Desde hace más de una década, en el país se producen como máximo 30 películas por año; los fondos estatales son insuficientes y las políticas de mercado para la recuperación de lo invertido afecta a los productores, pues al no estar regulada por el Estado, los exhibidores y distribuidores se reparten de manera arbitraria el 80 por ciento de las ganancias generadas en taquilla.

Gerardo Barrera explica que el problema de la producción cinematográfica es de mercado y no de financiamiento. “Teóricamente debiera ser atractivo financiar cine, esto no ocurre porque no se recupera la inversión, y cualquier productor que no recupera su dinero deja de invertir”.

Sergio Molina, presidente de la Comisión Nacional de Filmaciones, dice que la industria cinematográfica depende de los recursos que aporta el Estado.

En 1999 se realizaron 32 largometrajes porque el Foprocine -Fondo para la Producción Cinematográfica de Calidad- funcionaba a toda su capacidad; entonces, si se contara con dos fideicomisos a su máxima capacidad fácilmente se producirían 70 u 80 cintas, pero lo que sucede es que el gobierno no muestra voluntad política para hacerlo, afirma.

Políticas de mercado
Ni la Ley Federal de Cinematografía -modificada en 1999-, ni su reglamento, contemplan disposiciones para el reparto de las utilidades que generan las producciones nacionales. Esta falta de regulación ha propiciado que los exhibidores y distribuidores establezcan las políticas de mercado, los porcentajes y el tiempo para la recuperación de las inversiones.

El año pasado, los productores Matthías Ehrenberg, Lilian Haugen y Federico González Compeán, denunciaron públicamente que los inversionistas recuperan tan sólo el 20 por ciento de lo que se recauda en taquilla.

Esto se debe a que los exhibidores, cuya inversión se reduce a las copias de las cintas, cobran el 60 por ciento y los distribuidores se quedan con el 20 o 25 por ciento del total de las ganancias.

El joven director Gustavo Loza, recién incursionado en el mundo fílmico con la película Atlético San Pancho, explica: “para los productores el cine mexicano no es negocio; no es tan difícil darte cuenta que no vas a recuperar tu lana.

Si alguien mete dos millones de dólares en la producción y hace cuentas, se percata que con el veinte por ciento de la taquilla jamás va a recuperar su inversión; para hacerlo necesitaría meter cuatro o cinco millones de personas a las salas, y eso es muy difícil”.

La experiencia con su ópera prima, beneficiada por recursos de la empresa transnacional Coca Cola, le hizo ver que los patrocinadores sólo buscan beneficiarse.

“La iniciativa privada financia películas que involucren a su producto de una manera sana, que hablen de los valores de sus marcas, eso es lo que les interesa; es muy difícil que se involucren con temas de droga, alcoholismo, prostitución o con determinadas cuestiones oscuras”, afirma.


Ignacio Ortiz

Ignacio Ortiz, director de la película ganadora de siete Palmas de Oro, Cuento de hadas para dormir cocodrilos, financiada por Imcine, asegura que es difícil conseguir financiamiento pero que es posible. “Es muy difícil conseguir los recursos, engañando, siendo hábil, astuto, pero finalmente se hace; quienes lo hemos hecho con Foprocine, hemos conseguido el otro porcentaje a través de servicios”.

Ortiz asegura que las cintas que no persiguen un fin estrictamente comercial no son atractivas para los inversionistas, por eso el Estado tiene la responsabilidad de producirlas, porque estas películas son las que dan la cara por México a nivel internacional.

El apoyo del Estado
El Instituto Mexicano de Cinematografía, dependencia encargada de promover la actividad fílmica del país, cuenta con el Foprocine y el Fondo de Inversión y Estímulos al Cine (Fidecine).

El primero se dedica a financiar películas de difícil comercialización y, el segundo, las que aparentemente tienen posibilidades de ser vendidas, afirma Gerardo Barrera, de Imcine.

A cinco años de creado, el Fondo para la Producción de Calidad agotó sus recursos. Según la institución, cuenta con sólo tres millones de pesos, cifra que no cubre siquiera el 50 por ciento del presupuesto de una producción nacional, cuyo costo promedio se cotiza en un millón de dólares.

En 1998, por iniciativa presidencial se destinaron 135 millones de pesos para la creación del Foprocine, para promover el cine de autor y óperas primas de calidad; pese a sus resultados -43 películas coproducidas, hasta con un 60 por ciento del presupuesto total-, el Imcine no ha logrado que se reabastezcan su arcas, pues, al carecer de sustento jurídico el gobierno federal no tiene ninguna obligación de hacerlo.

Ante el riesgo de su desaparición, Gerardo Barrera dice que en el instituto están promoviendo para que se le den recursos, pero el que se abastezca o no es una decisión de gobierno.

“Por lo pronto estamos diseñando un plan de inversión que concibe al cine como una industria, intentamos aprovechar la presencia del Imcine para atraer inversionistas que financien estas películas de difícil contenido, que distraigan el riesgo de su inversión al patrocinar siete películas en lugar de una, y entre éstas, una o dos de arte.

Estoy convencido que este cine se tiene que hacer necesariamente, no se puede decretar hacer un sólo tipo de cine”.

El Fidecine, creado por ley en agosto de 2001, recibió el año pasado un presupuesto de 70 millones de pesos. Este fondo puede tener una participación hasta de un 45 por ciento del presupuesto total de una película. A la fecha ha coproducido 16 cintas.

Para el cineasta Ignacio Ortiz el cine se ha vuelto una lucha de sobrevivientes. “Ojalá logremos pasar esta crisis, pues, aunque dicen que tenemos buen cine porque hay talento y que con eso vamos a hacerlo, no es cierto, si no hay dinero no se hacen películas, así de simple”.

Mezcal es el nombre de una película que tiene en mente el cineasta Ignacio Ortiz. Pero su tercer largometraje tendrá que vencer el obstáculo del financiamiento si es que quiere ver su nombre en las marquesinas de los cines.

“Espero poder filmar para el primer semestre del año que viene; ahora estoy en el proyecto, decidiendo los actores, andamos en casting, locaciones, formando el equipo de rodaje y, lo mas importante, el presupuesto”.

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