La pobreza de las casas de cultura

Por Nancy Flores
Fotos: David Cilia

La cultura siempre está en segundo término. Sin presupuestos asignados y con subsidios de apenas dos mil pesos mensuales, las 66 casas de cultura de la ciudad de México se supeditan a la voluntad política de las autoridades delegacionales, y resisten las reglas del Código Financiero. Son víctimas de la negligencia y la burocracia local.

Para las casas de cultura, la ciudad aparenta una sala de espera, ahí están la Rosario Castellanos, Juventino Rosas, Gaby Brimer, Jaime Sabines, Siete Barrios, aguardando un gesto de atención hacia sus espacios. En sus aulas se imparten talleres de dibujo, pintura, cuento, ajedrez, ballet clásico, guitarra, teatro y danza; en algunos casos, a petición de colonos, se emplean para aeróbicos y artes marciales.

Estos recintos multidisciplinarios ofrecen, además, conciertos, exposiciones, recitales literarios, muestras cinematográficas y representaciones teatrales. Enseñan a su comunidad el aprecio y la creación de las bellas artes y, ocasionalmente, algunos oficios; así cumplen con su función encomendada: ser el primer vínculo de la sociedad con las artes.

Con este perfil, las 66 casas de cultura son dependientes, a partir de esta administración, de las delegaciones para su mantenimiento. Anteriormente, justo cuando se encontraban más abandonadas, dependían del gobierno del Distrito Federal. Ahora, delegaciones como Gustavo A. Madero, Azcapotzalco, Cuauhtémoc y Coyoacán se esfuerzan por recuperarlos, sin embargo, la normatividad vigente frena su desarrollo.

Al iniciar la gestión encontramos en ruinas las casas de la cultura Estrella, Juventino Rosas y Guadalupe Insurgentes, funcionaban con deficiencias, expone Joaquín Meléndez Lira, director de Desarrollo Social de la GAM.

La rentabilidad
En 1996, la Secretaría de Finanzas del DF estableció que las casas de cultura se convertirían en instituciones generadoras de recursos, por esta razón, no cuentan con presupuesto asignado.

Al imponérseles el sello de “autogenerados” quedaron fuera del Programa Operativo Anual (POA) delegacional, que designa los recursos para proyectos y actividades institucionales de cada demarcación.

Además, por ley, a las casas de cultura sólo corresponde la mitad de lo que generan, situación que afecta su labor y su mantenimiento, pues no alcanza ni para pagar a los talleristas, que deben cobrar 70 por ciento de los recursos autogenerados, afirma Arturo Ortega Cuenca, subdirector de Servicios Culturales de la delegación Cuauhtémoc.

El financiamiento de estos recintos se da a partir del porcentaje de recursos “autogenerados” que les devuelven en forma de subsidios, dependiendo de la “buena voluntad” de las autoridades, y el patrocinio de la iniciativa privada. Por ejemplo, las nueve casas de cultura de la delegación Iztacalco cuentan con un presupuesto de 20 mil pesos mensuales, que la Dirección de Educación y Cultura les destina de manera voluntaria, señala Miriam Cruz de la Torre, jefa de la Unidad Departamental de Casas de Cultura, en esa entidad.

Gabriel Figueroa Pacheco, coordinador de Casas y Centros Culturales, dice que en la delegación Cuauhtémoc se ejerce el cien por ciento de los recursos generados; mientras que en otras demarcaciones no hay voluntad política para hacerlo, pero tampoco hay una ley que determine cómo usar todos los recursos.

A pesar de que las nueve casas de la Cuauhtémoc cuentan con el total de sus ingresos, es difícil trabajar con autogenerados, porque no se puede asegurar siquiera el salario mínimo a los maestros, precisa Figueroa.

En esta lógica, los recintos enfrentan la disyuntiva de abrir sus espacios a la iniciativa privada a través de patrocinios o usufructuar con las exposiciones y presentaciones. Se debe buscar patrocinio de instituciones privadas que identifican beneficios económicos; quizá no es como nos gustaría que fueran las cosas, pero se asume, aprovecha y fomenta, dice Carlos Enríquez Verdura, subdirector de Vinculación Cultural de la delegación Coyoacán y, director de la Casa de Cultura Reyes Heroles.

Problemas financieros
La falta de liquidez se presenta en la mayoría de los recintos, incluso los más favorecidos. Es el caso de las tres casas de cultura de la delegación Coyoacán: Ricardo Flores Magón, Raúl Anguiano y Reyes Heroles; esta última es la más solicitada, las dos restantes no cuentan con los mismos favores de la iniciativa privada.


Búsqueda de subsidio

En Coyoacán rentan la Casa de Cultura Reyes Heroles y los foros Hugo Argüelles y Ana María Hernández. Los dos canales de financiamiento son el presupuesto de contratación de artistas y los recursos autogenerados, explica Carlos Enríquez.

“Hacemos todo con un chicle masticado porque los recursos son limitados”, dice, y los que se obtienen de la delegación se destinan a las dos primeras casas, porque no son autosustentables.

Para José Ángel Leyva, director de Vinculación Cultural de la Secretaría de Cultura del DF, el desequilibrio de la infraestructura pesa, debido a que una casa de cultura puede tener computadoras, una sala de cine, un auditorio para 500 personas, y otras carecen de lo más elemental.

Los contrastes entre las zonas marginales y las que presentan mayor auge económico en la ciudad no son reconocidos por el Código Financiero, no hay cuotas diferenciadas para cada región, a pesar de que el poder adquisitivo de la ciudadanía es distinto. Con esta falta de claridad económica operan la mayor parte de las casas de cultura en la ciudad de México, y éstas empiezan a buscar a la iniciativa privada para que las subsidien pero, ¿a cambio de qué?

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