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Desde
Tijuana hasta Matamoros, todas las ciudades fronterizas
guardan ciertas analogías, la más evidente:
el cruce de la línea los 365 días del
año por mexicanos, centro y sudamericanos,
europeos, asiáticos y hasta algunos africanos
que ven en ese paso el viraje de su precaria vida.
Algunos
lo logran, historias bien conocidas. Otros mueren
del lado del desierto por falta de agua o en el río
por exceso de ella. De la asfixia en tráilers
y camiones tampoco se salvan.
Luego
queda un grupo más, el de los que esperan un
descuido de la migra mexicana o de la temible Patrulla
Fronteriza gringa para internarse al otro lado; y
mientras esperan, se concentran en los estados de
Chihuahua y Sonora, donde se ubican las que pueden
constituir una fuente de empleo para ellos: maquiladoras
y ensambladoras, y los giros negros: clubes nocturnos
y discotecas. Así se han sobrepoblado las ciudades
de la frontera en ambos estados, que por cierto guardan
otra similitud: sus mujeres asesinadas.
Ante
la ineptitud de las autoridades locales y federales
para esclarecer el homicidio de por lo menos 300 mujeres
en Ciudad Juárez, esta ola se ha extendido
al vecino estado de Sonora, en lo que los psicólogos
y criminalistas denominan como un fenómeno
de "imitación".
De
Agua Prieta a Nogales
En las avenidas de Agua Prieta los semáforos
difícilmente se descomponen, pero el que indicaba
la alerta para las jóvenes Beatriz y Rosa María
se detuvo de manera súbita.
El
3 de noviembre de 2001, en un basurero ubicado en
la Avenida 2 y las calles 38 y 39, en el centro de
la ciudad, fue descubierto el cuerpo sin vida de Beatriz
Márquez Ortiz. Con un balazo en la cabeza,
atada de manos y amordazada con un pañuelo,
presentaba huellas de tortura y violación.
Tenía 18 años de edad.
Dos
meses después, el jueves 10 de enero de 2002,
en el baldío ubicado en la Avenida 28, en la
esquina con las calles 15 y 16, fue encontrada muerta
Rosa María Varela Figueroa: estrangulada, atada
de manos, con heridas punzo cortantes en distintas
partes del cuerpo y con huellas de tortura y violación.
Tenía 15 años de edad.
Los
violentos crímenes despertaron pánico
entre las mujeres de Agua Prieta, quienes de inmediato
los relacionaron con los de Ciudad Juárez.
Al difundirse el caso, el procurador de Justicia del
estado, Miguel Ángel Cortés Ibarra,
rechazó de manera terminante cualquier similitud,
aunque éste fue sólo el comienzo de
una nueva ola de asesinatos.
Una
garita de migración y una malla metálica
de escasos cinco metros de altura separa los dos Nogales,
el de Sonora y el de Arizona. El lado mexicano ha
cobrado popularidad entre los jóvenes estadounidenses
durante los últimos años, porque en
las farmacias de la periferia pueden conseguir, a
bajos costos, pastillas de los laboratorios Roché
que utilizan como estimulantes. En sentido contrario
viajan los indocumentados. No saltan la reja, construyen
hoyos debajo de ella y como topos se internan por
el desierto con el sueño de llegar un poco
más allá de Arizona, en Estados Unidos.
Unos
y otros buscan probar nuevos aires, pero ninguno como
el que, a partir del octavo mes del 2002, les tocaría
respirar a las mujeres nogalenses: el del miedo.
El
martes 13 de agosto de ese año quedaría
marcado como el inicio de la zozobra y desaliento,
que no cesan hasta el día de hoy. Esa mañana,
al caminar por la calle Primavera, en la colonia del
mismo nombre, dos niños localizarían,
en el interior de un tambo de 200 litros, el cadáver
calcinado de una joven, que luego sería identificada
como Ana Patricia Frías Duarte.
