El despotismo contra
los periodistas, que va desde la censura, la represión
y el homicidio, para impedir que cumplan con su deber profesional
y legal de informar, se da lo mismo en una democracia, como la
estadounidense (todavía una democracia a pesar de Bush);
en una autocracia, como la iraquí; en un autoritarismo
como el cubano, y en un caciquismo como el oaxaqueño. Los
déspotas, en mayor o menor medida, por lo demás
son iguales en todas partes.
Y quienes más
sufren las consecuencias, por lo general, son los reporteros,
los ojos y los oídos de la información. El clásico
reportero de la prensa escrita, y sus demás modalidades:
el reportero gráfico, quien con el tiempo vio enriquecer
sus trabajos con sus nuevos pares, los reporteros de la radio
y la televisión con sus camarógrafos, han sido,
pues, las víctimas.
En todos ellos
recargan su función los medios de comunicación para
informar a radioescuchas, lectores y televidentes.
Contra ellos es,
en primer lugar, antes que la réplica, el ataque desde
los poderes públicos y privados. A nadie odian más
los políticos y los económicamente poderosos que
a los reporteros. Y a la prensa libre.
Y en ningún
otro periodista se ceban censuras, represiones y homicidios como
en los reporteros. Con motivo de la invasión o guerra
preventiva contra Irak, fueron ellos los que pagaron con
sus vidas por habernos informado por escrito, oralmente y a través
de sus dramáticas tomas y fotografías que miramos
en la televisión y los medios impresos.
Camarógrafos
y fotógrafos, en esta devastación, honraron al periodismo.
A sabiendas de que en el hotel Palestina estaban los reporteros,
un tanque estadounidense disparó erróneamente,
porque eran los camarógrafos quienes más exhibieron
ante la opinión pública la barbarie como medio para
deshacerse del régimen del déspota Hussein.
En Cuba, el autoritarismo
castrista ha detenido a 75 y, juzgados sumarísimamente
por disentir del despotismo de Fidel, fueron brutalmente reprimidos.
Entre ellos están periodistas que se atrevieron a ejercer
la libertad de prensa, y por esto fueron sentenciados de por vida
a permanecer encarcelados. Fidel no pone sus barbas a remojar,
ante las guerras preventivas del déspota Bush.
Otro déspota,
nativo de Oaxaca, arremete contra quienes informan sobre los abusos
del poder. José Nelson Murat Casab presiona a los periódicos
y censura a los medios de comunicación oral para mantener
a los oaxaqueños desinformados.
No quiere el cacique
críticas, tampoco información y suelta feroz ataque
contra el columnista Jorge Menéndez por medio de su cancerbero
mayor para tratar de silenciar lo que es un secreto a voces: en
Oaxaca impera el terror de Murat.
Homicidios de periodistas
en Irak. Represiones contra periodistas en Cuba. Y censura con
amenazas en Oaxaca para impedir la libertad de prensa. Bush, Hussein,
Castro y Murat tienen un factor común: son los nuevos déspotas
contra la prensa.