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Para
las casas de cultura, la ciudad aparenta una sala
de espera, ahí están la Rosario Castellanos,
Juventino Rosas, Gaby Brimer, Jaime Sabines, Siete
Barrios, aguardando un gesto de atención hacia
sus espacios. En sus aulas se imparten talleres de
dibujo, pintura, cuento, ajedrez, ballet clásico,
guitarra, teatro y danza; en algunos casos, a petición
de colonos, se emplean para aeróbicos y artes
marciales.
Estos
recintos multidisciplinarios ofrecen, además,
conciertos, exposiciones, recitales literarios, muestras
cinematográficas y representaciones teatrales.
Enseñan a su comunidad el aprecio y la creación
de las bellas artes y, ocasionalmente, algunos oficios;
así cumplen con su función encomendada:
ser el primer vínculo de la sociedad con las
artes.
Con
este perfil, las 66 casas de cultura son dependientes,
a partir de esta administración, de las delegaciones
para su mantenimiento. Anteriormente, justo cuando
se encontraban más abandonadas, dependían
del gobierno del Distrito Federal. Ahora, delegaciones
como Gustavo A. Madero, Azcapotzalco, Cuauhtémoc
y Coyoacán se esfuerzan por recuperarlos, sin
embargo, la normatividad vigente frena su desarrollo.
Al
iniciar la gestión encontramos en ruinas las
casas de la cultura Estrella, Juventino Rosas y Guadalupe
Insurgentes, funcionaban con deficiencias, expone
Joaquín Meléndez Lira, director de Desarrollo
Social de la GAM.
La
rentabilidad
En 1996, la Secretaría de Finanzas del DF estableció
que las casas de cultura se convertirían en
instituciones generadoras de recursos, por esta razón,
no cuentan con presupuesto asignado.
Al
imponérseles el sello de autogenerados
quedaron fuera del Programa Operativo Anual (POA)
delegacional, que designa los recursos para proyectos
y actividades institucionales de cada demarcación.
Además,
por ley, a las casas de cultura sólo corresponde
la mitad de lo que generan, situación que afecta
su labor y su mantenimiento, pues no alcanza ni para
pagar a los talleristas, que deben cobrar 70 por ciento
de los recursos autogenerados, afirma Arturo Ortega
Cuenca, subdirector de Servicios Culturales de la
delegación Cuauhtémoc.
El
financiamiento de estos recintos se da a partir del
porcentaje de recursos autogenerados que
les devuelven en forma de subsidios, dependiendo de
la buena voluntad de las autoridades,
y el patrocinio de la iniciativa privada. Por ejemplo,
las nueve casas de cultura de la delegación
Iztacalco cuentan con un presupuesto de 20 mil pesos
mensuales, que la Dirección de Educación
y Cultura les destina de manera voluntaria, señala
Miriam Cruz de la Torre, jefa de la Unidad Departamental
de Casas de Cultura, en esa entidad.
Gabriel
Figueroa Pacheco, coordinador de Casas y Centros Culturales,
dice que en la delegación Cuauhtémoc
se ejerce el cien por ciento de los recursos generados;
mientras que en otras demarcaciones no hay voluntad
política para hacerlo, pero tampoco hay una
ley que determine cómo usar todos los recursos.
A pesar
de que las nueve casas de la Cuauhtémoc cuentan
con el total de sus ingresos, es difícil trabajar
con autogenerados, porque no se puede asegurar siquiera
el salario mínimo a los maestros, precisa Figueroa.
En
esta lógica, los recintos enfrentan la disyuntiva
de abrir sus espacios a la iniciativa privada a través
de patrocinios o usufructuar con las exposiciones
y presentaciones. Se debe buscar patrocinio de instituciones
privadas que identifican beneficios económicos;
quizá no es como nos gustaría que fueran
las cosas, pero se asume, aprovecha y fomenta, dice
Carlos Enríquez Verdura, subdirector de Vinculación
Cultural de la delegación Coyoacán y,
director de la Casa de Cultura Reyes Heroles.
Problemas
financieros
La falta de liquidez se presenta en la mayoría
de los recintos, incluso los más favorecidos.
Es el caso de las tres casas de cultura de la delegación
Coyoacán: Ricardo Flores Magón, Raúl
Anguiano y Reyes Heroles; esta última es la
más solicitada, las dos restantes no cuentan
con los mismos favores de la iniciativa privada.

Búsqueda de subsidio |
En
Coyoacán rentan la Casa de Cultura Reyes Heroles
y los foros Hugo Argüelles y Ana María
Hernández. Los dos canales de financiamiento
son el presupuesto de contratación de artistas
y los recursos autogenerados, explica Carlos Enríquez.
Hacemos
todo con un chicle masticado porque los recursos son
limitados, dice, y los que se obtienen de la
delegación se destinan a las dos primeras casas,
porque no son autosustentables.
Para
José Ángel Leyva, director de Vinculación
Cultural de la Secretaría de Cultura del DF,
el desequilibrio de la infraestructura pesa, debido
a que una casa de cultura puede tener computadoras,
una sala de cine, un auditorio para 500 personas,
y otras carecen de lo más elemental.
Los
contrastes entre las zonas marginales y las que presentan
mayor auge económico en la ciudad no son reconocidos
por el Código Financiero, no hay cuotas diferenciadas
para cada región, a pesar de que el poder adquisitivo
de la ciudadanía es distinto. Con esta falta
de claridad económica operan la mayor parte
de las casas de cultura en la ciudad de México,
y éstas empiezan a buscar a la iniciativa privada
para que las subsidien pero, ¿a cambio de qué?
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