Lecturas de ocasión
Jorge Meléndez

Existe un gran escándalo, actualmente, por libros aparecidos a propósito de Marta Sahagún. El revuelo no es acerca del valor literario o periodístico de las obras, sino más bien por los temas que presentan: engaño, intriga, aprovechamiento de la función pública, amor a contrapelo, nepotismo, deseos de sobresalir a cualquier costo, brujería, dinero para obtener complicidades y un largo etcétera que se resume en los juegos del poder.

Estamos, pues, ante textos que son de ocasión. Nada desechable en un país donde los asuntos públicos eran soslayados por presiones del gobierno. Pero que, en definitiva, no son lo más recomendable para el lector que desea entender lo sucedido en un país que se debate en una crisis de fondo y no encuentra muchas investigaciones para tener idea cómo emprender un nuevo camino que le posibilite un futuro promisorio y no oscuro como el que se vislumbra en los próximos años.

Desde luego que no estamos censurando los productos de Olga Wornat, La jefa (Grijalbo), ni el de Rafael Loret de Mola, Marta (Océano). En una democracia cada uno tiene el derecho de escribir lo que le venga en gana. Para los diferentes libros existirá mercado. Pero, desde luego, hay que hacer una recomendación: un lector aguzado debe seleccionar correctamente en qué fijar sus ojos. No puede entrarle a todo.

Hace tiempo el poeta y ensayista, José Emilio Pacheco --quien afortunadamente acaba de ganar el premio Ramón López Velarde-- decía que si alguien se encerrara las 24 horas de toda su vida a leer, seguramente podría decir satisfecho al final de sus días que pudo tener el placer de haber devorado cinco mil volúmenes. Cuestión, obviamente, imposible porque no hay patrocinador para tal actividad.

Todos, sin excepción, necesitamos trabajar para subsistir. Por su lado, el cáustico Carlos Monsiváis, a propósito de la voluminosa novela de Carlos Fuentes, Terra Nostra -- si no me equivoco-- dijo que jamás se le ocurrió abrirla debido a que nadie le había proporcionado una beca para que lo hiciera.

La selección, en todas las cosas de la vida, ya lo apuntaba Charles Darwin, es necesaria y posibilita que las especies subsistan. Hoy que el video, la Internet y muchas otras posibilidades en la pantalla atraen más que los libros, tenemos la obligación de escoger mejor a lo que ponemos atención.

No se olvide que la lectura no puede hacerse con displicencia ni a las voladas, es un esfuerzo que reditúa en una mejor comprensión del mundo.

Lo esencial de lo incluido en el volumen que hizo la periodista argentina ya fue reproducido en dos periódicos y una revista semanal.

Comentarios extras los hemos encontrado en otros compañeros. Por ejemplo, la visión del papá de Marta, según Guadalupe Loaeza (Reforma, 20 de mayo). Los caminos de Loret de Mola son conocidos por quienes le hemos metido el diente -- valga la metáfora-- a sus anteriores escritos.

Los tirajes donde la señora Marta es la protagonista número uno, son de 50 mil ejemplares. Quizá haya reimpresiones. Eso dependiendo de la importancia que siga teniendo la agitada dama.

Para unos será necesario entrar a las páginas donde la mujer de Los Pinos es lo fundamental por razones de trabajo, otros por morbo, algunos más debido a que es lo de moda y un número alto por la publicidad que ha rodeado a las dos obras.

La lectura, empero, debe ser más por gusto o necesidad de entender, que por la estridencia del momento.

jmelendezp@aol.com


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