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Cara ovalada,
nariz recta, tez blanca, cabello castaño oscuro, lacio
y largo; ojos grandes rasgados color café, cejas triangulares,
complexión delgada. En la fotografía Mayra Yesenia
Nájera Larragoiti aparece sonriente. Con la mano izquierda
se toca el mentón en una expresión despreocupada.
La joven de metro y medio de estatura y quince años de
edad no imaginó que la gráfica formaría
parte del archivo de la Procuraduría General de la República
(PGR) para investigar su posible asesinato.
Mayra desapareció el 10 de agosto de 2002, en la tierra
del célebre Señor de los cielos, el narcotraficante
Amado Carrillo: Ciudad Juárez, Chihuahua. La última
vez que se la vio vestía pantalón de mezclilla
en color azul deslavado, blusa blanca de tirantes de cuello
holgado y tenis azules con franjas blancas. Llevaba arracadas
de plata y tres anillos de oro.
Entre el 3 de noviembre de 2002 y el 3 de febrero de 2003, en
un paraje de Chihuahua, conocido como El Cristo Negro, fueron
localizados los cadáveres de seis mujeres, uno de los
cuales, según la Procuraduría General de Justicia
del Estado de Chihuahua (PGJECh), era el de Mayra.
Una denuncia anónima ante el Ministerio Público
adscrito a la Unidad Especializada en Delincuencia Organizada
(UEDO), acerca de que la delincuencia organizada participaba
en los crímenes de mujeres en Ciudad Juárez, originó
que la PGR atrajera 14 casos bajo una sola línea de investigación:
el tráfico de órganos.
Con el acta circunstancial PGR/UEDO/176/2003, el pasado 16 de
abril comenzaron las indagatorias, a las que se integró
la información aportada por elementos de la Agencia Federal
de Investigación (AFI) sobre la presunta declaración
de Miguel Ángel Vázquez Villegas.
En calidad de testigo, el 14 de abril, ante la Fiscalía
Especial para la Investigación de Mujeres en Ciudad Juárez,
aseguró que en 1999 había “levantado” a tres mujeres
para llevarlas a Hernando Valles, y que junto con éste
y Javier García, alias el Canario, dieron muerte a las
jóvenes para extraerles algunos órganos, luego
de lo cual tiraron sus cadáveres en un campo de algodón.
La declaración de Vázquez Villegas fue reforzada
por una testigo: Rosa Alicia Leyva Delgado, quien ante la misma
Fiscalía, el 13 de abril, reconoció al presunto
autoinculpado como la persona que le ofreció en venta
un teléfono celular, el que según informes de
la PGJECh perteneció a Mayra Yesenia Nájera Larragoiti.
Así, por la sola evidencia de un teléfono celular,
Manuel Nájera Candela y Ana Isabel Larragoiti Romo recibieron
la noticia de que el supuesto cadáver de su hija había
sido encontrado en los terrenos de El Cristo Negro, a casi seis
meses de su desaparición.
Con la declaración de Miguel Ángel Vázquez,
la PGR graficó la estructura de la organización
delictiva pretendidamente dedicada al tráfico de órganos.
En ésta incluía a siete personas: Miguel Ángel
Vázquez Villegas, Javier García Chihuahua, Hernando
Valles Contreras, Williams, el Gringo, José Alfredo Gutiérrez,
“el Doctor”, Juan Valles, el Sobrino, y una mujer con el alias
de la Morena. Sobre los cuatro últimos, agentes de la
AFI trataron de localizarlos, sin que se pudiera acreditar su
existencia.
Además del caso de los seis cadáveres descubiertos
en El Cristo Negro, la PGR atrajo ocho casos más, de
los restos encontrados en noviembre de 2001 en un campo algodonero,
que fueron relacionados con la declaración de Miguel
Ángel Vázquez.
El 16 de abril, la PGR detuvo a Miguel Ángel Vázquez
Villegas y a Hernando Valles Contreras. Al día siguiente,
Vázquez Villegas ratificó su declaración
sobre su participación en una organización delictiva
dedicada al tráfico de órganos, pero Valles Contreras
negó todas las imputaciones en su contra. A partir del
18 de abril, ambos permanecieron en arraigo domiciliario de
90 días, que venció el pasado 17 de julio, a las
21:00 horas, hora de Ciudad Juárez.
