LIX Legislatura,
antesala presidencial
Por Mayra Martínez

La poca credibilidad del presidente Vicente Fox ante el Congreso, la disputa por la silla presidencial en el 2006 y la recomposición y las fricciones internas de los partidos determinarán el rumbo de la LIX Legislatura.

La carrera por la Presidencia en el 2006 y la reestructuración interna de los partidos determinarán el quehacer legislativo de los próximos tres años. El presidente Vicente Fox enfrentará a un Congreso de la Unión inflexible, advierten politólogos y la misma oposición.

El gabinete presidencial ha fracasado en su labor de fortalecer el gobierno foxista. El secretario de Gobernación, Santiago Creel, nunca buscó en el Congreso los acuerdos que permitieran el acercamiento entre ambos poderes para la aprobación de las iniciativas de reformas presidenciales, comenta Ezra Shabot, analista político.

Previendo el escenario político y la necesidad de reivindicar los trabajos del PAN, el presidente ajustó su gabinete. Sacó de la Contraloría a Francisco Barrio para colocarlo como coordinador en la Cámara de Diputados, apunta Shabot, quien augura que la personalidad dura de Barrio dificultará las negociaciones con el PRI y PRD.

Carlos Navarrete, secretario general del PRD, advierte el rechazo de los próximos legisladores del sol azteca a las reformas estructurales: “el presidente y su partido – el PAN – encontrarán en la Cámara a un PRD que desechará las propuestas presidenciales. Los diputados perredistas sólo apoyarán los acuerdos que beneficien a la sociedad”.

Por su parte, Arturo Núñez, coordinador de la bancada priista en la LVII Legislatura, coincide con Shabot y agrega que otro factor que cerrará la posibilidad de acuerdos es que Barrio se convirtió en el verdugo de los priistas por el Pemexgate.


Barrio, el candidato de Fox

“Será difícil que los priistas vean a Francisco Barrio como un interlocutor confiable cuando desde la Contraloría se dedicó a perseguirlos sin acreditar ante los tribunales las pruebas por corrupción en el caso Pemexgate”, dice Núñez y advierte que si en la LVIII Legislatura no se aprobó ninguna de las reformas estructurales, en la próxima menos, pues la correlación de fuerzas políticas, en el fondo, no cambiará.

Destaca que la permanencia de los senadores es un factor más que refuerza la idea de que no habrá reformas estructurales.

Pone de relieve que Fox no tendrá que negociar con uno sino con varios PRI, más aun cuando Elba Esther Gordillo coordinará a los priistas en San Lázaro, y si se toma en cuenta que la elaboración de las listas de diputados plurinominales, por parte de Roberto Madrazo y su grupo, acentuó las fricciones en el partido.

Reestructuración política
En medio de esta efervescencia política, los partidos enfrentan un enorme reto hacia su interior que de manera simultánea repercutirá en la toma de decisiones de los diputados, explica la doctora en conformación del Congreso y partidos políticos, Luisa Béjar.

Señala que aunque ningún partido obtenga la mayoría en la Cámara de Diputados, el PRD, como hasta ahora, jugará un papel estratégico: de las alianzas que establezca con sus opositores depende el progreso o retroceso de las iniciativas presidenciales. Si se toma en cuenta la proximidad de las elecciones presidenciales, los partidos, más que pensar en las negociaciones entre ellos y sacar adelante los proyectos del Poder Ejecutivo, actuarán para beneficiarse en los comicios del 2006, situaciones que hacen compleja la labor parlamentaria.

Béjar marca las diferencias en los partidos: el PRD, confiado en que su propuesta de gobierno que es la más acabada, bloqueará los proyectos del presidente; el PRI, más que interesarse por los beneficios que pueda obtener al apoyar o rechazar las propuestas del Ejecutivo, se preocupará por recomponerse y asegurar las gubernaturas que le sean posibles. Hay que recordar que ahora los gobernadores ejercen presión sobre el Congreso.

Si bien el PAN, indica, tenía un proyecto de gobierno relativamente acabado, al asumir Fox la presidencia, las circunstancias le fueron adversas, pues las promesas de campaña no se consolidan. El partido tiene el reto de cohesionarse para reformular su propuesta de gobierno.

Tras el poder
Los trabajos que realizará el PRD en la LIX Legislatura serán de los más importantes, pues de ellos depende la Presidencia del la República, reconoce Carlos Navarrete.

En la LIX Legislatura, los diputados del PRD atenderán no sólo las necesidades de los trabajadores, sino también las del sector empresarial. “Nuestro partido, afirma, no es el partido de los trabajadores. Promoverá la participación del capital privado en los sectores que haga falta, incluido el energético, pero mantendrá su reticencia a los cambios constitucionales”.

Navarrete apela al voto de confianza de los hombres poseedores del dinero en el país. Como si tratara de tranquilizarlos, dice que la propuesta de gobierno del PRD no tiene intenciones de estatizar ningún sector pero sí de buscar políticas compensatorias.

La vida política del país está en vilo. En el quehacer legislativo 2003 – 2006 interferirán tres factores, enumera el priista Arturo Núñez: el juego de la vida interna de los partidos, la correlación de fuerzas en el interior de éstos. Además del marco constitucional de los poderes estatales y la distinta composición de los congresos locales.

En medio de este clima de confrontaciones entre partidos y entre los poderes Ejecutivo y Legislativo lo que está por venir es la abdicación de la política, reflexiona Núñez, quien advierte que las diferencias entre estos poderes tendrá que dirimirlas el Poder Judicial, como última instancia.

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