Asesinos
en serio
Por Ana Lilia Pérez

Homicidios de mujeres similares a los ocurridos en Ciudad Juárez durante la última década, se repiten en Sonora y el
Distrito Federal, en lo que los criminalistas señalan como un fenómeno de "imitación".

Desde Tijuana hasta Matamoros, todas las ciudades fronterizas guardan ciertas analogías, la más evidente: el cruce de la línea los 365 días del año por mexicanos, centro y sudamericanos, europeos, asiáticos y hasta algunos africanos que ven en ese paso el viraje de su precaria vida.

Algunos lo logran, historias bien conocidas. Otros mueren del lado del desierto por falta de agua o en el río por exceso de ella. De la asfixia en tráilers y camiones tampoco se salvan.

Luego queda un grupo más, el de los que esperan un descuido de la migra mexicana o de la temible Patrulla Fronteriza gringa para internarse al otro lado; y mientras esperan, se concentran en los estados de Chihuahua y Sonora, donde se ubican las que pueden constituir una fuente de empleo para ellos: maquiladoras y ensambladoras, y los giros negros: clubes nocturnos y discotecas. Así se han sobrepoblado las ciudades de la frontera en ambos estados, que por cierto guardan otra similitud: sus mujeres asesinadas.

Ante la ineptitud de las autoridades locales y federales para esclarecer el homicidio de por lo menos 300 mujeres en Ciudad Juárez, esta ola se ha extendido al vecino estado de Sonora, en lo que los psicólogos y criminalistas denominan como un fenómeno de "imitación".

De Agua Prieta a Nogales
En las avenidas de Agua Prieta los semáforos difícilmente se descomponen, pero el que indicaba la alerta para las jóvenes Beatriz y Rosa María se detuvo de manera súbita.

El 3 de noviembre de 2001, en un basurero ubicado en la Avenida 2 y las calles 38 y 39, en el centro de la ciudad, fue descubierto el cuerpo sin vida de Beatriz Márquez Ortiz. Con un balazo en la cabeza, atada de manos y amordazada con un pañuelo, presentaba huellas de tortura y violación. Tenía 18 años de edad.

Dos meses después, el jueves 10 de enero de 2002, en el baldío ubicado en la Avenida 28, en la esquina con las calles 15 y 16, fue encontrada muerta Rosa María Varela Figueroa: estrangulada, atada de manos, con heridas punzo cortantes en distintas partes del cuerpo y con huellas de tortura y violación. Tenía 15 años de edad.

Los violentos crímenes despertaron pánico entre las mujeres de Agua Prieta, quienes de inmediato los relacionaron con los de Ciudad Juárez. Al difundirse el caso, el procurador de Justicia del estado, Miguel Ángel Cortés Ibarra, rechazó de manera terminante cualquier similitud, aunque éste fue sólo el comienzo de una nueva ola de asesinatos.

Una garita de migración y una malla metálica de escasos cinco metros de altura separa los dos Nogales, el de Sonora y el de Arizona. El lado mexicano ha cobrado popularidad entre los jóvenes estadounidenses durante los últimos años, porque en las farmacias de la periferia pueden conseguir, a bajos costos, pastillas de los laboratorios Roché que utilizan como estimulantes. En sentido contrario viajan los indocumentados. No saltan la reja, construyen hoyos debajo de ella y como topos se internan por el desierto con el sueño de llegar un poco más allá de Arizona, en Estados Unidos.

Unos y otros buscan probar nuevos aires, pero ninguno como el que, a partir del octavo mes del 2002, les tocaría respirar a las mujeres nogalenses: el del miedo.

El martes 13 de agosto de ese año quedaría marcado como el inicio de la zozobra y desaliento, que no cesan hasta el día de hoy. Esa mañana, al caminar por la calle Primavera, en la colonia del mismo nombre, dos niños localizarían, en el interior de un tambo de 200 litros, el cadáver calcinado de una joven, que luego sería identificada como Ana Patricia Frías Duarte.

El 14 de octubre, un grupo de albañiles que realizaban una excavación en el drenaje de la finca ubicada en la calle Portugal número 30, de la colonia Lomas de Fátima, en Nogales, descubrieron las osamentas de dos cuerpos femeninos mutilados y distribuidos en dos bolsas de plástico color negro.

Para asesinarlas, primero les dispararon con arma de fuego en la cabeza y luego sus cuerpos fueron desmembrados con una sierra eléctrica, por lo que no pudieron ser identificadas. El propietario del inmueble, Javier Montoya Rascón, declaró a las autoridades que desde hacía tiempo la finca estaba abandonada.

En un basurero de la colonia Chulavista, el 24 de octubre, fue localizado el cadáver de Martha Cecilia López Lucero. Estaba envuelto en una alfombra roja. La mujer, de 38 años, murió por estrangulamiento, y a pesar de que su cuerpo estaba envuelto, una parte fue mutilada por perros y roedores.