Durante el arraigo, Vázquez Villegas se retractó
de su declaración inicial, argumentando que todo lo había
inventado, desde los nombres de los involucrados, testigos y
hechos, y que lo había dicho por temor a ser torturado:
“Pues sabía de las investigaciones que la autoridad llevaba
a cabo respecto de muertes de mujeres en Ciudad Juárez”,
según registra un informe interno de la PGR sobre el
tráfico de órganos como línea de investigación
para esclarecer los homicidios de 14 mujeres.
Aun con la retracción de Vázquez Villegas (20
de abril), el día 29 de ese mismo mes un grupo de la
AFI localizó y detuvo a Javier García Chihuahua,
alias el Canario, con los cargos de delincuencia organizada
y tráfico de órganos. García Chihuahua
fue arraigado durante 90 días el 30 de abril, por orden
del Juez 6º de Distrito de Chihuahua. Su término
venció el 29 de julio.
Tropiezos de la PGR
Sin tener los elementos básicos, como la identificación
de cadáveres y los informes médicos forenses,
el 10 de mayo la PGR dio a conocer que los 14 casos se trataban
de muerte por tráfico de órganos, aun cuando la
Secretaría de Salud rechaza tajante que en México
se registre dicha práctica.
El 31 de mayo concluyó el dictamen médico forense
sobre los 14 cadáveres, el cual señala que en
ninguno hay indicios de extracción de órganos,
aunque sí mutilaciones por depredación de animales
grandes, como perros o coyotes.
En el documento de la PGR se acepta que en las fotografías
de los cadáveres se puede apreciar que tampoco existe
una sola incisión médico-quirúrgica para
la extracción de órganos.
Otro de los tropiezos de la investigación de la PGR se
registró el 24 de junio de 2003, con la detracción
de Rosa Alicia Leyva Delgado, en su calidad de testigo, al desconocer
a Vázquez Villegas como la persona que le intentara vender
un teléfono celular, lo mismo que a los demás
involucrados.
Al mal rumbo que tomó la investigación efectuada
por la PGR, se sumó otro agravante, de mayores estragos
e impacto moral entre los familiares de las víctimas:
haber dado un nombre a un cadáver, sin tener las pruebas
suficientes para su identificación.
Cuando a Manuel Nájera Candela y a Ana Isabel Larragoiti
Romo les informaron que el cadáver de su hija había
sido localizado en el paraje El Cristo Negro, no dudaron. Aunque
la única prueba con la que contaban las autoridades era
la localización de un teléfono celular. En Juárez,
de acuerdo con informes de organismos de derechos humanos, cada
semana desaparece una mujer.
Las mujeres jóvenes y sus familias viven con la zozobra
latente. Los padres esperan ver regresar a sus hijas de la fábrica,
la escuela, la oficina, el paseo con las amigas, las compras
en algún centro comercial, aunque nunca están
seguros de ello.
Cada segundo cuenta. Si ese día la esposa, la hija, la
hermana regresó a casa, la familia puede estar tranquila,
y no tendrá que acudir a reportar una desaparición,
y un probable nuevo crimen.
Durante ocho meses los padres de Mayra Yesenia lloraron su desaparición,
y los siguientes 60 días, a un cuerpo marcado con el
número 239/02, que les informaron era el de su hija.
Pero el dictamen de genética forense (del 26 de junio
de 2003) concluyó que no se trataba de la joven, por
lo que Mayra aún está en calidad de desaparecida.
De los restos óseos señalados con el número
239/02 lo único que se sabe es que pertenecen a “un individuo
del sexo femenino”. Cuando se logre la identificación,
los resultados vendrán acompañados de un nuevo
luto para otros padres.
Entre tropiezos e irregularidades, la PGR no pudo sostener el
tráfico de órganos como la causa del asesinato
de las 14 mujeres. Aun así, la dependencia ha hecho saber
que continuará con las investigaciones, aunque prácticamente
tendrá que partir de cero puesto que ni siquiera cuenta
con la identificación de las víctimas, punto de
partida para esclarecer cualquier homicidio.
En entrevista, José Luis Santiago Vasconcelos, director
de la UEDO, luego de descartar el tráfico de órganos
como línea de investigación, recaba información
sobre las averiguaciones previas para formular una hipótesis
acertada. Podría ser la de narcotráfico, “como
fuente generadora de hechos”.
