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Para el acceso
se debe recorrer un largo y sinuoso camino que en época
de lluvias se inunda y deja incomunicados a sus habitantes hasta
por una semana.
Aquí viven indígenas mayas que se rigen por la
ley de usos y costumbres, con una estructura religioso-militar
que data de hace más de 500 años.
Conservar su
autonomía les ha valido menosprecio del gobierno municipal,
estatal y federal. Ninguno los contempla en sus planes de desarrollo
y tampoco atiende sus problemas.
Acosados por
el hambre, la miseria y enfermedades agudas, en Los Chunes los
pocos mayas que habitan la Península mueren cada día.
Las comunidades
que integran Los Chunes son Chumpón, Chun-Yah y Chun-Yache,
enclavadas en la selva y distribuidas en tierras ejidales; cada
familia cuenta con dos hectáreas para el autoconsumo,
sólo en años en que la cosecha ha resultado excepcionalmente
fructífera, los campesinos designan uno o dos bultos
de cada semilla para su venta en el mercado que se ubica en
Carrillo Puerto.
Foco de
epidemias
En Los Chunes cualquier medida sanitaria parece impensable,
no hay agua potable, drenaje ni luz eléctrica. Los nativos
obtienen el agua de cenotes y lagunas como la de Chunyaxche.
A pesar de que
la zona se encuentra relativamente cerca de la Biosfera de Sian
Kaan, (decretada como reserva en 1986), poco a poco los
cenotes comienzan a secarse y con ello el agua a escasear.

Esperanza inutil |
El calor extremoso
propio de la región selvática, sumado a las precarias
condiciones de vida y los altísimos niveles de desnutrición
de los mayas, los hacen blanco fácil de paludismo y conjuntivitis
que afectan a los habitantes de las tres comunidades. La conjuntivitis
afecta principalmente a los adultos; los ojos sumamente inflamados
y enrojecidos, que no dejan de llorarles y los lagrimales comienzan
a sangrar.
Algunos indígenas
manifiestan que están perdiendo la visión, no
tienen agua limpia para lavar sus ojos y mucho menos medicamentos
para desinfectarlos. Entre los niños lo que más
los debilita son la deshidratación y fiebres nocturnas.
Buen
recuerdo de un mal gobernador
Por sus negocios ilegales Mario Villanueva Madrid es recordado
como uno de los peores gobernadores que ha tenido Quintana Roo;
sin embargo la gente de Los Chunes lo recuerda como el único
que tuvo iniciativas para Chumpón y Chun-Yah, donde instaló
dos clínicas comunitarias.
En Chunpón
la clínica permanece como la construcción mejor
edificada de toda la comunidad, donde impera la burocracia y
sólo atiende de lunes a jueves de 9:00 a 13:00 horas
y no hay médicos de base.
A pesar de que
el Centro Nacional de Desarrollo Municipal refiere que en todas
las comunidades de los municipios de Quintana Roo los servicios
médicos se encuentran cubiertos al cien por ciento.
Los medicamentos
son cosa aparte.
Durante un fin de semana que esta reportera recorrió
la zona de Los Chunes, las clínicas permanecían
cerradas. En la puerta un grueso candado resguardaba los escasos
muebles. A través de las ventanas los anaqueles lucían
vacíos. Solamente unos frascos de jarabe para la tos
y gotas para los ojos.
Los indígenas
se quejan de que para cualquier enfermedad los enfermeros
como llaman a los encargados de las dos clínicas, les
entregan los mismos medicamentos, cuando los hay.
En emergencias
en casos de parto o picaduras de víbora -las más
constantes- los indígenas deben hacer viajes urgentes
hasta la clínica de Carrillo Puerto, sobre una carretera
de alto peligro donde se registran asaltos y volcaduras de viejísimas
camionetas en las que viajan.
Los sesenta kilómetros
que unen a Carrillo Puerto con los Chunes, están llenas
de cruces de madera, fierro y cemento que dan cuenta de los
muertos caídos en el trayecto.
