El campo,
seco de inversión extranjera
Por Guillermo Correa

A once años de la modificación del artículo 27 constitucional para hacer rentable el campo mexicano, la realidad muestra que no es atractivo ni para la inversión extranjera, y fuera de competencia con la producción de granos con Estados Unidos y Canadá.

De acuerdo con cifras de la Secretaría de Economía (SE), la Inversión Extranjera Directa (IED) en el campo es de apenas 0.3 por ciento en relación con el total de IED en el país: asciende a 265.2 millones de dólares, distribuidos en 252 empresas, 1.1 por ciento de las 23 mil 110 que cuentan con participación de capital foráneo en sus activos. Y esto, porque el campo nacional representa riesgos a la inversión, tanto económicos como políticos y sociales, dice el investigador Gerardo Gómez González, doctor en economía de la Universidad Autónoma de Chapingo.

El investigador detalla: por cuestiones geográficas y climáticas, la inversión en el agro es riesgosa. Huracanes, sequías, heladas y plagas obligan al uso intensivo de plaguicidas, todo lo cual encarece los costos y causa incertidumbre.

Hay que tomar en cuenta, añade Gómez González, que en nuestro país uno de los más añejos reclamos sociales que no ha sido satisfecho es la dotación de tierras, lo que provoca constantes movilizaciones por parte de quienes demandan un pedazo de terreno para producir: más de 3 millones de campesinos. Si a esto agregamos que en México no existen las condiciones que buscan los extranjeros --como grandes extensiones de terrenos bien comunicados--, nos explicamos el porqué del fracaso de la reforma salinista, que empobreció aún más a la población rural en lugar de favorecerla.

Lo anterior se refleja, asegura José Luis Calva, doctor en economía de la UNAM, en las cifras de la inversión extranjera directa en estas actividades, pues de las 252 empresas con IED en el sector, 41.3 por ciento están dedicadas al cultivo de hortalizas y flores; 11.5 por ciento a la acuacultura; 8.3 por ciento a la avicultura; 7.1 por ciento al cultivo de árboles frutales; 5.6 por ciento a la pesca en altamar; 4.4 por ciento a la cría de porcinos, y 2 por ciento a ramas asociadas con la producción agrícola y ganadera.

De esta forma, 71 por ciento de las firmas del sector agropecuario que operan en la República Mexicana son de procedencia estadounidense, y 93.3 por ciento de la IED en esta actividad viene también de Estados Unidos.
José Luis Calva afirma que Sonora es la entidad que concentra la mayor porción de la IED sectorial, con 42.9 por ciento; seguida por Sinaloa, con 23.2 por ciento; Jalisco, con 10.9 por ciento; Colima, con 6.6 por ciento, y Estado de México, con 3.5 por ciento. El restante 12.9 por ciento se ubica en las demás entidades del país.

En cuanto a los inversionistas mexicanos, el Fideicomiso Instituido en Relación con la Agricultura (FIRA) pretende colocar al concluir este año unos 30 mil 406 millones de pesos en el sector rural. A la fecha, la institución ha entregado poco más de 11 mil millones de pesos.

Un caso: el pasado 19 de mayo, el Grupo Financiero Scotiabank Inverlat y el FIRA firmaron un convenio de colaboración para financiar a productores y empresarios de los sectores agropecuarios, pesquero y forestal.

Con estas acciones, Scotiabank Inverlat proyecta aumentar el financiamiento al sector agropecuario en 80 por ciento respecto del 2002, lo que representa una derrama crediticia de mil 100 millones de pesos, mismos que serán fondeados por FIRA.

Uno de los objetivos de estos convenios es buscar que las pequeñas poblaciones rurales accedan más fácilmente al financiamiento en cualquier actividad económica que desarrollen.

La Confederación Nacional Campesina también hace esfuerzos para gestionar recursos. Para ello anunció la creación de una red de intermediarios financieros rurales con el propósito de integrar al desarrollo empresarial a los productores del campo. Por lo pronto, logró que la Secretaría de Hacienda y Crédito Público destinara este año recursos federales por más de 100 mil millones de pesos al agro, lo que permitirá apoyar un total de 6.9 millones de hectáreas y beneficiar a cerca de 2 millones de productores, principalmente de escasos recursos económicos.

El subsecretario de la SHCP, Agustín Carstens, ha detallado que el Programa de Créditos y Subsidios para 2003 de las instituciones financieras públicas que tienen que ver con el campo dispone de más de 60 mil millones de pesos, 12.5 por ciento más en términos reales respecto del año anterior. El Programa de Coberturas y Seguros comprende otros 40 mil millones de pesos, lo que significa un incremento de 16 por ciento comparado con el 2002.

