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Los altos mandos
del ejército no confían en la justicia militar.
Enjuiciados, en distintos momentos de su proceso, los generales
José Francisco Gallardo, Francisco Quirós Hermosillo
y Jesús Gutiérrez Rebollo buscaron la defensa
de un abogado civil, rechazando el beneficio a uno militar,
como lo marca el Código de Justicia Militar, y eligieron
a Félix Francisco Garza Martínez, quien habla
de las fisuras del sistema de justicia castrense.
-¿Por qué los generales no creen en la justicia
militar?
-Porque la conocen -dice de forma simple y llana.
Garza Martínez señala que en México la
justicia militar se aplica de manera parcial y está llena
de fisuras e irregularidades, ya que somete a su fuero únicamente
a elementos que le son incómodos a los altos mandos.
El principal obstáculo, agrega, es que responde a una
línea de mando y de grados, sujeta a la intención
del secretario de la Defensa Nacional.
Lo usual en
los juicios es que los altos mandos utilicen a los militares
de baja graduación como testigos de las imputaciones
que hacen contra los militares de alto rango. Tenientes, subtenientes,
mayores y hasta capitanes declaran en contra de sus superiores.
Nunca he visto a un general declarar en contra de otro general.
Jueces
ignorantes y arbitrarios
Basta una simple acusación o insinuación, o que
un militar con alto grado señale a un mando inferior
que le resulte incómodo para que la Procuraduría
de Justicia Militar inicie una averiguación previa y
dicte auto de formal prisión en contra del inculpado.
El delito no importa.

El proceso de los generales |
Dentro
de la prisión, al detenido se le asigna un defensor de
oficio (por lo regular con el grado de mayor) para que lleve
adelante la defensa en uno de los seis juzgados que se ubican
ex profeso en la Ciudad de México.
En los
juzgados militares ningún juez cuenta con el grado de
general brigadier, indispensable para cumplir dicha función,
de acuerdo con el Código de Justicia Militar, con lo
que los mismos magistrados violentan la ley.
Los jueces
castrenses son, en opinión de Garza, parte de una fórmula
creada para dictar condena, aun cuando los abogados defensores
aporten las pruebas necesarias para probar una posible inocencia.
Los jueces
militares son personas que ignoran, por un lado, lo que es el
derecho y, por otro, los procedimientos; amén de que
es común que dicten resoluciones de poca monta, delitos
que no pueden trascender a un año, porque los que trascienden
a más son puestos ante un Consejo de Guerra. Los jueces
militares solamente confeccionan condenas.
Aunque
esta falta de conocimiento en materia del derecho es un punto
a favor de aquellos abogados que, desafiando a la autoridad
militar, llevan el caso de sus defendidos más allá
del dominio de las fuerzas castrenses y tramitan amparos en
el ámbito federal, dice el especialista en fuero de guerra.
Los errores
cometidos en los tribunales militares casi siempre se corrigen
en los colegiados, donde se conceden los amparos a los militares
quejosos, al quedar claro que la sentencia dictada en el fuero
militar no fue la correcta.
Abogado
insumiso
Reconocido en el medio como un abogado audaz. Para él
las autoridades castrenses representan únicamente un
grado de respeto, pero nunca de sumisión y jamás
de avasallamiento, enfatiza orgulloso.
Durante
27 años ha enfrentado a los miembros del círculo
hermético que integran el sistema de justicia militar.
Las discrepancias las resume en un razonamiento tajante:
Diferimos
porque los universitarios tenemos la característica de
poseer una mente abierta y no una mente cuadrada. Yo no respeto
ni lo que me diga el presidente de la República ni lo
que me diga el presidente de la Corte, porque mi trabajo es
poner en tela de juicio toda disposición de autoridad.
Y los militares no lo hacen, no pueden contravenir su línea
de mando.

Francisco Garza Martínez |
La afrenta
más fuerte de Félix Francisco Garza Martínez
hacia la justicia castrense se dio cuando acudió a litigar
ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), dependiente
de la Organización de Estados Americanos, para acreditar
que en contra de su defendido, el general José Francisco
Gallardo, se habían cometido diversas violaciones a los
derechos humanos contenidas en el Tratado de San José:
persecución, acoso, difamación y una campaña
de hostigamiento.
Por primera
vez el Ejército Mexicano fue puesto en el banquillo de
los acusados en una corte internacional, a partir del incumplimiento
de la recomendación emitida en febrero de 1997 por la
CIDH para la liberación de Gallardo.
Narcogenerales
Preso desde 1997 en el penal de máxima seguridad de Almoloya
de Juárez, acusado de su presunta vinculación
con el Cartel de Juárez, el general de división
Jesús Gutiérrez Rebollo es otro de los clientes
de Félix Francisco Garza, quien tomó su caso en
el mismo año de su detención.
La defensa
del general de división Francisco Quirós Hermosillo,
acusado de delitos contra la salud (preso desde octubre de 2000),
también está a su cargo desde agosto del 2001.
Aunque en noviembre pasado un Consejo de Guerra dictó
una sentencia de 16 años de prisión, Garza sigue
al frente de la defensa del general al que diversas organizaciones
civiles imputan por lo menos 20 desapariciones forzadas en el
estado de Guerrero.
El abogado
de los generales, egresado de la Facultad de Derecho de la UNAM,
no hace ninguna diferencia entre sus clientes: Cada caso tiene
características que los hacen únicos y especiales.
Mi trabajo
ha sido acreditar que mis defendidos no son penalmente responsables,
aun cuando se haya cometido un delito, robo, violación
o lo que sea: acreditar que la persona que yo defiendo no realizó
la conducta de la cual está siendo acusada.
El Código
de Justicia Militar vigente data de 1934, y fue decretado por
el entonces presidente sustituto Abelardo L Rodríguez,
sin haber pasado por el Poder Legislativo para su aprobación,
lo que en opinión de los especialistas le da el carácter
de inconstitucional.
Al respecto,
Garza añade: Tenemos una ley penal militar que es inconstitucional.
No obstante que los propios militares lo primero que juran es
respetar la Constitución, se integran a una institución
cuyas leyes se basan en la inconstitucionalidad.
Es aberrante
que todos los jueces, procuradores, agentes del Ministerio Público,
policías judiciales militares, policías militares,
directores de prisión, defensores de oficio, peritos
y hasta los auxiliares de la justicia militar dependan del secretario
de la Defensa.
Yo secretario
te voy a procesar, te meto en mi cárcel, te acuso con
mi Ministerio Público y te defiendo con mi defensor de
oficio. Entonces es ilegal privar de la libertad a cualquier
militar, basándose en un código de justicia inconstitucional.
Los delitos más comunes dentro del ejército son,
en orden de frecuencia: malversación de fondos o bienes,
robo, delitos contra la salud y la deserción. Inculpar
a un militar por esta última, concluye Garza Martínez
son pendejadas.
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