El
14 de octubre, un grupo de albañiles que realizaban
una excavación en el drenaje de la finca ubicada
en la calle Portugal número 30, de la colonia
Lomas de Fátima, en Nogales, descubrieron las
osamentas de dos cuerpos femeninos mutilados y distribuidos
en dos bolsas de plástico color negro.
Para
asesinarlas, primero les dispararon con arma de fuego
en la cabeza y luego sus cuerpos fueron desmembrados
con una sierra eléctrica, por lo que no pudieron
ser identificadas. El propietario del inmueble, Javier
Montoya Rascón, declaró a las autoridades
que desde hacía tiempo la finca estaba abandonada.
En
un basurero de la colonia Chulavista, el 24 de octubre,
fue localizado el cadáver de Martha Cecilia
López Lucero. Estaba envuelto en una alfombra
roja. La mujer, de 38 años, murió por
estrangulamiento, y a pesar de que su cuerpo estaba
envuelto, una parte fue mutilada por perros y roedores.
Una
quinta mujer asesinada en Nogales fue encontrada cerca
del antiguo camino a Cananea el martes 18 de marzo
de 2003. A las 13:15 horas la policía municipal
recibió una llamada para informar que en un
terreno baldío aledaño a la zona conocida
como Cocina Industrial Los Álamos había
dos bolsas negras de plástico que parecían
sospechosas.
Cuando
un grupo de policías municipales se acercó
a inspeccionar, descubrió el cuerpo mutilado
de una mujer, en alto grado de descomposición
y mordisqueado por los perros. El peritaje determinó
que tenía por lo menos 20 días de muerta.
Y dado que los vecinos de la zona dijeron no haberse
percatado de su existencia, se presume que las bolsas
pudieron haber sido llevadas al lugar esa misma mañana.
Aun cuando se tomaron sus huellas dactilares, la mujer
no pudo ser identificada. En este caso el cuerpo de
la víctima había sido mutilado con arma
punzo cortante.
En
relación con los crímenes ocurridos
en Nogales, Cortés Ibarra negó nuevamente
el vínculo con Ciudad Juárez y argumentó
que en Nogales las muertas no fueron secuestradas:
"son sólo homicidios muy sanguinarios".
Y trazó una línea de investigación:
el narcotráfico.
Para
llevar el caso designó al fiscal Raúl
Chávez Acosta, que ocho meses después
de que se registrara el primer asesinato en Nogales
presentó a los medios de comunicación
a un presunto culpable:
Jesús
Salgado Otero, alias el Chucho o el Chuy, a quien
se atribuye su participación en dos de los
crímenes.
Salgado
Otero, originario de Tecpan, Guerrero, fue detenido
en su natal poblado, con el cargo de delitos sexuales
y por el asesinato de las dos mujeres cuyos cuerpos
aparecieron en el domicilio ubicado en la calle Portugal,
colonia Lomas de Fátima, en el centro de Nogales,
Sonora.
Durante
la presentación, el fiscal dio a conocer la
declaración del inculpado: éste, junto
con dos involucrados más, de quienes no proporcionó
nombres y hasta la fecha no han sido localizados,
dio muerte a las dos mujeres para no pagar los servicios
sexuales que habían acordado.
La
versión indica que en mayo de 2002 Jesús
Salgado Otero y sus dos cómplices organizaron
una fiesta en el domicilio indicado, donde consumieron
alcohol y varias drogas. Uno de ellos invitó
a dos mujeres que dijeron llamarse Lupe y Mague, quienes
al concluir la fiesta les pidieron el pago por la
relación sexual que sostuvieron con ellos.
Salgado
Otero y los otros dos individuos manifestaron su negativa
al pago. Entonces, según la declaración,
ellas amenazaron con denunciarlos ante la policía
por posesión y venta de droga al menudeo. Así,
uno de los hombres disparó un tiro a cada una,
y Salgado Otero cortó los cuerpos con la misma
sierra eléctrica que construía muebles,
pues su oficio era el de carpintero.
