
Osiel Cárdenas |
Nuevo
Laredo Tamps.-- Las ráfagas de AK-47 rompieron
el silencio y la quietud de esa madrugada en el kilómetro
22 de la carretera Anáhuac-Nuevo Laredo, a
la altura de la antigua garita. Edson Ramírez
Rubio, vigilante de la empresa ferroviaria TFM, las
escuchó y ya no pudo estar tranquilo. Él
sabe que esa es la zona utilizada por narcotraficantes
para las "ejecuciones".
Sin
encender su lámpara, caminó pegado a
la vía del tren que corre paralela a la carretera
y sólo se detuvo cuando escuchó el paso
de varias camionetas a toda velocidad.
Luego
el silencio. Más tarde se enteraría
de que esa madrugada del 2 de abril se acababa de
perpetrar la última masacre por la disputa
del control del narcotráfico en la franja fronteriza
de esta entidad.
¿Los
responsables de la masacre?: los Zetas, un grupo armado
que usa como disfraz uniformes militares y que sigue
el patrón y el estilo de los "escuadrones
de la muerte" que operan en Centroamérica
y que están al servicio del Cártel del
Golfo. Este grupo de sicarios ha sembrado el terror
en toda la frontera de Tamaulipas, revelan informes
de la Procuraduría General de la República.
Con
tácticas y prácticas paramilitares,
los Zetas han sido la punta de lanza para enfrentar
la penetración en esta frontera de otras poderosas
organizaciones, como los cárteles de Juárez
y Sinaloa, de acuerdo con datos de inteligencia militar
y de la propia Unidad Especializada en Delincuencia
Organizada (UEDO).
La
estela de sangre y muerte, el olor a pólvora
y la violencia que ha dejado la lucha por el control
de las rutas del narcotráfico en esta parte
de la frontera norte del país tiene ya una
larga historia.
Sin
embargo, el actual capítulo comenzó
a escribirse el pasado 14 de marzo, cuando en Matamoros,
Tamaulipas, fue detenido el jefe del Cártel
del Golfo, Osiel Cárdenas Guillén.
La
recomposición de esta organización criminal,
sus enfrentamientos con otros cárteles y el
combate de las autoridades en su contra son algunos
de los factores que han provocado la ola de violencia
que hoy mantiene a Tamaulipas en el centro de la atención
nacional.
Captura
de Osiel Cárdenas
El 13 de marzo, el día de san Humberto, el
patrono de los cazadores y obispos que tienen que
gobernar regiones problemáticas, el jefe del
Cártel del Golfo, Osiel Cárdenas Guillén,
estaba totalmente tranquilo y seguro.
Nada
lo perturbaba. Decidió que, a pesar de ser
jueves, no era mal día para celebrar el cumpleaños
de su hija. Ordenó comida, mariachis y bebidas
para un festejo a lo grande.
Ordenó
también a la policía municipal, a los
agentes federales que lo cuidaban y a sus guardaespaladas
vigilar toda la zona de la casa de seguridad en donde
se encontraba viviendo con su familia.
El
festejo se prolongó durante horas y sólo
ya entrada la madrugada la música cesó.
Nadie sospechaba del operativo que se preparaba, con
la aprobación de Los Pinos, desde las entrañas
de la Secretaría de la Defensa Nacional.
En
punto de las 9:57 horas elementos del Grupo Aeromóvil
de Fuerzas Especiales (Gafes) y de la Fuerza Aérea
Mexicana (FAM) entraron a la residencia que ocupaba
el capo del narcotráfico en la calle Virgo,
en el fraccionamiento Satélite, propiedad que
algunas versiones atribuyen a un importante empresario
de medios de comunicación de esa entidad.
Lo
sorprendieron aún dormido. Sus guardias y pistoleros
fallaron esta vez y no pudieron repeler la acción
que los militares venían preparando desde hacía
seis meses. Incluso, algunas versiones, señalan
que desde el arribo a Matamoros del operativo militar
se bloquearon las líneas telefónicas
del aeropuerto y de la zona donde se encontraba Cárdenas
Guillén.
Hubo
un intento del jefe del Cártel del Golfo por
escapar, pero todo fue en vano. Apenas segundos después
de que empezó el operativo, Osiel Cárdenas
trató de huir saltando por una barda de la
parte trasera de la residencia que ocupaba. Ahí
lo esperaban varios militares que lo encañonaron
sin que pudiera oponer resistencia.
Es
más, antes de que lograra llegar a esa barda,
los guardaespaldas que cubrían la parte trasera
de la casa tuvieron que escapar ante el fuego que
recibían de militares. Estaba todo perdido
para quien encabezó hasta ese día la
organización criminal que fundó, con
el apoyo del otrora cacique Juan N. Guerra, el sobrino
de éste, Juan García Ábrego,
primer líder del Cártel del Golfo.
De
inmediato, Osiel Cárdenas Guillén fue
trasladado a la Ciudad de México y de ahí
al penal de máxima seguridad de La Palma. Terminaba
así el reinado dentro del Cártel del
Golfo de este ex madrina y ex roba coches.
Se
esfumaba así su efímero poder, al que
había llegado tras asesinar --no por nada se
le apodaba el Mata Amigos-- o aliarse con sus rivales
o competidores dentro del cártel, el cual opera
desde la década de los setenta y ochenta en
la zona fronteriza de esta entidad.
El
sucesor, otro detenido
Una semana después de la captura de Osiel Cárdenas,
su principal lugarteniente y posible sucesor, Víctor
Manuel Vázquez Mireles, el Meme loco,
fue detenido en Veracruz por un error imperdonable.
