Artes y libertad
Refugio contra la intolerancia

Por Christian Obregón

Los hombres de letras críticos son siempre perseguidos por regímenes autoritarios. El Parlamento Internacional de Escritores ha fundado en algunos países "casas refugio". En abril pasado, en la ciudad de Puebla, se abrió la segunda casa en México y su primer huésped es el escritor palestino Riad Beidas.

El 19 de marzo de 1998, durante el gobierno de Cuauhtémoc Cárdenas, se firmó el convenio “México, Distrito Federal: Ciudad Refugio”, acto mediante el cual el país se sumó por primera vez a la red de “villas refugio”, que el Parlamento Internacional de Escritores (PIE) ha logrado establecer en diversas regiones del mundo desde 1995.

Este año la historia en México fue similar, sólo que ahora ha sido la ciudad de Puebla la que se incorpora a dicho sistema de protección a creadores perseguidos en sus países de origen debido a las ideas contrarias —políticas o religiosas— que manifiestan en relación con regímenes autoritarios imperantes en naciones como Argelia o Irak.

Puebla se suma a una lista de 34 “villas”, entre las cuales destacan Barcelona, Berlín, Bonn, Caen, Goteborg, Graz, Helsinki, Oporto, Sabadell, Salzburgo, Estrasburgo, Venecia, Viena y Gijón, entre otras, cuya finalidad es mostrar solidaridad y apoyo —en contra de fundamentalismos y actitudes neofascistas— con los escritores de todo el mundo, amenazados como consecuencia del libre ejercicio de su profesión.

Con el establecimiento de la nueva Casa Refugio en Puebla —inaugurada el 1 de abril pasado— se despejan algunas incógnitas de índole político. Si en 1998 la crítica atribuyó la fundación de la Casa Refugio Citlaltépetl, en la colonia Hipódromo Condesa, a una táctica política por parte del Partido de la Revolución Democrática, en 2003 quedó claro que si bien éstos habían sido los fines de Cárdenas, por lo menos, el PRD no había acaparado las relaciones del país con el PIE, pues la recién declarada ciudad refugio se encuentra actualmente administrada por el PRI.

Es preciso destacar que el PIE no mantiene nexos definitivos con los países ni con los gobernantes. Para el editor Philippe Ollé-Laprune, director general de la casa en la ciudad de México, la represión viene usualmente de los gobiernos de las naciones.

“Es por ello que se ve en la ciudad al refugio por excelencia. El compromiso va directamente con la entidad y no con la gente que la gobierna”.
Sin embargo, las casas en cuestión dependen en gran parte del subsidio que el gobierno en turno ofrezca a este proyecto presidido por el escritor nigeriano y Premio Nobel Wole Soyinka.

El presupuesto anual de la sede en el DF es de un millón 100 mil pesos, mientras que en Puebla se destinará, a través de la Secretaría de Cultura de la entidad, un millón de pesos sólo para el mantenimiento del inmueble, los cuales no están asegurados en documento alguno de manera permanente para ninguna de las sedes (en Puebla el presupuesto será para los próximos cinco años), con lo cual queda la duda de qué pasará si la administración quedara en manos de un partido político distinto al que firmó el convenio.

Por el momento, en “México siempre queda la posibilidad de replantear la necesidad de este tipo de proyectos”, explica Ollé-Laprune.

El arribo del palestino Riad Beidas, primer huésped de la nueva sede, estuvo programado para “los últimos días de abril o los primeros de mayo”, pues por razones de seguridad, los únicos que saben con exactitud estos datos son los responsables directos de la estancia en México de los refugiados, quienes recibirán a través del Conaculta una beca mensual de mil dólares, con el fin de satisfacer sus necesidades personales.

Con ello se facilitará el proceso de su reincorporación a la escritura, sin más ambición que “evitar que los escritores exiliados caigan en la esterilidad o el panfleto”, señala el secretario de Cultura de Puebla, Pedro Ángel Palou, responsable de que la entidad haya gestado este convenio con el Parlamento Internacional de Escritores.

Al abordar la importancia de un proyecto de tal envergadura, Palou explicó que “para el gobierno poblano, éste es uno de los asuntos más ambiciosos de la presente administración”, en razón de que permitirá refrendar el compromiso cultural con la población del estado.

Además, por medio de esta empresa cultural, “podremos generar un espacio de intercambio cultural, de apertura y alternancia en el que convivan diversas expresiones del quehacer artístico”. Aunque, no hay que perder de vista que el objetivo más importante de este tipo de recintos culturales es redefinir el papel del intelectual dentro de una sociedad determinada, aclaró.

De casona vieja a casa-escuela
El inmueble donde funciona la nueva Casa Refugio es en sí una vieja casona del siglo XVII —ubicada en la 5a Oriente, atrás de la catedral poblana—, adquirida por el gobierno de Puebla para cuyo rescate y remodelación se invirtieron cuatro millones de pesos, aproximadamente. Aparte de servir como refugio a escritores de diversas nacionalidades, dicha construcción albergará la Sociedad General de Escritores de México, además se ofrecerán talleres de cuento y novela que impartirán Guillermo Samperio y José Vicente Anaya, entre otros.

Se tiene planeado el uso óptimo de la casa, pues en alguna de sus habitaciones se llevarán a cabo las sesiones de los becarios y los tutores de los apoyos del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes, actividades que ubicarán a la antigua casona como un nuevo referente obligado dentro del ámbito cultural poblano.

Para que una metrópoli se convierta en ciudad refugio sólo hace falta firmar un convenio con en PIE —previo análisis de sus integrantes— y estar dispuesta a recibir a los creadores perseguidos que no siempre son escritores, pues pueden ser músicos o pintores, aunque en este último caso no se haya dado hasta el momento en ninguna de las sedes a nivel mundial.

 

Asegurar el futuro


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Pedro Ángel Palou, secretario de cultura de Puebla, en relación con la continuidad del proyecto comenta: “Es importante asegurar el futuro de los proyectos.

En el caso de Puebla hay un convenio entre el parlamento y el gobierno, firmado por Soyinka el día de la inaguración y está presupuestado oficialmente en la secretaría como una ‘unidad administrativa’, incluido su personal, por lo que no se puede eliminar sin cambiar la Ley Orgánica de la Administración Pública de Puebla”.

Al preguntarle a Palou acerca de las intenciones políticas del gobierno, aseguró que es meramente cultural y no de carácter político.

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