En
una entrevista con un diario local, efectuada el 15
de abril, un día después de su detención,
Salgado Otero negó su declaración, con
el alegato de que ésta había sido hecha
bajo tortura:
"Yo
no maté a las dos mujeres ni participé
en ningún descuartizamiento. A mí me
trajeron de Guerrero para responder por una violación
que sí acepto. Lo otro fue porque fui torturado
y me aseguraron que me convenía mejor declararme
culpable de los homicidios".
El
18 de abril el Juez Primero de lo Penal dictó
formal prisión a Salgado Otero y se abrió
el juicio, que podría durar hasta un año,
para declararlo culpable o no del asesinato de las
mujeres, por lo que podría alcanzar una sentencia
de 20 a 50 años de prisión. A la fecha,
es el único detenido por su presunta participación
en los crímenes.
Si
bien el fiscal señala que las investigaciones
van por buen curso, se niega a una entrevista.
El
último dato indica que las dos mujeres, señaladas
como Lupe y Mague, eran obreras de una planta maquiladora
de la empresa Sonytronic, ubicada en la avenida Obregón,
en la zona centro de Nogales. Nadie acudió
a reclamar sus cuerpos, por lo que se presume que
eran migrantes de alguna otra parte del país.
Una
epidemia social
Reconocido como el especialista en México que
más sabe de criminales y psicópatas,
el doctor Carlos Tornero Díaz habla de los
asesinatos de mujeres ocurridos en Ciudad Juárez
y Sonora como los brotes de una epidemia social, parteaguas
en la evolución de la sociedad mexicana, y
propone una hipótesis:
"En algún momento pensé que se
podría tratar de crímenes de tipo sectario,
por la forma y el sacrificio: desmembradas, estranguladas,
muertas con violencia y saña extrema.
No
se trata de dar muerte, sino del exceso: no habla
sólo de la tendencia del asesino para matar,
sino de torturar y ensañarse con la víctima.
Se planteó la hipótesis, pero las investigaciones
nunca dieron lugar a que fuera por allí el
asunto. Analizando lo que ahora ocurre en Sonora y
que sigue ocurriendo, aunque en menor grado, en Chihuahua,
se puede definir que no se trata de un asesino único.
Ninguna
persona en la historia de la humanidad ha dado muerte
a casi 300 mujeres; le llevaría tanto tiempo
y tendría que matar con tal frecuencia, que
sería verdaderamente inusitado el ejercicio
de dar tanta muerte y no ser sorprendido".
Durante
la entrevista, en su oficina de la Secretaría
Nacional de Seguridad Pública, el psiquiatra
y perito en casos como el del asesino Gilberto Flores
Alavez y Mario Aburto, define a los homicidas de Juárez,
Agua Prieta y Nogales como "homicidas sexuales
de tipo paranoico" para los que la mujer --ninguna
en particular, aclara-- representa una amenaza. "De
allí la saña."
Para
resolver este tipo de crímenes, evalúa,
los investigadores deben estudiar el entorno psicosocial:
"Este tipo de conductas rebasa lo individual,
es un fenómeno que se generaliza por la imitación
y el proselitismo. Encierran a un supuesto culpable
y dicen ya se acabó el problema, pero el problema
no se va a acabar. Las autoridades deben ampliar sus
investigaciones, dejar de ser sólo policías
e investigar".
Para
el criminalista Sergio Jaubert los homicidios de Agua
Prieta y Nogales responden a un fenómeno de
"imitación" que se fortalece porque
en México no se castiga a los asesinos de mujeres.
El
creador del Retrato hablado (sistema de identificación
de personas utilizado en todo el mundo), colaborador
del FBI y la Interpol, señala: "El no
resolver los crímenes de mujeres en Ciudad
Juárez estimuló la imitación,
y al igual que en Chihuahua, en un momento los homicidios
de mujeres en Sonora no van a tener freno".