Se encontraba bebiendo en la vía pública
con otros siete de sus cómplices. Policías
municipales lo arrestaron y hoy hace compañía
a su jefe en el penal de máxima seguridad de
La Palma.
Esta
es la segunda ocasión en que es detenido el
Meme loco.
En enero de 1999 logró fugarse con la ayuda
de un comando armado que lo liberó cuando era
trasladado al juzgado donde se le seguía un
proceso penal por el transporte de casi una tonelada
de mariguana a Estados Unidos.
Él
y Cárdenas Guillén conformaban el primer
mando del Cártel del Golfo, pero tras la aprehensión
de ambos quien se perfila como el más seguro
heredero de la organización criminal es Jorge
Eduardo Castillo Sánchez, el Coss, siguiente
en el orden de la estructura de mando del Cártel
del Golfo, ampliamente conocido en Matamoros, que
es el principal bastión de esa banda criminal.
Enfrentamientos
con otros cárteles
La última restructuración del Cártel
del Golfo había dejado a Osiel Cárdenas
Guillén como el más fuerte líder
de la organización en Tamaulipas. Sólo
un hombre le hacía sombra, el líder
de los Chachos, Dionisio Román García.
Tanto
Cárdenas Guillén como Román García
sabían que el enfrentamiento era inevitable.
El líder de los Chachos se replegó hacia
Nuevo León, desde donde controlaba Nuevo Laredo,
pero poco a poco la presión del Mata Amigos
se acrecentaba, lo mismo que su poder y violencia.
Román
García buscó alianzas para enfrentar
al jefe del Cártel del Golfo y entonces acudió
a "los Beltrán", ligados al Cártel
de Juárez. A ello se sumó otro frente
con el Mayo Zambada, además de otros líderes
del Cártel de Juárez. De manera que
la guerra se dio entre los cárteles de Juárez
y del Golfo.
Atentados
como el cometido en contra de Eduardo López,
El Yeyo, el cual también se atribuye
a Los Zetas, integran una larga lista
que concluye con la muerte del mismo Dionisio Román
García, El Chacho, y su lugarteniente
Juvenal Torres, El Juve, quienes fueron
secuestrados en Monterrey y posteriormente ejecutados
en Reynosa por Los Zetas.
Los
dos crímenes de los líderes de Los
Chachos se produjeron días antes de la
captura de Osiel Cárdenas, y su arresto arreció
de nueva cuenta los crímenes entre ambos bandos.
El
secuestro en Nuevo Laredo de las nueve personas y
su posterior ejecución en territorio de Nuevo
León no fue sino la última expresión
de la disputa que mantienen el Cártel del Golfo
y Los Chachos, éstos con el apoyo
del Cártel de Juárez, por el control
de las drogas en esta frontera.
El
brazo armado
Ex militares, algunos de ellos de grupos de élite,
ex y agentes policiacos, además de narcotraficantes,
conforman el grupo conocido como los Zetas. Su actuar
es por demás cruel con sus víctimas.
Son precisos y meticulosos. Esto les ha valido enfrentarse
y retar de tú a tú al Ejército
y los agentes federales.
El
director de la UEDO, José Luis Santiago Vasconcelos,
conoce la capacidad de respuesta de este grupo criminal,
y lo define como uno de los más peligrosos
que han existido.
A los
Zetas se les atribuye el secuestro, desaparición
o ejecución de policías y ex policías,
el rescate de penales de miembros de la organización,
además de la purga de narcotraficantes de bandas
rivales.
La
primera vez que se oyó en Nuevo Laredo mencionar
a los Zetas fue el 27 de enero del 2002. En esa fecha
y antes de la medianoche, un convoy de al menos 12
camionetas tipo Suburban entraron a esa ciudad y se
instalaron frente al parque de la Iglesia del Santo
Niño.
Un
grupo de policías municipales se percató
de ello. Se acercaron a los vehículos y sus
ocupantes les hicieron una advertencia: "lárguense,
es un operativo que no les importa". Los uniformados
se retiraron, pero buscaron confirmar la existencia
de algún operativo de esa magnitud. "Es
falso", les informaron.
Los
policías pidieron refuerzos y nuevamente trataron
de acercarse al convoy de vehículos, donde
se presume estaba hasta el mismo Osiel Cárdenas
Guillén. La respuesta fue una ráfaga
que hizo retroceder a los uniformados.
Las
camionetas arrancaron en medio de un nutrido tiroteo.
Se inició la persecución y unos minutos
después recibieron una extraña orden.
"Suspendan la persecución. Orden superior",
les dijeron y todo concluyó ahí ese
día.
Antes
de recibir esa orden, por las frecuencias de radio
policiacas se escucharon las claves con que se comunicaban
los integrantes del convoy. Todos se identifican con
la letra zeta y un número.
El
responsable de aquella operación era Z-1, quien
murió en un enfrentamiento con militares. Al
igual que el jefe de los Zetas, el resto de sus integrantes
están ya identificados por las autoridades,
pero a partir de esa fecha se inició la guerra
entre los cárteles del Golfo y de Juárez
por el control de la frontera.
Comando
armado, terror entre policías
Desde entonces, es decir, desde hace más de
14 meses y hasta la fecha, han sido asesinados seis
policías municipales y diez más fueron
secuestrados --entre ellos cuatro agentes de la Agencia
Federal de Investigaciones--, además de que
otros dos han resultado lesionados a manos del grupo
conocido como los Zetas.
Tras
la aparición del comando de hombres vestidos
de militares o de negro, la ejecución de policías
y narcotraficantes en esta frontera ha ido en aumento.
Tan sólo seis policías preventivos fueron
asesinados, entre ellos mandos directivos de la corporación
municipal. 
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