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Bajo
la mirada escrutadora de las autoridades judiciales
de Estados Unidos, el poderoso Grupo Hank reanudó
su hostigamiento contra la periodista mexicana Dolia
Estévez, a quien acusa de "encabezar una
conspiración" para dañar su reputación
en ese país.
El
caso es grave pues es la primera vez que una periodista
mexicana serñia acusada en tribunales estadounidenses
por una nota que envió a otro país.
Estévez, corresponsal de El Financiero y el
noticiario radiofónico Monitor, publicó
el 31 de mayo de 1999, un avance de una investigación
del Centro Nacional de Inteligencia sobre Drogas,
dependiente del Departamento de Justicia, titulada
Tigre Blanco.
El
Centro Nacional de Inteligencia sobre Drogas, una
dependencia estadounidense que produce información
de alto nivel para consumo de las distintas agencias
gubernamentales de ese país, formuló
el documento Tigre Blanco con la hipótesis
de que la familia Hank utiliza sus relaciones para
hacer negocios y que incluso algunas operaciones financieras
podrían tener relación con el tráfico
de estupefacientes.
"La
familia ha amasado un portafolios financiero estimado
en varios miles de millones de dólares y ha
ejercido una enorme influencia en sectores políticos
y empresariales mexicanos", establecía
el análisis.
Esa
sospecha continúa latente en Washington, por
lo pronto la Drug Enforcement Administration (DEA),
la siempre activa agencia antidrogas, declaró
que existe una '"investigación en curso
sobre los sujetos y asuntos" que analiza Tigre
Blanco.
Presión
en EU
Gary Jacobs, el presidente del Laredo National Bank,
y Carlos Hank Rhon demandaron al investigador Donald
E. Shulz --un antiguo profesor del Colegio de Guerra
del ejército estadounidense-- por "invasión
de la privacidad" y exigieron como reparación
88 millones de dólares.
Según
Jacobs y Hank Rhon, el investigador Shulz filtró
a la prensa --The Washington Post, Dallas Morning
News y El Financiero-- un resumen ejecutivo de Tigre
Blanco y por eso lo llevaron a los tribunales. Dolia
Estévez fue citada para que presentará
su agenda personal, con citas, direcciones y teléfonos,
copia de sus correos electrónicos y, además,
revelará quién le proporcionó
copia de Tigre Blanco.

Dolia Estévez
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Shulz,
un hombre mayor, académico de toda la vida,
cedió a las presiones de los dueños
del Laredo National Bank. En un acuerdo fuera de tribunales,
que permite la legislación estadounidense,
reconoció el pasado 17 de abril que él
proporcionó Tigre Blanco a los tres periódicos.
Además, para hacer el caldo más gordo
al mayor del clan Hank asegura que "el informe
contiene suposiciones y está plagado de errores".
Las
presiones contra Shulz debieron ser enormes, pues
sostiene que existe una conspiración en EU
para perjudicar a Hank Rhon y Jacobs, y asegura que
la encabeza la periodista mexicana Dolia Estévez.
La
demanda original de 88 millones de dólares
por invasión a la privacidad fue reducida a
8 millones por los abogados de los Hank.
A cambio,
el profesor Shulz se comprometió a colaborar
para limpiar el nombre de Hank y su socio texano Jacobs,
a fin de "disipar información falsa y
errónea sobre ellos, propagada por algunos
miembros inescrupulosos de los medios informativos"
y "exponer la conspiración de Estévez
y otros para perjudicar a los demandantes y a Carlos
Hank Rhon".
Libertad
de prensa
Entrevistada al respecto, Dolia Estévez, corresponsal
de El Financiero en Washington desde hace 14 años,
afirma que se trata de un caso evidente de hostigamiento
y coacción contra la libertad de prensa.
El
31 de mayo de 1999, El Financiero me publicó
una investigación que tiene como base un análisis
de inteligencia. Se trató de un tema de interés
público para la opinión pública
de México y EU y un ejercicio responsable de
la libertad de prensa, menciona la periodista.
"En
lugar de proceder legalmente en México, donde
se publicó el artículo, el grupo Hank
optó por hacerlo en Estados Unidos, argumentando
`daños irreparables´ ante la opinión
pública estadounidense", agrega la corresponsal
mexicana originaria de Sonora.
El
9 de enero del 2002, alrededor de las 10 de la noche,
cuenta Dolia Estévez, llamaron a la puerta
de mi casa para que testificara y revelara fuentes
en el juicio contra Schulz en Ohio judicial. El caso
me convirtió en la primera periodista mexicana
en hacer una defensa legal en los tribunales estadounidenses,
de los principios y valores de la libertad de expresión
protegidos por la Primera Enmienda de la Constitución
de Estados Unidos.
Privilegio
calificado
El juicio contra Schulz se alargó casi dos
años. Como parte del proceso de investigación
del juicio, la reportera mexicana fue citada por los
abogados del grupo Hank para que revelara sus fuentes
de información y entregara copia casi de todos
sus archivos.
El
19 de marzo del 2002, el juez Welton Curtis Sewell,
de Virginia, emitió su fallo a favor de la
libertad de prensa.

