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La Ley General
para la Prevención y Gestión Integral de los Residuos,
aprobada por la LVIII Legislatura, pone en riesgo el medio ambiente
y la salud de los seres vivos al pretender convertir a México
en un cementerio de desechos tóxicos, denuncia Greenpeace
capítulo México.
Pese a que la
organización ambientalista ha encontrado en alimentos
como lácteos, pescado, carnes y mantequillas sustancias
tóxicas como dioxinas y furanos --generados a partir
de la producción o incineración de sustancias
o compuestos con cloro--, su advertencia no fue tomada en cuenta
para la aprobación de dicha ley, que permite la incineración
como método de eliminación de residuos.
En la ley se
establece un proceso para reducir el volumen de los residuos
y descomponer o cambiar su composición física,
química o biológica, aunque también se
advierte del riesgo de que existan emanaciones peligrosas por
este motivo.
Además,
contempla la instalación de confinamientos para albergar
cenizas y elementos generados por la incineración, así
como otros desechos, que según Greenpeace, ocasionarían
daños al medio ambiente y a la salud: deformaciones prenatales,
alteración de funciones biológicas, de comportamiento,
aprendizaje y cáncer.

Mariana Boy |
Para Mariana
Boy Tamborrel, coordinadora de la Campaña de Tóxicos
de Greenpeace México, uno de los problemas que no prevé
esta ley es que en México las empresas no se hacen responsables
de los daños que causan a la población y al medio
ambiente con estos métodos de eliminación.
Incluso, alerta
sobre la cantidad de residuos que desechan las industrias: Se
están generando cuatro millones de toneladas anuales.
Estimamos que la cifra puede ascender hasta ocho millones.
Señala
que en el listado de industrias sucias el primer lugar lo
ocupa Petróleos Mexicanos, en todas sus actividades,
ya que cuenta con varios incineradores dentro de sus predios.
Lo mismo sucede
en la industria cementera, que también está quemando
residuos peligrosos a manera de combustible alterno, y en las
industrias química, de plásticos y farmacéutica.
En su investigación
Incineración, la raíz de cáncer invisible,
realizada el año pasado, Boy enumera las cementeras que
llevan a cabo prácticas de incineración: Apasco,
en Monterrey, Veracruz, Guerrero, Distrito Federal y Tabasco;
Del Yaqui, en el Estado de México; Guadalajara, en
Jalisco; Maya, en Mérida; Mexicanos, en Monterrey,
Nuevo León, Coahuila, Hidalgo y San Luis Potosí;
Portland de México, en Hidalgo y Morelos; Tolteca,
en Hidalgo, Puebla y Jalisco; Cooperativa Cruz Azul, en Hidalgo
y Oaxaca.
El estudio enlista
también a la Comisión Federal de Electricidad,
en Baja California Sur, y a las empresas Petroquímica
Morelos, en Coatzacoalcos, y Francisco de la Barrera Mares (antes
manufacturas Alicas, S. A. de C.V.), Procesos Ambientales Alfa
y Quest Internacional de México en el Distrito Federal.
La ecologista
plantea que otro punto negativo de la ley es que en México
no existe tecnología suficiente para monitorear los contaminantes
más peligrosos creados por los seres humanos y que pertenecen
al grupo de los orgánicos persistentes, como son las
dioxinas y los furanos.
Héctor M. Poggi Varalado
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Los especialistas
José Luz González Chávez y Héctor
M. Poggi Varalado, destacan que la incineración y el
confinamiento son métodos de tecnología avanzada
en la eliminación de residuos, hoy en práctica
en países de primer mundo, donde se cuenta con los elementos
necesarios para llevarlos a cabo.
Poggi Varaldo,
adscrito al Centro de Investigación y de Estudios Avanzados
del Instituto Politécnico Nacional (Cinvestav), aclara
que en cualquier tecnología de eliminación de
residuos la palabra ´eliminación´ no debe
ser tomada en un contexto absoluto. Lo que existe es una reducción.
Uno piensa en términos ideales en eliminación
completa, pero siempre queda algo. En todo caso, uno trata de
que quede inocuo, comparado con el residuo que entró.
Según
Gónzalez Chávez, de la Universidad Nacional Autónoma
de México (UNAM), depende de qué tanto control
se tenga en el proceso de incineración, pues actualmente
se cuenta con la tecnología adecuada para hacer procesos
totalmente controlados.
Un punto más
en esta controversia es la instalación de confinamientos
de residuos y cenizas con las características necesarias
para que los elementos no se transminen, ya que podrían
convertirse en agentes tóxicos al contacto con el aire,
el suelo o el agua. Aquí habrá de disponerse de
zonas de bajo o nulo riesgo sísmico y de suelos sin porosidad
para evitar fisuras.

José Luz González Chávez
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González
Chávez, también inspector de armas químicas
de la Organización de Naciones Unidas durante la guerra
de Estados Unidos contra Irak, dice que otro de los problemas
de esta ley es la falta de tecnología para realizar la
eliminación de residuos, que en la mayor parte de los
casos es importada. Además, destaca la falta de apoyo
a los investigadores nacionales para desarrollar los avances
tecnológicos adecuados.
Otra vertiente
del problema es la intromisión de intereses políticos.
Ahí está el caso de contaminación por
cromo en Tultitlán, Estado de México, desde hace
30 años, donde estuvo Cromatos de México. Hay
suelos y acuíferos contaminados. Se han hecho evaluaciones,
se ha politizado demasiado ese problema. Y cada vez que va a
haber elecciones entran todos los partidos políticos
con promesas de solucionarlo, pero sigue ahí.
La Ley General
para la Prevención y Gestión Integral de los Residuos
obtuvo un total de 318 votos a favor, 38 en contra y 6 abstenciones,
más la ausencia de 138 diputados. Con su aprobación,
el Congreso de la Unión dio paso a una controversia ambientalista.
El Senado de
la República modificó sustancialmente el fondo
de la minuta remitida por la Cámara de Diputados, despreciando
las consideraciones que en materia de protección ambiental
y de salud pública habían establecido algunos
legisladores, precisa el diputado Diego Cobo Terrazas, presidente
de la comisión del ramo.
La ley no tiene
como objetivo central la minimización en la generación
de los residuos y fomenta métodos y sistemas de tratamiento
inadecuados y peligrosos para la salud pública, como
es el caso de la incineración de residuos que emiten
a la atmósfera dioxinas y furanos, que son elementos
altamente tóxicos, advierte.
Según
la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente
(Profepa), la inspección industrial revela que en México
se han identificado 33 mil 800 fuentes contaminantes. De éstas,
4 mil 35 van a la atmósfera, 28 mil son generadoras de
residuos, 840 prestan sus servicios relacionados con su manejo
y 6 mil 400 realizan actividades altamente riesgosas.
Así, Greenpeace ha encontrado sustancias tóxicas
como dioxinas y furanos en alimentos como lácteos, pescado,
carnes importadas de diversos países y en las mantequillas
mexicanas. Con todo, la Ley entrará en vigor en enero
de 2004. 
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