Represión y censura
Álvaro Cepeda

El despotismo contra los periodistas, que va desde la censura, la represión y el homicidio, para impedir que cumplan con su deber profesional y legal de informar, se da lo mismo en una democracia, como la estadounidense (todavía una democracia a pesar de Bush); en una autocracia, como la iraquí; en un autoritarismo como el cubano, y en un caciquismo como el oaxaqueño. Los déspotas, en mayor o menor medida, por lo demás son iguales en todas partes.

Y quienes más sufren las consecuencias, por lo general, son los reporteros, los ojos y los oídos de la información. El clásico reportero de la prensa escrita, y sus demás modalidades: el reportero gráfico, quien con el tiempo vio enriquecer sus trabajos con sus nuevos pares, los reporteros de la radio y la televisión con sus camarógrafos, han sido, pues, las víctimas.

En todos ellos recargan su función los medios de comunicación para informar a radioescuchas, lectores y televidentes.

Contra ellos es, en primer lugar, antes que la réplica, el ataque desde los poderes públicos y privados. A nadie odian más los políticos y los económicamente poderosos que a los reporteros. Y a la prensa libre.

Y en ningún otro periodista se ceban censuras, represiones y homicidios como en los reporteros. Con motivo de la invasión o “guerra preventiva” contra Irak, fueron ellos los que pagaron con sus vidas por habernos informado por escrito, oralmente y a través de sus dramáticas tomas y fotografías que miramos en la televisión y los medios impresos.

Camarógrafos y fotógrafos, en esta devastación, honraron al periodismo. A sabiendas de que en el hotel Palestina estaban los reporteros, un tanque estadounidense disparó “erróneamente”, porque eran los camarógrafos quienes más exhibieron ante la opinión pública la barbarie como medio para deshacerse del régimen del déspota Hussein.

En Cuba, el autoritarismo castrista ha detenido a 75 y, juzgados sumarísimamente por disentir del despotismo de Fidel, fueron brutalmente reprimidos. Entre ellos están periodistas que se atrevieron a ejercer la libertad de prensa, y por esto fueron sentenciados de por vida a permanecer encarcelados. Fidel no pone “sus barbas a remojar”, ante las guerras preventivas del déspota Bush.

Otro déspota, nativo de Oaxaca, arremete contra quienes informan sobre los abusos del poder. José Nelson Murat Casab presiona a los periódicos y censura a los medios de comunicación oral para mantener a los oaxaqueños desinformados.

No quiere el cacique críticas, tampoco información y suelta feroz ataque contra el columnista Jorge Menéndez por medio de su cancerbero mayor para tratar de silenciar lo que es un secreto a voces: en Oaxaca impera el terror de Murat.

Homicidios de periodistas en Irak. Represiones contra periodistas en Cuba. Y censura con amenazas en Oaxaca para impedir la libertad de prensa. Bush, Hussein, Castro y Murat tienen un factor común: son los nuevos déspotas contra la prensa.

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