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La descomposición
del tejido social en México permitió la conformación
de una industria particularmente organizada que hizo del secuestro
una fuente generosa de recursos para quienes participaron en
ella hasta los primeros meses del 2001.
De febrero de
2001 a junio de este año, las bandas delictivas llegaron
a exigir un total de 3 mil 740 millones 317 mil 200 pesos, acumulados
en 264 casos de secuestro denunciados ante la Procuraduría
General de la República (PGR).
La coordinación
entre la Agencia Federal de Investigaciones (AFI), la Unidad
Especializada en Delincuencia Organizada (UEDO) de la PGR y
el Área Antisecuestros de Inteligencia Militar redujo
95 por ciento el monto de las exigencias económicas de
estas bandas delictivas, que sólo recibieron 194 millones
227 mil 461 pesos del total demandado.
Pero con este
golpe judicial al crimen organizado los grupos delictivos regresaron
a sus raíces. Así, el robo de valores y asaltos
bancarios, a camiones de carga, robo de vehículos, a
casa habitación y a transeúnte se disparó
en el país en los últimos meses con altos índices
de violencia, según un informe de la AFI, fechado el
14 de julio de 2003.

José Luis Santiago Vasconcelos |
El titular de
la UEDO, José Luis Santiago Vasconcelos, dice en entrevista
que para llegar al secuestro hubo en los delincuentes un proceso
evolutivo que inició con el robo a transeúntes
y casas habitación, con un fuerte incremento en la carga
de violencia y riesgo.
Asegura que los
autores intelectuales de los secuestros son regularmente profesionistas
que vieron una oportunidad de obtención de recursos cooptando
a los agentes operativos del delito, quienes se encuentran cercanos
a las víctimas, de las que comúnmente conocen
hábitos y montos económicos que manejan.
La PGR opera
en función de la negociación entre las partes
como base fundamental para obtener los datos que permitan hacer
eficaz la detención de los autores intelectuales del
delito. De esta manera, se otorgan beneficios a los eslabones
más débiles de la cadena delictiva, precisa Vasconcelos.
Además,
para enfrentar la corrupción de jueces que incurren en
la liberación de delincuentes, la PGR desarrolló
una estrategia jurídica llamada de remache, la cual
consiste en acusar al presunto secuestrador simultáneamente
en tres juzgados distintos, por los delitos de secuestro, delincuencia
organizada y operaciones con recursos ilícitos, lo que
impide que las componendas no penetren a toda la estructura
jurídica y se garantice, por lo menos, 20 años
de prisión.
La Unidad de
Manejo de Crisis de la PGR ha atendido en lo que va del año
90 casos de secuestro y ha logrado la detención de 46
personas que conformaban ocho bandas.
En la primera
mitad del sexenio se han integrado 364 fichas criminales y 402
registros de voz de negociadores. La desarticulación
de 29 bandas ha traído consigo la captura de 181 presuntos
secuestradores.
La AFI señala
en su informe que bajo el esquema de la Unidad de Coordinación
e Intercambio de Información Policial se desmembraron
13 bandas en Tlaxcala, Morelos, Puebla, Estado de México,
Veracruz, Guerrero, Oaxaca y Chiapas.
Actualmente están identificadas, investigadas y perseguidas
ocho bandas dedicadas al secuestro en Michoacán, Guerrero,
Oaxaca, Chiapas y el Distrito Federal.
Secuestro
y guerrilla
Entre las bandas identificadas está el Ejército
Revolucionario del Pueblo Insurgente (ERPI), el cual financia
sus actividades guerrilleras con el secuestro y a cuyos miembros
se les ha observado mayor seguridad, organización y menos
violencia en el trato hacia sus víctimas y en la negociación
en Guerrero, Oaxaca y Chiapas, donde tienen mayor presencia.

Avances en materia policial |
En Tecoanapa
y Ayutla de los Libres, Guerrero, fueron detenidos seis integrantes
del ERPI que habían participado en actos de secuestro.
Dos de sus víctimas fueron Miguel Flores Gatica y Juan
Dimayuga Canales. La actividad del grupo guerrillero fue calificada
por la PGR, como de alto impacto.
Al ERPI
le fueron aseguradas 12 armas de fuego, nueve largas y tres
cortas; 2 mil 146 cartuchos de diferentes calibres, principalmente
para fusil AK-47; 11 cargadores para armas de diferentes calibres;
cuatro uniformes tipo militar; un teléfono satelital,
y un comunicado fechado el 7 de marzo de 1999.
Industria
a la baja
En la práctica del pedir y el dar, la industria del secuestro
en México llevó las de perder en el 2001, cuando
la exigencia de más de mil 544 millones de pesos, se
redujo a 78 millones; en el 2002, de mil 54 millones 250 mil
pesos, se pagaron 57 millones, y en 2003 han sido demandados
por los secuestradores 564 millones 71 mil pesos, de los cuales
sólo se les entregaron 26 millones 754 mil 100.
La alta
incidencia en materia de secuestros obligó a las autoridades
judiciales a conformar una triple alianza para acabar con el
crimen organizado. A la fecha, éstas calculan una disminución
de 50 por ciento en la incidencia de esta industria delictiva.

Avances en materia policial |

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