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Ante
la política de hechos consumados de la coalición
anglo-estadounidense en Irak, ronda el fantasma de
la resistencia. Contra el reparto del botín
planetario inspirado en la doctrina del Nuevo Siglo
Americano, la movilización civil mundial se
nutre de la experiencia del pueblo vietnamita y contra
la globalización.
La
esperada batalla por Bagdad se perdió por default
ante el efectivo trabajo de las agencias de inteligencia
y la falta de una resistencia civil. La victoria de
Washington y Londres tiene su trasfondo en la orden,
según The Washington Post del 16 de junio de
2002, del Presidente Bush a la Agencia Central de
Inteligencia (CIA) para realizar operaciones encubiertas
contra el régimen iraquí.
Se
autorizó a la CIA a emplear todos los
medios posibles para derrocar a Hussein, brindar un
mayor apoyo a los grupos de oposición iraquíes,
dentro y fuera del país, a través de
la entrega de dinero, armas y equipos, así
como en entrenamiento e información de inteligencia.
La
agencia debía tratar de recabar inteligencia
dentro del gobierno, el ejército, los servicios
secretos y la población iraquí en general,
en una acción encubierta preparatoria
a un ataque militar.
Las
misiones futuras de la inteligencia están previstas
en la advertencia del ex director de la CIA, James
Woolsey, de que la cuarta guerra mundial ya comenzó
y que la amenaza para la civilización
liberal, durará décadas
pero Estados Unidos va a ganar, según
el diario francés Libération.
Contra
esas operaciones encubiertas y el nuevo Destino Manifiesto
que preconiza la doctrina del Nuevo Siglo Americano,
antes y durante la campaña militar en Irak,
millones de personas protestaron en el mundo.
Jóvenes
y estudiantes, abogados, artistas, legisladores, escritores
y veteranos de la guerra de Vietnam, de todos los
niveles sociales se opusieron al derrame de sangre
por petróleo, como rezaban los lemas
de las marchas.
En
respuesta, la Casa Blanca a través del vocero
Ari Fleischer los descalificó llamándolos
una minoría con voz fuerte. Sin
embargo, la llamada opinión pública
estadounidense, ese bizarro conjunto, se dividió
más profundamente a partir del operativo militar
en Irak.
En
el resto del planeta, la movilización contra
la opción bélica desperezó a
una sociedad civil que, luego de manifestarse audazmente
contra los efectos mercantilistas de la globalización
busca consolidarse como un movimiento político-social.
Para
contrarrestar la efectividad de esa resistencia, David
Ronfeldt del Instituto de Investigación de
Defensa Nacional, de la RAND Corporation, propuso
emprender una guerra informativa por Internet
para que la opinión pública estadounidense
apoyara la ofensiva.
En
el campo de batalla, los estrategas de la RAND prevén
el riesgo creciente para los ejércitos convencionales,
del surgimiento de bandas paramilitares y tácticas
guerrilleras que libren batallas futuras en los territorios
adonde están desplazadas las fuerzas estadounidenses.
Al
aparecer el fantasma de la resistencia en la mente
de los estrategas, cabe hacer un paralelismo entre
lo que fue la lucha del pueblo vietnamita y la respuesta
antibelicista de la sociedad civil mundial ante la
primera gran batalla del siglo XXI por la hegemonía.
Expulsar
al enemigo
La guerra estadounidense en Vietnam y 28 años
después, la ofensiva anglo-estadounidense contra
Irak, transformaron las relaciones entre los aliados,
exhibieron los límites del uso de la fuerza
y a Naciones Unidas, incapaz de salvaguardar la paz
y la seguridad mundiales.
Además,
la derrota de Estados Unidos en el conflicto más
crucial de la segunda posguerra, modificó las
relaciones entre militares y civiles, entre políticos
y periodistas, pero lo más importante fue la
gestación de una sociedad civil opuesta a la
guerra que germinó en la sala de televisión
de las familias y las universidades estadounidenses.
El
gobierno estadounidense, humillado en el sureste asiático
vio resquebrajarse a su sociedad internamente. El
Síndrome de Vietnam, sus efectos
y causas se debaten aún después del
11-S.