Hank Rhon |
Señaló
que "esta Corte reconoce el privilegio calificado
que existe bajo la cláusula de libertad de
prensa para evitar que periodistas revelen sus fuentes
de información y otros medios de recabar noticias".
La
reportera mexicana señala que el "veredicto
inicial sentó un importante precedente y descalificó,
de antemano, cualquier presión futura de limitar
el trabajo periodístico y la libertad de expresión
en los tribunales de Estados Unidos como resultado
de notas publicadas en México".
Reacio,
el grupo Hank decidió apelar la decisión
el 4 de abril del año pasado y enfocó
sus baterías contra el investigador Donald
E. Shulz, quien cedió el 17 de abril pasado
y de acusador se transformó en defensor de
la honra de los Hank.
Ahora
la que está en la mira es Dolia Estévez
y con ella la libertad de expresión, el respeto
al secreto profesional y la amenaza de que la justicia
estadounidense alcance a periodistas nacionales por
sus notas en medios mexicanos. "Hoy soy yo, pero
mañana puede ser cualquiera", advierte
la periodista mexicana.
El
Tigre sigue vivo
En realidad, se trata de una batalla por la libertad
de prensa que apenas comienza y está relacionada
íntimamente con uno de los temas más
sensibles de la agenda entre México y EU: narcotráfico,
seguridad binacional y corrupción.
Aunque
alejados momentáneamente por los gobiernos
de Vicente Fox y George W. Bush, esos temas recobrarán
pronto su nivel.
En
ese marco, se inscribe la investigación sobre
los Hank, pues es una respuesta a una petición
de las oficinas de la DEA y el FBI en San Diego, California,
que aprobó el Centro Nacional de Inteligencia
sobre Drogas del Departamento de Justicia estadounidense,
el 9 de diciembre de 1997.
Desde entonces la DEA no quita el dedo del renglón.
El
pasado 18 de julio, Rogelio Guevara, jefe de operaciones
de la DEA, declaró que para la agencia antinarcóticos
Tigre Blanco está vivo.
Existe
una "investigación en curso sobre los
sujetos y asuntos" señalados en el Resumen
Ejecutivo, dijo Guevara ante un juez.
En
realidad, desde el último decenio del siglo
pasado el Grupo Hank está bajo la lupa de las
autoridades estadounidenses. Incluso Carlos Hank fue
sancionado por la Reserva Federal (Fed, banco central).
El
31 de mayo del 2001, la institución que dirige
Alan Greespan impuso a Carlos Hank una multa de 40
millones de dólares, lo obligó a renunciar
a la presidencia del Laredo National Bancshares, le
prohibió participar en otras instituciones
financieras sin previa autorización de la Fed.
Pero logró mantenerse con el 70 por ciento
de las acciones del banco texano.

Alan Greespan |
La
Fed fijó la multa en dos partes, una por 10.75
millones de dólares a Hank Rhon e Incus, su
holding personal en Islas Vírgenes, que tiene
la mayoría de acciones del Laredo National
Bancshares. El pago lo realizó ese mismo año
al Departamento del Tesoro y los restantes 29.25 millones
diferidos en siete años.
El
pleito se originó por una acusación
de venta ilegal de acciones del Laredo National Bancshares
y otras violaciones a las leyes bancarias estadounidenses.
Tigre
Blanco atribuía a la mala reputación
de Carlos Hank Rhon no haber obtenido la aprobación
de la Reserva Federal para comprar Mercantile Bank
de Brownsville, cuando la solicitó en 1996
y que la Fed nunca resolvió.
Pero éstas y otras imputaciones que contiene
Tigre Blanco, dice el profesor Donald Shulz que son
"suposiciones y está plagado de errores".
Secretos
verdaderos
En
la búsqueda de información, los periodistas
acuden a fuentes reservadas. Muchos informantes, generalmente
funcionarios con acceso a información privilegiada,
piden que el reportero mantenga su identidad en secreto.
La solicitud es clara, porque con frecuencia corren
el riesgo de ser amonestados e incluso perder el trabajo
y hasta en ocasiones la vida.
Otras
profesiones tienen reconocido el secreto profesional
--abogados, curas y médicos--. En México,
el secreto profesional para el periodista es prácticamente
desconocido,
El
joven doctor en derecho Ernesto Villanueva dice que
el secreto profesional del periodista "constituye
al mismo tiempo una reivindicación periodística
de naturaleza deontológica y un instrumento
legal correlativo a las libertades de expresión
e información en todo el mundo".
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Ernesto Villanueva
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Según
Villanueva, el secreto profesional no trata de brindar
privilegios o protecciones especiales a los periodistas
per se, en aras de satisfacer sus intereses particulares
o gremiales, sino en establecer mecanismos en beneficio
del interés general de la sociedad".
El
también profesor de la Universidad Iberoamericana
afirma que "el secreto profesional representa
una contribución importante para aumentar la
cantidad y calidad de los textos informativos que
recibe el público para normar su criterio y
participar en los asuntos públicos, pues de
no garantizar el anonimato de las fuentes, mucha información
a la que regularmente se tiene acceso estaría
restringida en perjuicio de la sociedad toda".
info@contralinea.com.mx
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