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La
carrera por la Presidencia en el 2006 y la reestructuración
interna de los partidos determinarán el quehacer
legislativo de los próximos tres años.
El presidente Vicente Fox enfrentará a un Congreso
de la Unión inflexible, advierten politólogos
y la misma oposición.
El
gabinete presidencial ha fracasado en su labor de
fortalecer el gobierno foxista. El secretario de Gobernación,
Santiago Creel, nunca buscó en el Congreso
los acuerdos que permitieran el acercamiento entre
ambos poderes para la aprobación de las iniciativas
de reformas presidenciales, comenta Ezra Shabot, analista
político.
Previendo
el escenario político y la necesidad de reivindicar
los trabajos del PAN, el presidente ajustó
su gabinete. Sacó de la Contraloría
a Francisco Barrio para colocarlo como coordinador
en la Cámara de Diputados, apunta Shabot, quien
augura que la personalidad dura de Barrio dificultará
las negociaciones con el PRI y PRD.
Carlos
Navarrete, secretario general del PRD, advierte el
rechazo de los próximos legisladores del sol
azteca a las reformas estructurales: el presidente
y su partido el PAN encontrarán
en la Cámara a un PRD que desechará
las propuestas presidenciales. Los diputados perredistas
sólo apoyarán los acuerdos que beneficien
a la sociedad.
Por
su parte, Arturo Núñez, coordinador
de la bancada priista en la LVII Legislatura, coincide
con Shabot y agrega que otro factor que cerrará
la posibilidad de acuerdos es que Barrio se convirtió
en el verdugo de los priistas por el Pemexgate.

Barrio, el candidato de
Fox |
Será
difícil que los priistas vean a Francisco Barrio
como un interlocutor confiable cuando desde la Contraloría
se dedicó a perseguirlos sin acreditar ante
los tribunales las pruebas por corrupción en
el caso Pemexgate, dice Núñez
y advierte que si en la LVIII Legislatura no se aprobó
ninguna de las reformas estructurales, en la próxima
menos, pues la correlación de fuerzas políticas,
en el fondo, no cambiará.
Destaca
que la permanencia de los senadores es un factor más
que refuerza la idea de que no habrá reformas
estructurales.
Pone
de relieve que Fox no tendrá que negociar con
uno sino con varios PRI, más aun cuando Elba
Esther Gordillo coordinará a los priistas en
San Lázaro, y si se toma en cuenta que la elaboración
de las listas de diputados plurinominales, por parte
de Roberto Madrazo y su grupo, acentuó las
fricciones en el partido.
Reestructuración
política
En medio de esta efervescencia política, los
partidos enfrentan un enorme reto hacia su interior
que de manera simultánea repercutirá
en la toma de decisiones de los diputados, explica
la doctora en conformación del Congreso y partidos
políticos, Luisa Béjar.
Señala
que aunque ningún partido obtenga la mayoría
en la Cámara de Diputados, el PRD, como hasta
ahora, jugará un papel estratégico:
de las alianzas que establezca con sus opositores
depende el progreso o retroceso de las iniciativas
presidenciales. Si se toma en cuenta la proximidad
de las elecciones presidenciales, los partidos, más
que pensar en las negociaciones entre ellos y sacar
adelante los proyectos del Poder Ejecutivo, actuarán
para beneficiarse en los comicios del 2006, situaciones
que hacen compleja la labor parlamentaria.
Béjar
marca las diferencias en los partidos: el PRD, confiado
en que su propuesta de gobierno que es la más
acabada, bloqueará los proyectos del presidente;
el PRI, más que interesarse por los beneficios
que pueda obtener al apoyar o rechazar las propuestas
del Ejecutivo, se preocupará por recomponerse
y asegurar las gubernaturas que le sean posibles.
Hay que recordar que ahora los gobernadores ejercen
presión sobre el Congreso.
Si
bien el PAN, indica, tenía un proyecto de gobierno
relativamente acabado, al asumir Fox la presidencia,
las circunstancias le fueron adversas, pues las promesas
de campaña no se consolidan. El partido tiene
el reto de cohesionarse para reformular su propuesta
de gobierno.
Tras
el poder
Los trabajos que realizará el PRD en la LIX
Legislatura serán de los más importantes,
pues de ellos depende la Presidencia del la República,
reconoce Carlos Navarrete.
En
la LIX Legislatura, los diputados del PRD atenderán
no sólo las necesidades de los trabajadores,
sino también las del sector empresarial. Nuestro
partido, afirma, no es el partido de los trabajadores.
Promoverá la participación del capital
privado en los sectores que haga falta, incluido el
energético, pero mantendrá su reticencia
a los cambios constitucionales.
Navarrete
apela al voto de confianza de los hombres poseedores
del dinero en el país. Como si tratara de tranquilizarlos,
dice que la propuesta de gobierno del PRD no tiene
intenciones de estatizar ningún sector pero
sí de buscar políticas compensatorias.
La
vida política del país está en
vilo. En el quehacer legislativo 2003 2006
interferirán tres factores, enumera el priista
Arturo Núñez: el juego de la vida interna
de los partidos, la correlación de fuerzas
en el interior de éstos. Además del
marco constitucional de los poderes estatales y la
distinta composición de los congresos locales.
En
medio de este clima de confrontaciones entre partidos
y entre los poderes Ejecutivo y Legislativo lo que
está por venir es la abdicación de la
política, reflexiona Núñez, quien
advierte que las diferencias entre estos poderes tendrá
que dirimirlas el Poder Judicial, como última
instancia.
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