Una quinta mujer asesinada en Nogales fue encontrada cerca del antiguo camino a Cananea el martes 18 de marzo de 2003. A las 13:15 horas la policía municipal recibió una llamada para informar que en un terreno baldío aledaño a la zona conocida como Cocina Industrial Los Álamos había dos bolsas negras de plástico que parecían sospechosas.

Cuando un grupo de policías municipales se acercó a inspeccionar, descubrió el cuerpo mutilado de una mujer, en alto grado de descomposición y mordisqueado por los perros. El peritaje determinó que tenía por lo menos 20 días de muerta. Y dado que los vecinos de la zona dijeron no haberse percatado de su existencia, se presume que las bolsas pudieron haber sido llevadas al lugar esa misma mañana. Aun cuando se tomaron sus huellas dactilares, la mujer no pudo ser identificada. En este caso el cuerpo de la víctima había sido mutilado con arma punzo cortante.

En relación con los crímenes ocurridos en Nogales, Cortés Ibarra negó nuevamente el vínculo con Ciudad Juárez y argumentó que en Nogales las muertas no fueron secuestradas: "son sólo homicidios muy sanguinarios". Y trazó una línea de investigación: el narcotráfico.

Para llevar el caso designó al fiscal Raúl Chávez Acosta, que ocho meses después de que se registrara el primer asesinato en Nogales presentó a los medios de comunicación a un presunto culpable:

Jesús Salgado Otero, alias el Chucho o el Chuy, a quien se atribuye su participación en dos de los crímenes.

Salgado Otero, originario de Tecpan, Guerrero, fue detenido en su natal poblado, con el cargo de delitos sexuales y por el asesinato de las dos mujeres cuyos cuerpos aparecieron en el domicilio ubicado en la calle Portugal, colonia Lomas de Fátima, en el centro de Nogales, Sonora.

Durante la presentación, el fiscal dio a conocer la declaración del inculpado: éste, junto con dos involucrados más, de quienes no proporcionó nombres y hasta la fecha no han sido localizados, dio muerte a las dos mujeres para no pagar los servicios sexuales que habían acordado.

La versión indica que en mayo de 2002 Jesús Salgado Otero y sus dos cómplices organizaron una fiesta en el domicilio indicado, donde consumieron alcohol y varias drogas. Uno de ellos invitó a dos mujeres que dijeron llamarse Lupe y Mague, quienes al concluir la fiesta les pidieron el pago por la relación sexual que sostuvieron con ellos.

Salgado Otero y los otros dos individuos manifestaron su negativa al pago. Entonces, según la declaración, ellas amenazaron con denunciarlos ante la policía por posesión y venta de droga al menudeo. Así, uno de los hombres disparó un tiro a cada una, y Salgado Otero cortó los cuerpos con la misma sierra eléctrica que construía muebles, pues su oficio era el de carpintero.

En una entrevista con un diario local, efectuada el 15 de abril, un día después de su detención, Salgado Otero negó su declaración, con el alegato de que ésta había sido hecha bajo tortura:

"Yo no maté a las dos mujeres ni participé en ningún descuartizamiento. A mí me trajeron de Guerrero para responder por una violación que sí acepto. Lo otro fue porque fui torturado y me aseguraron que me convenía mejor declararme culpable de los homicidios".

El 18 de abril el Juez Primero de lo Penal dictó formal prisión a Salgado Otero y se abrió el juicio, que podría durar hasta un año, para declararlo culpable o no del asesinato de las mujeres, por lo que podría alcanzar una sentencia de 20 a 50 años de prisión. A la fecha, es el único detenido por su presunta participación en los crímenes.

Si bien el fiscal señala que las investigaciones van por buen curso, se niega a una entrevista.

El último dato indica que las dos mujeres, señaladas como Lupe y Mague, eran obreras de una planta maquiladora de la empresa Sonytronic, ubicada en la avenida Obregón, en la zona centro de Nogales. Nadie acudió a reclamar sus cuerpos, por lo que se presume que eran migrantes de alguna otra parte del país.

Una epidemia social
Reconocido como el especialista en México que más sabe de criminales y psicópatas, el doctor Carlos Tornero Díaz habla de los asesinatos de mujeres ocurridos en Ciudad Juárez y Sonora como los brotes de una epidemia social, parteaguas en la evolución de la sociedad mexicana, y propone una hipótesis:
"En algún momento pensé que se podría tratar de crímenes de tipo sectario, por la forma y el sacrificio: desmembradas, estranguladas, muertas con violencia y saña extrema.