De esta manera se dan los primeros pasos en un esquema cuyo objetivo es impulsar una nueva cultura de financiamiento rural, en la que las organizaciones de productores sean dueñas de las cadenas de intermediarios por medio de las cuales el gobierno canalizará sus recursos al campo.
Héctor Padilla Gutiérrez, secretario de Crédito y Aseguramiento de la CNC, explica que el nuevo modelo hace acopio de las experiencias desarrolladas en países como España y Brasil, en donde las organizaciones de productores se han convertido en empresas de intermediación financiera con el objetivo de combatir la pobreza.

Padilla Gutiérrez comenta que, para integrar una red similar en México, la CNC cuenta con 450 empresas económicas, 70 despachos técnicos, 50 procreas, 288 organismos de crédito rural, ramas de producción y, principalmente, con la responsabilidad de los cenecistas para el pago de las deudas contraídas.
Entre dichos intermediarios, advirtió, se crearán fondos de garantía y aseguramiento, ya considerados para una etapa del 2004 al 2007. Además, se buscarán alianzas internacionales con bancos cooperativos de España, Holanda y Alemania.

Acuerdos de este tipo se pactarán más adelante con estructuras financieras de Estados Unidos para el manejo de las remesas de los migrantes que trabajan en ese país, con lo que el dinero le llegará a la gente con un mayor valor.

A decir de Padilla Gutiérrez, lo que se busca con todo esto es sacar al país de la severa crisis rural en que se encuentra, ya que el financiamiento rural ha ido en picada a partir de 1988, cuando la cobertura en superficie llegaba a los 7.5 millones de hectáreas, hasta caer a 2.2 millones en 2002.

También, la meta es cambiar el esquema de crédito altamente concentrado, pues en la actualidad los grandes productores y empresas agroalimentarias se llevan casi 70 por ciento del financiamiento destinado al sector rural, en tanto que el porcentaje restante se distribuye en 95 por ciento del país.

La SHCP hizo saber que el Presupuesto de Egresos de la Federación para el 2003 contempla más de 30 programas coordinados por seis dependencias distintas dirigidos a atender las necesidades básicas de quienes dedican su vida productiva al campo.

Esto implicó, según la SHCP, el incremento de 50 por ciento que dispuso este año el Congreso de la Unión para los programas productivos generales del sector agrícola, y el aumento de 29 por ciento al gasto productivo total y de 19 por ciento del gasto para fomentar el desarrollo rural.

A pesar de estas acciones, el líder de El Barzón, Alfonso Ramírez Cuéllar, sostiene que el gobierno mexicano “nos quiere hacer competir en situaciones desventajosas con los productores de Estados Unidos y Canadá, obligado por el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN).

“Los hombres del campo son los que desde el inicio de nuestra nación han llevado el alimento más necesario a los mexicanos. Y ahora, por una política entreguista y de franca desarticulación de la cadena alimenticia de nuestro país, nos condena a competir en condiciones desventajosas, llevándonos irremediablemente a la desaparición”.

Al respecto, un documento de la Empresa Integradora Consultoría Profesional de Desarrollo advierte: “En nuestro campo es cierto que hace falta el crédito, y mucho, pero también es verdad que se necesita tener acceso a otro tipo de herramientas, como mecanismos de ahorro, de seguros, de transferencias de recursos, de factoraje y pignoración, entre varios más.”

Su consideración es que el sistema financiero necesario en México debe contemplar y emprender tareas que faciliten el acceso a créditos de avío y refaccionarios, para fomentar la producción agrícola, pecuaria, forestal y de servicios en el ámbito rural. Asimismo, debe simplificar el acceso a créditos de capital de trabajo para apoyar la comercialización de las cosechas y excedentes productivos. Y por supuesto, medios que permitan el ahorro local.
Isabel Cruz Hernández, de la Asociación Mexicana de Uniones de Crédito del Sector Social A.C., reconoce un rezago estructural de más de 100 años respecto de los países desarrollados. Y alerta: si queremos una solución real en el terreno financiero, hay que atender a casi 32 millones de personas que

viven en unas 190 mil localidades con menos de 15 mil habitantes.
Un cálculo elemental, remarca, arroja la necesidad de construir cerca de 10 mil instituciones financieras rurales en los próximos 20 años. En suma, este nuevo sistema financiero requiere de una reforma institucional de la banca de desarrollo, porque el FIRA y la nueva Financiera Rural no pueden coexistir como banca de segundo piso, a riesgo de distorsionar más los frágiles mercados financieros.

capitales@contralinea.com.mx

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