ALTA FRIVOLIDAD
 
Añoranza del tapadismo
Por José Luis López

Cualquier mexicano sabe que hay más puentes en el calendario nacional que los previstos en el proyecto de segundos pisos del Peje de Gobierno de la Ciudad de México.

Si a eso sumamos las horas que hay que dedicar a la liguilla del pata-bol nacional, a las decepciones olímpicas con raquítica cosecha de metal, a las desdichas mundialistas de nuestros aguerridos ratones y hasta al laboratorio humano de big brother, resulta que la productividad en este país es comparable a la de los osos durante su larga hibernación.

No me consta, pero dicen los que saben, que aquellos mamíferos que enfrentan los rigores del invierno durmiendo a pierna suelta, disminuyen los latidos de su corazón a entre siete o 10 por minuto, en vez de los 200 o 300 de rigor; se alimentan de la grasa acumulada en los tiempos de vacas gordas (80 por ciento de un sebo cuidadosamente cultivado) y hasta se abstienen de respirar.

Gracias a la democracia, nuestro invierno es cada vez más largo. El tapadismo está en desuso y la hibernación futurista tiene en jaque a miles de mexicanos que, antaño, se conformaban con esperar a que empezara a declinar el poder del tlatoani en turno y a descifrar signos, gestos y hasta chistoretes, como aquel que hacía de Manuel Camacho Solís, "el bueno", en contraposición a otro Camacho, el "maloso" Macho puertorriqueño al que Julio César Chávez le partió su mandarina en gajos.

Ahora, a más de 36 meses de las elecciones del 2006, en vez de lucubrar si el tapado fuma Delicados, los mexicanos tenemos tres años por delante para dilucidar entre confusas y diversas opciones: ¿será de Cohiba el humo blanco del blanquiazul? ¿Apostará el sol azteca por el frugal republicanismo? ¿El que ya chupó Faros es el presidente del tricolor? No quedan ahí las preguntas, pues falta saber si el ex canciller incómodo ya encontró la justa medida de la enchilada o si al rector de la UNAM, Juan Ramón de la Fuente, le toca enchilada o puro chile en la rebatiña futurista.

Tentado a caer en las redes de la añoranza del Tapadismo, voy a dejarme llevar, en cambio, por el optimismo en boga. Ya lo decía hace seis años el presidente del club de los joviales, Vicente Fox, la hibernación futurista es útil para "sacar de sus madrigueras" a víboras prietas, tepocatas y otras alimañas.

Esto es, la hibernación tiene también su buena cara, la del imaginario futurista gracias al cual los mexicanos podemos echar a volar la imaginación y vislumbrar la residencia presidencial del mañana como un inmenso estanque poblado de pejelagartos, un bosque infestado de coyotes con cédula profesional de abogados o un mundo de pasadizos secretos que conducen a la cueva de ahí les va el Madrazo y sus 40 operadores.

El optimismo no me alcanza, con todo, para ignorar los asegunes del imaginario futurista. En primer lugar, aquella maldición según la cual la realidad suele dejar chiquita a la ficción.

Así, los que suponían que la llegada de Fox a la silla presidencial convertiría a Los Pinos en un remedo de los comerciales de Marlboro, jamás imaginaron la veta terrorífica según la cual la residencia presidencial se convertiría en la casa de los sustos, habitada por un gigante sin cabeza y una mujer con testículos.

Pero puesto en la balanza, el imaginario futurista tiene más ventajas que desventajas. Una de ellas, que nos permite obtener solaz y esparcimiento regodeándonos con nuestras peores pesadillas, de modo que hoy podemos soñar en un segundo piso en Los Pinos o en una residencia presidencial donde las mujeres no tendrán mejor ocupación que la de servir al Jefe y mesar su barba.

Esto sin mencionar la reforma sexenal de rigor al grito de Independencia: "¡Vivan los héroes que nos dieron patria! ¡Viva el cura Wojtila, el emperador Maximiliano y los convoco a todos a matar jotitos! ¡Mexicanos, vieja el último!"

Y en tanto los mexicanos nos dedicamos a la hibernación futurista, los de siempre tendrán las manos libres para seguirse enriqueciendo y manejando los hilos de la política en su beneficio.

A quien le quede tiempo libre, nada más que voltee a ver quiénes mueven sus piezas en la Secretaría de Energía con objeto de traer inversiones de Francia en la producción de electricidad, en la Secretaría de Comunicaciones y Transportes la mira puesta en las aerolíneas rescatadas por el Fobaproa, en... Póngale etcétera, lector.

¿Es usted de los que piensan, como yo, que todo pasado fue mejor? Pues súmese a la añoranza del tapadismo. ¿Lo suyo es el imaginario virtual? Entonces, ¡feliz invierno! A decir verdad, una u otra opción son igual de inútiles a la hora de cerrar la puerta al eterno retorno de los brujos que tuvieron, tienen y tendrán en sus manos el poder político y el económico.

capitales@contralinea.com.mx

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