No se trata de dar muerte, sino del exceso: no habla sólo de la tendencia del asesino para matar, sino de torturar y ensañarse con la víctima. Se planteó la hipótesis, pero las investigaciones nunca dieron lugar a que fuera por allí el asunto. Analizando lo que ahora ocurre en Sonora y que sigue ocurriendo, aunque en menor grado, en Chihuahua, se puede definir que no se trata de un asesino único.

Ninguna persona en la historia de la humanidad ha dado muerte a casi 300 mujeres; le llevaría tanto tiempo y tendría que matar con tal frecuencia, que sería verdaderamente inusitado el ejercicio de dar tanta muerte y no ser sorprendido".

Durante la entrevista, en su oficina de la Secretaría Nacional de Seguridad Pública, el psiquiatra y perito en casos como el del asesino Gilberto Flores Alavez y Mario Aburto, define a los homicidas de Juárez, Agua Prieta y Nogales como "homicidas sexuales de tipo paranoico" para los que la mujer --ninguna en particular, aclara-- representa una amenaza. "De allí la saña."

Para resolver este tipo de crímenes, evalúa, los investigadores deben estudiar el entorno psicosocial: "Este tipo de conductas rebasa lo individual, es un fenómeno que se generaliza por la imitación y el proselitismo. Encierran a un supuesto culpable y dicen ya se acabó el problema, pero el problema no se va a acabar. Las autoridades deben ampliar sus investigaciones, dejar de ser sólo policías e investigar".

Para el criminalista Sergio Jaubert los homicidios de Agua Prieta y Nogales responden a un fenómeno de "imitación" que se fortalece porque en México no se castiga a los asesinos de mujeres.

El creador del Retrato hablado (sistema de identificación de personas utilizado en todo el mundo), colaborador del FBI y la Interpol, señala: "El no resolver los crímenes de mujeres en Ciudad Juárez estimuló la imitación, y al igual que en Chihuahua, en un momento los homicidios de mujeres en Sonora no van a tener freno".

Mujeres violadas, torturadas, mutiladas y, en algunos casos, calcinadas. Se trata --agrega el especialista-- de asesinos sexuales cuya mentalidad desquiciada se manifiesta desde el momento en que premeditan el crimen, lo planean, estudian y eligen a su víctima, o al escogerla al azar: "Para ellos es importante el factor sorpresa y manifestar que son más fuertes, que están armados y lanzarse sobre la víctima para violarla, torturarla, mutilarla".

La mayoría son individuos que aparentemente llevan una vida normal, pero manejan la doble personalidad. Para el asesino sexual la mujer pobre es el blanco perfecto, se defiende poco, y si es migrante, mucho menos. El crimen no puede verse como un hecho aislado, es un eslabón en la vida del criminal, advierte Jaubert.

Para la frontera norte del país, el criminalista augura un hecho no grato y que parece inevitable: "Cada vez va a haber más asesinos espontáneos, porque es como una plaga, una epidemia. Si las autoridades no resuelven, cundirá el mal ejemplo. Si los asesinatos de Agua Prieta y Nogales no se resuelven, seguirán extendiéndose hacia Piedras Negras, Laredo, Reynosa, Matamoros. Es como un incendio forestal, si no lo apagan, se sigue".

Ante la ola de crímenes en Sonora, el Centro de Apoyo contra la Violencia (la organización no gubernamental con mayor fuerza en la región), dirigido por Josefina Guerrero, abrió una línea para reportar a las mujeres desaparecidas en el estado. En la actualidad se tiene el registro de más de 20 mujeres.

Las sin nombre
Sábado 16 de marzo de 2002. Al mediodía la jauría ladraba más de la cuenta, y los ladridos de los perros eran acompañados de uno que otro aullido lastimero. Unos olfateaban entre la basura, mientras otros lograban romper una enorme bolsa de plástico negro de las que se utilizan para desechar la basura, sólo que ésta contenía el cuerpo mutilado y en descomposición de la que había sido una joven mujer.

Para el animal no había diferencias. Tenía ante su vista y olfato el buscado alimento, aunque se tratara de una pierna humana. Fue uno de los chiquillos de la colonia La Presa, en la delegación Gustavo A. Madero, el que dio la alarma a los vecinos, quienes corrieron a rescatar el cuerpo a punto de ser depredado.

Alrededor de 18 años de edad, cabello lacio y largo amarrado en una trenza, arracadas grandes de bisutería. De la ropa nada se sabe, sólo estaba ahí aquella zapatilla blanca, de tacón "de pirinola", que aún se aferraba al pie unido a la misma pierna que trataba de devorar el perro.

Si esta joven alguna vez tuvo nombre, no lo sabremos. El alto grado de descomposición, acelerado por el calor de marzo, no permitió conocer su identidad. Nadie llegó a preguntar por ella ni a reclamar su cuerpo, cuyo destino final es la fosa común.