Mujeres
violadas, torturadas, mutiladas y, en algunos casos,
calcinadas. Se trata --agrega el especialista-- de
asesinos sexuales cuya mentalidad desquiciada se manifiesta
desde el momento en que premeditan el crimen, lo planean,
estudian y eligen a su víctima, o al escogerla
al azar: "Para ellos es importante el factor
sorpresa y manifestar que son más fuertes,
que están armados y lanzarse sobre la víctima
para violarla, torturarla, mutilarla".
La
mayoría son individuos que aparentemente llevan
una vida normal, pero manejan la doble personalidad.
Para el asesino sexual la mujer pobre es el blanco
perfecto, se defiende poco, y si es migrante, mucho
menos. El crimen no puede verse como un hecho aislado,
es un eslabón en la vida del criminal, advierte
Jaubert.
Para
la frontera norte del país, el criminalista
augura un hecho no grato y que parece inevitable:
"Cada vez va a haber más asesinos espontáneos,
porque es como una plaga, una epidemia. Si las autoridades
no resuelven, cundirá el mal ejemplo. Si los
asesinatos de Agua Prieta y Nogales no se resuelven,
seguirán extendiéndose hacia Piedras
Negras, Laredo, Reynosa, Matamoros. Es como un incendio
forestal, si no lo apagan, se sigue".
Ante
la ola de crímenes en Sonora, el Centro de
Apoyo contra la Violencia (la organización
no gubernamental con mayor fuerza en la región),
dirigido por Josefina Guerrero, abrió una línea
para reportar a las mujeres desaparecidas en el estado.
En la actualidad se tiene el registro de más
de 20 mujeres.
Las
sin nombre
Sábado 16 de marzo de 2002. Al mediodía
la jauría ladraba más de la cuenta,
y los ladridos de los perros eran acompañados
de uno que otro aullido lastimero. Unos olfateaban
entre la basura, mientras otros lograban romper una
enorme bolsa de plástico negro de las que se
utilizan para desechar la basura, sólo que
ésta contenía el cuerpo mutilado y en
descomposición de la que había sido
una joven mujer.
Para
el animal no había diferencias. Tenía
ante su vista y olfato el buscado alimento, aunque
se tratara de una pierna humana. Fue uno de los chiquillos
de la colonia La Presa, en la delegación Gustavo
A. Madero, el que dio la alarma a los vecinos, quienes
corrieron a rescatar el cuerpo a punto de ser depredado.
Alrededor
de 18 años de edad, cabello lacio y largo amarrado
en una trenza, arracadas grandes de bisutería.
De la ropa nada se sabe, sólo estaba ahí
aquella zapatilla blanca, de tacón "de
pirinola", que aún se aferraba al pie
unido a la misma pierna que trataba de devorar el
perro.
Si
esta joven alguna vez tuvo nombre, no lo sabremos.
El alto grado de descomposición, acelerado
por el calor de marzo, no permitió conocer
su identidad. Nadie llegó a preguntar por ella
ni a reclamar su cuerpo, cuyo destino final es la
fosa común.
Las
cifras de los últimos años en la capital
del país son claras, frías y certeras.
De enero de 2001 a la fecha: 293 mujeres asesinadas,
con lo que en poco tiempo podrían superarse
las cifras de Ciudad Juárez, señala
José Ramón Fernández Cáceres,
director del Servicio Médico Forense (Semefo).
Se
trata de mujeres cuya edad promedio va de los 20 a
los 40 años. Un 10 por ciento en calidad de
desconocidas, sin que se logre su identificación.
Las 50 gavetas con las que cuenta el anfiteatro del
Semefo son insuficientes para los 15 cuerpos masculinos
y femeninos que en promedio se reciben todos los días.
Así que los no identificados permanecen un
máximo de 15 días, y si nadie llega
a reclamarlos y continúan en buen estado son
enviados a alguna Facultad de Medicina.