Otra aportación
de Villanueva a Chumpón, donde se le recuerda como El
Picochulo, fue la instalación de una cancha de
básquetbol, cuyos postes son muy altos para la estatura
promedio de los mayas, además no tienen redes, ni balón
y mucho menos luz eléctrica, así que las canchas
son utilizadas como centro de reunión.
Desde hace algunas
semanas los campesinos de Chumpón no han salido a trabajar
la tierra, su deteriorado estado de salud se los impide.
A Hilario Angulo
la conjuntivitis está a punto de dejarlo ciego, se queja
de fuertes dolores en los ojos que le inflaman las venas de
la cara. Mientras habla, abre y cierra los hinchados ojos en
repetidas ocasiones. El contorno totalmente enrojecido, sin
poder contenerlas, gruesas lágrimas recorren su sucio
rostro.
La infección se ha corrido hasta los oídos.
Hilario sale
de la casa, mientras el resto de la familia se fija en el umbral
-la típica construcción de una sola planta, a
la usanza maya, con el techo de huano-. Dentro, de las esquinas
cuelgan tres hamacas en las que duermen los doce integrantes
de la familia, los mismos que dependen por completo de la semilla
que produzcan las dos hectáreas sembradas de maíz,
fríjol y calabaza.
Fuera de las
labores en la tierra, en Los Chunes no hay ninguna otra actividad
a la cual puedan dedicarse. Hace algunos años cazaban
jabalí y venado, pero dicen que cada vez es más
difícil pues hay que alejarse mucho de la comunidad hasta
una zona donde hay muchas serpientes y no cuentan con suero
para combatir las mordeduras.
Tampoco pueden
criar animales de corral pues no tienen los medios para alimentarlos.
En 1999 recibieron
la visita del gobernador de Quintana Roo, Joaquín Hendricks
Díaz, invitado de honor durante la ceremonia maya en
la que se recordaba la guerra de castas iniciada por el indígena
maya Jacinto Pat en 1847.

Pese al abandono sus creencias religiosas
persisiten |
En su discurso
aquella noche Hendricks dejó ver que los mayas de la
zona no volverían a vivir nunca las condiciones que propiciaron
la llamada guerra de castas, el maya, dijo no es más,
ni volverá a ser nunca el pueblo vejado y sometido de
1847, porque esta sociedad actual, que ayudaron a formar, no
distingue entre blancos e indios, ni entre ricos y pobres.
Aquél día enfatizó el gobernador que su
presencia en la zona era para demostrar a los mayas que no estaban
solos ni fuera de los planes de su administración. Desde
entonces ningún otro funcionario ha pisado la zona.
Al visitar Chumpón
el delegado, Margarito Bac observa extrañado a la gente
que llega de fuera nosotros estamos olvidados, señala.
Visitamos a la
mayoría de las familias de la comunidad (habitada por
400 personas), aunque no pudimos hablar con todos, pocos son
los que entienden y hablan el español.
-Aquí
en Chumpón hay muchas cosas que nos hacen falta- dice
Margarito Bac- ante el presidente municipal hemos solicitado
la ampliación de caminos, energía eléctrica,
agua potable y otros recursos, pero aquí no llegan.
Solicitamos también la reparación del camino
que conduce hasta el crucero de la carretera, porque con las
lluvias se inunda y queda bloqueado.
Esta es una de
las zonas del país más afectadas durante la temporada
de huracanes y ciclones. Los desastres que causara Isidoro el
14 de septiembre de 2002 aún se tienen presentes.
Aquél
año se recogería una buena cosecha, la mayoría
de los campesinos planeaba comprar ropa y zapatos para la familia
con el ingreso extra. A escasas dos semanas de que se levantara
la cosecha llegó el huracán que arrasó
con todo.
Los Chunes quedaron
incomunicados casi una semana, lapso en el que el presidente
municipal de Cancún trató de enviarles despensas,
pero el edil de Carrillo Puerto, Javier Nobelo, prohibió
a los indígenas aceptarlas con el apoyo de la fuerza
pública.
El argumento
al que Nobelo recurrió para obstaculizar la ayuda fue
que a su gente nadie más que él la ayudaría.
Aunque su administración no entregó nada.
