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No
me consta, pero dicen los que saben, que aquellos
mamíferos que enfrentan los rigores del invierno
durmiendo a pierna suelta, disminuyen los latidos
de su corazón a entre siete o 10 por minuto,
en vez de los 200 o 300 de rigor; se alimentan de
la grasa acumulada en los tiempos de vacas gordas
(80 por ciento de un sebo cuidadosamente cultivado)
y hasta se abstienen de respirar.
Gracias
a la democracia, nuestro invierno es cada vez más
largo. El tapadismo está en desuso y la hibernación
futurista tiene en jaque a miles de mexicanos que,
antaño, se conformaban con esperar a que empezara
a declinar el poder del tlatoani en turno y a descifrar
signos, gestos y hasta chistoretes, como aquel que
hacía de Manuel Camacho Solís, "el
bueno", en contraposición a otro Camacho,
el "maloso" Macho puertorriqueño
al que Julio César Chávez le partió
su mandarina en gajos.
Ahora,
a más de 36 meses de las elecciones del 2006,
en vez de lucubrar si el tapado fuma Delicados, los
mexicanos tenemos tres años por delante para
dilucidar entre confusas y diversas opciones: ¿será
de Cohiba el humo blanco del blanquiazul? ¿Apostará
el sol azteca por el frugal republicanismo? ¿El
que ya chupó Faros es el presidente del tricolor?
No quedan ahí las preguntas, pues falta saber
si el ex canciller incómodo ya encontró
la justa medida de la enchilada o si al rector de
la UNAM, Juan Ramón de la Fuente, le toca enchilada
o puro chile en la rebatiña futurista.
Tentado
a caer en las redes de la añoranza del Tapadismo,
voy a dejarme llevar, en cambio, por el optimismo
en boga. Ya lo decía hace seis años
el presidente del club de los joviales, Vicente Fox,
la hibernación futurista es útil para
"sacar de sus madrigueras" a víboras
prietas, tepocatas y otras alimañas.
Esto
es, la hibernación tiene también su
buena cara, la del imaginario futurista gracias al
cual los mexicanos podemos echar a volar la imaginación
y vislumbrar la residencia presidencial del mañana
como un inmenso estanque poblado de pejelagartos,
un bosque infestado de coyotes con cédula profesional
de abogados o un mundo de pasadizos secretos que conducen
a la cueva de ahí les va el Madrazo y sus 40
operadores.
El
optimismo no me alcanza, con todo, para ignorar los
asegunes del imaginario futurista. En primer lugar,
aquella maldición según la cual la realidad
suele dejar chiquita a la ficción.
Así,
los que suponían que la llegada de Fox a la
silla presidencial convertiría a Los Pinos
en un remedo de los comerciales de Marlboro, jamás
imaginaron la veta terrorífica según
la cual la residencia presidencial se convertiría
en la casa de los sustos, habitada por un gigante
sin cabeza y una mujer con testículos.
Pero
puesto en la balanza, el imaginario futurista tiene
más ventajas que desventajas. Una de ellas,
que nos permite obtener solaz y esparcimiento regodeándonos
con nuestras peores pesadillas, de modo que hoy podemos
soñar en un segundo piso en Los Pinos o en
una residencia presidencial donde las mujeres no tendrán
mejor ocupación que la de servir al Jefe y
mesar su barba.
Esto
sin mencionar la reforma sexenal de rigor al grito
de Independencia: "¡Vivan los héroes
que nos dieron patria! ¡Viva el cura Wojtila,
el emperador Maximiliano y los convoco a todos a matar
jotitos! ¡Mexicanos, vieja el último!"
Y en
tanto los mexicanos nos dedicamos a la hibernación
futurista, los de siempre tendrán las manos
libres para seguirse enriqueciendo y manejando los
hilos de la política en su beneficio.
A quien
le quede tiempo libre, nada más que voltee
a ver quiénes mueven sus piezas en la Secretaría
de Energía con objeto de traer inversiones
de Francia en la producción de electricidad,
en la Secretaría de Comunicaciones y Transportes
la mira puesta en las aerolíneas rescatadas
por el Fobaproa, en... Póngale etcétera,
lector.
¿Es
usted de los que piensan, como yo, que todo pasado
fue mejor? Pues súmese a la añoranza
del tapadismo. ¿Lo suyo es el imaginario virtual?
Entonces, ¡feliz invierno! A decir verdad, una
u otra opción son igual de inútiles
a la hora de cerrar la puerta al eterno retorno de
los brujos que tuvieron, tienen y tendrán en
sus manos el poder político y el económico.
capitales@contralinea.com.mx
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