Aunque la UEDO destaca que ninguna de las mujeres asesinadas
tuvo relación directa con bandas o con organizaciones
dedicadas al tráfico de drogas, “algunas tienen antecedentes
de consumo de drogas, y esto es muy importante porque al momento
de hacer los análisis en materia de psiquiatría,
criminalística y criminología se hace un análisis
multidisciplinario, y los forenses nos pueden delinear un perfil
sobre los asesinos”.
Santiago Vasconcelos subraya que las nuevas indagatorias de
la UEDO se abocarán a establecer el perfil de los asesinos:
“Volvemos al problema de raíz. El crimen organizado no
solamente está especializado en narcotráfico en
Juárez, sino que confluyen manifestaciones de delincuencia
organizada, armas, migrantes, lavado de dinero y narcotráfico,
como actividades prioritarias, y secuestros”.
En una evaluación general sobre los homicidios de mujeres
en Ciudad Juárez, considera que hay distintas razones
para que desde hace una década se presenten en el mismo
punto fronterizo: “Hay diversos factores que anidan en esto.
Uno, la actividad que existe de delincuencia organizada desde
hace mucho tiempo, que degeneró en un tejido social podrido.
Hay que reconstituirlo, revitalizarlo y volverlo a tejer”.
“Cultural y socialmente hay un machismo exacerbado que no lo
vemos en otras latitudes de nuestra República. Esto también
incide. A la mujer no se le da su lugar ni se le valora, se
le trata con desprecio”, concluye.
Escuela de impunidad
Con la teoría de grupos de hombres que están asesinando
a mujeres desde hace una década en Ciudad Juárez
guiados por un sentido de misoginia coincide Bárbara
Yllán Rondero, subprocuradora de Atención a Víctimas
y Servicios a la Comunidad de la PGJDF.
“Sin lugar a dudas -dice-, Ciudad Juárez nos está
mostrando un punto muy delicado: varios años de crímenes
que quizá comenzaron con un grupo de hombres que decidieron
meter en cintura a aquellas mujeres que se atrevieron a tener
una actividad propia en la maquila, y como no fueron detenidos,
como no hubo persecución, empezó algo muy perverso,
la educación de la impunidad.”
Afirma que el negligente proceder de las autoridades respecto
de la no solución real de estos casos es un mensaje claro
al mundo entero de que en México “se puede matar mujeres”.
“Se debe poner énfasis en resolver los primeros crímenes,
porque éstos son los que van a arrojar pruebas sobre
el comportamiento de los asesinos, que yo percibo se trata de
grupos tipo Ku Klux Klan, que ultiman mujeres. Pero en las investigaciones
ha habido muchos errores.
Homicidas inexistentes
A los errores cometidos en el curso de las investigaciones se
suman diferencias entre las distintas instancias de justicia,
desde las descalificaciones hasta omisiones sobre la responsabilidad
de a qué dependencia corresponde resolver los crímenes.
Mientras las autoridades se tropiezan, los asesinos siguen libres.
En Juárez los cuerpos siguen apareciendo, no así
las manos ejecutoras.
Aun a ojos de la Procuraduría Estatal de Justicia, la
UEDO, la AFI y hasta del FBI, los asesinos extienden sus prácticas
burlando la vigilancia en la tierra donde lo más grande
no es el desierto, sino la impunidad.
Al mediodía del 14 de julio, en el paraje Los Cuernos
de la Luna de la ciudad de Chihuahua, fueron descubiertos restos
de un cuerpo que las autoridades determinaron era el de Neyra
Azucena Cervantes, de 19 años de edad.
El 13 de mayo, Neyra acudió a su clase de computación
en la escuela Era, ubicada en el centro de la ciudad. Fue la
última vez que se le vio con vida.
El 15 de julio, 30 minutos antes del mediodía, un grupo
de agentes de la Dirección de Seguridad Pública
acudió al paraje mencionado, después de haber
recibido una llamada de un número de emergencias para
reportar el hallazgo de un nuevo cadáver.
A las 22:00 horas, en el servicio médico forense, Patricia
Cervantes, mamá de Neyra, reconoció la ropa de
su hija (pantalón de gabardina color beige, blusa negra,
tenis y un anillo de plata con el nombre “Ever”). El cadáver
tenía de seis a ocho semanas sin vida, y un orificio
en el cráneo por arma de fuego.
Alejandro Santos Rubio, director general de Servicios Periciales
y Medicina Forense de la Procuraduría General de Justicia
del Estado, dio por válida la identificación,
aunque sin las pruebas de ADN correspondientes, estudio que
podría tardar hasta seis semanas.
