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Despojos
de tierras, rentismo de parcelas, jornaleros agrícolas
explotados igual o peor que en el porfiriato, migración
creciente a Estados Unidos; 30 mil disputas interejidales,
y el descontento contra la apertura comercial pintan
un panorama sombrío para el gobierno de Vicente
Fox.
Si
bien el acuerdo comercial con Estados Unidos y Canadá
es un gran problema para el campesinado, también
lo es el hecho de que a partir de 1992, durante el
mandato de Carlos Salinas de Gortari, se reformó
el Artículo 27 Constitucional con la intención
de privatizar la tenencia de la tierra; desde ese
momento desaparecieron las categorías de imprescriptibles
e inalienables de los 27 mil terrenos
propiedad social de los ejidatarios y comuneros del
país.
A partir
de entonces la tierra se empezó a vender. Aunque
también, agobiados por las deudas, los campesinos
rentan sus predios a empresarios nacionales y extranjeros,
quienes dominan actualmente hasta 80 por ciento de
las zonas de riego del norte de la República,
las más ricas para competir con su producción
en el mercado internacional.
Más
abajo, en el centro del territorio nacional, quien
recorre el trayecto de México a Veracruz se
encuentra con los anuncios que rematan una hectárea,
con árboles, a 10 mil pesos; y si se va por
la carretera México-Cuautla, saliendo de la
capital, las gangas de predios ejidales llegan a ofrecer
los cien metros cuadrados a únicamente
cinco mil pesos.
José
Luis Calva, investigador de la UNAM, explica que ante
esto el gobierno de Fox no sabe qué hacer,
pues por una parte está presionado por las
organizaciones campesinas para demandar la revisión
del TLC y, por otra, tiene la conflictividad agraria,
sin agenda de solución.
La
disputa por la selva de Los Chimalapas entre Oaxaca
y Chiapas; el despojo de casi 42 mil hectáreas
que denuncian los indígenas yaquis del estado
de Sonora; la venta de islas de Baja California, el
problema de La Purísima, cuyos
ejidatarios están amenazados de ser despojados
de sus tierras por parte de empresarios norteamericanos;
la disputa mixe por la posesión de terrenos;
expropiaciones para la construcción de aeropuertos
o carreteras, a dos pesos metro cuadrado, a campesinos
de Nuevo León, Oaxaca, Puebla y Tlaxcala con
motivo del Plan Puebla-Panamá (PPP).
A ello
hay que agregar el desalojo de campesinos, hace dos
meses, de la reserva Biosfera Montes Azules, Chiapas,
situación que, de acuerdo con la organización
Global Exchange, se repetirá en los próximos
días debido a que el gobierno pretende explotar
comercialmente las maderas de la región.
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Según
la organización, las autoridades usan el pretexto
de que los indígenas amenazan la
integridad de la reserva con el único objetivo
de entregar los recursos de esa parte de la Selva
Lacandona a compañías extranjeras dedicadas
al turismo o a convertir los árboles en papel.
Esto,
dice Global Exchange, es resultado de una larga
historia de conflictos no solucionados por la tierra,
ya que muchos de los padres y abuelos de los actuales
asentados migraron a Montes Azules para escapar de
las condiciones opresivas y degradantes de trabajo.
Situación
parecida es la que caracteriza al asunto de Bernalejo
de la Sierra, donde la disputa es por 5 mil 465 hectáreas
que por decreto presidencial de Ernesto Zedillo se
entregaron a ejidatarios zacatecanos pero reclaman
como suyas los tepehuanos, que a la fuerza se han
apoderado de ellas sin que pueda hacer gran cosa la
Policía Federal Preventiva (PFP), enviada por
la Secretaría de Gobernación.

Indígenas Tepehuanos,
mantienen guardia en el camino. |
A los
problemas por límites de tierras de Durango
y Zacatecas hay que añadir los conflictos que
existen por el agua entre Nuevo León y Tamaulipas;
el estado de México y Guerrero con el Distrito
Federal; Sonora con Baja California; y la misma Tamaulipas
con Texas, Estados Unidos.
Como
parte de la conflictividad agraria que se le desborda
al gobierno destaca el caso, uno de muchos, del estado
de Puebla, donde durante más de 30 años
los comuneros de San Lorenzo Anecatla, del municipio
de Cuauhtlasing, piden que se les restituyan las tierras
que son de su propiedad. 34 empresas que venden sus
productos a Volkswagen se apropiaron de los terrenos
en perjuicio de 832 campesinos que desde 1964 demandan
la restitución.
Problemas
como éste son parte de la petición que
el pasado 7 de agosto hizo el Instituto Nacional Indigenista
ante la Procuraduría Agraria de la Federación,
cuyo escrito señala que hasta el año
2000 se contaba con 16 mil 810 controversias, de las
cuales solamente 38 han sido resueltas.
Sin
embargo, la Secretaría de Reforma Agraria (SRA)
reconoce que, a partir de la modificación al
27 constitucional, la dependencia dejó de tener
atribuciones para resolver conflictos que tienen que
ver con la disputa por la tierra entre comunidades
del país.
Problemas
similares se dan en Chiapas, Oaxaca, Durango, Jalisco,
Nayarit, Zacatecas, Michoacán y Sonora, entre
otros, donde es necesario dar una solución
para que la violencia no estalle.
