El real poder
en Washington
Por Nydia Egremy

Saben el secreto del juego. Son un pequeño grupo, que desde el poder gubernamental y empresarial, diseña artefactos, políticas, armas y guerras.

Nada escapa a su mirada, desde libertades individuales, políticas públicas y cómo minar naciones: son los think thank.

Prácticamente todas las políticas del presidente de Estados Unidos se inspiran en las sugerencias de los think thank, esos grupos que contrata la Casa Blanca para idear soluciones a sus problemas. Los medios se dejan seducir por su influencia y desinforman a una sociedad que recela de la intrusión en su vida privada y parece incapaz de contenerlos.

El sociólogo C. Wright Mills en La élite del poder indica: “el poder de quienes toman decisiones, siempre ha estado limitado por la tecnología de la violencia y el grado de organización que prevalece en una sociedad. Históricamente en Occidente, el significado de la violencia ha aumentado y el grado de organización también, centralizada y cada vez más eficente”, es más eficaz en el siglo XXI.

En paz o guerra, en tiempo de crisis, con administraciones republicanas o demócratas, la influencia de esa élite política se traduce en políticas domésticas e internacionales que benefician económica y estratégicamente a los corporativos y sus agentes: los senior fellow o adjunct scholar Política infantil, justicia civil y criminal, estudios regionales, combate a las drogas, salud, educación, infraestructura, política internacional, metodología, seguridad nacional, población y envejecimiento, ciencia y tecnología y terrorismo, son la expresión política de tales entidades.

En términos de su habilidad para influir en la política gubernamental, los think thank aventajan a las universidades públicas; publican sin recurrir al proceso académico de las editoriales universitarias y se ubican en Washington, cerca del gobierno y los medios de comunicación.

Por ello, Ralph Nader, excandidato presidencial estadounidense calificó a George Walker Bush como "una corporación multinacional con aspecto humano".

La amenaza real de los think thank para los ciudadanos es que, al abdicar el gobierno federal de sus responsabilidades surge un poder privado que mina las libertades civiles y fomenta el bienestar corporativo y el favoritismo político.

Auxiliados en los medios, practican la desinformación e intrusión en la vida privada a través de legislaciones dictadas al oído del poder político.

Sólo la prensa comprometida descubre la compleja red de intereses de esa élite. Brian Whitaker publicó, el 19 de agosto de 2002 en The Guardian, un revelador reportaje y Robert Higgs, investigador asociado senior de The Independent Institute y director de The Independent Review: A Journal of Political Economy, los exhibió.

La élite


Richard Perle

Un nombre descifra la clave de la red: Richard Perle. Impulsor de la política dura en el Pentágono, escribió el thriller Línea Dura, cuyo protagonista, un alto oficial del Pentágono, intenta impedir la firma de un acuerdo de desarme con los rusos

Perle alterna su tarea en el Pentágono, en la Oficina de Política de Defensa, con Hollinger Digital –firma que dirige y publica el Daily Telegraph en Gran Bretaña– o desde el Jerusalem Post. También es "compañero residente" en el Instituto Americano de Empresa, importante think thank, donde se ostenta como experto en política iraquí.

Trabajó para el senador Scoop Jackson y fue investigado por el Departamento de Justicia acusado de violar la política relativa a la ilegal transmisión de información sensible clasificada para Israel.

La Oficina Federal de Investigación (FBI), lo grabó discutiendo información clasificada con alguien en la embajada israelí.

Perle tiene una red inteligentemente tejida de ‘expertos’ en Medio Oriente que comparten su visión neoconservadora, como populares conductores de la televisión estadounidense, publican en diarios y libros, testimonian ante comités congresionales y asisten a almuerzos con funcionarios.

Otro miembro de AEI, es David Wurmser, jefe del departamento de Estudios de Medio Oriente y autor de un libro sobre el fracaso de Estados Unidos contra Saddam Hussein en 1991.

Su esposa Meyrav, fundó –con el coronel Yigal Carmon, exagente de la inteligencia militar-- el Instituto de Investigación de Medios de Medio Oriente (Memri), que publica textos anti-árabes.

La académica Laurie Mylroie (también del AEI) escribe libros contra los estados árabes. Uno de ellos --escrito con Judith Miller, periodista de The New York Times-- sobre el Golfo fue el bestseller del diario. Ambas tienen nexos con el Foro de Medio Oriente.

La amplia difusión de las ideas de esta élite es a través de Eleana Benador, una lingüista peruana que funge como agente de Perle, Rubin, Wurmser, Mylroi y Miller y organiza sus apariciones en televisión y citas con funcionarios.

De los clientes de Benador, al menos nueve tienen vínculos con AEI, el Instituto Washington y el Foro de Medio Oriente, y aunque todos opinan desde un solo lado del espectro político, el despliegue informativo de sus libros, artículos y apariciones por televisión, es extraordinario.

Sólo en 2002, el Instituto Washington situó más de 90 artículos a nivel op-ed –espacios de gran nivel-- en diarios como Los Ángeles Times, Nueva República, The Wall Street Journal, Jerusalem Post, National Review Online, The Daily Telegraph, The Washington Post, The New York Times y The Baltimore Sun. 50 fueron escritos por Michael Rubin.

Resulta sospechosa la atención de los medios a los think tank, pues en las universidades estadounidenses hay unos mil 400 académicos versados en Medio Oriente, y de ellos, entre 400 y 500 son peritos en algún aspecto de la región pero su opinión rara vez es atendida por la prensa o el gobierno.

Los pilares
Los principales proveedores de doctrina política y militar son la Corporación Rand y el Instituto Santa Fe. Ambos muy citados y poco conocidos.