Y sin la certeza plena de que se tratara del cadáver
de Neyra, esa misma noche, elementos de la PGJECh detuvieron
a David Meza Argueta (originario de Tuxtla Gutiérrez,
Chiapas), como presunto responsable del homicidio.
Luego de que David Meza permaneciera incomunicado en las instalaciones
de la procuraduría, un informe de esta dependencia dado
a conocer por el subprocurador, Jesús Antonio Piñón,
indica que Meza Argueta contrató a dos personas (de quienes
no se ha revelado su identidad) para plagiar a Neyra y mantenerla
secuestrada en una casa, que intentó violarla y finalmente
le disparó en la cabeza y enterró su cuerpo en
una parte del terreno conocido como Los Cuernos de la Luna.
La dependencia no ha proporcionado mayores datos sobre el caso
“para no entorpecer las investigaciones”.
La forma en que la PGJECh está manejando el caso de Neyra
Azucena es, a decir de la Comisión Mexicana de Denuncia
y Promoción de los Derechos Humanos, “a todas luces irregular”,
ya que ni siquiera se tiene la certeza de que la osamenta sea
la de la joven señalada, con el antecedente de que en
muchos de estos homicidios ha habido incluso cambio de ropa
entre las víctimas.
Jimena Andoni Ibáñez, coordinadora para el área
de denuncias de dicho organismo, descalifica por completo la
actuación de la PGJECh y plantea que ante la presión
de la sociedad civil, la instancia, lejos de investigar, fabrica
culpables.
“Es muy grave además porque estos chivos expiatorios
son personas a las que se les están violando todas sus
garantías individuales. La Procuraduría de Justicia
de Chihuahua siempre ha utilizado estas mismas técnicas,
pero creo que es una grosería para la sociedad el que
estas autoridades piensen que nosotros vamos a seguir creyendo
en sus teorías prefabricadas y que vamos a seguir permitiéndolas.
Las autoridades creen que al resolver un crimen que está
haciendo mucho ruido van a cambiar su imagen, pero la verdad
se trata de un problema muy complejo que requiere de muchas
opciones.”
Jimena Andoni remarca también que las indagatorias efectuadas
tanto por la PGJECh como por la PGR son irreales, puesto que
en la mayoría de los casos no se ha establecido siquiera
la identidad de las víctimas, aunque sí supuestos
victimarios: “En muchos casos donde la víctima no ha
sido identificada, sí hay un presunto responsable, y
entonces es un responsable de la muerte de quién sabe
quién, lo que jurídicamente es erróneo.”
La falta de seriedad que la PGJECh ha demostrado para el esclarecimiento
de estos homicidios se registra en un hecho simple. De 1993
a 1997, los expedientes, que incluían declaraciones y
fotografías, se guardaban en una bodega que sufrió
inundaciones y algunos de los archivos se mojaron y fueron desechados.
De los cuerpos de las primeras víctimas se extrajeron
fragmentos de ropa, piezas de bisutería y algunos otros
objetos para su identificación. Un día a alguien
se le ocurrió desecharlos. Las evidencias también
se perdieron.
Los ojos sobre Juárez
La presión nacional e internacional sobre el caso, que
parece no tener freno, obligó a estructurar un programa
integral de seguridad en Juárez, aplicado a partir del
martes 22 de julio, en el que participan la secretarías
de Gobernación, de Salud y de Relaciones Exteriores,
la PGR, las policías Federal Preventiva (PFP), estatal
y municipal, el Instituto Nacional de las Mujeres, la Comisión
Nacional de Derechos Humanos y la Comisión Interamericana
de Derechos Humanos.
Aunque no habían ni 24 horas cuando tres nuevos cuerpos
fueron localizados a unos metros de una camioneta último
modelo con placas de Texas, Estados Unidos en la parte del desierto
conocida como Arenales de San Agustín.
Se trataba de Candelaria Karina Ramos González, Miriam
García Solorio y Margarita Gema Alamillo González
de 20, 21 y 22 años de edad respectivamente, quienes
se presume viajaban en compañía de Felipe de Jesús
Machado de quien se ignora su paradero. Aunque estos nuevos
crímenes “no deben” sumarse a la larga lista del fenómeno
conocido como “ Las Muertas de Juárez”, dice en entrevista
Mauro Conde Martínez, vocero de la subprocuraduría
de Justicia de Chihuahua.
“Estos tres crímenes son claramente un ajuste de cuentas
al estilo del narco”, concluye.
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