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Constitucional
y doctrinariamente la censura, desde sus orígenes históricos,
referida en lo general a la libertad de expresión y,
en lo particular, a la libertad de escribir y publicar en lo
que tradicionalmente se conoce como la prensa escrita, consiste
en recurrir a todos los medios para impedir la difusión
de las ideas.
Los regímenes
despóticos o más o menos autoritarios, como es
todavía nuestra elemental democracia atascada en la fallida
alternancia -donde el antiguo régimen no ha muerto y
el cambio anunciado no ha nacido-, imponen la censura contra
la información y la crítica, con arreglo a los
métodos más violentos, las presiones a los editores,
el chantaje de la publicidad, los sobornos directos a los periodistas
y toda clase de manipulaciones: invitaciones a comer, obsequios,
puertas abiertas a los que se porten bien y hasta obtener otros
privilegios en lo oscurito.
El frustrado
régimen foxista-panista, alimentado, ahora lo sabemos
documentalmente, por la ultraderecha de la sociedad secreta
de El Yunque (como lo acaba de probar el reportero Álvaro
Delgado con su trabajo del periodismo de investigación:
El Yunque.
La ultraderecha
en el poder), tuvo tres años atacando a la libertad de
prensa y tratando de crear una atmósfera de malestar
social contra los periodistas de los medios de comunicación.
El foxismo, sobre todo, enfocó sus baterías contra
la prensa escrita. Una y otra vez le salió el tiro por
la culata.
El mal gobierno
de Fox y medio sexenio sin resultados, apuntalaron la veracidad
de la información que exhibía el fracaso del gobierno
federal y, en consecuencia la crítica de las opiniones
y los análisis por quienes ejercen las libertades de
prensa en los medios escritos, orales y hasta audiovisuales,
eran también, veraces y certeros.
En medio de fanfarrias
del márketing político, al que es tan afecto el
foxismo, se anunció la llegada de Alfonso Durazo, conservando
el cargo de secretario particular, de nuevo vocero de Los Pinos,
escoltado por tres cancerberos: Rodolfo Guzmán, Ernesto
Vidal y Agustín Gutiérrez Canet.
Son la cara bonita
del mismo gobierno. Se trata de que el ex colosista, con los
métodos antiguos, controle sobre todo a la prensa escrita,
solicitando que no se publique esta o aquella información;
que se maquillen las declaraciones de Fox, las de Mart(h)a y
las babosadas que sistemáticamente sueltan los secretarios
del gabinetazo (como ahora las que acaba de decir el señor
Canales).
Durazo está
encargado de ejercer la censura previa, así tenga que
poner su cara bonita para ablandar a los editores y con sus
buenos modales, sus manos suaves y la carnada de la publicidad,
doblegar a los directores.
Su misión
es que el mal gobierno foxista parezca en los medios de comunicación
como un buen gobierno. No es una tarea difícil...es imposible,
porque lo que tiene que cambiar es el foxismo. Y la libertad
de prensa, con todo y esos acosos de la corrupción, se
abrirá paso, a pesar de la censura.
cepedaneri@aol.com
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