Rand (contracción de investigación y desarrollo –Research and Development), fue el primer think thank, tras crear para su cliente original la Fuerza Aérea estadounidense, aviones, satélites y misiles.

El pasado 14 de mayo cumplió 57 años, surgida de la separación en 1948 de la Douglas Aircraft Company de Santa Mónica, en California, como organización independiente, no lucrativa, dedicada a desarrollar y promover la educación científica, el bienestar del público y la seguridad de Estados Unidos, según su propia declaración de principios.

Bajo las leyes de California, se comprometió a “contribuir a promover propósitos científicos, educativos y de caridad, para el bienestar público y la seguridad de EU, mejorar la política y toma de decisiones a través de la investigación, desarrollando conocimiento nuevo para quienes toman decisiones”.

Asiste a todas las ramas de la comunidad militar estadounidense –con logros en sistemas espaciales, cómputo digital e inteligencia artificial--, salud, análisis de medios.

En los años sesenta, Rand atendió problemas domésticos urgentes (sociales y económicos) y creó teorías y herramientas para tomar decisiones bajo incertidumbre, la teoría de juegos, el modelo matemático y simulación.

Rand tiene un récord histórico de logros: diseñó y construyó una de las primeras computadoras, desarrolló una terminal de línea interactiva basada en el sistema de cómputo e inventó la técnica de telecomunicaciones que se convirtió en la base de la moderna red de cómputo.

Delineó el nuevo sendero de análisis económico de política social como el mejoramiento del sistema de salud y dotación de casas para familias pobres de bajo ingreso.

Desarrolló el sistema de planeación y presupuesto (PPBS), que Robert McNamara y que Lyndon B. Johnson impulsaron.


James A. Thomson

Hoy, el trabajo de la Rand refleja la agenda estadounidense. La preside James A. Thomson y Michael D. Rich es vicepresidente; Brent Bradley asiste al presidente en estrategia corporativa y Richard Neu lo hace en contraterrorismo.

Posee un centro de estudios sobre Rusia con expertos en medio ambiente, mercado, política regional y de integración europea.

Sin embargo, en febrero de este año un artículo de Pravda, escrito por Vasily Bubnov, criticó un análisis de la Rand que mencionaba una incursión militar estadounidense en la Federación Rusa si Moscú fuera incapaz de controlar la situación política y económica.

Rand-Europa hace prospectiva a través del Centro para la Política de Medio Oriente (CMEPP), y en un reciente seminario del investigador Andrew Athmell, titulado Un sistema de Seguridad en el Golfo después de la Guerra ¿Regreso al futuro?, examinó los límites del intento de estabilizar la región y recomendó soluciones a largo plazo para evitar el histórico patrón de guerra y conflicto en la región.

SFI
El Instituto Santa Fe (SFI por sus siglas en inglés), se describe como un centro multidisciplinario, privado, no lucrativo de investigación y educación, fundado en 1984 y “dedicado a crear una nueva clase de comunidad científica de investigación, a partir de la ciencia emergente”.

Conduce y nutre la investigación científica a través de la interdisciplina, como catalizador de ideas para difundirlas y como un centro de albergue de científicos, que a partir de generosos recursos difunde ideas y metodologías que influyen en la ciencia del futuro.


Dra. Ellen Goldberg

Su Consejo Científico, que incluye a premios Nobel, miembros de la Fundación Mac Arthur, de la Academia Nacional de Ciencias y una docena de científicos que dirigen universidades, decide su agenda. Lo gobierna la Dra. Ellen Goldberg, física, ex directora de Investigación de Graduados de la Universidad de Nuevo México.

La lista de miembros del consejo de responsables del año 2002, es el retrato hablado de las corporaciones trasnacionales: Robert McCormick Adams, del Instituto Smithsoniano; W. Brian Brian Arthur, del Citibank; Armand F. Bartos, de Bartos & Rhodes, Architects; Stewart Brand, de Global Business Network; Joy Covey, de la Fundación Beagle; William Davidow, de Mohr Davidow Ventures; Esther Dyson, jefe de EDventure Holdings Inc.; Stephen Feinberg, de Dorsar Investment Company; Marcus W. Feldman y Richard N. Foster, de McKinsey & Co. Inc.; Robert W. Galvin, de Motorola, Inc.; Michael A. Grantham, de la Fundación Rose-Legett y John H. Holland, entre muchos más.

Otros
El Instituto de Investigación de Stanford (SRI, por sus siglas en inglés), es pionero en la “creación y aplicación de soluciones para gobiernos, empresas, fundaciones y otras organizaciones, fundado en 1946, a través de la ciencia y tecnología para el conocimiento, el comercio, la prosperidad y la paz”, como cita su propia información pública.

El Grupo Carlyle, que dirige Frank Carlucci, está muy ligado al corazón del poder estadounidense. En el 2001, Oliver Burkeman y Julian Borger, periodistas de The Guardian, escribieron que tras los atentados del 11-S y la “guerra contra el terrorismo”, esa firma –valuada en 13.5 mil millones de dólares-- tomó una importancia significativa.


Paul Wolfowitz

Otra importante personalidad en el mundo de la Casa Blanca es Paul Wolfowitz, decano y profesor de Relaciones Internacionales en la Escuela Paul H. Nitze de Estudios Internacionales Avanzados (SAIS), líder en asuntos internacionales con 750 alumnos en sus campus de Washington; Najing, China, y Bolonia, Italia.

Wolfowitz es considerado como uno de los más duros miembros de la administración Bush, e impulsó el uso del poder militar a través de la Guía de Planación de Defensa, de 1992, que delínea la posición militar estadounidense hacia el mundo.

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