El
historiador Michael Beschloss en su libro Taking
Charge observa que la potencia no tenía
ningún interés vital en la región
y sabiéndolo, no quiso impedirlo.
Estados
Unidos heredó de Francia una guerra de descolonización
y la convirtió en guerra ideológica,
omitió las causas del conflicto -el control
del arroz, estaño y, sobre todo, caucho indispensable
para el imperio Michelín-en favor de los grupos
de poder.
En
Irak, el interés de la superpotencia es el
control del petróleo y de una zona estratégica
que los artífices del Proyecto Nuevo Siglo
Americano programaron desde septiembre del 2000. Para
lograrlo, la Casa Blanca cambió de discurso
a conveniencia: de afirmar que Hussein poseía
armas de destrucción masiva y sus nexos con
Al Qaeda, al de instaurar un gobierno democrático.
De
igual modo, la ofensiva militar estadounidense en
Vietnam (1959-1965) se publicitó como la defensa
del Estado libre capitalista de la República
de Vietnam del Sur contra la agresión del Estado
dictatorial comunista de la República Democrática
de Vietnam del Norte.
Ahí
se unieron a las tropas estadounidenses las australianas,
neozelandesas, coreanas y filipinas apelando al Tratado
de Defensa de Asia Sudoriental (SEATO). En Irak, el
pacto se selló en las Azores el 17 de marzo
apelando a la Ley Patriótica y la lucha antiterrorista.
La
lucha desde Hanoi contra el invasor se inspiró
en la resistencia para expulsarlo. Dirigido por Ho
Chi Minh, el Frente Nacional de Liberación
(FNL) sostuvo su carácter nacional y por ello
desde 1949 (en su guerra contra Francia) se opuso
al envío de voluntarios chinos.
En
1960, el Vietcong tenía unos 10 mil guerrilleros,
cuatro años después eran más
de 100 mil y a la muerte de John F. Kennedy, controlaba
el 80% del territorio y el 60% de la población
del sur. El medio millón de hombres y mujeres
de la guerrilla, robaba armas -morteros y pequeños
cohetes- al Ejército survietnamita.
En
1965 Lyndon B. Johnson aumentó la presencia
militar de 23 mil a 120 mil, y a más de medio
millón en el 68, con la tecnología militar
más avanzada de toda la historia. El Vietcong
hizo una guerra de guerrillas y no, como suponía
EU, una guerra convencional.
Las
pérdidas fueron inaceptables para los estadounidenses,
mientras que para la mística vietnamita, sus
bajas eran aceptables. De igual manera, los ataques
suicidas de iraquíes y organizaciones musulmanas
contra las fuerzas de la coalición cobraron
algunas víctimas mortales.
En
Vietnam como en Irak, el ejército de Estados
Unidos bombardeó, sin declaración de
guerra, con 14 millones de toneladas de bombas, 10
veces más que en la Segunda Guerra Mundial
sobre toda Europa y siempre, ante la solapadora mirada
de Naciones Unidas.
El
mayor daño para la población provino
del napalm arrojado y de 70 millones de litros del
herbicida naranja. Murieron tres millones de personas,
dos millones de civiles y 58 mil 219 estadounidenses
muertos o desaparecidos y unos 153 mil heridos.
En
Irak, el recuento de daños está por
hacerse. Se ignora el efecto ambiental y sanitario
a mediano plazo del arsenal utilizado. Nadie confía
en la versión del Comando Central.
Al
mensaje hegemónico de la ofensiva militar contra
el pueblo iraquí, los Partidos Comunistas de
Jordania, Sudán, Siria, Palestina, Líbano
y Egipto reiteraron el 2 de abril su condena a la
máquina letal y de destrucción sin precedentes
contra el pueblo iraquí y expresaron su solidaridad
y su orgullo por la tenacidad y la valerosa resistencia
en defensa de su patria.
Llamaron
a: formar el más amplio frente de resistencia
contra esta agresión utilizando todos los medios
y potenciales y luchar contra las consecuencias de
la guerra sean locales o regionales. Presionar a sus
gobiernos para que modifiquen la política de
proveer instalaciones a los invasores y para que se
comporten según lo que les dicta el deber nacional
y patriótico y según los tratados árabes
de defensa.