Según
la SRA, en el país solamente hay 400 conflictos
agrarios calificados de gravedad, al tiempo
que la propia dependencia confronta muchos juicios.
Uno de ellos es el del senador panista Diego Fernández
de Cevallos, quien pretende cobrar más de mil
214 millones de pesos a esa secretaría por
una supuesta afectación de tierras ubicadas
en el sur de la ciudad.
El
juicio está pendiente y cabe aclarar que la
SRA, con todo y el presupuesto que recibió
este año, no podrá funcionar si liquida
el adeudo con Fernández de Cevallos. El mismo
personaje que se ha erigido como un agrarista en contra
y es mencionado en el despojo de los ejidos de Punta
Diamante, en el puerto de Acapulco, donde según
los ejidatarios del lugar se apropió de más
de 200 hectáreas turísticas.
A todo
esto hay que añadir la condena que la Central
Campesina Cardenista (CCC) hace en contra de la
actitud del Tribunal Superior Agrario por la política
represiva que ha adoptado en contra de los dirigentes
de esta organización.
En
un escrito, Max Correa, líder de ese organismo,
denuncia que esa institución protege los intereses
de los latifundistas y caciques, al grado de que quienes
luchan por la tierra tienen órdenes de aprehensión.
La
anarquía agraria que hay en el país
alcanza incluso a la familia presidencial, ya que
el 17 de septiembre pasado campesinos de Guanajuato
se apostaron frente al rancho San Cristóbal,
lugar de descanso del presidente Vicente Fox, para
exigir la restitución de 300 hectáreas
que les dotó la Reforma Agraria en 1937.

Ejidatarios de Hidalgo,
Rechazo al nuevo aeropuerto. |
Con
papeles que presentaron al reportero, el comisariado
ejidal Rafael Gómez Pacheco, junto con otros
campesinos, exhibió el decreto presidencial
que nos dota de las tierras que tienen ahí
los Fox. El documento tiene fecha de 12 de octubre
de 1937 y obliga a José Luis Fox Pont, padre
del presidente de la República -entonces propietario
de la Hacienda San Cristóbal-, a entregar a
favor de 215 ejidatarios el número de las hectáreas
mencionadas.
Otros
despojos, igual de agravantes, tienen que ver con
los campesinos del municipio de Escobedo, Nuevo León,
a quienes se les expropió en 1990 de 204 hectáreas
de riego y uso agrícola para la construcción
de un parque ecológico y una terminal de autobuses,
en Monterrey. De acuerdo con Luis Cabazos Segura,
uno de los inconformes, cada campesino recibió
2.77 pesos por metro cuadrado, el mismo que hoy se
comercializa hasta en mil 700 pesos.
Problemas
como los anteriores se dan en toda la República.
Denuncias de ellos los tienen la SRA, la Procuraduría
Agraria y el Supremo Tribunal Agrario, donde se informa
que la mayoría de los juicios han resultado
negativos para los campesinos. Datos de las organizaciones
campesinas revelan que los conflictos, a 11 años
de haberse modificado el artículo 27 constitucional,
comprenden al 78 por ciento del territorio nacional.
No
obstante que las autoridades federales aceptan que
sólo hay 22 disputas agrarias de alto
riesgo, la realidad, sostiene un estudio de
la Asamblea Nacional Indígena Plural por la
Autonomía, prevalecen 22 mil 296 diferendos.
A ello se debe el hecho de que la lucha de los campesinos
en contra de la apertura comercial establecida por
el TLC -que elimina el pago de impuesto a las importaciones
de alimentos que vienen de Estados Unidos y Canadá-
sea tan radical.
Plutarco
Emilio García, dirigente de la Coordinadora
Nacional Plan de Ayala, dice a nombre del movimiento
El Campo No Aguanta Más: La enmienda
de 1992 al artículo 27 constitucional canceló
el reparto de la tierra, transformó la propiedad
social y abrió la puerta para la reconstitución
de los latifundios, bajo nuevas modalidades de concentración,
por lo cual se puso fin a la reforma agraria.
A
más de un decenio de las reformas salinistas,
sus objetivos no se cumplieron, no se remontó
el problema del rezago agrario; la justicia agraria
sigue siendo una deuda pendiente; no se satisfizo
a centenares de grupos y organizaciones, que durante
años han venido solicitando dotaciones de tierras
y tampoco se vio una mayor inversión ni mucho
menos nuevas fuentes de empleo en el campo.
Esta
suerte de segunda desamortización significó,
en cambio, nuevos agravios para los desposeídos
y la acumulación creciente de un descontento
social que conforma hoy día verdaderos focos
rojos, que ponen en riesgo la ingobernabilidad del
país, como el caso de Montes Azules, Los Chimalapas,
la Mixteca, la Región Trique, los Loxichas.
Por
si fuera poco, asegura, aún existen cientos
de campesinos mestizos e indígenas que purgan
condenas, como consecuencia de la lucha por la tierra.
Todos ellos deben ser liberados de manera inmediata
e incondicional.
Ante esta situación, María Teresa Herrera
Tello, secretaria de Reforma Agraria, reconoció
el pasado 18 de febrero que la dependencia tiene
ahora la oportunidad de atender los conflictos sociales,
ya que anteriormente no tuvo recursos.
info@contralinea.com.mx
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