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Los
empresarios quieren un Congreso a su modo. Desean
un Poder Legislativo que promueva sus intereses y
que sea expedito para concretar "un gobierno
sin empresas y una máxima desregulación
de la actividad económica."
Para
los empresarios agrupados en la Confederación
Patronal de la República Mexicana (Coparmex),
no es suficiente que el Poder Ejecutivo lo encabece
un empresario ni que al frente de la Secretaría
del Trabajo se encuentre uno de los suyos, Carlos
Abascal, quien firmó, junto con la CTM, el
antecedente de la actual iniciativa de reforma a la
Ley Federal del Trabajo, Hacia una nueva cultura
laboral, en 1995.
Los
patrones buscan influir, "legítimamente",
en los próximos comicios para que "lleguen"
a la Cámara de Diputados "los hombres
y mujeres que México necesita". Para ello
han desarrollado el Programa cívico 2003-2004
Que el Congreso funcione, el cual se extiende hasta
el 2006 con el programa Adopta un diputado.
Buscan
proteger y fomentar sus privilegios desde el Poder
Legislativo: "Como organismo gremial empresarial,
tenemos el legítimo derecho de defender nuestros
intereses, salvo aquellos que vayan en contra del
bien común, del interés general",
señala Gabriel Funes Díaz, director
de estudios de la Coparmex, y quien se encargó
de coordinar al equipo que diseñó el
programa cívico.
Para
el empresario, la defensa de los intereses de sus
compañeros implica necesariamente pugnar por
el bien común. "No sólo queremos
que se hagan realidad nuestras propuestas, sino que
éstas contribuyan a la creación de un
México más justo, libre y próspero",
dice.
Desde
1994, cuando la Coparmex participó por primera
vez en los procesos electorales como observador ciudadano,
su actividad política se ha venido incrementando.
En
los comicios de 1997, además de ser observador,
realizó conteos rápidos; las mismas
actividades realizó en los comicios del año
2000 y, el 8 de noviembre pasado, el entonces presidente
de la Coparmex, Jorge Espina, instaló una mesa
frente a la Cámara de Diputados para reclamar
su incapacidad para concretar las reformas estructurales.
Además, les dijo que estaban reprobados en
su trabajo con una calificación promedio de
5.3. Las peores "evaluaciones" las obtuvieron
los legisladores de menos afinidad ideológica
con los patrones.
Ahora,
a decir de Funes Díaz, "para este 2003
tenemos que ir más allá de lo que ya
veníamos haciendo. (Debemos) ser innovadores
y hacer una contribución de más valor.
Así fue como diseñamos este nuevo programa,
que está dividido en cinco etapas y que va
más allá de la elección de julio."
Para
la doctora en Ciencia Política y especialista
en empresarios, María Cristina Puga Espinosa,
no es extraño que los empresarios de la Coparmex
participen abiertamente en los procesos electorales.
"Son los que tienen un programa más orientado
a la política y cuentan con un programa ideológico
bien definido.
La
Coparmex es la única (de las organizaciones
empresariales) que ha sostenido un programa educativo
orientado a la introducción de valores morales,
la defensa de la familia, la formación integral
del individuo honrado, puntual, trabajador".
Según
Puga Espinoza, la Coparmex "es la que ha dado
voz a las principales demandas empresariales que tienen
que ver con las reformas estructurales, y que, básicamente,
son la privatización de la industria eléctrica
y las reformas a la Ley Federal del Trabajo. Esas
son las cuestiones que más les interesan."
La
primera etapa del programa, "Promoción
del voto razonado", inició en marzo y
culminará en julio. De acuerdo con Funes Díaz,
tiene como objetivo "concientizar al empresariado
y a la ciudadanía sobre el tipo de hombres
y mujeres que México necesita para conformar
el Congreso 2003-2006".
Los
empresarios difundirán el "perfil del
diputado" idóneo, según la visión
de la Coparmex, y reparten tarjetas flyers, donde
se caracterizan a los distintos tipos de candidatos
y se invita a votar por los mejores. Así, se
tiene, por ejemplo, por un lado al "candidato
girito" y, por el otro, al "candidato tortugón".
¿El
perfil del mejor candidato? "Básicamente
señala Funes tiene cuatro elementos:
capacidad para vincularse con la sociedad, disposición
en favor de la transición y de las reformas
estructurales, un gran prestigio social y capacidad
jurídico-legal".
Durante
la segunda etapa, "Opinión de los candidatos",
de mayo a junio se "invitará a los candidatos"
a que contesten un cuestionario elaborado por la Coparmex
en el que asienten su posición respecto a las
reformas fiscal, energética, laboral y del
propio Congreso.
Aclara
que "nosotros no queremos promover a ningún
candidato o partido político en particular.
Simplemente, ofrecer la información al empresario,
al ciudadano, de cuáles son los compromisos
del candidato; para que libremente decidan por quién".
Dice que no apoyarán con recursos económicos
ni publicitarios a persona o instituto político
alguno.
Cuestionario
(Clic para agrandar)
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La
"observación electoral" que se realizará
el 6 de julio, constituirá la tercera etapa
del programa cívico. Los empresarios serán
"testigos de calidad" del desarrollo de
la jornada electoral en aquellas regiones donde persisten
prácticas de inducción al voto.
Con
la cuarta etapa inicia el programa Adopta un diputado.
El objetivo es "dar seguimiento personalizado
al trabajo legislativo del candidato una vez electo,
considerando las exigencias del cambio jurídico
requerido, sus compromisos de campaña y su
posición respecto de las reformas estructurales
buscadas".
Funes
Díaz agrega que "esta es una etapa clave,
central. Lo que queremos es que en todo el país,
los empresarios sigan la pista a uno de sus diputados:
si está asistiendo a la Cámara, cómo
está votando." Esta etapa inicia en julio
de 2003 y termina en abril de 2006.
La
quinta etapa, Rendición de cuentas,
"ha llamado mucho la atención y viene
amarrada con el trabajo que estamos haciendo de cabildeo
en la Cámara. Es decir, necesitamos estar en
contacto permanente con nuestros representantes, estar
pidiéndoles cuentas de lo que están
haciendo.
Vamos
a evaluar el trabajo de los diputados en función
de los compromisos que hayan hecho, de su papel en
el Congreso, que estén impulsando o no las
reformas que el país necesita y daremos nuestra
opinión de cómo vemos el trabajo legislativo".
A decir
de la investigadora Cristina Puga "el programa
Adopta un diputado es una forma válida de cabildeo.
Sin embargo, el resto de la sociedad debe participar
de igual manera, para que los candidatos no se vean
obligados a responder exclusivamente a los empresarios."
Agrega
que "el riesgo de que los diputados lleguen con
el objetivo de impulsar proyectos que beneficien a
un grupo empresarial es un riesgo del sistema capitalista.
El que haya intereses económicos que estén
buscando beneficios propios e impulsen medidas en
este sentido sólo podrá atenuarse si
el resto de la sociedad está atenta y tiene
la capacidad también de exigir un freno a estas
medidas".
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