Declaramos
nuestra disposición a emprender acciones conjuntas
con todas las fuerzas patrióticas y nacionales
a pesar de cualquier diferencia en pensamientos y
políticos para enfrentar esta gran batalla
impuesta por la agresión anglo-estadounidense
contra nuestros pueblos y contra nuestra nación
árabe.
Creemos
con certeza en que la firme posición contra
esta agresión y el llamado a debilitar todo
logro de los objetivos de esta agresión abrirán
nuevos horizontes de lucha común en el mundo
árabe y en todo el mundo para poner en peligro
el plan global de EU
Contra
los presagios de la Rand Corp. no hubo una resistencia
que atacara calle por calle a las fuerzas
de la coalición en la mal llamada batalla
por Bagdad. Sin embargo, ronda el fantasma de
la sociedad civil cuya revuelta puede contener el
uso masivo de la fuerza contra Estados miembros de
la comunidad de naciones.
Resistencia
y rebelión
Las
raíces filosóficas de la desobediencia
civil son profundas en el pensamiento occidental.
Cicerón, Santo Tomás de Aquino, Locke,
Thomas Jefferson y Henry David Thoreau -ensayista,
poeta y filósofo estadounidense que acuñó
el término desobediencia civil en mayo de 1849
en su libro titulado Resistance to Civil Government.
Thoreau
decidió no pagar impuestos en Massachussets,
en protesta por la esclavitud y por la guerra de su
país contra México. Su postura fue imitada
en el siglo XX por los movimientos anticoloniales
que emprendieron una resistencia pasiva ante un gobierno
ilegítimo y oligárquico.
Gandhi
desarrolló la filosofía de satyagraha
contra la ocupación colonial inglesa. Fundó
en 1920 el movimiento civil de no cooperación
y en 1930, el de desobediencia civil. Inspirado en
su ejemplo, la lucha de los derechos civiles de la
comunidad afroamericana de 1950 a 1970, tuvo como
líder a Martin Luther King.
El
principio de desobediencia civil alcanzó cierto
reconocimiento en la legislación internacional
en los juicios de Nüremberg, donde se afirmó
que bajo determinadas circunstancias un individuo
podía ser exculpado de incumplir las leyes
de su país.
En
Perú, la organización civil Imediaperú
y el Colectivo Sociedad Civil, practican la resistencia
civil frente al autoritarismo del Estado. En su campaña
Sacándole la mugre a Perú,
el colectivo manifestó: En nombre de
aquella gente que comenzó a llenar las plazas,
a llorar con los gases lacrimógenos, a gritarle
no a la dictadura, no a la impunidad, a ganar la democracia
para el Perú.
En
Vieques, Puerto Rico, el pueblo ha librado por años
la lucha civil que creció en abril de 1999
a raíz de la muerte de un trabajador civil
en el polígono de la Marina de Guerra estadounidense.
La
resistencia detuvo las maniobras bélicas, integrada
por el gobierno, las instituciones religiosas, la
legislatura y entidades cívicas que repudian
a esa base militar estadounidense.
En
Colombia, la resistencia civil al conflicto armado
ha dado origen a numerosas organizaciones civiles
como: Pasalavoz, que promueven la construcción
democrática de paz en ese país.
Exige
a las partes en conflicto, respeto y protección
de la población civil tanto en la que fue la
zona de distensión como en las regiones del
país adonde hay miles de campesinos atrapados
en medio del asedio paramilitar y de la confrontación
armada, como Arauca, Catatumbo, Cauca, Nariño
y Putumayo.
Guía
de acción
Cómo organizar la comunidad y protestar por
la presencia de los violentos y exigir el respeto
por los Derechos Humanos:
a. Grabar o fotografiar los hechos ocurridos para
difundirlos.
b. Preservar la vida e integridad ciudadana es un
principio fundamental.
c. La Fuerza pública debe establecer una forma
inmediata de comunicación con la población.
d. Activar las alarmas tempranas si se detecta la
presencia de extraños en la región.
e. De existir la emisora local; el líder del
grupo tomará la vocería para emitir
instrucciones a la comunidad y mantenerla unida y
cohesionada.
f. Utilizar altoparlantes en sitios estratégicos
de la región.
g. Establecer estafetas y mensajeros para facilitar
el desarrollo del plan
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