Fernández
Cáceres niega cualquier similitud entre los
homicidios de la ciudad de México y los de
Ciudad Juárez, y respecto de éstos últimos
precisa: "Conociendo Juárez siento que
mucho puede haber de salvajismo. A lo mejor hasta
de norteamericanos que vienen a los bares de México
a embrutecerse, tomando cerveza como desesperados
y buscando hembras. Perdone la expresión, pero
en ese plan vienen de animales en celo que buscan
una hembra. Sobre todo con el desprecio que muchos
norteamericanos tienen para los latinos, que las utilicen
y después las desechen".
El
forense hace un cálculo en voz alta: "Trescientas
mujeres en 10 años, en la ciudad de México
tenemos un promedio de 130 por año, de modo
que en 10 años van a ser mil 300. Así,
en poco tiempo lo de Juárez va a quedar superado.
"Como
investigador desconozco qué se ha hecho sobre
el particular. Lo que sí le puedo decir es
que conozco a la gran mayoría de los forenses
de Ciudad Juárez y siento que por la investigación
médica no han parado. Deben ser necropsias
bien hechas, son médicos competentes."
-Si
se hacen buenas investigaciones forenses, ¿en
qué lado se quedan empantanadas?
-Mire,
eso ya es elucubrar, porque desconocemos, no sé
usted, pero yo desconozco qué tipo de investigaciones
se han hecho en cada caso. Sí, qué tipo
de hallazgos se hayan hecho en cada caso. Entonces
mientras no los conozcamos es prejuzgar.
-El
caso se ha extendido a lugares como Nogales o Agua
Prieta. ¿Qué opina de eso?
-Mire,
lo que tendrían de similar con el Distrito
Federal, me refiero en este término por su
pregunta, es que por esos lares de ciudades fronterizas,
también hay infinidad de mujeres del sur, del
centro o de otras nacionalidades, de Centroamérica
por ejemplo, que van en busca del sueño americano.
Muchas,
y hasta donde sé se piensa que eran trabajadoras
de maquiladoras y sabemos que a eso se dedican un
alto porcentaje de mujeres que están esperando
cruzar la frontera. Volvemos a lo mismo, si no se
tiene una de las facetas básicas de la investigación,
que es la identificación. Sabemos quiénes
son y en base a ello podemos investigar si tenía
enemigos, qué sé yo. Pero si no la identificamos,
pues no tenemos de dónde partir.
-¿Y
aquí en el Distrito Federal?
-También.
Afortunadamente aquí no hay tanta mujer desconocida
muerta.
-¿Mujeres
desmembradas...?
-En
terrenos baldíos, o incluso en montes, muchas
veces y sobre todo cuando tienen muchos días
de haber fallecido, hay acción de depredadores
animales como perros y ratas.
-¿Cuál
es su evaluación sobre la situación
de los homicidios de mujeres en el DF?
-Como
usted lo ve, con estos porcentajes no es de preocuparse.
-¿Un
asesinato no es de preocuparse?
-No
es de tener miedo. Las cifras son estadísticamente,
entre comillas, normales.
<==========
Las cifras del crimen=============>
Homicidios
de mujeres en el DF:
Año
2001
Móvil No. de homicidios
Asalto o robo 34
Riña por insulto 2
Venganza 10
Riña conyugal por celos 10
Secuestro 1
Violación con robo 2
Violación sin robo 2
Se ignora 67
Problemas sentimentales 1
Riña conyugal por
deuda económica 1
Total: 130
Año
2002
Móvil No. de homicidios
Asalto o robo 23
Riña por insulto 3
Venganza 8
Bala perdida 4
Riña conyugal por celos 8
Violencia intrafamiliar 2
Secuestro 1
Mala práctica médica
u hospitalaria 3
Aborto provocado 1
Violación con robo 1
Violación sin robo 1
Se ignora 76
Total: 131
Año
2003 Enero-mayo
Móvil
No. de homicidios
No especificado 32
Total: 32
*Fuente:
Servicio Médico Forense del DF.
Opiniones
o sugerencias sobre esta sección:
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