En toda la zona de Los Chunes los indígenas se quejan
de la actuación del presidente municipal, el que se niega
a cualquier entrevista.
Devastación
Los meses más calurosos -marzo, abril y mayo- también
son de peligro para los habitantes de Los Chunes, en esa época
del año, todos los días se registran incendios
forestales que salen de control y contribuyen al deterioro de
la zona maya, la de mayor número de incendios en la región.
El costo
de la autonomía
Como comunidades autónomas regidas por sus propias leyes,
el único apoyo externo que reciben -pero no el cien por
ciento- es Procampo, aunque no les llega directamente hasta
sus comunidades, sino a Carrillo Puerto. Para cobrarlo, pagan
200 pesos de la camioneta de alquiler, un costo muy alto para
quien no tiene otros ingresos que la ocasional venta de un bulto
de semilla y 860 pesos anuales de Procampo.
Además
de los gastos del viaje, el banco les cobra comisión
de sesenta pesos, aunado a que el apoyo no llega en una fecha
definida ni exacta y se ha retrasado hasta tres meses.

Vivir en el atraso |
Único
vestigio de los mayas rebeldes, las comunidades de Los Chunes
conservan su autonomía, no utilizan el horario de verano,
practican la religión heredada por sus antepasados y
se rigen por sus propias leyes.
Una mezcla entre
la religión maya prehispánica con algunos elementos
católicos como la adoración de los santos y la
virgen de Guadalupe se practica en el centro ceremonial de Chumpón,
uno de los cinco centros mayas que aún se conservan en
todo el estado.
Se reza en lengua
maya y se invoca a dioses mayas y santos católicos. La
estructura religiosa es de tipo militar, la misma utilizada
por los mayas antiguos, en ellos se encuentran los cargos de
general, comandantes, cabos, sacerdotes y rezadores.
El general tiene
el cargo máximo, desde hace seis años lo ostenta
el indígena de 65 años de edad, Santo García
Chac, quien no vive en la zona sino en Señor, comunidad
que se ubica a 35 kilómetros de la cabecera municipal,
camino a Chetumal.
En la estructura
maya la voz de los ancianos es la más respetada, máxime
la de quienes ostentan el más alto grado militar, así,
Santo García Chac es el que señalar qué
castigo merece quien transgrede la ley.
La falta de respeto
hacia los adultos, adulterio, robo, asesinatos y comercializar
con imágenes religiosas son los delitos más graves.
Los castigos
que aplican las comunidades mayas son azotes con una gruesa
rama de bejuco. El General decide cuántos azotes recibirá
el trasgresor. De esta manera -dicen los mayas- la comunidad
se asegura de castigar a los culpables, contrario a lo que sucede
en la aplicación del sistema en el Poder Judicial.
Las comunidades
mayas también cuentan con sus propias cárceles,
que legalmente se les definiría como prisiones clandestinas.
Fuera de la iglesia, el poder civil está a cargo del
delegado de cada comunidad. En Chumpón, Margarito Bac,
además de ser el vocero de su comunidad ante las autoridades,
es el encargado de la prisión y de establecer las sanciones
para los que trasgreden el orden.
Mayas rebeldes
En julio de 1847, armados de machetes, los mayas de la región
se rebelaron acosados por la falta de alimento, atropellos e
injusticias de las que eran objeto, uniéndose a los comandos
de los líderes mayas Cecilio Chí y Jacinto Pat
en la llamada Guerra de Castas, que durante más de 80
años mantuvo en lucha a los mayas de la Península.
Para sostener
la lucha desarrollaron una economía que les permitió
abastecerse de armas compradas de contrabando a los ingleses
que vivían en Belice.
A setenta años
de concluida la Guerra de Castas, los descendientes de los mayas
rebeldes recibieron la visita de las bases del EZLN, quienes
trataron de integrarlos a sus filas y definir las comunidades
autónomas de Los Chunes como municipios autónomos
zapatistas, cuestión a la que se negaron.
Con esta acción,
los mayas rebeldes de la Península definieron su postura
de autonomía frente al gobierno aún sobre sus
propios hermanos indígenas, decisión que poco
a poco los conduce al exterminio. 
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