Desprecio a la letra
Jorge Meléndez

La foto de primera plana en La Jornada (11 de abril) es impresionante y reveladora: un individuo busca entre los estantes de la casa del viceprimer ministro iraquí, Tarek Aziz, qué llevarse.

En el suelo hay un reguero de papeles, libros y folletos sin importancia para el vándalo. El saqueo en esa culta nación, donde el número y el alfabeto fueron sagrados y motivo para el desarrollo universal, es hoy lo generalizado. Claro, nadie con necesidades primarias trataría de hurtar impresos, lo que se pretende es obtener artículos considerados como joyas --que no lo son-- o aquellos necesarios para lo elemental: agua, comida, etcétera.

La turbamulta que se echó a las calles con el beneplácito de los ejércitos invasores no es vista con reprobación por la manipulada televisión estadounidense --especialmente Fox y la CNN. Más bien son “los patriotas” que esperaban el momento de besar a las fuerzas extranjeras, mostrar su odio contra el sátrapa Husein y hacer de la incultura el grito de “democracia y libertad”.

Curioso, el mensaje resulta aterrador: el desprecio a los libros, a la lectura por parte de los bárbaros y las cadenas televisivas es claro, contundente. Lo más grave es que existe sintonía con la praxis de Los Pinos: no lea, vea la tele.

No está de más señalar que uno de los últimos bastiones de la resistencia en Bagdad fue la Universidad, no la llamada Guardia Real del tirano. Como en muchos países invadidos, los estudiantes y maestros se oponen a las llamadas fuerzas liberadoras que tienen como objetivo hacer negocios por todos los medios posibles e instaurar una democracia donde lo único importante es el voto electoral.

De ninguna manera impulsar cambios sociales: educación para todos, participación popular en los medios de difusión, intervención ciudadana en las decisiones gubernamentales, equilibrio de poderes y acción abierta de los organismos civiles.

Algunos periodistas que conocieron Iraq hablan maravillas de sus instituciones de educación superior. Contaban con buenas instalaciones y preparaban bien a sus egresados, dicen. Entre ellos los valientes médicos que tanto bien hicieron en esta hora trágica.

Pero no debemos olvidar que en las dictaduras, y la de Saddam lo fue, no brilla el sol más que para algunos, los grupos importantes. Lo que se necesita en el orbe es una revolución cultural seria que abarque a todos. Seguramente por eso no hubo en Bagdad la tan esperada insurrección popular contra los invasores. Mientras el pueblo no sea partícipe de la lectura, de la discusión --engendrada por el conocimiento-- y la toma de decisiones, poco se habrá avanzado.

Que la destrucción a las letras es cosustancial al intervencionismo lo recuerda el maestro Mariano Albor. Cuenta que en Panamá, donde estuvieron los gringos para destituir a Manuel Antonio Noriega, no dejaron papeles que consultar.

La mayoría fueron quemados. Luego de muchos esfuerzos internacionales --particulares e institucionales-- fue posible recuperar parte de lo devastado. En otros sitios donde hubo choques armados ha ocurrido lo mismo. La letra no entra nunca con sangre. Más bien la violencia lleva al exterminio de todo. Lo fundamental es construir, civilizar, dialogar, pacificar y ampliar las responsabilidades.

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