Las cifras de los últimos años en la capital del país son claras, frías y certeras. De enero de 2001 a la fecha: 293 mujeres asesinadas, con lo que en poco tiempo podrían superarse las cifras de Ciudad Juárez, señala José Ramón Fernández Cáceres, director del Servicio Médico Forense (Semefo).

Se trata de mujeres cuya edad promedio va de los 20 a los 40 años. Un 10 por ciento en calidad de desconocidas, sin que se logre su identificación. Las 50 gavetas con las que cuenta el anfiteatro del Semefo son insuficientes para los 15 cuerpos masculinos y femeninos que en promedio se reciben todos los días. Así que los no identificados permanecen un máximo de 15 días, y si nadie llega a reclamarlos y continúan en buen estado son enviados a alguna Facultad de Medicina.

Fernández Cáceres niega cualquier similitud entre los homicidios de la ciudad de México y los de Ciudad Juárez, y respecto de éstos últimos precisa: "Conociendo Juárez siento que mucho puede haber de salvajismo. A lo mejor hasta de norteamericanos que vienen a los bares de México a embrutecerse, tomando cerveza como desesperados y buscando hembras. Perdone la expresión, pero en ese plan vienen de animales en celo que buscan una hembra. Sobre todo con el desprecio que muchos norteamericanos tienen para los latinos, que las utilicen y después las desechen".

El forense hace un cálculo en voz alta: "Trescientas mujeres en 10 años, en la ciudad de México tenemos un promedio de 130 por año, de modo que en 10 años van a ser mil 300. Así, en poco tiempo lo de Juárez va a quedar superado.

"Como investigador desconozco qué se ha hecho sobre el particular. Lo que sí le puedo decir es que conozco a la gran mayoría de los forenses de Ciudad Juárez y siento que por la investigación médica no han parado. Deben ser necropsias bien hechas, son médicos competentes."

-Si se hacen buenas investigaciones forenses, ¿en qué lado se quedan empantanadas?

-Mire, eso ya es elucubrar, porque desconocemos, no sé usted, pero yo desconozco qué tipo de investigaciones se han hecho en cada caso. Sí, qué tipo de hallazgos se hayan hecho en cada caso. Entonces mientras no los conozcamos es prejuzgar.

-El caso se ha extendido a lugares como Nogales o Agua Prieta. ¿Qué opina de eso?

-Mire, lo que tendrían de similar con el Distrito Federal, me refiero en este término por su pregunta, es que por esos lares de ciudades fronterizas, también hay infinidad de mujeres del sur, del centro o de otras nacionalidades, de Centroamérica por ejemplo, que van en busca del sueño americano.

Muchas, y hasta donde sé se piensa que eran trabajadoras de maquiladoras y sabemos que a eso se dedican un alto porcentaje de mujeres que están esperando cruzar la frontera. Volvemos a lo mismo, si no se tiene una de las facetas básicas de la investigación, que es la identificación. Sabemos quiénes son y en base a ello podemos investigar si tenía enemigos, qué sé yo. Pero si no la identificamos, pues no tenemos de dónde partir.

-¿Y aquí en el Distrito Federal?

-También. Afortunadamente aquí no hay tanta mujer desconocida muerta.

-¿Mujeres desmembradas...?

-En terrenos baldíos, o incluso en montes, muchas veces y sobre todo cuando tienen muchos días de haber fallecido, hay acción de depredadores animales como perros y ratas.

-¿Cuál es su evaluación sobre la situación de los homicidios de mujeres en el DF?

-Como usted lo ve, con estos porcentajes no es de preocuparse.

-¿Un asesinato no es de preocuparse?

-No es de tener miedo. Las cifras son estadísticamente, entre comillas, normales.

<========== Las cifras del crimen=============>

Homicidios de mujeres en el DF:

Año 2001
Móvil No. de homicidios
• Asalto o robo 34
• Riña por insulto 2
• Venganza 10
• Riña conyugal por celos 10
• Secuestro 1
• Violación con robo 2
• Violación sin robo 2
• Se ignora 67
• Problemas sentimentales 1
• Riña conyugal por
deuda económica 1
Total: 130

Año 2002
Móvil No. de homicidios
• Asalto o robo 23
• Riña por insulto 3
• Venganza 8
• Bala perdida 4
• Riña conyugal por celos 8
• Violencia intrafamiliar 2
• Secuestro 1
• Mala práctica médica
u hospitalaria 3
• Aborto provocado 1
• Violación con robo 1
• Violación sin robo 1
• Se ignora 76
Total: 131

Año 2003 Enero-mayo

Móvil No. de homicidios
No especificado 32
Total: 32

*Fuente: Servicio Médico Forense del DF.


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