Oliver
Twist nació en Jalatlaco o de la vanagloria
El paisaje como su
niñez es modesto. El universo dibuja un paisaje plano, gris...
yermo: es apenas una línea que se dibuja desde Jalatlaco
hasta Tianguistengo.
El rapaz --en el
sentido infantil de la palabra-- partirá desde la humildad
de su nacencia hasta una opulencia tan inesperada como posible.
Su rostro es el de un gracioso pillo --en el mismo sentido infantil
de la palabra-, en el que se dibuja la astucia y la ambición.
A veces, silencioso,
parece presentir que su morada final está bajo los cedros
y los motores de Mercedes Benz almacenados en la tierra querida
del rancho Don Catarino.
El Estado bienestante
fue generoso con los hombres que llegaron al poder. Las complicaciones
de los laberintos políticos los obligaron a veces al uso
de medios injustos o deshonestos que ingeniaban con el saber perverso
que se denomina astucia.
Cuando llegaron a
la meta, no había límites. Incluso, en la inversión
de los valores de un sistema político que convirtió
la corrupción en una presencia pétrea, eran vistos
con los atributos propios del vencedor: poder y riqueza eran la
divisa de su fortuna. Dos ejemplos están a la vista: uno
descansa en la planicie pobretona de Tianguistengo y el otro amasa
sus rencores y amarguras en Almoloya.
La vanagloria es
superior a la codicia. Porque no es suficiente la opulencia sino
que es más importante la ostentación. Tan importantes
son las monedas como los honores que traen aparejados los placeres
incontables del poder. Por ello, son empeñosos para defender
el patrimonio y combativos para desagraviar sus sentimientos del
honor.
En algunos casos,
como en las buenas herencias, los caudales y las dignidades ornamentales
descienden testamentariamente a los hijos y a los hijos de sus hijos
--en el sentido infantil de la palabra.
La vanagloria por
su propia naturaleza impide la discreción. Y acaso también
los pudores. De las bonanzas privadas que provienen de los caudales
públicos se conoce prácticamente todo. La sociedad
en los últimos años del siglo pasado fue crítica
e inquisitiva.
Además, de
la complacencia legal se pasó a los rigores jurídicos;
que si bien es cierto que no han sido suficientemente rigurosos
sí han sido eficaces para señalar vicios y fortunas.
Es muy común
que de los avatares políticos se pase a militar en actividades
empresariales de carácter financiero que en los tiempos de
apertura pueden incluso trascender el territorio nacional. Sin embargo,
la clave es la misma: la vanagloria; es decir, la ostentación
de la riqueza y el nombre.
En hechos de esta
naturaleza se encuentra la explicación de los ataques a la
libertad de expresión que pueden desplegarse a partir de
posiciones privilegiadas por razones de carácter político
y económico.
En este ámbito
se desenvuelven los enredos litigiosos en los que se ve envuelta
la periodista Dolia Estévez, por haber publicado documentos
originados en el seno de agencias policiales del gobierno de los
Estados Unidos.
Aunque el embate
actual parece novedoso, lo cierto es que ya cuenta con antecedentes
tanto en aquél país como en México.
En los tribunales
extranjeros y nacionales, la periodista ha resultado absuelta y
no ha podido ser obligada a revelar sus fuentes, con lo que se ha
salvaguardado las categorías sociales, constitucionales y
fundamentales de la libertad de expresión. Sin embargo, sus
demandantes y acusadores, encabezados por Carlos Hank Rhon, replantearon
su estrategia y han vuelto a la carga.
Este debate se centra
realmente en el derecho al acceso a la información de los
documentos de la administración pública. Por lo pronto,
se deberá atender solamente al derecho de los Estados Unidos,
y en cuanto a México seguir de cerca la experiencia para
entender los alcances de la nueva legislación informativa.
En el fondo, el procedimiento
judicial se fundará en una legislación que se inició
a partir de la segunda mitad del siglo XX con las discusiones de
1955 y que desembocaron en la Ley sobre la Libertad de Información
de 1966 (Freedom of Information Act).
Este cuerpo legal,
por su novedad, presentó defectos que influyeron en la práctica;
por ello, después de Watergate tuvieron lugar las reformas
de 1974 y 1976 para darle mayor amplitud y, finalmente, se restringió
de nueva cuenta cuando se procuró la discreción policiaca
y se impidió mediante el Anti Drug Abuse Act que trascendiera
el contenido de información relacionada con los delitos contra
la salud y el lavado de dinero.
En ese sentido, para
Hank Rhon y sus socios las cosas no ruedan con la sencillez que
pretenden al filtrar información para emprender una campaña
periodística y una estrategia legal contra una periodista
porque, en casos como éste, están en juego todas las
categorías que son pertinentes a la transparencia de la administración
pública que se atribuye una legitimidad democrática.
Es decir, los hechos
son reales: nadie, de allá ni de aquí, desconoce la
opulencia de la riqueza que acumuló el pequeño Oliver
Twist de Jalatlaco, del que sólo se conocieron cuatro actividades:
vendedor de dulces juvenil, profesor normalista, político
profesional y empresario.
Así pues,
a la mirada suspicaz de las curiosas policías estadounidenses
hay cosas que investigar en el origen de la fortuna del de cujus
--así le llaman los abogados al autor de una herencia-- y
de sus herederos.
La información
de la periodista Dolia Estévez proviene de documentos que
se generaron en el interior de la autoridad gubernamental y en zonas
donde el derecho permite el acceso en orden a los criterios vigentes
de una sociedad que se asume democrática y libertaria. Expresado
en otros términos, en nombre de la riqueza y la dignidad,
la vanagloria litiga en contra de la libertad de expresión.